Vergara: “Las élites económicas desertaron del pacto democrático, pero la izquierda también”

El politólogo y docente universitario sostiene que en el Perú se ha producido una grave pérdida de las convicciones democráticas. En esta entrevista profundiza en las razones detrás del impacto de la narrativa del fraude, el racismo estructural y el colapso del sistema político. "Todos son demócratas mientras los resultados de las elecciones no ponen en peligro tu situación", señala.

SOBRE EL PERÚ: "Todos son demócratas mientras los resultados de las elecciones no ponen en peligro tu situación", señala Vergara.

Video: OjoPúblico

Los diferentes escenarios políticos del Perú advierten el inicio de un nuevo ciclo de incertidumbre. Para el investigador, politólogo y docente universitario, Alberto Vergara Paniagua, las posiciones que representan Keiko Fujimori (Fuerza Popular) y Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) han roto con el pacto democrático. "Lo más probable es que estas elecciones no constituyan un punto de ruptura en la trayectoria de inestabilidad en la cual el Perú está inmerso", señala. 

En esta entrevista –pueden acceder a la versión completa en nuestro canal de Youtube– analizamos los resultados electorales, la transición democrática a un régimen autoritario, el racismo estructural y el avance de la desinformación. Vergara se desempeña como profesor en el departamento académico de ciencias sociales en la Universidad Pacífico. Ha publicado varios libros entre los que destacan Ciudadanos sin república (Planeta, 2013); La danza hostil. Poderes subnacionales y Estado central en Bolivia y Perú (IEP, 2015); Ni amnésicos ni irracionales (Planeta, 2019) y Repúblicas Defraudadas (Crítica, 2023).

Hablando de repúblicas defraudadas, empecemos analizando los últimos resultados electorales en el país. ¿Cómo hemos llegado a esta situación, con una fragmentación elevada y un nivel de polarización nuevamente grave?

Creo que hemos llegado hasta acá sin ninguna sorpresa, con naturalidad. La política peruana es un déjà vu interminable. Es como ir a Broadway a ver Cats o El rey león, pasan, no importa en qué año vas, la historia es la misma, solo los actores cambian. Las historias y los dramas son los mismos. Tener 36 candidatos a la presidencia, es el paso siguiente de un país que ha tenido ocho presidentes en 10 años. No hay nada muy sorpresivo en el paso de una cosa a la otra. A mí me parece que esta situación se deriva esencialmente de tres procesos, que hemos padecido en los últimos 10 años; y en los últimos cinco, de manera muy acelerada. Uno es la destrucción de la representación política.

¿De los partidos políticos?

No solo de los partidos políticos. Te diría que en el Perú no hay ni siquiera políticos. O sea, el señor [José María] Balcázar, por poner un ejemplo. Ni siquiera me sale decirle presidente. Dijo que no iba a pagar algo [respecto a la compra de aviones de combate], pero luego su ministro de Economía firmó un cheque, lo envió y el señor ministro sigue siendo ministro y él sigue siendo presidente.

¿Es la destrucción de la representación o su precarización? Porque algunos podrían decir que una elección con tantos candidatos es la expresión de apertura democrática, aunque como dices, no importa la cantidad de movimientos políticos porque finalmente no representan y son precarios.

Sí, por supuesto. La pluralidad aritmética no tiene nada que ver con la calidad programática o partidaria de lo que todos sabemos perfectamente quiénes son los que compiten en estas elecciones. La categoría de partido queda muy grande. Pero es más que precariedad. Por ejemplo, Roberto Sánchez [el candidato de Juntos por el Perú] no ha logrado ser elegido diputado. Va a estar en segunda vuelta, pero no tiene votos para ser elegido diputado. ¿Cuál es el peso de ese político? 

El sistema de representación está hecho trizas. Entonces, primero, tienes un sistema de representación estallado. Y luego tienes 10 años, e insisto, sobre estos últimos cinco, en los que se ha trabajado para erosionar el estado de derecho del Perú, en el cual los políticos manejan, manipulan, manosean a su antojo las instituciones, las leyes; y entonces al calor del del pleito político más cotidiano deciden reinstaurar un Senado y ponen la reelección de congresistas.

Hay un sistema de representación estallado. Y luego tienes 10 años, y sobre estos últimos cinco, en los que se ha erosionado el estado de derecho.

Con todos los cambios a la Constitución que se hicieron. 

Y los vas cambiando sin ningún horizonte de mediano plazo. Lo cambian solo por la pura necesidad personal y de corto plazo. Y eso es lo que hemos vuelto a ver en este proceso electoral, donde hay declaraciones del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), de la Junta Nacional de Justicia (JNJ), en el que ni siquiera están pensando en la legalidad, ni en que el proceso pueda fortalecer a quienes resultaron elegidos. Todos están haciendo microcálculos para el día a día en un país en el que estamos llenos de leyes, pero de ninguna legalidad.

A diferencia del proceso del 2021, estas entidades no han tenido un comportamiento neutral. Sin embargo, estos hechos, que parecen evidentes, no lo son para un sector de la población y candidatos. Keiko Fujimori ha dicho que la izquierda ha gobernado el país los últimos 25 años y López Aliaga insiste con su narrativa del fraude aunque no haya evidencias.

Así como ha habido una degradación de la manera en cómo desde mis intereses personales estoy tratando de torcer la ley a mi favor; el otro proceso, no tiene que ver con el estado de derecho, sino con las convicciones. En los últimos años, en el Perú, las convicciones democráticas se hundieron. En el país casi no quedan demócratas. La democracia tiene que sobrevivir de manera inercial, a pura regla, pero no queda gente que crea más en ese sistema de gobierno. Entonces, lo que tú estás describiendo es un sistema que se deriva de lo que ocurrió antes.

Si tú tomas a los tres candidatos que podrían pasar a segunda vuelta, solo López Aliaga no representa una tradición que haya hecho un golpe de estado. Porque Juntos por el Perú reivindica el golpe de [Pedro] Castillo y Fujimori reivindica el golpe de su papá. Y con esto no estoy haciéndole propaganda a López Aliaga, porque creo que es un personaje de rasgos casi siniestros, que podría hacer cosas peores que un golpe de Estado, pero lo que quiero decir es que es un sistema en el cual los actores han desertado del pacto democrático. Y entonces tienes a esos actores, pero también a otros políticos, en los medios, empresariales, que pueden permitirse opiniones, recomendaciones y llamados completamente reñidos con la democracia, pero porque es un sistema en el que los últimos años nos ha traído a eso, a tener tres candidatos que no son leales al sistema democrático.

Puede haber un sector de la población que genuinamente cree que sus derechos han sido afectados porque ese día su mesa no abrió y tuvo que volver a desplazarse al día siguiente, pero hay otro sector, que a pesar de las evidencias y de que sus derechos no fueron afectados, se aferra a la narrativa del fraude. ¿Esto es la expresión del deterioro democrático, pasa por un tema de identidad política, es miedo a perder algo? 

Creo que tiene que ver con varias cosas. Pero primero, todos sabemos que la ONPE [Oficina Nacional de Procesos Electorales] lo hizo fatal. No solo lo que ocurrió ese día [domingo 12 de abril], sino que su manejo de la crisis resultó claramente insuficiente. Ahora, todo eso yo lo veo como otro proceso de deterioro en el funcionamiento del Estado peruano. De la misma manera en la que antes eras capaz de dar becas y hoy día ya no puedes darlas; de la misma manera que antes podías cumplir la regla fiscal y hoy día violan la regla fiscal todo el tiempo. 

Bueno, pues ese cuerpo que está deteriorándose le llegó al órgano que era la ONPE. Y eso forma parte del deterioro en el que un grupo de políticos ha trabajado para que el Estado peruano sea mucho menos eficiente. Esa es una primera dimensión, pero la segunda es que estos actores políticos han trabajado también estos últimos 5 años para que la legitimidad de las elecciones y la confianza en los órganos electorales disminuya. Y han tenido éxito en eso. A eso le agregaría una suerte de desconfianza constitutiva de la sociedad peruana. Todas esas capas han alimentado la desconfianza a un proceso que me parece que va a ser muy difícil que produzca unos resultados revestidos de legitimidad.

Estos actores políticos han trabajado para que la legitimidad de las elecciones y la confianza en los órganos electorales disminuya. Y han tenido éxito.

Pero este impulso hacia la desconfianza del sistema electoral viene de antes. En 2016 Keiko Fujimori dijo: "aceptamos estos resultados aún existiendo varias actas pendientes de resolver ante el Jurado Nacional de Elecciones”. Luego, en 2021, impulsó las denuncias de un supuesto fraude sin evidencias; y ahora, el candidato López Aliaga hace lo mismo, pero no está solo. Por eso quería preguntarte, ¿cuál es el papel del sector privado y de las élites económicas en este contexto, porque hay un sector que respalda ese discurso a pesar de que hay pruebas del fraude?

Me parece evidente que las élites económicas han desertado del pacto democrático, pero la izquierda también. Yo creo que es un problema sistémico, yo creo que es una democracia sin demócratas. 

IGUALDAD. "Lo que hay y siempre ha habido en el sur es un reclamo de incorporación igualitaria al proyecto nacional", señala el politólogo.
Foto: OjoPúblico / Giuseppe Vicente

 

Pero las élites económicas tienen acceso a oportunidades, a mejor información, mejor educación, formación que uno diría, de herramienras que les permita diferenciar la verdad de la mentira.

Sí, pero, bueno, siempre ha sido así. En toda América Latina hay una tradición de autoritarismo apoyado por élites económicas; en la medida en que las élites se sienten amenazadas, acuden a ese tipo de posición. O sea, todos son demócratas mientras los resultados de las elecciones no ponen en peligro tu situación. Pero claro, obviamente hay eso, y luego, [el Perú] es un país en el cual, sin representación, tienes a una sociedad que oscila entre dos etapas, una muy larga, de desinterés por el otro, y cuando llegan las elecciones, pasa del desinterés al terror al otro. Y eso es absolutamente normal en una sociedad mal representada. 

Todos son demócratas mientras los resultados de las elecciones no ponen en peligro tu situación.

¿Pero qué pasa cuando ese otro está fuera de Lima?. En ese momento, además, se cruza con un racismo estructural. 

Por supuesto, se encuentra con el racismo, con las brechas de toda la vida. Las elecciones en el Perú funcionan como un esparadrapo, que tú arrancas y ahí debajo está la herida de toda la vida, está tu fractura nacional. Rodrigo Barnechea ha publicado varias cosas y muestra cómo las posiciones electorales en el Perú que han pasado segunda se han ido cada vez más distanciando en términos sociales y étnicos. En los que pasan a segunda vuelta hay un voto que es mucho más gregario, un voto blanco y con plata por un lado; y al otro lado hay un voto más indígena y de los más pobres. Y él decía que esto se ha vuelto un patrón, y que si seguía ese patrón, Roberto Sánchez iba a pasar a segunda vuelta. O sea, la cantó. Alguna vez he escrito que, sobre todo desde el 2016, la mejor manera de predecir el voto de alguien es saber su código postal. 

¿Qué significa eso? Que comienzas a votar por similitud social, por cercanía. El colapso de la política que finalmente supone poder estar reunido por cuestiones programáticas, abstractas, que superan a nuestras vinculaciones más primarias, más terrenales; con la caída de la política, lo que te queda es eso, pues, votar como tu vecino, votar como el que es más cercano a ti, la política como cercanía… 

Una suerte de tribalidad política.

Mucho más tribal por supuesto. Entonces, caída la política, me parece que es normal que lo que emerge es un voto de tintes en los que la familiaridad o lo tribal, como dices, comienza a tener mucho más importancia.

Que las instituciones mismas o que la democracia 

O que los programas que la ley. Todo eso termina siendo abstracciones. Cuando todo el mundo abstracto se te derrumba, lo que te queda es el mundo de la familiaridad, del contacto, de lo personal, de lo concreto, de lo particular.

Caída la política lo que emerge es un voto de tintes en los que la familiaridad o lo tribal tiene más importancia.

El terruqueo se ha instalado en el discurso de un sector de políticos para deslegitimar el voto del sur del país. Se los vincula con la izquierda, se habla de actores relacionados con el Movadef, de que se viene un nuevo chavismo, cuando en realidad mi impresión es que no hay necesariamente un tema ideológico en el sur, lo que hay es mucha insatisfacción con el sistema. ¿Cuál es tu interpretación?

Creo que realmente los lentes ideológicos para leer el Perú político de hoy son bastante insuficientes, por no decir inútiles, o sea, la política peruana no está organizada desde criterios ideológicos ni en sus élites ni en su sociedad, o sea, lo que hay en el sur y siempre ha habido es un reclamo de incorporación igualitaria al proyecto nacional. Y eso adopta formas distintas a cada elección y, según la forma que adopta cada elección, despierta más o menos temor en las élites limeñas. Ese es un patrón de funcionamiento de nuestras elecciones.

Ahora, dicho esto, me parece que, de la misma manera, como todos hemos visto, de lo que es capaz la derecha al intentar descarrilar una elección legítima como la del 2021, inventando el embuste del fraude, y de la misma manera que hemos visto cómo pueden justificar la masacre de 50 ciudadanos en las protestas, también, no podemos negar, que hemos visto lo que fue la izquierda cuando Castillo estaba en el poder y cómo le pasó por agua tibia la corrupción, el desmantelamiento de las capacidades estatales y finalmente un golpe de Estado. ¿Y qué cosa decían, "No, pobrecito, es el maestro rural". Básicamente la izquierda le demostró al Perú que podía comportarse como un fujimorismo de izquierda.

En ese sentido, no podemos menospreciar o desdeñar el miedo legítimo que produce una candidatura como la de Sánchez que fue ministro durante toda la gestión de Castillo siendo obsecuente de ese mismo gobierno, y que además ahora tiene al lado Antauro Humala, es decir, no me parece que podamos simplemente desdeñar el miedo, que me parece que es normal que produzca en una buena parte de la población, al igual que el otro lado produce un miedo que es justificado en el otro lado de la población.

Dina Boluarte también fue parte del equipo de Pedro Castillo pero se sostuvo en el cargo con el respaldo de las bancadas de Fuerza Popular, Alianza para el Progreso y Renovación Popular. ¿Crees que el gobierno de Roberto Sánchez, si lograra ganar en segunda vuelta a Keiko Fujimori, se parezca más al de Dina Boluarte que al de Pedro Castillo? 

No me sorprendería nada. Es decir, el sistema político peruano está hecho de gente cuya motivación principal es ver cómo sobrevive en el corto plazo. Por eso la traición es permanente. Es más, hoy hay una reivindicación extemporánea de Castillo, pero en el momento mucha de la gente de la izquierda le comenzó a decir traidor. Y, además, el caudal electoral de Sánchez es muy poquito, no ha producido ninguna emoción. Si tú comparas los números de Sánchez en el sur con los que obtuvo Castillo, o Verónica Mendoza y Humala en su momento … Sánchez no gana Arequipa, no gana Tacna. A mí no me parece un aluvión popular.

El sistema político peruano está hecho de gente cuya motivación principal es ver cómo sobrevive en el corto plazo.

Que los tres hayan terminado en los primeros lugares es consecuencia de la arquitectura electoral que heredamos del actual congreso.

No creo que sea solo eso. Creo que es un momento en el cual, siendo cierto que la hiperfragmentación por definición produce eso, creo que se trata de un elenco electoral sin capacidad de producir ningún tipo de emoción ni de simpatía. No me parece que sea solo un derivado de la fragmentación, es un derivado de candidatos que la gente no tiene simpatía por ellos. No solo ya no hay programas políticos, ya no hay un eslogan. Por lo menos Castillo decía “No más pobres en un país de ricos”, García tenía “El cambio responsable”, no hay ni siquiera un intento.

Con frecuencia responsabilizan a los electores por los gobernantes que tenemos, como si el elector asistiera a una cena con los mejores platos del mundo y tuviera mucho de donde elegir, cuando en realidad no es así, ¿no crees?

No, claro. Yo siempre defendiendo al elector peruano, porque es un elector recontra mosca y hace lo que puede en un sistema roto. Cuando hablan del “electarado”, que la gente es bruta para votar, yo pienso, es como si fuera un país en el cual le dicen a la gente, elige entre Obama, Merkel, Cardoso, Mujica y la gente dice, bueno, con Fujimori. 

Y además este proceso ha sido complejo, con una cédula gigante con diferentes columnas y posibilidades de voto cruzado.

Es más, podría apostar que el elector peruano es más informado y más interesado que el de un montón de democracias establecidas, porque en esas democracias justamente quien hace el trabajo de descartar que no se te metan los delincuentes, que no se te metan los financiados por mafias, son los partidos políticos. Cuando tú no tienes eso el pobre elector se tiene que convertir en una suerte de Sherlock Holmes, que con su lupa tiene que ir buscando en los CV para ver quién es financiado por la minería ilegal, quién por los extorsionadores, quién por el transporte informal. Entonces, le exigimos demasiado al elector al ciudadano peruano, finalmente todos estamos tratando de sobrevivir. Nuestra chamba no debería ser investigar el prontuario de cada candidato, que además son como 8.000. Es una tarea homérica la que le exigen al pobre elector peruano. 

[Danilo] Martuccelli sostiene que el actual Congreso representa el Perú real y sus informalidades. Lo he escuchado decir que es el espejo de nosotros, con nuestras informalidades, con nuestras debilidades y procesos rotos. Y es durísimo aceptar. En un país con un elevado porcentaje de informalidad hemos tenido y probablemente vamos a tener diputados y senadores que representan la minería ilegal, de tráfico de madera, de otro tipo de economías informales e ilegales. ¿Crees que tiene razón? 

Hemos discutido sobre esto con Danilo y yo creo que él está llamando representación a algo que es una similitud, una semejanza social, hasta incluso en algún sentido racial, entre el país y el Congreso. Y yo creo que no, yo estoy convencido que el Perú real es mucho mejor que el Perú político. Y la prueba es que si la representación fuese lo que Danilo está sugiriendo –y no solo él, otra gente que dice, "bueno, finalmente el Congreso es el espejo de la sociedad peruana"– lo que tendríamos que haber encontrado es que la gente está feliz con el Congreso y que la reelegiría y sin embargo no es eso. La gente ha rechazado de manera masiva a quienes estaban en ese Congreso. 

Entonces, ¿por qué voy a privilegiar una definición de representación centrada en la semejanza social a una centrada en las esperanzas y en los programas que la gente tiene?. Me parece claro que todas o la gran mayoría de las normas que ha pasado este Congreso, no serían aprobadas en un referéndum. Si el Congreso representase al país [en el sentido que menciona Martuccelli], efectivamente, el país aceptaría todas esas normas en un referéndum y, sin embargo, las rechaza y [a ellos, al Congreso] los ha rechazado en esta elección. Por lo tanto, a mí me parece que hay que privilegiar una mirada programática de la representación a una que se funda nada más que en semejanzas sociales o raciales.

Yo estoy convencido que el Perú real es mucho mejor que el Perú político.

En la entrevista que forma parte del libro Esta democracia no es democracia (Debate, 2025) mencionas que hay que tener una definición básica de la democracia porque de lo contrario no nos vamos a poner de acuerdo sobre qué es. Y en esa definición básica estaban la realización de elecciones, un sistema de partidos, pero con lo que estamos viendo en este proceso electoral de primera vuelta y con lo que podría ocurrir en la segunda vuelta, ¿crees que tenemos que repensar nuevamente si el Perú está viviendo un tránsito democrático hacia el régimen híbrido, como ya lo vienen definiendo indicadores internacionales? Porque ya solo nos quedaría el rótulo electoral de ir cada 5 años a elegir al presidente, pero con un desmantelamiento institucional más de fondo. 

Lo que creo es que nos va quedando una democracia que es una cascarita de democracia, un régimen democrático que es incapaz de cumplir con la mayoría de objetivos de un régimen democrático. Pero que podemos seguir considerando lo democrático en la medida en que van a seguir habiendo elecciones, en que la gente sigue yendo a votar, en que la votación es relativamente libre, transparente, donde no hay un fraude. En ese sentido es la versión más pobre de una democracia y que podemos efectivamente seguir viviendo con un con un régimen como ese.

Desinformación electoral
Desinformación electoral. Puede acceder a nuestra investigación sobre el mecanismo detrás de la viralidad de las denuncias de fraude a pesar de la ausencia de evidencias técnicas.

 

Pensemos en un escenario en el que las autoridades digan sí hay elecciones y otras formalidades cuando en el fondo son un gobierno autoritario, como en El Salvador, Venezuela. El Perú de ahora ha tenido elecciones, tiene un Poder Judicial, un Ministerio Público y va a tener dos cámaras en el Congreso, pero parte de estas instituciones han sido desmanteladas en su esencia, porque finalmente no responden a intereses democráticos. Entonces, ¿hasta qué punto se puede seguir llamando democracia cuando se instrumentaliza esta definición para ocultar que en el fondo estamos viviendo un régimen autoritario donde cada vez es más difícil, incluso hacer periodismo?

Sí. Lo que pasa es que cuando tú hablas de régimen, lo que estás diciendo es la institucionalización de ciertas cosas, ciertas formas de acceder al poder, de ciertas formas de ejercer el poder. Y a mí me parece que en el Perú casi nada está institucionalizado. El problema en Perú es que puede ocurrir cualquier cosa, a que el destino o los resultados del proceso político estén cerrados o dichos de antemano. 

Esto es mucho más la inestabilidad crónica que la construcción de un orden; es mucho más el desorden interminable que algún tipo de orden o parlamentario o conservador o autoritario. Piensa en la institución de [José] Jeri. No la querían, como tampoco quería a la de [Dina] Boluarte, y sin embargo, a esas supuestas fuerzas poderosas que organizarían algún tipo de autoritarismo les pasó por encima el proceso. Y no solo eso, sino que luego, además de que ocurre la vacancia de Jeri, que no querían, se elige [José María] Balcázar, que era supuestamente el horror, que volvía el comunismo. Es decir, es un proceso que no controla nadie. Es un proceso que va sin actores y sin instituciones.

Pero no crees que sí hay un poder concentrado en el Congreso, con un grupo de bancadas que han votado juntas de manera sistemática y continúa todo este tiempo… 

Y que no existen más. 

Alianza para el Progreso ya no está, pero Fuerza Popular, Renovación Popular mantienen presencia en el nuevo Congreso.

Bueno, pero Podemos, Perú Libre, Somos Perú, que puso al presidente Jerí. Todas ellas han participado de una lógica que es más la rapiña de corto plazo, que el interés o la posibilidad de construir un orden, como en los casos que tú mencionabas antes. La prueba, nuevamente, ahora en elecciones, es que nuevamente se les va a meter en segunda vuelta el cuco. Y si hicieras nuevamente elecciones, probablemente el salto que pega [Jorge] Nieto del domingo a lunes en las mesas es clara, probablemente estaría en segunda vuelta.

Todos es muy frágil, contingente, azaroso, producto de vuelcos de última hora, lo cual no quiere decir que, por supuesto, muchas de las decisiones de los vuelcos que ocurren estén reñidos con la democracia y sean a veces procesos abiertamente no democráticos; o incluso, como lo que decíamos hace un rato, la masacre de ciudadanos, el blindaje, leyes de amnistía, cosas que no deberían ocurrir en una democracia de ninguna manera. Y sin embargo, no creo que haya la constitución de algún tipo de orden en su sentido de institucionalización. En El Salvador todo el mundo sabía quién iba a ganar la elección, lo mismo en Venezuela y Nicaragua, todo el mundo sabía quién iba a ganar las elecciones. En el Perú tú no tienes ni la más remota idea de qué va a ocurrir en la elección.

La democracia tienes que protegerla de la derecha cuando gana la derecha y de la izquierda cuando gana la izquierda.

Esta vez Keiko Fujimori tiene muchas posibilidades de ganar en la segunda vuelta, a diferencia del 2021, llega empatada con Roberto Sánchez. Pero retomando mi pregunta sobre lo que mencionaba al inicio, sobre la distorsión de la realidad, la señora Fujimori sostiene que el antifujimorismo y la izquierda han gobernado el país en los últimos 25 años, cuando su partido y Renovación Popular y otros sostuvieron a Boluarte, luego a Jerí y Balcazar, como parte de esa coalición en el Congreso que, además, ahora tiene un peso político más grande que la misma presidencia de la República misma. Entonces, si Fujimori llegara a ganar en la segunda vuelta, ella sí tiene una influencia política más sólida en determinadas instituciones de las que pudo haber tenido en 2021. 

Sí, claro, eso es verdad. Es decir, va a tener menos poder en el Congreso probablemente, pero va a tener más poder en el Tribunal Constitucional, Junta Nacional de Justicia, fiscalía, Defensoría del pueblo. Por supuesto, claro.

¿Cómo queda el país en un contexto en el que formalmente todos esos procesos y esos cargos han sido ocupados legalmente, aunque han generado mucho debate sobre cómo fue el proceso, pero con la consecuencia de que ahora sí va a haber un poder acumulado dentro del país en torno a una forma de ver el país? Fujimori ha mencionado que quiere gobernar como lo hizo su papá en la década de los 90 y eso implica también una propuesta autoritaria sobre los derechos humanos. ¿Cómo ves tú ese escenario futuro?

Esa es la desgracia del Perú contemporáneo. Es que la democracia tienes que protegerla de la derecha cuando gana la derecha y de la izquierda cuando gana la izquierda. Ese es el problema. Aunque yo no creo la verdad, me parecería improbable que ella y Sánchez lograrían construir un régimen autoritario en el sentido que decíamos antes, fuerte, institucionalizado, que acabe de manera transversal con las libertades. Creo que lo que tendrías nuevamente es algo que funciona como autoritarismo, con brotes de prácticas autoritarias en distintos momentos, pero que no logra imponer un orden general. 

La verdad me resulta muy difícil de creer que Keiko Fujimori alcance 60% de popularidad siendo presidenta. Además va a llegar al poder a funcionar con el mismo estado deteriorado en el que estamos, con sus mismos reflejos autoritarios de toda la vida, con la misma tendencia a seguir haciendo política como la ha hecho en los últimos 10 años, que es básicamente un gran mercado persa en el Congreso en el cual todo se compra y todo se vende, no importa qué tipo de interés. Y esas tendencias que vienen de antes van a seguir produciendo lo que han producido ahora, que es la insatisfacción ciudadana con eso, el rechazo abierto. 

Yo no veo realmente como algo probable la construcción de un régimen autoritario cerrado, como tampoco lo veo en Sánchez, no creo que le falten ganas, pero me parece que no tienen las cualidades, las capacidades, ni siquiera la simpatía como para producir un régimen de ese tipo. Lo más probable es que estas elecciones no constituyen un punto de ruptura en la trayectoria de inestabilidad en la cual el Perú está inmerso. Es más bien un punto más de un itinerario de desinstitucionalización en el país, en el que las elecciones no son capaces de producir gobiernos con capacidad de gobernar. 

“Yo no veo realmente como algo probable la construcción de un régimen autoritario cerrado en el Perú”.

Pero si hay problemas que terminan, se están profundizando aún más. Hablemos del racismo y el terruqueo. Existe un delito contra el racismo, pero en esta campaña han habido ataques racistas pero las autoridades han estado impávidas, incluso la fiscalía, por la presión de los medios, tuvo que abrir investigación contra un youtuber. El racismo y la estigmatización se está profundizando más junto a un gran nivel de impunidad.

Absolutamente. Porque una vez que abres la puerta a ese tipo de razonamiento, la gente siente que puede poner en escena ese tipo de comportamiento que antes era inaceptable. Y no solo ocurre en el Perú, el racismo cuando aparece Trump, cuando aparece Le Pen en Francia, cuando aparece cualquier tipo de candidato que impulsa la xenofobia, aunque en nuestros países lo que hay es oicofobia, lo que el filósofo conservador Roger Scruton llama la oicofobia, que no es el odio a los de adentro. 

Entonces una vez que pones en la esfera pública ese tipo de actitud haces que quede legitimada y que ocurra más, y aparecen además unos patrones de comportamiento que te demuestran que no son exabruptos individuales, sino que hay formas de pensar con desprecio respecto del otro en base a cuestiones raciales o de otro tipo que están muy asentadas y muy expandidas. Aún así yo no dejaría de subrayar que ninguno de estos candidatos es realmente popular. Es decir, decir, a mí me resultaría preocupante si me dices, "mira, López Aliaga saca 38% o mira "Keiko Fujimori ha sacado 45% en primera vuelta". 

El año pasado muchos analistas hablaban sobre el Bukele peruano y cuál sería el candidato que iba a lograr canalizar la insatisfacción de la gente, los pedidos de mano dura y finalmente no hubo ningún nuevo candidato fuera del sistema. Los tres primeros son los mismos del antiguo sistema. 

Es que llegan de manera inercial. Sánchez ha hecho un poco más de esfuerzo de movilización, ha recorrido regiones, pero veamos, por ejemplo, ¿qué ofrece López Aliaga? Para mí es un enigma. Supongo que ofrece una suerte de violencia para proteger un estatus, una cosa así. Y Keiko también, es decir, ¿qué ofrece como candidata? Ahora está hablando un poquito del orden, pero no hay nada. El otro día en el periódico, creo que era la primera declaración que hacía Keiko, una vez que ya estaba claro que la segunda vuelta sería con Sánchez, y pedía a sus votantes que sean personeros. Entonces, en lugar de tratar de venderme algún tipo de propuesta, comienza a decir, como poniendo un parche, ya suena a que va a hablar de fraude. 

Hemos publicado dos reportajes donde revelamos el comportamiento de la desinformación y la narrativa del fraude en redes sociales. Y lo que nos dice la teoría es que estos mensajes conspirativos escalan más en sociedades con más crisis. ¿Cuál es tu recomendación para que desde los medios o de la ciudadanía para enfrentar estas narrativas falsas?

No sé bien cuál es el antídoto, pero sí me queda claro que las redes sociales son como unas termitas de la legitimidad de los sistemas democráticos. Se le dio un megáfono poderosísimo a quienes buscan derruir la confianza. El año 2016 cuando Trump fue elegido, la noticia política de la campaña de Estados Unidos más compartida fue que el Papa le daba su apoyo a Trump y era falsa. La noticia más compartida era falsa. Lamentablemente no tenemos todavía cuál es la solución para detener este asalto a la legitimidad de los sistemas democráticos por parte de las redes sociales, que es algo que está ocurriendo en todas partes. 

Y, aquí, con nuestros niveles de desconfianza, a ese tipo de campaña le sumas el hecho de que la ONPE mostró ineficiencia importante, y que la mayor parte de la ineficiencia es en Lima, y que todo el mundo vive este eh eh tomado por la desconfianza, lamentablemente ese es el ese es el el resultado. La forma de atenuarlo sería tener unas élites políticas, unos medios masivos que de manera responsable descarten estas fake news y se alineen decisivamente con algún tipo de verdad objetiva, pero ya sabemos que no tenemos eso. Entonces, lamentablemente, medio que estamos condenados a navegar en esas aguas. 

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