Crisis alimentaria impactará sobre casos de anemia y desnutrición en pueblos indígenas

A la contaminación de sus territorios por actividades extractivas y el impacto de la pandemia de la covid-19, se suma una nueva amenaza contra los pueblos indígenas: el incremento del precio de los alimentos a causa de la inflación global. Los expertos estiman que esta situación puede llevar a un aumento de los índices de anemia y desnutrición o, por el contrario, dar impulso a su soberanía alimentaria, que les permitirá reemplazar productos procesados por ancestrales.

OPCIONES. Ante el incremento de los producto procesados en los mercados, los indígenas han retomado desde la pandemia sus prácticas ancestrales de caza, pesca y horticultura.

OPCIONES. Ante el incremento de los producto procesados en los mercados, los indígenas han retomado desde la pandemia sus prácticas ancestrales de caza, pesca y horticultura.

Foto: Ojo Público / Leslie Searles

Rufino Akuts demora 12 horas en trasladar arroz, fideos, aceite y conservas, entre otros productos, desde el distrito de Imaza, en la región Amazonas, hasta Pampa-entsa, comunidad indígena fronteriza con Ecuador donde tiene su bodega. Debe pagar S/3 por kilo de carga en el traslado de su mercadería, un costo que desde siempre encarece los precios de los productos en las poblaciones indígenas. A ello debe adicionarse que, entre junio de 2021 y mayo de 2022, los precios de alimentos y bebidas no alcohólicas se incrementaron a 13,68%, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), aunque en mayo de este año tuvieron una tasa negativa de -0,71%. 

En el mercado de Chachapoyas, capital de la región Amazonas, el kilo de azúcar rubia cuesta S/4, mientras que en el distrito de Imaza —a 793 kilómetros de Lima—, el mismo producto oscila entre S/4,80 a S/5 y en la comunidad de Pampa-entsa, Rufino vende el producto a S/9 por el costo de traslado. “Un kilo de arroz está S/9, pero hace un año estaba S/7, es difícil vender”, señala el indígena awajún. El precio del kilo de arroz corriente en Lima Metropolitana es de S/2,29. 

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que los precios de los alimentos se incrementarán en los próximos meses entre un 8% a un 22% más. El alto costo de los productos conlleva a que los indígenas compren productos de baja calidad para disminuir los precios, lo que pone en riesgo la cantidad nutricional del alimento, refiere Gustavo Zambrano, coordinador del proyecto Resiliencia Indígena de la FAO.

Alimentación - David Diaz - diciembre

PREOCUPACIÓN. Las madres indígenas de la comunidad Mamayaque, en Amazonas, están preocupadas por el incremento de los precios de los alimentos procesados.
Foto: Ojo Público / David Diaz

 

A medida que los precios de los alimentos básicos suben, los pueblos indígenas consumen menos nutrientes o reemplazan nutrientes caros por otros menos costosos con el riesgo de ser de menor calidad nutricional”, advierte Carol Zavaleta, investigadora de la Facultad de Salud Pública y Administración de la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH). 

El 37,5% de menores de cinco años en zonas rurales sufre anemia y el 24,4% de esta misma población tiene desnutrición crónica, según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar - Endes 2021. Además, la prevalencia de anemia en mujeres de 15 a 49 años llega al 18,8% a nivel nacional y los indicadores más altos están en las regiones Loreto (27,4%), Pasco (27,3%) y Ucayali (25,6%), que tienen población indígena amazónica.

 

Cambios en el sistema alimentario indígena

 

En las calles de la comunidad Pampa-entsa no hay basura. En ese territorio los awajún sancionan con S/405 de multa y ocho horas de carceleta a las personas que arrojan desperdicios en el río, los caminos o el bosque. “Está prohibido contaminar”, dice la docente intercultural Lady Akintui Tsajuput, quien llegó a la frontera en marzo de 2022 para enseñar en un colegio intercultural bilingüe. 

La organización de la comunidad awajún —desde la distribución de sus espacios para una población de más de 600 personas hasta la implementación de sus normas— es ejemplar, señala Lady Akintui. Sin embargo, la comunidad lucha contra un enemigo invisible: la mala nutrición. Hasta mayo, el puesto de salud de Pampa-entsa detectó 14 casos de anemia en niños indígenas menores de 4 años.

“Solo durante la primera semana de clases [fines de marzo] tres estudiantes se desmayaron. Los llevamos al puesto de salud y detectaron que era porque no habían comido”, recuerda la docente. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la anemia como un trastorno donde la sangre tiene menos glóbulos rojos que no permiten llevar un adecuado nivel de oxígeno al cuerpo. Para superar esta enfermedad se recomienda el consumo de hierro.

De enero a mayo, se detectaron 14 casos de anemia en niños menores de 4 años en la comunidad Pampa-entsa".

Silonei Peas Daichap, enfermero técnico del puesto de salud de Pampa-entsa, indica que en la actualidad la dieta alimenticia de las familias awajún en esta comunidad se basa en el consumo de hortalizas como yuca, plátano y sachapapa y animales que cazan o pescan. Especifica que los alimentos procesados (arroz, fideos, leche, menestras o conservas) y aquellos altos en hierro, como la sangrecita, no son usados frecuentemente por su alto costo. 

“Las familias se dedican a sembrar yuca y plátanos. No tienen ingresos estables, solo los que perciben de la venta de sus gallinas o de algún animal que cazan. Los que tienen más ingresos son los profesionales [en su mayoría docentes con salarios de entre S/1.900 a S/2.400 dependiendo del territorio], pero el resto recibe asistencia de Juntos, Pensión 65 y Cuna Más por estar en pobreza extrema”, explicó Peas Daichap. El enfermero señala que, pese a que las madres indígenas dan a sus hijos suplementos nutricionales, estos no son efectivos porque no son complementados con alimentos altos en hierro, calcio y grasas.

Hasta los años 90, la comunidad basaba su alimentación en la extracción, caza y recolección de animales, vegetales y frutales de espacios naturales como ríos, bosques y chacras sin costos económicos. El libro Blanco/Wiphala sobre sistemas alimentarios de los pueblos indígenas de la FAO, publicado en 2021, explica que estos sistemas comprenden técnicas de generación y producción de alimentos que incorporan la movilidad y formas de vida itinerante, y combinan tanto derechos sobre los recursos naturales como responsabilidades y obligaciones hacia ellos. 

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CAMBIOS. Los kakataibo utilizan productos procesados y extraídos del bosque para alimentarse. Hace más de cuatro décadas solo usaban los recursos del bosque.
Foto: Ojo Público / Leslie Searles

 

Este sistema alimentario cambió a partir del 2020 en el caso de Pampa-entsa y de otras comunidades de la Amazonía peruana con el ingreso del Programa Nacional de Asistencia Alimentaria (Pronaa), que empezó a distribuir alimentos procesados como conservas de atún, salmón, arroz, fideos, azúcar”, cuenta Isaac Antuash, director del colegio primaria de Pampa-etnsa, quien vive en la comunidad más de 50 años. En la actualidad, las familias indígenas utilizan alimentos procesados, los que producen ellos o los que recolectan de los bosques.

Isaac Antuash, director del colegio primario de Pampa-entsa, señala que incluso los productos que distribuye Qali Warma deben ser trasladados por vía aérea para llegar hasta la comunidad porque los proveedores no pueden transportar los lotes de alimentos por falta de carretera. "Es muy difícil llegar a la comunidad y complicado para las familias obtener alimentos [procesados]", señaló. 

 

El impacto de la contaminación ambiental


El cambio del territorio indígena por la contaminación ambiental ha llevado a las comunidades a modificar sus costumbres alimenticias, explica la doctora Carol Zavaleta. Por ejemplo, la pérdida de especies de peces en la Amazonía peruana impacta en la alimentación de la población, según detalló un estudio del 2021 publicado en la revista Science. El estudio concluyó que las especies de mayor tamaño, como el paiche y la gamitana, poseen altos niveles de proteína, omega-3, hierro y zinc. Sin embargo, estos se dejan de consumir por la poca oferta que hay en los mercados y son reemplazados por palometas o doncellas de menor tamaño con menos cantidad de hierro y zinc. 

Además, las comunidades al no tener ríos o cochas limpias por la contaminación que generan los constantes derrames de petróleo en Loreto o la minería ilegal en Amazonas no pueden asegurar el tratamiento adecuado a los alimentos y el consumo de agua. Por ejemplo, en la ciudad de Nauta, en la región Loreto, el líder indígena kukama Leonardo Tello Imaina detalla que las familias indígenas no pueden comprar pescados por el alto costo del producto en el mercado. “Antes de la pandemia el kilo de boquichico, que pesaban entre cinco a seis peces, estaba S/5, ahora solo tres boquichicos pequeños cuestan S/6”, detalló. 

La doncella también incrementó drásticamente su precio. Actualmente en el puerto de Nauta cuesta S/48 el kilo, cuando antes de la pandemia se compraba un kilo a S/18. La gamitana también subió su precio de S/16 a S/38 en apenas un año en el principal puerto de la selva baja. La disminución de las especies de pescado es un grave problema de seguridad alimentaria que afecta a  las familias indígenas en condición de pobres o pobres extremos que no pueden comprar el producto en los mercados y obtienen estos nutrientes pescando en sus ríos, indicó Leonardo Tello.

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DESABASTECIMIENTO. Las mujeres indígenas de Amazonas señalan que la contaminación de la minería ilegal ha generado la disminución de las especies de peces.
Foto: Ojo Público / David Diaz

 

La pandemia de la covid-19 alteró el sistema alimentario de la población indígena de la Amazonía. En el 2020, las comunidades decidieron aislarse limitando su acceso a mercados locales para la compra de alimentos procesados y subsistieron con los productos tradicionales que tenían en sus chacras como plátanos, yuca, animales menores (cuyes, gallinas) y volvieron a la caza de animales y recolección de plantas. La experiencia del confinamiento, dijo la doctora Carol Zavaleta Cortijo, trajo de vuelta la discusión de la soberanía alimentaria de los pueblos indígenas.

La crisis alimentaria mundial vuelve a golpear a los pueblos indígenas amazónicos. “A esta superposición de riesgos se les llama shock, que no tienen un efecto inmediato, sino que se ven a lo largo del tiempo. En el caso de la hambruna, los impactos lo vamos a sentir con mayor fuerza el siguiente año”, anotó Zavaleta Cortijo. 

Gustavo Zambrano, coordinador del proyecto Resiliencia Indígena de la FAO, explica a OjoPúblico que el impacto de la crisis alimentaria en el Perú será diferenciado por territorio y cultura, ya que no se puede hablar de un mismo sistema alimentario en las zonas urbanas y rurales. Incluso hay diferencias entre los 51 pueblos indígenas en la Amazonía y los cuatro en los Andes, que reconoce el Ministerio de Cultura en el territorio peruano.

Zambrano señala que el conocimiento ancestral y volver a usar productos propios de cada territorio les permitirá mayores oportunidades de subsistencia a los pueblos indígenas. Sin embargo, aquellos que viven en zonas urbanas, como los shipibo-konibo que se asientan en comunidades interculturales en las ciudades de Pucallpa, Ica y Lima serán altamente vulnerables porque deberán asumir el incremento económico de la canasta básica familiar.

 

Debilidad de la economía indígena


La geografía accidentada y diversidad de los bosques de la Amazonía no permite desarrollar la agricultura —sistema de monocultivos en territorios extensos—, sino aplicar la horticultura, “un sistema de cultivo para tierras de altura boscosa en la Amazonía y creado por los pueblos indígenas”, señalan los investigadores Jorge Gasché Suess y Napoleón Vela Mendoza en su libro Sociedad bosquecina del 2011. Este método de siembra les permite rotar de territorios para sus cultivos en pequeñas cantidades y descansar al bosque para que se regenere.

Según el docente de la Facultad de Estudios Interdisciplinarios de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), Iñigo Maneiro, esta práctica de los pueblos indígenas no es comprendida por el gobierno para implementar políticas que permitan mejorar su economía familiar. 

Desde el 2014, la población indígena de la Amazonía rural es considerada por el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social como pobres extremos. Esta condición fue establecida para que los indígenas accedan a los programas sociales del Estado peruano como Qali Warma (ex Pronaa), Pensión 65 y Juntos. Sin embargo, estos no han sido pensados ni aplicados de acuerdo a sus cosmovisiones. Un ejemplo, dice Iñigo Maneiro, es que en la actualidad la mayoría de comunidades se encuentran sucias por el incremento de plásticos con los que llegan los alimentos procesados. 

 

Alimentación - David Diaz - diciembreECONOMÍA. Las mujeres awajún de la comunidad Mamayaque trabajan la cerámica para mejorar sus ingresos y llevar alimentos a sus hogares. 
Foto: Ojo Público / Leslie Searles

 

El docente de la PUCP advierte que uno de los mayores peligros de la crisis alimentaria mundial es que las comunidades al no tener un sistema de ingresos mensuales o periódicos por la poca expansión de cultivos para venta, que en su mayoría se limitan a café, cacao, plátanos o palma aceitera, permitirán el incremento de las actividades ilegales en los territorios indígenas a cambio de tener ingresos económicos. 

Según el líder awajún Santiago Manuin Mayán, la actividad económica de los indígenas se establece en tres categorías: profesionales, en su mayoría docentes; comerciantes, dedicados a la venta de madera o artesanía y productores agrícolas en menor escala. “Más del 80% de familias awajún y wampis en Amazonas se dedican a la venta de plátanos, yuca, café o piscigranja. Ellos son los más afectados porque los precios de los productos de la costa han subido, como el arroz, pero los productos locales que producen los indígenas se mantienen o han disminuido”, anotó. 

Si bien los indígenas no se han visto afectados por el incremento de los fertilizantes, porque sus cultivos son producidos orgánicamente con las propiedades que les brinda el bosque —dice Manuin Mayán— los precios de los alimentos llegan a ser inaccesibles. Por ejemplo, en el mercado de Nieva el kilo de yuca producido por indígenas es vendido a S/1, mientras que comprar un kilo de arroz corriente llega a costar hasta S/4,5. 

 

Hacia una soberanía alimentaria

 

En el Perú se define como seguridad alimentaria y nutricional al acceso físico, económico y socio cultural de todas las personas en todo momento a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos, de manera que puedan ser utilizados para satisfacer sus necesidades nutricionales a fin de llevar una vida activa y sana, según el artículo 2 de la Ley de seguridad alimentaria y nutricional. Sin embargo, esto no es suficiente porque no impulsa a las comunidades a trabajar en sistemas propios de alimentación y no depender de los mercados, señala Melania Canales, presidenta de la Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú (Onamiap).

La lideresa cuestionó que no exista “una política de soberanía alimentaria, sino de seguridad que, según explica, es producir a gran escala con el uso de fertilizantes para la compra en los mercados”. Además, indicó que es importante fortalecer la autonomía de los pueblos indígenas en la producción de alimentos y dejar de lado las actividades extractivas que contaminan los ríos con metales pesados y destruyen bosques. 

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AMIGABLE. Los líderes awajún plantean aplicar sistemas agroforestales para cuidar los bosques y diversificar los cultivos de sus pueblos.
Foto: Ojo Público / Leslie Searles 

 

“Para lograr una soberanía alimentaria deben ser los mismos pueblos indígenas los que piensen cómo aplicar cambios a sus dietas alimenticias, los  productos que dejan de consumir y por cuáles son reemplazados. Es un proceso de recuperación de conocimientos y prácticas rudimentarias”, explicó la doctora Zavaleta Cortijo. Este procedimiento implica la constante consulta sobre qué políticas nacionales se deben establecer y para eso se necesita los aportes de los sabios y organizaciones indígenas, agregó Gustavo Zambrano.

OjoPúblico consultó al Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego del Perú (Midagri) sobre cómo afrontarán la inseguridad alimentaria en la población indígena, pero, al cierre de esta edición, respondieron que ese sector no cuenta con un director de comunicaciones que canalice nuestro pedido de información. El economista Andrés Alencastre Calderón dirige esta cartera desde el último lunes 6 de junio en reemplazo de Javier Arce, quien renunció a las dos semanas de haber asumido sus funciones. 

Los mismos pueblos indígenas deben pensar qué cambios alimenticios aplicar para alcanzar la soberanía alimentaria".

A fin conseguir soberanía alimentaria, los líderes awajún plantean aplicar sistemas agroforestales, donde la siembra de los cultivos y árboles forestales se encuentran secuencialmente y en combinación con prácticas de conservación de suelo en las comunidades. Esto permitirá a los pueblos asegurarse alimentos cultivados por ellos mismos y la recuperación de los bosques, indica Santiago Manuin Mayán.

“Los pueblos indígenas nunca han dependido de los mercados, lo demostramos en la pandemia [...], lo que se debe aplicar es la ciencia y tecnología ancestral de cada pueblo para la producción de alimentos y que los gobiernos no miren nuestro trabajo como ‘folclore’ sino como ciencia que se transmite por generaciones”, subrayó  la líder Melania Canales de Onamiap.

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