Demanda asistencial de pacientes crónicos supera la capacidad de los servicios de salud

La emergencia sanitaria ha generado brechas en el diagnóstico y tratamiento del cáncer y de diversas enfermedades crónicas, a pesar de que quienes las padecen son más vulnerables ante el nuevo coronavirus. De acuerdo a los especialistas, el sistema de salud peruano aún no se da abasto para atender a estos grupos de pacientes, que retornan masivamente a los centros de salud en medio de un descenso en los casos Covid-19. Reportes del Ministerio de Salud y de organismos internacionales muestran, además, el incremento de uno de los indicadores más duros: la letalidad a causa de estas enfermedades.

NO COVID. Especialistas advierten sobre acumulación de pacientes crónicos sin atención en el sistema de salud.

NO COVID. Especialistas advierten sobre acumulación de pacientes crónicos sin atención en el sistema de salud.

Foto: Essalud

Lith Saboya aguantó el dolor en el pecho por tres meses. Durante ese tiempo, la docente de 34 años siguió viajando a la comunidad shawi Libertad, ubicada en Loreto, a más de 10 horas en bote desde Yurimaguas, para dictar clases en el colegio local. Al cuarto mes, en julio pasado, cuando la inflamación de uno de sus senos se volvió insoportable, Lith se acercó al hospital de Essalud de Yurimaguas. Un médico le examinó y le recetó antiinflamatorios. “Me dijo que era un tumor maligno, pero no me hicieron ninguna ecografía”, recuerda.

La docente confirmó que era un tumor luego de realizarse un examen, pocos días después, en una de las sedes del Sistema Metropolitano de la Solidaridad (Sisol) de Tarapoto. El 8 de agosto, Lith se sometió a una biopsia en un establecimiento privado. Este análisis reveló que el cáncer se encontraba avanzado, en estadio III. A pesar de eso, todavía no recibe un tratamiento en el seguro social.

Carlos Farías Alburquerque, médico oncólogo y coordinador de la Alianza para la Prevención y Control de Enfermedades no Transmisibles, quien sigue su caso a distancia, sostiene que el diagnóstico y tratamiento del cáncer en el país había registrado avances en años anteriores. Sin embargo, la pandemia originó graves problemas de atención a pacientes de esta y otras enfermedades crónicas. “Esto me recuerda a la década del ‘80, cuando teníamos la mayoría de pacientes con cáncer avanzado”, dice.

Es una avalancha de pacientes que fueron descuidados durante la pandemia", dice Celis Salinas.

Durante los primeros meses de la emergencia sanitaria, los servicios de salud estuvieron orientados exclusivamente a controlar los contagios de nuevo coronavirus. Además del cierre de establecimientos del primer nivel de atención, se reasignaron recursos humanos y financieros a áreas Covid-19. Muchas consultas externas fueron postergadas de manera indefinida. “Ni bien se estableció la cuarentena, se cerró todo y eso fue una medida caótica. Con un sistema [de salud] precario y las nuevas limitaciones, mucha gente quedó sin acceso”, señala Paúl Pilco Castañeda, médico oncólogo y director de la Fundación Peruana de Cáncer.

Para el 2021, la recuperación de estos servicios ha sido progresiva, pero aún no es proporcional a la cantidad de pacientes que requieren atención, cuenta el infectólogo del Hospital Regional de Loreto, Juan Carlos Celis Salinas. “Es una avalancha de pacientes que fueron descuidados durante la pandemia y no tuvieron a dónde acudir. Después de la segunda ola de Covid, empezó a aumentar [la demanda de servicios]. Ellos esperan a que todo esté tranquilo [para venir], pero muchas veces ya están complicados”.

  

Centro de salud cerrado en Trujillo
SIN ALTERNATIVAS. Durante la primera etapa de la pandemia se suspendió la atención en establecimientos del primer nivel.
Foto: OjoPúblico / Claudia Chávez. 

 

Brechas en la atención del cáncer


 

El especialista Pilco Castañeda explica que la emergencia sanitaria ha limitado la detección temprana y el tratamiento de pacientes oncológicos, un grupo de más de 175 mil peruanos, según el último informe de la Agencia Internacional de Investigación en Cáncer (IARC). “Si un paciente con diagnóstico de cáncer no ha podido recibir tratamiento, los nuevos ni siquiera tuvieron la oportunidad de ser atendidos”, cuenta. 

De acuerdo a cifras del Ministerio de Salud (Minsa), en 2020, la pandemia retrasó hasta en un 50 % el registro de pacientes con cáncer, en comparación con el promedio de los indicadores de los cinco años anteriores. Para el primer semestre de 2021 se estima un retroceso de 34 % en el número de casos registrados. “Muchas IPRESS han dejado de registrar, en 2020 y 2021, porque han dedicado sus esfuerzos a dar respuesta a los casos de Covid-19”, indica el boletín epidemiológico de la semana 24, elaborado por el Centro Nacional de Epidemiología, Prevención y Control de Enfermedades (CDC Perú).

Asimismo, un informe de Apoyo Consultoría, presentado en julio pasado, mostró que las atenciones por cáncer disminuyeron 37 % entre marzo de 2020 y mayo de 2021 en Perú, en comparación al periodo pre-pandémico. El informe también señala, a partir del análisis de datos del Sistema de Información Hospitalario (HIS) del Minsa de los tres últimos años, que más de 81 mil atenciones en etapa avanzada y más de 21 mil atenciones de diagnóstico no fueron realizadas durante la emergencia sanitaria.

Se está normalizando la atención, pero hay demoras de dos meses", advierte Carlos Farías.

“La disminución de atenciones no solo ha afectado la continuidad de tratamientos de pacientes oncológicos, sino también la cantidad de consultas para diagnóstico. Si disminuyen los diagnósticos, los pacientes llegan con un cáncer en un estadio más avanzado, lo que aumenta las defunciones en el mediano plazo”, señala el documento.

El último informe de la IARC ya ha reportado un incremento de la mortalidad por cáncer en 2020. Según este documento, el año pasado se registraron 34.976 fallecimientos por esta enfermedad en todo el país; mientras que en el informe previo, del año 2018, se habían reportado 33.098 decesos. Esta cifra representa un aumento de casi 1.880 muertes (5,3 %).

Aunque la atención a pacientes oncológicos se ha restablecido a lo largo de este año, el médico Carlos Farías advierte que hay una acumulación de citas. “Se está normalizando la atención, pero hay demoras de dos meses, en promedio. Existe un embalse bastante grande. Y hay pacientes que llegan a consulta después de dos años de haber presentado un tumor. Lo peor es que si teníamos un paciente con un estadio I hace dos años, hoy es un estadio III”, explica. 

En Perú, según la vigilancia epidemiológica del Minsa, el cáncer se suele detectar en una etapa avanzada. “El 75 % de casos se clasificó en estadio III o IV antes del tratamiento, el 25 % se encontraba en estadio precoz y sólo el 5 % se detectó en estadio 0 (cáncer in situ)”, se lee en el último reporte sobre esta enfermedad. 

 

Atención del cáncer
CAPACIDAD.Según un informe de Apoyo Consultoría, 20 regiones no cuentan con ningún equipo de radioterapia.
Foto: Andina

 

Luis Revilla Tafur, médico epidemiólogo de la Oficina General de Epidemiología (OGE) del Minsa, sostiene que esta dificultad no es propia de la emergencia sanitaria. “El cáncer se diagnostica tarde, la población se demora en acudir a los servicios de salud. Ese es el problema, pero el país ha avanzado enormemente en el tratamiento de esta enfermedad, que es cubierta por el Estado”, explica.

Aunque la atención del cáncer es financiada con recursos públicos, tanto en hospitales del Minsa como de Essalud, muchas personas aún se enfrentan a brechas de acceso a tratamientos, especialmente quienes viven en zonas alejadas o enfrentan situaciones de pobreza. Para Farías Alburquerque, la descentralización del tratamiento de neoplasias sigue siendo un reto pendiente para el sistema de salud peruano. “Hay tendencia hacia la descentralización, pero el avance es muy lento. Se necesita un mayor número de centros [oncológicos] regionales”, dice el médico oncólogo. 

A la fecha, el Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas, especializado en el tratamiento del cáncer, cuenta con sedes en Lima, Trujillo, Arequipa y Junín. Otros hospitales del seguro social y del Minsa también brindan este tipo de atención, en ámbitos regionales. Sin embargo, según el informe de Apoyo Consultoría, 20 regiones no cuentan con ningún equipo de radioterapia y 13 no tienen especialistas en oncología.

Lith Saboya, por ejemplo, está a la espera de una cita, desde agosto. Mientras tanto, sigue recurriendo a alternativas privadas para poder tolerar el dolor. “Estoy vendiendo todas mis cosas. Ya he gastado más de S/ 8 mil en consultas privadas. Me han dicho que necesito un tratamiento, pero no tengo las facilidades”, cuenta la maestra. 



La otra epidemia: enfermedades no transmisibles

 

Además de sufrir complicaciones propias de cada enfermedad, los pacientes con cáncer y males crónicos son especialmente vulnerables en este contexto de emergencia sanitaria. Diferentes estudios han demostrado que se encuentran en grave riesgo de ser hospitalizadas o morir a causa de la Covid-19.

En Perú, uno de los países con las tasas más altas de mortalidad por coronavirus, el Minsa determinó, por ejemplo, que la mayoría de hombres mayores de 60 años, que fallecieron hasta abril de 2021, sufrían de alguna comorbilidad. El 85,76 % presentaba enfermedad cardiovascular (hipertensión), el 75,26 % padecía cáncer y el 74,4 %, algún tipo de diabetes.

Las cifras revelan, además, que un gran número de la población peruana requiere de atención médica permanente. En el ámbito nacional, según datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática (Inen), entre abril y junio de 2021, más de 12 millones de personas (el 37 % de la población peruana) informaron que padecen un problema de salud crónico, como diabetes, hipertensión o tuberculosis. De este grupo, los mayores de 60 años son los más vulnerables: 7 de cada 10 adultos mayores son pacientes crónicos.

Más de 12 millones de personas padecen de algún problema de salud crónico, según datos del Inei".

En los últimos años, las enfermedades no transmisibles (ENT) han sido responsables de casi el 70 % de las muertes en el país. A pesar de eso, en el primer trimestre de 2021, solo 28 de cada 100 personas que padecen una enfermedad de este tipo buscan atención en un establecimiento público o privado, según el último informe Condiciones de Vida del Inen. La mayoría de ellos, además, apenas recurre a farmacias o boticas para este tipo de consultas.

Aún así, los más recientes indicadores de acceso a atenciones en salud revelan un leve progreso. Entre abril y junio de 2020, cuando iniciaba el incremento de casos Covid-19 de la primera ola de la pandemia, y aún no se disponía de abundante información sobre las medidas de prevención del nuevo coronavirus, solo 20 de cada 100 pacientes crónicos buscaron atención médica. 

Entre las enfermedades no transmisibles, el infectólogo Juan Carlos Celis advierte sobre el silencioso avance de la diabetes, una enfermedad que muchas veces no presenta síntomas, pero predispone a los pacientes a contraer otros males. “Se diagnostica tarde, es lenta y va avanzando hasta que se complica. La enfermedad también disminuye las defensas y altera la salud. Por ejemplo, hay muchos diabéticos que desarrollan tuberculosis”, detalla.

 

Evaluación de pacientes
CUIDADOS. Para el especialista Juan Carlos Celis, los pacientes de enfermedades crónicas requieren una atención y seguimiento presencial.
Foto: Andina

 

Reportes del Ministerio de Salud señalan a la diabetes como un serio problema de salud pública y una enfermedad de alto costo, pues requiere tratamiento y cuidados constantes. Las personas que padecen este mal crónico presentan elevados niveles de glucosa (un tipo de azúcar) en la sangre, según explica una guía de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Esto ocurre, debido a una deficiencia de la producción o acción de la insulina, una hormona que permite regular los niveles de azúcar en la sangre.

Según el portal de la OPS, la diabetes tipo 2 representa el 85 % de los casos y se produce cuando el cuerpo se vuelve resistente o no produce suficiente insulina. Se presenta principalmente en adultos y está relacionada a factores de riesgo como sobrepeso, inactividad física o la mala alimentación. La diabetes 1, en cambio, no es prevenible. En estos casos, el organismo deja de producir esta hormona. Hay, además, otro tipo de diabetes que se produce durante el embarazo (gestacional).

En Perú, la emergencia sanitaria redujo las atenciones a este grupo de pacientes. De acuerdo a datos del Minsa, entre enero y octubre de 2020, se registraron 74.457 atenciones, lo que representó un alcance del 55 % de la meta de atenciones programadas para ese año. Además, reportes epidemiológicos de esta institución advierten sobre un subregistro de casos nuevos de hasta 50 % para el 2021, en comparación de los avances logrados en 2019.

 

Retrocesos en el control de la tuberculosis

 

En el Hospital Regional de Loreto, ubicado en uno de los departamentos con mayor incidencia de tuberculosis (TB), la demanda de camas destinadas a la atención de pacientes con enfermedades respiratorias diferentes al coronavirus se ha duplicado durante el último mes.

“Normalmente cuatro camas eran suficientes para hospitalizar a pacientes con tuberculosis, y el resto se manejaba de manera ambulatoria. Hace un mes, implementamos ocho camas, y actualmente tenemos 17. Para mí, es una clara señal de que otra vez estamos en esta ola no Covid-19. Lo habíamos visto [en 2020], pero esta vez es peor”, dice el infectólogo Juan Carlos Celis.

La pandemia ha ocasionado una notable disminución en el acceso a pruebas de descarte y tratamientos para pacientes con TB. Leonid Lecca García, médico epidemiólogo y director de la organización Socios en Salud, explica que una de las causas fue el cierre de los establecimientos del primer nivel de atención, donde se centra la atención de esta enfermedad. “Retrocedimos, porque centros y puestos de salud se replegaron durante 2020. En el segundo año de la pandemia se han reabierto, pero hemos perdido pacientes y capacidad para llegar a ellos”, detalla.

Uno de los principales indicadores de este retroceso, de acuerdo a Lecca García, es el número de casos detectados, muy inferior a años anteriores. Mientras que en 2019, de acuerdo a la sala situacional del Minsa, se reportaron 32.970 casos; en 2020, solo fueron 24.581. Es decir, entre un año y otro, alrededor de 8 mil personas con tuberculosis quedaron sin un diagnóstico. Esto, sin considerar que el número real de pacientes, estimado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), es de 37 mil y que la meta establecida por el Minsa es de 33.300 casos detectados.

 

 

“No es que haya menos TB, sino que hay un número mayor de casos que no han sido identificados y están transmitiendo la enfermedad. Antes se perdían alrededor de un 20 % de casos, pero esa brecha ha aumentado”, advierte el epidemiólogo.

En condiciones normales, los pacientes diagnosticados con TB acudían todos los días a un centro de salud asignado, donde el personal a cargo supervisaba la toma de fármacos, según las normativas técnicas del Minsa. Cada cierto periodo, además, se monitoreaba su respuesta al tratamiento, a través de diferentes análisis. Durante la emergencia sanitaria, en cambio, Lecca García advierte que Socios en Salud recibió reportes de pacientes que tuvieron dificultades para acceder a medicamentos y controles.

El año pasado, se incorporaron nuevos mecanismos de supervisión y control a través de medios virtuales, como videollamadas. Pero los tratamientos directamente observados (o DOT, por sus siglas en inglés) solo alcanzaron a 20.861 pacientes. En opinión del infectólogo Juan Carlos Celis, la atención presencial es imprescindible para el seguimiento de la tuberculosis, así como de otras enfermedades crónicas. “Estos pacientes requieren de examinación constante”, explica.

Hemos perdido pacientes y capacidad para llegar a ellos”, dice Leonid Lecca.

A esto se suma el hecho de que la tuberculosis también puede ser silenciosa y tiene un lento avance. El epidemiólogo Leonid Lecca, indica que durante la ejecución de su programa de descarte TB Móvil, Socios en Salud encontró que el 17 % de los casos de TB que detectaron en Lima en 2020, no tenían síntomas. 

A nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que si la Covid-19 dio lugar a una reducción mundial del 25 % de la detección de TB prevista, como ocurrió en Perú, podríamos esperar un aumento del 26 % en las muertes por esta enfermedad. “Eso nos regresaría a los niveles de mortalidad por TB del 2012. Entre los años 2020 y 2025 podrían registrarse otros 1,4 millones de muertes por TB como resultado directo de la pandemia”, señala una nota informativa de la OMS basada en estudios epidemiológicos. 

En el mismo sentido, Celis Salinas advierte que las complicaciones y fallecimientos por las enfermedades crónicas aumentarán en el mediano y corto plazo. Incluso, estima el especialista, podrían llegar a niveles no registrados previamente. “Antes de la pandemia, nunca hemos tenido una situación similar. Los indicadores se van a incrementar, y eso va a ser un golpe para la salud pública”, sostiene.

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