"Si las autoridades supieran historia, habrían aprendido de los errores de otras epidemias”

El ensayista y catedrático de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Marcel Velázquez, presenta “Hijos de la peste”, un libro escrito durante el confinamiento, en el que expone cuatro episodios de crisis sanitarias del Perú republicano que ayudan a comprender la actual pandemia. En entrevista con OjoPúblico, el escritor resalta la importancia de que los gobernantes conozcan la historia nacional.

APRENDER DE LA HISTORIA. "El Perú es el país del eterno inicio", sostiene el ensayista y docente.

APRENDER DE LA HISTORIA. "El Perú es el país del eterno inicio", sostiene el ensayista y docente.

Foto: M. Velázquez

La historia del Perú ha quedado marcada, en diferentes momentos, por crisis sanitarias que pusieron en aprietos a los gobiernos de turno y demandaron la improvisación de medidas de salud pública para frenar el avance de las enfermedades. Sin embargo, a pesar de estas experiencias, muchos errores cometidos en épocas pasadas han sido replicados durante la pandemia de Covid-19, revelando que hay desigualdades que subsisten en el tiempo.

“Por no haber sostenido políticamente lo público como valor para todos, ahora enfrentamos una catástrofe social”, plantea el ensayista y profesor de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), Marcel Velázquez Castro, en su más reciente libro, “Hijos de la Peste” (Penguin Random House, 2020).

A través de una serie de ensayos, ilustraciones (de Fiorella Franco) e imágenes históricas, Velázquez Castro ofrece un repaso histórico y cultural por las epidemias de la época republicana (la fiebre amarilla de 1868, la peste bubónica de 1903, la gripe española de 1918 y el cólera de 1991) y presenta una serie de asociaciones que nos ayudan a comprender la experiencia contemporánea. 

Pero, además, este libro, escrito en pleno confinamiento, es un llamado a la reflexión y a la crítica “sobre el papel de las instituciones políticas, el saber médico-científico, y las ideas y prácticas sociales”. En entrevista con OjoPúblico, el autor habló sobre cómo la Covid-19, y anteriores epidemias, han trastocado los diferentes aspectos de nuestra sociedad.

“Hijos de la peste” es un libro escrito durante el confinamiento. ¿Así lo planificó o en qué circunstancias nació el proyecto editorial? 

No fue planificado, pero surgió de la ansiedad ante el avance de la pandemia y el tiempo libre que me entregó el encierro, más allá del trabajo remoto. Fue mi salida para combatir el miedo y la incertidumbre. Durante la segunda quincena de marzo revisaba compulsivamente las cifras mundiales, leía artículos científicos para comprender qué es un virus, cómo funciona el número básico de reproducción, la diferencia entre la tasa de letalidad y la tasa de mortalidad. Después, dediqué gran parte de mi día a imaginar y organizar con un equipo de trabajadores y alumnos de San Marcos un archivo digital Covid-19 Perú. Allí fue surgiendo la idea, pues empecé a comprender la dimensión sociocultural de una epidemia. Por otro lado, empecé a recordar lecturas literarias vinculadas con las plagas. Me quedó claro que debía escribir un libro.

Elegí el ensayo cultural, pero no uno diacrónico, sino uno que explorase la experiencia de la pandemia desde cuatro ejes: historia, miedo, violencia y humor, con énfasis en el Perú, pero con asociaciones libres de diversos tiempos y culturas. Me interesaba analizar las tensiones entre el poder político, el saber científico y la conducta social de las poblaciones en tiempos de plagas. Comencé a escribirlo y no me detuve ni un solo día durante cuatro meses.  

Las epidemias son una máquina de crear desigualdades y de fortalecer los prejuicios", señala Velázquez.

En el libro encontramos un elemento común entre las cuatro epidemias previas a la Covid-19: la intervención de la prensa, la fotografía y otras formas gráficas, como mediadores culturales. ¿Cuál es el elemento distintivo de la actual pandemia? 

He querido enfatizar las mediaciones culturales, pues estas no solo representan la enfermedad y las respuestas de la política y la ciencia, sino que construyen relatos significativos no solo por lo que narran, sino cómo lo hacen. Por ello, es diferente la experiencia de la peste bubónica de 1903, la primera epidemia representada, principalmente, mediante el reportaje y la fotografía; a la Covid-19, representada mayoritariamente por medios de comunicación digitales y las redes sociales. 

En esta pandemia, se ha observado el mandato cultural de la indignación, cada vez más invasivo y omnipresente. Las representaciones y las prácticas asociadas a la lógica de usuarios y su política de las emociones han prevalecido: cinismo, parodias del diálogo y del espacio público, simulacros afectivos, represión espectacularizada, dicotomías morales.

¿Por qué se habla de un “continuo cultural” entre epidemias? ¿Considera que hay errores de las autoridades que se han repetido a lo largo de estos episodios?

Hay continuidades y rupturas en la experiencia de una epidemia y en las respuestas de los políticos y los médicos ante ella. Sin embargo, el miedo y la violencia de la sociedad son respuestas que siempre emergen. Históricamente, la sociedad busca atribuir el mal a los grupos más vulnerables: judíos, inmigrantes, informales, pobres. Las epidemias son una máquina de crear desigualdades y de fortalecer los prejuicios y la discriminación racial. Por otro lado, el ocultamiento o simplemente el mal manejo de la información, el querer rebajar la magnitud del peligro epidémico para no afectar la economía, el deseo de someter a la ciencia desde el Estado son fenómenos que han ocurrido en el Perú republicano desde la epidemia de fiebre amarilla, en 1868.

Si las autoridades políticas, supieran algo de historia, habrían aprovechado los errores y asumido las respuestas exitosas de otras epidemias, pero el Perú es el país del eterno inicio. Cada gobernante nos ofrece solamente un estilo distinto de su ignorancia de la historia y de la cultura peruana. Por ejemplo, el tema de los mercados como focos de propagación del virus y la enfermedad ya se había discutido ante la peste de 1903 y motivó cierres y traslados de mercados. En este gobierno, fue un descubrimiento 45 días después de iniciada la epidemia.

Es difícil tomar decisiones en una pandemia, pero es inaceptable perseverar en el error", advierte el escritor.

En la historia de las epidemias se han presentado tensiones entre el poder político y el saber científico. ¿Considera que estos conflictos están vigentes? Ahora que nos encontramos cerca de un proceso electoral ¿qué lecciones debemos de tener en cuenta?

Por supuesto que están vigentes y pueden asumir un antagonismo abierto, como en el caso del conflicto entre Donald Trump y [el inmunólogo] Anthony Fauci, o Jair Bolsonaro [de Brasil] y Andrés Manuel López Obrador [de México] contra sus científicos y médicos. El populismo político es anticientífico y promueve la desinformación. Sin embargo también puede asumir una forma menos pública, pero también peligrosa: el poder tiende a escucharse solo a sí mismo y termina bloqueando o ignorando las advertencias de la ciencia. 

En el Perú, hay un caso terrible, pues la funcionaria que mediante una investigación científica descubre que el “cóctel” de medicinas que se aplicaba a los pacientes no solo no los beneficiaba, sino que los perjudicaba, es despedida y pierde su cargo, en vez de ser reconocida. Al poder político no le gusta reconocer que se equivocó. Es difícil tomar decisiones efectivas en medio de una pandemia, pero es inaceptable perseverar en el error. En medio de lo que será un inédito proceso electoral, hay que escuchar con atención a los grupos políticos que garanticen servicios públicos (salud y educación) de calidad y se asesoren con médicos y científicos, de probada experiencia y competencia. Es inaceptable que la extrema derecha ya cuestione el carácter obligatorio de la próxima vacuna contra la Covid-19.

Hijos de la peste
ESCRITO EN EL CONFINAMIENTO. Marcel Velázquez hace un repaso por cuatro epidemias que afectaron al Perú republicano y establece asociaciones con la actual crisis sanitaria.

 

Por muchos años, señala en su libro, el discurso médico ha estado dotado de autoridad y legitimidad incontrastables. Sin embargo, en la actualidad, los movimientos negacionistas de la ciencia y los antivacunas han cobrado notoriedad. 

La ciencia y la medicina forman parte del relato emancipador de la modernidad. Sin embargo, durante el siglo XIX, la viruela derrota al Estado peruano. El Estado no fue capaz de diseñar una política de vacunación nacional, la gente huía de los vacunadores y aunque se impusieron multas y coerciones, no se ganó la legitimidad social hasta muy avanzado el [siglo] XX. Tampoco se puede olvidar que en ciertas circunstancias históricas, la ciencia ha sido empleada para una ilimitada experimentación en cuerpos humanos o incluso para provocar muertes masivas. Este uso sin control ni protocolos éticos ha ocurrido en varios otros lugares. El tema de la esterilización forzosa en el Perú es uno de ellos.

Los movimientos antivacunas son mundiales y han adquirido fuerza ahora porque se alimentan de las teorías conspirativas y aprovechan la inédita circulación de cualquier noticia emotiva por las redes sociales. El WhatsApp y otras redes han fortalecido las cadenas mentales de la ignorancia y fomentado la desinformación. Ahora no basta la condena a estos grupos, hay que entenderlos para combatirlos mejor. ¿Por qué surgen? ¿qué tipo de consuelo social ofrecen las teorías conspirativas? La brecha social entre el conocimiento de las elites y las creencias de quienes se niegan a creer en la ciencia requiere de mediadores comunicacionales empáticos y de divulgadores científicos. La mera condena solo atiza la polarización y fortalece las cavernas de eco en el que solo conversamos con los que comparten nuestras premisas e ideas. Se requiere crear con imaginación un vínculo de confianza entre las comunidades sociales y las prácticas científicas.

Hay que volver a pensar lo público, como valor para todos", plantea Velázquez.

En “Hijos de la peste” también hay una crítica al consumismo representado, por ejemplo, en las enormes colas afuera de los supermercados. No obstante, usted plantea que esas actitudes son una forma de manifestación del miedo. ¿De qué manera el temor ha marcado el actuar de la población a lo largo de la historia de las epidemias?

El miedo es la respuesta más generalizada ante una epidemia. El miedo es inevitable e históricamente busca liberarse mediante manifestaciones religiosas de expiación y exorcismo. Estas respuestas religiosas ante el miedo han atravesado los siglos sin grandes cambios. En un mundo más secular y determinado por la experiencia capitalista del consumo, el miedo se proyecta en la fantasía negativa del supermercado vacío, la supuesta imposibilidad de abastecerse se convierte en histeria en el templo del consumo.

En la actualidad surgen cuestionamientos al sistema de salud y al modelo de crecimiento económico ¿Cree que la crisis sanitaria puede marcar un punto de quiebre? ¿Qué oportunidades cree que se desprenden de esta situación?

El abandono de la salud pública es la consecuencia de las políticas privatizadoras y sus lógicas dicotómicas que han dominado esta república tecnoempresarial. Hay que volver a pensar lo público, como valor para todos. Se abre un tiempo de cambios y de aceleración de procesos sociales y tecnológicos que ya venían de antes. Una pandemia de esta magnitud significa múltiples trastornos del orden social, pero requiere de una nueva imaginación política que enfrente los problemas globales: la catástrofe climática, el sometimiento de las sociedades al capitalismo digital, el avance del discurso del odio, el racismo y la xenofobia, las migraciones masivas. Si no hay una nueva imaginación política y gente en las calles reclamando nuevos derechos, el gran triunfador post pandemia será el control digital de las poblaciones, ya sea por los estados autoritarios o por las grandes corporaciones digitales (GAFA - Google, Amazon, Facebook y Apple). La gente abdica de su libertad e intersubjetividad por el disfrute del click, el scroll infinito y el like, como nueva unidad del pensamiento.

Usted señala que escribir en circunstancias de confinamiento “requiere una absurda militancia en la esperanza”. ¿Tiene una visión optimista del futuro post pandemia? 

La esperanza es mucho más compleja que el optimismo vacío. Durante los meses más difíciles, varias veces me pregunté qué sentido tenía seguir escribiendo un libro sobre la historia cultural de las pandemias en medio de un país con cientos de muertos diarios por la Covid-19. Creo que necesitamos pensar en los muertos. El Perú acumuló, en siete meses, más de 70.000 muertos. Una forma de mostrar respeto es comprender cabalmente lo ocurrido. Las plagas del Perú no requieren solamente respuestas biológico-médicas, hay que movilizar las ideas; y este libro es un pequeño aporte en este sentido.

Lo he escrito para quienes no se sienten contentos con meras explicaciones causalistas ni celebran acríticamente las decisiones del poder. Es un viaje temporal por la sociedad peruana, por sus miserias estructurales y sus comportamientos prejuiciosos y violentos, pero también aparecen quienes lucharon contra las enfermedades, quienes se organizaron comunitariamente ante el abandono del Estado, celebro a los artistas que representaron las epidemias en la literatura y la pintura y a los dibujantes que se rieron de la muerte. 

 

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