ACUERDOS. La primera semana de la COP26 se caracterizó por ambiciosos compromisos, pero también por la desorganización y poca accesibilidad.

COP26: Una semana con compromisos ambiciosos pero insuficientes

COP26: Una semana con compromisos ambiciosos pero insuficientes

ACUERDOS. La primera semana de la COP26 se caracterizó por ambiciosos compromisos, pero también por la desorganización y poca accesibilidad.

Ilustración: Shutterstock

La primera semana de la Conferencia de las Partes (COP26), conocida también como la Cumbre del Clima, se ha caracterizado por contar con anuncios importantes por parte de los líderes políticos, pero que aún no se traducen en acciones ni planes para su ejecución. Además, los compromisos asumidos son insuficientes para alcanzar el objetivo de limitar la temperatura global por debajo del umbral crítico de 1,5 ºC, pues el tema de combustibles fósiles apenas se abordó. Diversos investigadores y activistas han criticado que entidades privadas prometan grandes cantidades de dinero para afrontar este problema, mientras financian proyectos que utilizan combustibles fósiles.

7 Noviembre, 2021

La Conferencia de las Partes (COP26) —que inició el domingo 31 de octubre en la ciudad de Glasgow, Escocia— ha planteado compromisos importantes para los principales países contaminantes. Sin embargo, aún falta establecer los mecanismos para asegurar que todas esas promesas se cumplan. En este evento mundial se reúnen representantes de más de 100 países para tomar decisiones frente a la crisis climática. Durante su primera semana se registró desorganización y poca accesibilidad para que participe la sociedad civil. Además, parte de la información presentada evidenció lo mal que estamos, hasta ahora, en el camino para reducir el aumento de temperatura por debajo del umbral crítico de 1,5 ºC.

La Organización Meteorológica Mundial (WMO, por sus siglas en inglés) alertó, por ejemplo, que los últimos siete años fueron los más cálidos desde que se inició el registro, en 1850. En su reporte “El Estado del Clima 2021”, el organismo resaltó que este año —en el que se registraron sequías, incendios forestales e inundaciones sin precedentes— se ubicará entre el sexto y séptimo más cálido. 

“Por primera vez, desde que se dispone de registros, en la cima del manto de hielo de Groenlandia llovió, en lugar de nevar. Los glaciares de Canadá experimentaron una rápida fusión. En el marco de la ola de calor que se produjo en Canadá y partes adyacentes de los Estados Unidos se registraron temperaturas cercanas a 50 °C en un pueblo de la [provincia de] Columbia Británica [en Canadá]. El Valle de la Muerte, en California [Estados Unidos], alcanzó [una temperatura de] 54,4 °C. El calor excepcional, a menudo, estuvo acompañado de devastadores incendios”, dijo Petteri Taalas, secretario general de la WMO, el primer día de la conferencia.

El secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Gutiérres, también advirtió que, si los compromisos asumidos por las 197 Partes que integran esta COP26 son insuficientes, será necesario que los países rindan cuentas sobre sus contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC, por sus siglas en inglés) de manera anual, en lugar de hacerlo cada cinco años. 

“Los seis años que han transcurrido desde el Acuerdo de París sobre el Clima han sido los años más calurosos registrados hasta la fecha. Nuestra adicción a los combustibles fósiles está empujando a la humanidad hacia el abismo”, aseguró.

Foto: WMO

INCREMENTO. La temperatura global ha ido en aumento desde 1850. Este año se encuentra entre los más cálidos de los que se tiene registro.
Gráfico: WMO

 

En el G20 —la reunión en la que, el 30 de octubre, participaron líderes de los países que representan el 80% de las emisiones— no hubo resultados alentadores, pues los representantes no lograron ponerse de acuerdo en cuestiones claves, como una fecha límite para el uso de energía a base de carbón. A pesar de eso, la cumbre del clima inició con anuncios ambiciosos por parte de las autoridades políticas.

Entre ellos, destacó una declaración para evitar la degradación y deforestación de bosques firmada por más de 130 países, que incluye a naciones como Estados Unidos y China —principales emisores de gases de efecto invernadero a la atmósfera— y Perú; el Compromiso Mundial de Metano, que tiene el objetivo de reducir la emisión de este gas en un 30% para 2030 —en el que no participa India, China ni Rusia—, y la promesa de entregar USD 1,7 mil millones a las comunidades indígenas para la defensa y conservación de sus territorios. Aún así, los acuerdos han sido cuestionados por la sociedad civil porque no son legalmente vinculantes. En otras palabras, se trata de declaraciones políticas, cuyo cumplimiento dependerá de la buena voluntad de los Gobiernos y organismos privados. 

El 3 de noviembre, luego de que los principales líderes políticos regresaran a sus respectivos países, se dio inicio a las negociaciones sobre el financiamiento climático. Y, un día después, se abordó el tema de la matriz energética. Producto de estas conversaciones, se anunció el Glasgow Financial Alliance for Net Zero, un compromiso suscrito por 450 entidades financieras —entre ellas HSBC y BBVA—, que reunirá un fondo de USD 130.000 para impulsar el cambio de combustibles fósiles a energías renovables en países en vías de desarrollo. 

Asimismo, se concretó el Powering Past Coal Alliance, una alianza que compromete USD 17.000 millones para eliminar el carbón, y se firmó la Declaración para la transición a energías limpias, que incluye a más de 20 países comprometidos a cortar la inversión extranjera en energía que depende de combustibles fósiles hacia fines de 2022. 

Estos anuncios también han sido criticados por diversos activistas ambientales, quienes han afirmado que los montos prometidos responden a lo que se conoce como “lavado verde”. Es decir, que se destinen recursos para afrontar la crisis climática mientras, en paralelo, se continúa invirtiendo en proyectos de carburantes fósiles. 

Por último, muchas de las decisiones que se adoptaron en la primera semana de la COP26 no contaron con la participación de miembros de la sociedad civil por problemas en la organización y un aforo limitado por la pandemia, que dificultó el ingreso de observadores a los eventos.

 

Compromisos versus la realidad 

 

Si bien se anunció la creación de varios fondos e iniciativas para hacer frente a la crisis climática, estos compromisos no son de carácter vinculante. José Luis Ruíz, especialista en economía ambiental de la Universidad del Pacífico, explicó que no existe ninguna obligación legal para que las Partes cumplan con los compromisos asumidos en el foro. 

Aunque las promesas asumidas en esta COP representan progresos en comparación con los años anteriores, la realidad demuestra que, en la práctica, las emisiones de gases de efecto invernadero continúan aumentando hasta casi alcanzar los niveles prepandemia. Un estudio elaborado por el Proyecto Global del Carbono prevé que las emisiones mundiales de 2021 volverán a acercarse a los niveles registrados antes de la crisis sanitaria.

Las emisiones producto del uso de carbón, que se redujeron en un 5,4% durante 2020, incluso podrían superar a las registradas en 2019. En el caso de las emisiones procedentes del uso de gas natural, el panorama es similar: se estima que aumentarán a niveles mayores que los de 2019. “La rápida recuperación de las emisiones no debería sorprender a nadie, ya que estamos de vuelta en un fuerte crecimiento económico y con el mismo sistema energético global, basado principalmente en combustibles fósiles”, sostuvieron los autores.

En este contexto, resulta crucial que se cumplan los compromisos asumidos por los líderes políticos en la COP26. Tres de los más ambiciosos —el fondo para la Amazonía, el compromiso para la reducción de gases de metano y el pacto contra la deforestación de bosques— generan incertidumbre sobre su implementación. 

El primero de ellos consiste en la promesa de crear un fondo de USD 1,7 mil millones para las comunidades indígenas como apoyo para proteger sus derechos sobre la tierra y como un reconocimiento a su labor de conservación de estos ecosistemas. A ese anuncio, se sumó la promesa de más de USD 400 millones por parte del Gobierno británico, que serán destinados al cuidado de la Amazonía. “Aquí es donde queremos incrementar el nivel de ambición que tenemos en términos de nuestra colaboración bilateral entre Reino Unido y Perú para proteger los bosques secos, la Amazonía y al mismo tiempo, reducir la pobreza”, aseguró la embajadora británica en el país, Kate Harrinson, a OjoPúblico.

Las emisiones de gases de efecto invernadero continúan aumentando hasta casi alcanzar los niveles prepandemia".

Aunque estas noticias generaron expectativas, los líderes indígenas no tienen certeza sobre el uso que se dará al dinero. En ocasiones anteriores, afirman, recursos financieros de este tipo no llegaron a las comunidades. “A pesar de los discursos bonitos que dan los Gobiernos no ha mejorado la situación [de la deforestación]”, dijo Miguel Guimaraes, vicepresidente de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aiedesep), en una de sus intervenciones en la COP26.

Gregorio Díaz, coordinador general de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (Coica) —organización que agrupa a 3,5 millones de indígenas de nueve países—, dijo a OjoPúblico que aún falta describir cómo se distribuirá esos recursos. “Nosotros tenemos mucha expectativa porque ellos [los Gobiernos de distintos países] han dicho que van a ayudar a los territorios contra el cambio climático, pero estamos a la espera de una reunión técnica donde se explique cuánto de ese dinero es para los pueblos porque generalmente, cuando se hace este tipo de anuncio, muy poco llega [a las comunidades]”, expresó. 

El segundo compromiso que destacó durante la semana fue el de reducir las emisiones de metano en un 30% para 2030. Más de 100 países suscribieron este pacto, con el que se espera limitar el aumento de las temperatura en 0,2 ºC a mitad de siglo y evitar 200.000 muertes prematuras. Sin embargo, el acuerdo no contó con la participación de países como China, Rusia o India, que se encuentran entre los cinco más contaminantes. Según el informe del Proyecto Global del Carbono, se prevé que las emisiones de gases de efecto invernadero de China de este año superen las de 2019, con 11.100 millones de toneladas de CO2, que equivale a más del 30% de las emisiones del mundo. 

Por último, también se firmó un pacto para detener y revertir la pérdida de bosques y la degradación de la tierra para 2030. Este incluyó a casi todos los países de la región sudamericana, con excepción de Bolivia y Venezuela. El exministro del Ambiente, Gabriel Quijandría, afirmó a OjoPúblico que el uso del financiamiento para este objetivo requiere de asistencia técnica, ya que es complejo establecer criterios para determinar si todos los recursos económicos serán entregados realmente. 

Este compromiso es clave para Perú, si se considera que, en 2020, el país registró una deforestación de 203.272 hectáreas, la cifra más alta de las últimas dos décadas. “[Es] fundamental controlar la deforestación, que es responsable de la mitad de emisiones de gases de efecto invernadero de nuestro país”, enfatizó Patricia Iturregui, especialista en derecho ambiental y asesora de la Comisión Especial de Cambio Climático del Congreso.

 

El gran tema: financiamiento climático

 

Las acciones para la mitigación y la adaptación requieren de recursos económicos para llevarse a cabo. En ese sentido, uno de los principales temas a abordar es el incumplimiento de la entrega de USD 100.000 millones para 2020 a los países en vías de desarrollo, por parte de los países desarrollados. 

Santiago Lorenzo, representante de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), indicó que, según los cálculos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), hasta el momento solo se entregaron USD 79.600 millones. “Aún así ese monto está en entredicho, porque la manera de contabilizarlo no satisface a todos”, explicó a OjoPúblico.

Quijandría, director regional para la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), resaltó que la dificultad para monitorear la entrega de ese monto reside en las diferentes maneras de contar la inversión que tienen los países. “Cuando se han hecho los chequeos para ver qué tan cerca estábamos [de cumplirlo] han surgido los problemas: las distintas interpretaciones que tienen los países desarrollados y los países en vías de desarrollo respecto a de dónde iban a salir esos dólares”, detalló a este medio.

Según los países desarrollados, explicó Quijandría, en 2015 los fondos reunidos ya estaban en USD 62.000 millones, si se contaban créditos comprometidos un año antes; mientras que, para las naciones con economías emergentes, en 2015, el monto apenas llegaba a USD 20.000 millones, pues plantean que solo los nuevos compromisos debían contabilizarse. “Entonces, ese es un reto grande: cómo se establece el sistema de monitoreo y los indicadores concretos para ver que se esté cumpliendo con la meta”, añadió.

Foto: COP26

ALTOS MANDOS. La COP es el evento mundial que reúne a los líderes políticos de más de 100 países. En la imagen, Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido.
Foto: COP26

 

La discusión sobre este tema en la COP26 no tuvo un resultado favorable por el mismo motivo. Desde la presidencia del evento afirmaron que es poco probable que la entrega total de ese monto se realice este año. "Si bien sabemos que no lo estamos cumpliendo lo suficientemente pronto, trabajaremos en estrecha colaboración con los países en desarrollo para hacer más y alcanzar el objetivo antes", dijo el canciller de Reino Unido, Rishi Sunak, en la conferencia mundial.

La entrega de los USD 100.000 millones, indicaron, se haría en 2023. Es decir, tres años después de lo acordado. Para Lorenzo, incluso si se cumple con esa promesa, el monto será insuficiente para resolver el problema de la crisis climática. 

A pesar de ese traspié, la COP26 sí sirvió para firmar otros compromisos por grandes inversiones que buscarán impulsar el cumplimiento de los objetivos climáticos, como la carbono neutralidad. Es decir, alcanzar el equilibrio entre las emisiones de gases de efecto invernadero que se expulsan a la atmósfera y las que se retienen. 

“Las instituciones financieras internacionales, como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), deben poner de su parte para desplegar los trillones de dólares de inversión pública y privada que se requiere para la carbono neutralidad”, aseguró Iturregui, de la Comisión Especial de Cambio Climático del Congreso de Perú, a OjoPúblico.

Una de esas iniciativas, la Alianza Financiera de Glasgow para el Cero Neto, sumó alrededor de 450 compañías, que controlan más del 40% de los activos bancarios a nivel mundial. Como parte de esta colaboración, se comprometieron a entregar USD 100.000 millones para acelerar la transición a la emisión cero de carbono, en las próximas décadas. Sin embargo, este anuncio no incluye información sobre cómo se garantizará su cumplimiento.

A esa bolsa, se añaden USD 10.500 millones ofrecidos por la agrupación Global Energy Alliance —un conjunto de organizaciones filantrópicas y bancos internacionales—, que impulsa el cambio de combustibles fósiles a energías renovables en países en vías de desarrollo. Además, la Powering Past Coal Alliance (PPCA), cuyo objetivo es eliminar el carbón, prometió otros USD 17.000 millones. No obstante, China, India y Estados Unidos, tres de los mayores quemadores de carbón en el mundo, no se adhirieron. 

No existe ninguna obligación legal para que las Partes cumplan con los compromisos asumidos en el foro", dijo José Luis Ruiz.

Ruiz, experto en financiamiento climático, dijo a OjoPúblico que, aunque faltan establecer los mecanismos para garantizar que estos montos se entreguen en su totalidad, los financiadores también necesitan medidas que aseguren que los fondos serán usados de manera correcta. Por ello, destacó la importancia de que países, como Perú, impulsen proyectos que estén en congruencia con sus compromisos nacionales (NDC). Esto, remarco, les abrirá puertas al financiamiento, además de ayudarlos a afrontar la crisis climática.

Si bien en esta primera semana de la COP26 se han comprometido grandes sumas de dinero, el evento ha sido calificado por los activistas ambientales como la conferencia de “lavado verde”.  Es decir, que se utilizan estas promesas para generar la apariencia de que están comprometidos con la lucha contra el cambio climático, aunque muchas de las compañías y Gobiernos involucrados siguen financiando proyectos contaminantes, que incluyen la quema de combustibles fósiles. Ruiz detalló que en el greenwashing no hay una integralidad entre lo que se presenta como parte del marketing y los proyectos que financian. 

Kenneth Haar —investigador del Corporate Europe Observatory— explicó que este fenómeno permite que una entidad financiera pueda involucrarse en la agenda climática a pesar de que, en paralelo, continúe invirtiendo en carburantes fósiles. “Lamentablemente, la COP26 parece que se convertirá en el mayor evento de lavado verde financiero de la historia”, afirmó en un análisis hecho en colaboración con el Transnational Institute (TNI) .

En esa línea, Nathan Thanki, cocoordinador del Global Campaign to Demand Climate Justice, dijo a OjoPúblico que esta COP también recibe esa denominación debido a que el Gobierno de Reino Unido y el de otros países asistentes quieren usarla para promocionar proyectos que se supone están realizando y compromisos que no se sabe, realmente, si se cumplirán. “La mayoría de esas cosas son iniciativas que se pueden llamar lavado verde o greenwashing porque, para ellos, es más importante que todo el mundo piense que están haciendo algo, [en lugar de] hacerlo realmente”, resaltó.

 

La COP menos inclusiva

 

Greta Thunberg, joven activista climática, afirmó que la COP26 es la más excluyente. Ello debido a que los requisitos establecidos para ingresar al país, los protocolos para participar del evento y el limitado aforo que deben cumplir a causa de la pandemia restringió el acceso de la sociedad civil a los eventos paralelos (conocidos como side event). 

Sin embargo, Thanki —quien trabaja en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC)— precisó que todas las COP son exclusivas porque están diseñadas para fomentar, principalmente, la participación de los países y no tanto de la sociedad civil. Pero reconoció que esta conferencia en específico sí ha sido la peor en términos de inclusión. “Creo que es la más exclusiva que he visto en 10 años”, subrayó a OjoPúblico.

El especialista en justicia climática afirmó que esto ocurre por las medidas de bioseguridad que implica realizar una conferencia pandémica y, también, porque la organización del evento no permite el acceso de la sociedad civil a las negociaciones. “El Gobierno piensa que acceso significa que mucha gente puede entrar al blue zone (zona azul, una sección paralela a las negociaciones). Pero el Gobierno no considera que el acceso también incluye que podamos entrar a la sala de negociación y que podamos hablar”, enfatizó.

Foto: Osver Polo / MOCICC

AGLOMERACIÓN. El espacio reducido en las instalaciones de la COP26 dificulta el distanciamiento físico entre los asistentes.
Foto: Osver Polo / MOCICC

 

Patricia Iturregui, quien viajó a Glasgow como parte de la sociedad civil, explicó que todos los participantes que provenían de países incluidos en la lista roja de ingreso a Reino Unido debieron cumplir con una cuarentena de cinco días. Además, deben someterse a pruebas para detectar posibles contagios, de manera diaria. 

Por otro lado, Gregorio Díaz —representante de Coica, que ha participado en reuniones dentro de la conferencia— agregó que la obtención de la visa también significó una dificultad para llegar a la COP26. “Muchos perdieron el vuelo porque, algunas veces, la visa no llegó a tiempo. Fue muy complejo”, dijo a OjoPúblico. El líder indígena afirmó que, una vez en Glasgow, el acceso al evento no fue complicado, pero los espacios son reducidos.

El hecho de que las instalaciones reúnan a más de 10.000 personas en un espacio limitado también dificulta el distanciamiento físico necesario para prevenir contagios por la Covid-19. Osver Polo, miembro del Movimiento Ciudadano por el Cambio Climático (MOCICC),  explicó que para ingresar hay que hacer largas colas en las que no siempre se cumple el distanciamiento y que, en las áreas de reunión entre eventos, suele haber una gran cantidad de personas. “No solamente es poner en la mesa el alcohol o el lavado de manos, sino que la capacidad de la reunión ya está sobrecargada”, aseguró.