El Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social (LUM) se inauguró en 2015 con el objetivo de recordar a las víctimas del periodo de violencia armada que vivió el Perú entre 1980 y 2000, e impulsar la reflexión sobre los derechos humanos. Desde entonces ha resistido ataques, presiones y censuras.
En su informe final de 2003, la Comisión de la Verdad, recomendó la creación de espacios de memoria para dignificar a las víctimas del conflicto armado interno. Luego, en marzo de 2008, la entonces ministra de Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania, Heidemarie Wieczorek-Zeul, expresó su compromiso para apoyar financieramente (con dos millones de euros) la construcción de un museo para la memoria.
El Perú aceptó el apoyo en abril de 2009, durante el gobierno de Alan García.
De esa forma se conformó la primera Comisión de Alto Nivel encargada de orientar y supervisar el proyecto, liderado por Mario Vargas Llosa e integrada por representantes del ámbito académico, cultural y de los derechos humanos.
Para la construcción del local se convocó un concurso internacional de arquitectura que recibió más de 350 propuestas y en noviembre de 2010 se colocó la primera piedra del edificio, ubicado en Miraflores. Finalmente, en diciembre de 2015 se inauguró el actual local del LUM, durante el gobierno de Ollanta Humala Tasso.
El primer director del museo fue Owan Lay González y le siguieron otros cinco más. Actualmente, quien ostenta ese cargo –aunque de manera encargada, tras la destitución del historiador Manuel Burga– es Sonia Molina Gonzales, actual directora de gestión, registro y catalogación de bienes culturales.
El cortometraje que presenta OjoPúblico recorre todas las salas del Lugar de la Memoria dedicados a los diversos episodios del conflicto armado interno. El recorrido comienza con los orígenes de la violencia y el surgimiento de las organizaciones terroristas Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA).
La muestra explica que la violencia se desarrolló en un contexto de profundas desigualdades sociales y ausencia del Estado en amplias zonas del país. A través de fotografías, documentos, piezas audiovisuales y objetos originales se retrata cómo la violencia afectó de manera desproporcionada a las poblaciones rurales e indígenas quechuahablantes. El 79% de las víctimas vivía en el campo y el 75% tenía el quechua como lengua materna.
Otro de los espacios destacados es la sala de testimonios, donde sobrevivientes y familiares de las víctimas narran, en primera persona, las consecuencias que dejó la violencia en sus vidas.
En abril de este año, un reportaje de OjoPúblico reveló que en el Perú aún existen 19.029 personas desaparecidas durante el conflicto armado interno. Aunque una de las recomendaciones más urgentes de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) fue impulsar la búsqueda e identificación de estas víctimas, los últimos gobiernos han debilitado este proceso.
En este cortometraje se plantea un recorrido audiovisual por uno de los principales espacios de memoria del país con el objetivo de preservar la historia y fortalecer la democracia y los derechos humanos.
Mira el cortometraje completo en nuestro canal de YouTube.
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