Desinformación, sesgos e ira en las redes sociales durante la pandemia

Camila Gianella, psicóloga y experta en salud pública; Ailin Tomio, psicóloga argentina especializada en ciencias del comportamiento; y Paul Mena, periodista e investigador en información falsa participaron en OjoPúblico-Pregunta.

Un estudio publicado el 2018 en la revista Science, luego de analizar mensajes compartidos en Twitter por tres millones de personas, detectó que las noticias falsas se esparcen seis veces más rápido que las verdaderas y que la ira es la emoción que se extiende con más rapidez que otras en este entorno.

La pandemia no solo ha golpeado el frágil sistema de salud en el país, sino que ha generado olas de desinformación, un problema que la misma Organización Mundial de la Salud (OMS) ha denominado infodemia. Para analizar cómo estos mensajes falsos y mentiras influyen en el comportamiento de las personas, invitamos a Camila Gianella, psicóloga y experta en salud pública; Ailin Tomio, psicóloga argentina especializada en ciencias del comportamiento; y Paul Mena, periodista e investigador ecuatoriano de información falsa y redes sociales. 

“En un mundo aislado por el coronavirus, la interacción social se incrementa a través del uso de redes sociales, pero esta redes no son neutrales, responden a algoritmos y a la creación de burbujas de opinión que terminan reforzando nuestros prejuicios y alejándonos de los que piensan diferente a nosotros”, comentó Nelly Luna, conductora y editora general de OjoPúblico al inicio del programa, pero cuál es el impacto de esto en el comportamiento de las personas durante esta crisis sanitaria global.
 

Desinformación y sesgos
 

Al ser consultados por el impacto de la desinformación en la conducta de las personas, los invitados reconocieron las formas en que esta influye en acciones sobre situaciones específicas. La psicóloga Camila Gianella sostiene que las personas utilizan las redes sociales para reafirmar lo que desean creer y a partir de ello es que optan, por ejemplo, en comprar medicinas sin requerir de un médico. 

El periodista e investigador Paul Mena señaló que el impacto de la desinformación es visible en diferentes áreas. “Se ha difundido mucha información falsa sobre tratamientos, remedios y curas para la Covid-19 que no tienen un sustento científico y que han sido difundidos por redes”, indicó. 

A su turno, la psicóloga Ailin Tomio recordó que la desinformación no era un fenómeno nuevo sino que en la actualidad había encontrado una amplificación como consecuencia del uso de las redes sociales.

En este escenario, Tomio agregó que “las mentiras y la desinformación encuentran ahora una amplificación mayor por la masividad y la rapidez de las redes sociales. Lo que hacen las redes es agarrar la información, achicarla en pequeños trozos que nos sean fáciles de memorizar y procesar, con lo cual no tenemos que hacer mucho esfuerzo racional para aceptarlas y como las tenemos tan cerca a nuestros grupos sociales, con quienes nos identificamos, enseguida queremos compartirlo”. 

En otro momento de la charla también se analizaron los sesgos. Camila Gianella comentó que los sesgos respondían a una necesidad de las personas por reafirmar lo que se deseaban creer y, además, existía un mecanismo de adaptación frente a la emergencia. “En una situación como la que estamos viviendo hay ciertas necesidades. La gente tiene que cubrir esas necesidades De esa manera los llevas a reafirmar lo que tú quieres creer. Entonces, si la información está allí para reafirmar lo que tú quieres creer, lo vas a tomar porque necesitas eso”.

Camila Gianella también habló del papel de los científicos, pues considera que no eran claros en la forma que tenían de comunicarse. “Cuando decimos no hay evidencia científica, ¿qué es eso? Si cuando has ido a la farmacia te han dicho tómate todos estos antibióticos, eso ha sido válido por años. Y eso te suena lógico en función a tu pasado. Tu sesgo te permite ver menos y actúas”, explicó.

Los mecanismos psicológicos como estos, emparejados con la velocidad a la que viajan las noticias falsas, resaltan nuestra vulnerabilidad y demuestran cómo podemos ser manipulados fácilmente por cualquiera que coloque noticias falsas o use bots para difundir sus propios puntos de vista, dice un estudio publicado en la Revista de psicología experimental, el 2018. 


Algoritmos y consecuencias
 

En la charla también se habló sobre cómo los sistemas detrás de las redes sociales se conectaban con los intereses de las personas. Paul Mena recordó una publicación que trabajó con otros investigadores y donde analizó cómo la validación en redes sociales estaba alineada a la desinformación.

“Hicimos un análisis de desinformación vía Instagram y encontramos que personas que veían a alguien en quien confiaban -una celebridad o una persona que consideran confiable- poner like en un contenido; tienden a pensar: ‘entonces debe ser así. Debe ser que sí es verdad. Si esta persona en quien confío pone like, seguramente lo es’. Y eso tiene que ver justamente en cómo están armadas las redes sociales. El algoritmo está basado en dar mucho énfasis a esta idea de validación social. Es decir, ¿cuántos likes tiene mi post?, ¿quién me puso like? Y esto va generando olas de credibilidad en información que muchas veces no es verdadera”, señaló. 

La afirmación de Mena coincide con los hallazgos de un artículo publicado el 2016 en la revista de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos donde se indica que la principal razón para que alguien comparta información en línea era porque provenía de una amistad o una celebridad con quien la persona desea estar asociada. 

Ailin Tomio habló sobre la memoria conceptual y semántica de las personas. “Si yo conozco una eminencia en medicina y se le aclama por saber sobre un tema, entonces yo lo asocio con alguien competente. Y esa persona cuando manifiesta cualquier tipo de información, tal vez cosas en las que no es experta yo igual la tengo asociada con el adjetivo competente. Voy a empezar a creer en esa información simplemente porque vino de alguien que yo pensaba que era competente y lo mismo pasa con figuras políticas”, explicó la psicóloga argentina. 


“Las mentiras y la desinformación encuentran ahora una amplificación mayor por la masividad y la rapidez de las redes sociales"


Tomio también comentó que en las ciencias del comportamiento se analizan dos modalidades de procesamiento de información en las personas. Una más racional y lenta; y otras más intuitiva y veloz. Para el caso de las redes sociales, la investigadora señaló que se aplicaba el pensamiento rápido que además se encontraba “plagado de sesgos”. “Uno busca enseguida ese like, el refuerzo social y todo pasa tan rápido que mandas un mensaje y en seguida se retuitea. Eso favorece que no se pueda poner mucho pensamiento racional, mucho tiempo de procesamiento de la información y favorece que sucedan todas estas cosas [difusión de noticias falsas]”, dijo.  

A su turno, Camila Gianella expuso que también se puede mencionar en el análisis psicológico al apasionamiento motivado, entendido como la búsqueda para encontrar coincidencia con las opiniones personales. “Creo que en ese sentido, el pensamiento rápido y lento pueden pasar en el mismo momento pero también estamos buscando reafirmarnos y creo que las redes son eso. Uno puede navegar para reafirmarse en lo que quiere creer”, señaló.
 

Miedo, ira y dogmas
 

En otro momento del programa se analizó el discurso del miedo para combatir la pandemia. Para Camila Gianella, las autoridades peruanas habían sido muy ambiguas y además en ese escenario, la población se encontraba en una situación de incertidumbre frente a médicos que recetan tratamientos o medicinas sin respaldo científico. “Si haces una estrategia de salud pública, los mensajes deberían ser más claros de explicar. No puedes dar estos mensajes que son ambiguos y contradictorios de una manera y creo que eso estamos pagando caro”, dijo. 

Ailin Tomio coincidió con su colega y planteó que los gobiernos requerían asesoramiento del personal de salud y ciencias del comportamiento para realizar mensajes efectivos sobre la pandemia. “En Argentina apelaron mucho a la incertidumbre y al miedo. Es una estrategia que no te puede durar mucho tiempo porque tanto la incertidumbre y miedo generan estrés en las personas. Entonces hoy tienes una sociedad cansada que ya no confía nada porque justamente esperaba que alguien les diga qué es lo que iba a pasar, y cómo iba a seguir digamos el curso de esto y no recibió ningún tipo de información”, señaló. 


"Si la información está allí para reafirmar lo que tú quieres creer, lo vas a tomar porque necesitas eso”.
 

En otro punto de la charla se preguntó sobre cómo las redes sociales movilizan la ira por encima de otras emociones. Paul Mena explicó que resultaba importante analizar y capacitar a las personas para que entiendan sobre el uso adecuado de espacios digitales y con ello, además, disminuir la información falsa que se encuentra en la red. ira o indignado esa información circula más rápido que otro tipo de información. 

El investigador también se refirió a cómo enfrentar los discursos dogmáticos -como los terraplanistas o negacionistas del cambio climático- que han empezado a generar comunidades cada vez más grandes en la región. “Coincido en buscar un equilibrio, pero dar un mismo espacio a negacionistas no contribuye justamente a dejar claras las cosas de lo que es verdadero de lo que no”, explicó. 

Mena también indicó que la labor de la psicología será importante para entender a personas poco tolerantes con otros puntos de vista. “Cada uno tiene sus propias creencias respetables pero al mismo tiempo, ¿cómo hacer que esto no se exteriorice o se avance hacia un proceso de completa desinformación o de afectación a políticas públicas?”, reflexionó. 

Para complementar el análisis de Mena, Ailin Tomio sostuvo que nos encontrábamos en un momento importante para la ciencia porque se había empezado a hablar y entender cómo opera, pero la dinámica que tiene la convertía en un proceso que tomaba su tiempo y en ese sentido se debía fomentar el pensamiento crítico de la sociedad. 

“Estamos viendo ahora  que no es tan fácil poder controlar la realidad de una manera certera. Entonces hay que manifestar esto, el ejercicio de la paciencia, de la espera y de no agarrar las verdades rápidas y simples que suelen ser características de lo que son las mentiras o mensajes falsos”, dijo la investigadora argentina.  

En su última intervención, en la que se consultó sobre cómo se debía mirar el comportamiento en un contexto de polarización y pesimismo, Camilla Gianella sugirió que se podían tener lecciones de lo que había funcionado en la sociedad peruana sin que tuviera un enfoque romántico que mostrara a personas recuperadas de la pandemia. “Acá la gente se ha puesto mascarilla, en la medida de lo posible la mayoría de la población la usa. ¿Por qué no mostrar ese mensaje de lo bien que lo hemos hecho? Creo que se podría hacer algo así” indicó.

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