Calamar en riesgo: el 86% de la pesca global se realiza en áreas no reguladas

En medio de la creciente preocupación de científicos y conservacionistas respecto a una posible disminución de las poblaciones mundiales de calamar, un análisis de Global Fishing Watch y otras organizaciones a la flota que pesca esta especie en aguas internacionales concluyó que el 86% de esta actividad se realiza en áreas no reguladas, algunas adyacentes a aguas nacionales de Estados costeros. Es decir, pescan sin normas que permitan el control, la transparencia y la fiscalización. Especialistas consultados sostienen que los países costeros —como Perú, que tiene al calamar como su segunda pesquería más importante— deben promover mejores medidas de manejo y gestión para el molusco.

SIN CONTROL. El estudio advierte que los buques operan como una pesquería globalizada que va tras el calamar.

SIN CONTROL. El estudio advierte que los buques operan como una pesquería globalizada que va tras el calamar.

Foto: Shutterstock

La pesca ilegal, no declarada y no reglamentada, conocida por sus siglas en inglés como pesca INDNR, es una de las mayores amenazas para las especies que habitan los mares, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Aunque las tres formas de afectar los ecosistemas marinos son peligrosas, siempre se ha puesto mayor atención en combatir la pesca ilegal, dejando más relegada a la pesca no regulada o no reglamentada.

La Global Fishing Watch (GFW) —en alianza con Universidad de California, el Australian National Centre for Ocean Resources and Security, la Japan Fisheries Research and Education Agency, la Universidad de Dalhousie y la Universidad Católica de Valparaíso— realizó un análisis global del comportamiento de 1.394 barcos que pescaron calamar en alta mar usando señuelos de luces, desde el 2017 al 2020. 

Los hallazgos revelan que el 86% de su tiempo total de pesca lo emplearon en aguas internacionales no reguladas, que, en algunos casos, están ubicadas en áreas adyacentes a las zonas económicas exclusivas (ZEE) de los países costeros, como Perú, con poca capacidad para controlar incursiones ilegales a su dominio marítimo. 

En algunos casos, las aguas internacionales donde operan están ubicadas en áreas adyacentes a las zonas económicas exclusivas".

La diferencia entre la pesca ilegal y la no regulada radica en la existencia —o no— de leyes y normas que regulen a las especies. Así, la primera hace referencia a la actividad pesquera que incumple las normas vigentes, y la segunda se enfoca en la pesca de especies que no tienen regulación o carecen de ellas en algunos espacios marítimos. 

El nuevo análisis también evidencia que el esfuerzo pesquero en el periodo estudiado se incrementó en un 68%. La flota china fue la que dominó esta pesquería, con un total de 1.123 barcos, que equivale al 92% del total analizado. La mayoría de estas embarcaciones, además, pescan en múltiples áreas y se trasladan con facilidad de una zona regulada a otra que no lo está, y permanecen en alta mar desde meses hasta años.

Los científicos y abogados en materia ambiental consultados para este informe consideran que la falta de regulación —ya sea porque en la zona de pesca no existe Organizaciones Regionales de Ordenamiento Pesquero (OROP) o porque las que hay no cuentan con medidas de manejo para preservar la especie— funciona como un incentivo para que las flotas calamareras sobreexploten el molusco.

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RIESGO. La falta de regulación funciona como un incentivo para que las flotas calamareras sobreexploten el molusco.
Foto: Andina / Archivo.

 

Calamar en riesgo

 

Para pescar en aguas internacionales, las embarcaciones deben contar con un sistema de identificación automática (AIS), que transmite datos de su ubicación. En el caso del calamar, para pescar en esas aguas los barcos usan enormes luces que atraen a la especie y que, a la vez, permiten que su ubicación sea detectada por un sensor óptico de alta sensibilidad para ver luces, denominado VIIRS.

El estudio, realizado por la GFW y otras organizaciones, combinó los datos de las huellas de los barcos que les proporcionó el AIS con el VIIRS. Esto les permitió a los investigadores conocer dónde estaban los buques y si estaban pescando calamar. 

En paralelo, para saber si estaban pescando en zonas reguladas, los responsables del estudio compararon esos datos con las áreas bajo competencia de las OROP, para determinar si estas contaban o no con medidas mínimas de manejo de la especie. 

El análisis revela que, entre 2017 y 2020, los barcos tuvieron un tiempo de pesca de 4’400.000 horas en áreas no reglamentadas o con regulaciones no pertinentes, lo que implica el 86% del tiempo total de pesca que realizaron en esos años. La flota china fue la dominante, con un 92% de barcos y 4’000.000 de horas de pesca no regulada.

Los barcos de pesca de calamar con señuelos tienden a trasladarse y operan con facilidad en varios océanos".

Usando los datos de las mismas fuentes también se determinó que el esfuerzo pesquero en las cuatro regiones analizadas —Océano Índico Noroccidental, Océano Pacífico Suroriental, Océano Pacífico Noroccidental y el Océano Atlántico Suroriental— se incrementó en un 68% en el periodo analizado. En detalle, el tiempo estimado, en 2017, fue de 149.000 días de embarcación, mientras que, en 2020, alcanzó los 251.000 días.

“En particular, en el océano Índico Noroccidental, el esfuerzo ha aumentado rápidamente de 13.000 a 56.000 días-buque”, se lee en el estudio.

También se determinó que los barcos de pesca de calamar con señuelos tienden a trasladarse y operan con facilidad en varios océanos, incluso saliendo y entrando de las cuencas oceanográficas varias veces al año. 

Los datos muestran que el 52% de la flota calamarera extrajo esa especie en dos o más regiones en un mismo año. Esto es facilitado por el prolongado tiempo que pueden permanecer en el mar gracias a barcos de transporte que reciben sus capturas y los abastecen de combustible, suministros y tripulación.

La tendencia del esfuerzo pesquero va creciendo en cantidad de barcos y horas de pesca. De 887 barcos que había en 2017, se pasó a 1.102 en 2020. En paralelo, de 1’020.000 horas de pesca registradas en 2017, se pasó a 1’540.000 horas, en 2020. 

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ESFUERZO PESQUERO. La tendencia al alza se observa tanto en la cantidad de barcos como en las horas de pesca destinadas a esta especie.
Foto: GFW

 

En conclusión, el estudio advierte que estos buques operan como una pesquería globalizada que va tras el calamar. Con ese afán, pasan de un área regulada a otra no regulada, extrayendo la especie con poca o ninguna supervisión y, en algunos casos, sin informar sus capturas, acercándose bastante a las zonas de dominio marítimo de los países costeros (ZEE). 

Estos últimos son especialmente sensibles pues tienen poca capacidad de detectar si los grandes barcos ingresan a sus aguas territoriales de modo ilegal. Cuando esto ocurre, los buques empiezan a competir con los pescadores artesanales que también extraen esta especie altamente migratoria.

“Esto crea importantes consideraciones de equidad para los pescadores tradicionales y de pequeña escala, que dependen de las especies objetivo de las flotas industriales. Y, también, para los Estados ribereños en desarrollo, que dependen de los ingresos de las especies que se desplazan entre áreas reguladas y no reguladas (por ejemplo, el calamar gigante volador para Perú y Ecuador)”, dijo Nate Miller, coautor del estudio, a OjoPúblico.

La pesca no reglamentada está sujeta a un escrutinio considerablemente menor —de acuerdo con el estudio—, siendo “más probable que se asocie con derechos humanos y prácticas laborales cuestionables”.

Nate Miller agrega que, sin controles y sin informes de pesca, quienes capturan calamar también pueden verse incentivados a sobreexplotar la especie e invertir mínimamente en mantener poblaciones saludables.

 

Califican el área de la OROP-PS como no regulada

 

La pesca de especies marinas en aguas internacionales es gestionada por las Organizaciones Regionales de Ordenamiento Pesquero (OROP). En todo el mundo existen 17. De estas, solo dos consideran al calamar dentro de su mandato: la Comisión de Pesca del Pacífico Norte (NPFC) y la Organización de Ordenación Pesquera del Pacífico Sur (OROP-PS). De esta última son parte Perú, Ecuador, Chile, China y Corea, entre otros países.

Sin embargo, la sola existencia de una OROP o la implementación de medidas generales no es suficiente para considerar que la pesquería de calamar que se realiza en su área de mandato sea considerada como regulada. 

La pesca no reglamentada —de acuerdo al Plan de Acción internacional para prevenir, desalentar y eliminar la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (IPOA-IUU)— es aquella que “ocurre en áreas o para las poblaciones de peces en relación con las cuales no existen medidas de conservación o gestión aplicables”. 

En ese sentido, el estudio publicado en Nature señala que, aunque la OROP-PS ha implementado algunas medidas para regular la pesquería del calamar —como solicitar la notificación de capturas, obligar a las embarcaciones a contar con un sistema de seguimiento de buques (VMS) y notificaciones de transbordo—, estas no son medidas de gestión directa. Entre estas últimas destacan, por ejemplo, las cuotas o límites al esfuerzo pesquero.

En todo el mundo existen 17 Organizaciones Regionales de Ordenamiento Pesquero".

“Aplicando la definición anterior, clasificamos las actividades dirigidas al calamar en el área de la OROP-PS como no reguladas”, enfatiza la publicación, que analizó la pesca de esta especie entre 2017 y 2020.

Al ser consultada sobre el tema, la OROP-PS dijo a OjoPúblico que en su última reunión se ha adoptado una medida que efectivamente limita el esfuerzo de la flota para la pesquería del calamar en su jurisdicción. 

Se trata de la norma CMM 18-2023, cuyos informes ya son de libre acceso. La OROP-PS detalló que, en ese encuentro de los Estados miembros, se creó un grupo de trabajo dedicado al calamar, que funcionó a lo largo de la reunión, incluso con la participación del Comité para el Manejo Sustentable del Calamar Gigante del Pacífico Sur, una organización que agrupa a líderes de la industria de Chile, Ecuador, México y Perú.

En efecto, la OROP-PS acordó —en su sesión de febrero, en Manta (Ecuador)— que, como medida de precaución, los países de aguas distantes que participan en esta pesquería no pueden tener una cantidad de buques y tonelaje de pesca superior a lo autorizado hasta diciembre de 2020. 

Calamar gigante _ Produce

COMPETENCIA. Cuando los grandes barcos entran a las aguas territoriales de modo ilegal, empiezan a competir con los pescadores artesanales.
Foto: Produce

 

A la vez, recomendó a sus Estados miembros informar sobre sus capturas de calamar y sobre los transbordos que realizan en alta mar. Sin embargo, no autorizaron el incremento de los observadores a bordo, que sigue siendo de solo el 5%.

Nate Miller, coautor del estudio, precisó que esas medidas recién entrarán en vigor en junio próximo. Es decir, no estaban vigentes en el periodo analizado, ni en este momento.

"Pocas OROP consideran las especies de calamar dentro de su mandato y, las que lo hacen, han tardado en adoptar políticas que regulan su esfuerzo de pesca, como límites en el número de embarcaciones y la captura total”, agregó el investigador.

El abogado César Ipenza Peralta, especialista en derecho ambiental, se mostró de acuerdo en calificar a la pesca en el área de la OROP-PS como no regulada, pues consideró que le falta establecer medidas para la protección efectiva de la especie.

La OROP-PS no autorizó el incremento de los observadores a bordo, que sigue siendo de 5%".

En esa línea, el abogado Nicholas Fromherz, profesor adjunto de la Alianza Global de Derecho para Animales y el Medioambiente de la Universidad Lewis & Clark en Portland (EE. UU.), dijo a OjoPúblico que tiende a estar de acuerdo con esa definición para ese organismo de regulación del Pacífico Sur, más aún si se usa el término “no regulado” para definir “carente de regulación adecuada”.

El especialista reconoció que la OROP-PS cuenta con una medida de conservación y gestión (CMM 18-2020) que aborda la pesquería de calamar e incluye normas sobre la cobertura de observadores, la recopilación de datos y el seguimiento de los buques. Pero, remarcó, recientemente no ha adoptado propuestas para fortalecer realmente la preservación de la especie. 

“En resumen, en la medida en que la OROP-PS regula la pesca del calamar, se trata de una regulación muy laxa”, comentó.

 

Urgen mayores controles y medidas de gestión

 

Los científicos que analizaron la pesquería del calamar consideran que estos datos muestran que la actividad está sujeta a “una gestión limitada o nula, según su ubicación, y, por lo tanto, brinda la oportunidad de evaluarla como un posible régimen de propiedad de acceso abierto”.

En esta línea, los autores señalan que la pesquería de calamar requiere de un enfoque globalizado de la gobernanza, que sea policéntrico y adaptativo, con acuerdos integrales de intercambio de datos entre áreas, y con estados costeros fortalecidos, para que tengan una mejor capacidad de seguimiento, control y vigilancia de la pesca adyacente a sus dominios. 

“La pesquería del calamar está realmente globalizada y requiere un enfoque internacional para la gobernanza, aunque no necesariamente instituciones globales. En algunos casos, esto puede requerir OROP nuevas o ampliadas, o el fortalecimiento de las regulaciones dentro de las existentes. En todos los casos, requerirá una mayor cooperación entre las estructuras de gobernanza, la incorporación de la mejor ciencia pesquera y una mayor cooperación internacional”, enfatizó el investigador Nate Miller.

Sobre el rol de los estados costeros en la pesquería del calamar, indicó que los desafíos suelen ser complejos y específicos para cada Estado, y están potencialmente influenciados por limitaciones legales, reglamentarias, de instrumentos o de información y datos.

Las OROP deben reducir o incluso eliminar los transbordos en el mar e imponer cuotas de captura”, dijo Nicholas Fromherz.

Ipenza Peralta, por su parte, sostuvo que se deben plantear medidas más completas, con una visión integral de esta pesquería. “Hay que tener en cuenta que la especie no está sola, sino que hay toda una codependencia y cumple un rol estratégico en los océanos, por la dependencia de otras especies de esta”, anotó.

Por su parte, el abogado Nicholas Fromherz recordó que la historia de los colapsos pesqueros y los impactos en cascada sobre otras especies y entornos marinos no deja lugar a dudas sobre la necesidad de un enfoque ecosistémico. De hecho, la FAO así lo ha reconocido, promoviendo el Enfoque Ecosistémico de la Pesca, que busca que se gestione la actividad pesquera poniendo por delante al ecosistema y al ser humano, y no solo a la especie que se busca proteger.

Aunque ya existen las reglas y normas necesarias para la gestión de la pesquería del calamar, Fromherz considera que es necesario que los actores aborden la explosión de la pesca del calamar con más seriedad y que los Estados de pabellón con flotas de aguas distantes, como China, controlen sus embarcaciones. 

“En segundo lugar, las OROP, como la OROP-PS, deben adoptar propuestas para aumentar la cobertura de observadores, reducir o incluso eliminar los transbordos en el mar e imponer cuotas de captura consistentes con el principio de precaución”, enfatizó.

La falta de regulación y las regulaciones fragmentadas pueden estar jugando a favor de la voraz flota que va tras el calamar. El estudio de la GFW concluye que los actores de esta pesquería pueden estar aprovechando esas falencias para maximizar la pesca de esta especie, sobre la cual ya existe preocupación por su posible disminución.

 

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