SECUELAS. Cientos de mujeres, pescadores y agricultores de la Amazonía trabajan el triple para conseguir el mínimo de alimentos, cuenta el autor.
En 2024, la Amazonía experimentó la peor sequía del siglo. Sus estragos —el calor extremo, ríos replegados, embarcaciones encalladas, la falta de peces y otros alimentos— han marcado a los pueblos indígenas de las cuencas del Marañón y el Amazonas. El fenómeno ha reflotado el interés de las autoridades locales por la construcción de carreteras e, incluso, una hidrovía, rechazada por los kukama desde hace más de una década. La escasez de alimentos ha generado un alto costo de vida en las poblaciones ribereñas. “Con preocupaciones por falta de comida es imposible hablar de cierre de brechas”, señala Leonardo Tello Imaina.
SECUELAS. Cientos de mujeres, pescadores y agricultores de la Amazonía trabajan el triple para conseguir el mínimo de alimentos, cuenta el autor.