El crítico analiza los trabajos de la artista Carolina Estrada y la forma en la que esta interviene el escenario político proponiendo posibilidades que no buscan la confrontación inmediata, sino "la parodia agónica". El arte de Estrada constituye, dice Vich, una respuesta a la postal turística que silencia la precarización del trabajo y la ausencia de derechos culturales en el Perú.