Fernando*, de 29 años y fundador de una startup digital en Santiago de Chile, recuerda bien su primer consumo de ketamina. Un vecino mayor que él lo invitó, junto con otros amigos, a probar el anestésico —utilizado en medicina humana y veterinaria— en polvo inhalado por la nariz. “Fue fuerte, alucinógeno, medio disociante”, cuenta.
Desde entonces, hace nueve años, el consumo de Fernando ha derivado hacia una sustancia aún más nociva: el tusi, un polvo rosado que combina la ketamina líquida con anfetaminas, cocaína y otras sustancias adictivas, asociadas a trastornos mentales, problemas de memoria e, incluso, según un reciente estudio del Instituto de Salud Pública de Chile, daños en el tracto urinario.
En el grupo de amigos de Fernando, el consumo de tusi está “bastante normalizado”, narra a OjoPúblico. La droga se consigue por WhatsApp. Basta enviar un mensaje para que el reparto llegue en menos de 15 minutos en auto. Un gramo de la llamada “cocaína rosa” cuesta alrededor de 17 mil pesos chilenos (S/ 65), mientras que la ketamina se vende entre 20 y 25 mil pesos (S/ 75 a S/ 95).
Fernando forma parte de una tendencia que atraviesa distintos sectores sociales en Chile. “Tusi, keta, quiere mezclar, dímelo má, ando en busca de una criminal”, canta el artista chileno de reggaetón y trap Marcianeke en su canción “Dímelo Má”. Solo en la plataforma de streaming Spotify acumula 72 millones de reproducciones.
OjoPúblico, a través del análisis de documentos fiscales, entrevistas con expertos, policías y fiscales peruanos y chilenos, identificó cómo la ketamina y otras drogas derivadas de ella conforman un mercado emergente —y todavía en disputa— para el crimen transnacional en Sudamérica. En ese escenario, el marco legal peruano ha facilitado que el país se convierta en un corredor para el comercio de esta sustancia, operado por grupos criminales de Venezuela, Ecuador y Colombia, México y Brasil.

DISPONIBILIDAD. En Santiago de Chile, los consumidores de ketamina y tusi reciben por WhatsApp listas de sustancias disponibles con sus precios en pesos chilenos (expresados en miles).
Foto: OjoPúblico.
Un mercado en crecimiento
La ketamina, comercializada legalmente en Perú, se utiliza como sedante y analgésico inyectable en la ganadería y la medicina veterinaria. Las farmacéuticas pueden adquirirla en frascos y pequeños envases tras la autorización de la Dirección General de Medicamentos, Insumos y Drogas (Digemid), según informó el Ministerio de Salud (Minsa) a este medio.
Las empresas agropecuarias y veterinarias deben estar registradas ante el Servicio Nacional de Sanidad Agraria (Senasa) para su comercialización. Sin embargo, no existen permisos específicos para el comercio en grandes cantidades ni un límite máximo de adquisición, confirmó el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri) a OjoPúblico.
En la medicina humana, su administración requiere una prescripción médica y se concentra en la sedación y el manejo del dolor en pacientes hospitalizados.
Aunque la ketamina es producida localmente por empresas farmacéuticas peruanas, también se importan grandes cantidades: entre 2019 y marzo de 2026 ingresaron al menos 123,7 toneladas al país. Más de la mitad provino de India (64,4%) y cerca de un tercio de empresas farmacéuticas de Alemania (32,3%), de acuerdo con datos aduaneros a los que accedió este medio.
Con el insumo principal, convertir la ketamina en droga es un procedimiento relativamente sencillo. El fiscal Bruno Hernández Tuñón de la Fiscalía Regional de Arica y Parinacota, en Chile, explicó a este medio que la solución líquida se calienta hasta evaporarla y los residuos cristalinos son mezclados con otras sustancias químicas hasta obtener el polvo.
“Los criminales que trafican ketamina lo hacen desde Perú porque no es algo ilícito: cualquier persona puede comprarla. Eso les da un cierto margen de seguridad. En Chile, en cambio, la ketamina está considerada una droga. Es como vender cocaína”, añadió.
Esta ventana legal ha derivado en un auge de la ketamina que se refleja en las incautaciones realizadas por la Policía Nacional del Perú. Entre 2023 y 2025, los decomisos se multiplicaron por dieciocho, pasando de 27,6 kilos a casi media tonelada.
En total, los agentes han decomisado 929,8 kilos de ketamina entre 2020 y marzo de 2026. Mientras que en 2020 no se llegó a incautar ni 200 gramos de la sustancia, el año pasado la cifra ascendió a 497,6 kilos, el doble de lo registrado en 2024.
Durante los últimos cinco años, las incautaciones se han concentrado casi por completo en las regiones fronterizas y portuarias, de acuerdo con datos de la Dirección Antidrogas de la Policía (Dirandro) analizados por este medio.
En este mapa destaca Tacna, en el extremo sur del país. En la zona fronteriza con Chile, las autoridades decomisaron 498,6 kilos entre 2020 y 2025, más de la mitad del total registrado a nivel nacional. “Es una zona de acopio y de tránsito para el tráfico de ketamina”, explica a este medio Miguel Velásquez Cabrera, fiscal provincial de la Fiscalía Especializada en Delitos de Tráfico Ilícito de Drogas de esta región.
De Lima a Santiago vía Tacna
Documentos fiscales sobre dos casos de tráfico de ketamina desde Perú, a los que accedió OjoPúblico, evidencian la ruta de esta sustancia desde almacenes legales hacia el mercado ilícito.
El 27 de junio de 2024, durante un patrullaje en el distrito de Pachía, en Tacna, agentes policiales detectaron a dos personas en la vía pública que emprendieron la fuga al notar la presencia policial. Tras dos días de vigilancia encubierta, los efectivos ingresaron a una vivienda que era utilizada por cuatro ciudadanos colombianos como centro de operaciones para el tráfico de ketamina.
Durante la intervención se incautaron 29,4 kilos del anestésico. Los acusados aseguraron que lo adquirieron en clínicas veterinarias y empresas agropecuarias en Lima. Durante su declaración, uno de ellos afirmó que, incluso, una empresa del sector le confirmó que la compra era legal y que no existían límites de cantidad.
Otro integrante del grupo declaró que se había trasladado a Perú específicamente para dedicarse al tráfico de ketamina, siguiendo la recomendación de un amigo que le aseguró que el contrabando desde Perú hacia Bolivia y luego a Chile era “fácil”.
El segundo caso, ocurrido en julio de 2021, muestra el uso de testaferros: un paquete enviado a Puno por dos ciudadanos colombianos fue recogido por un tercer hombre, quien más tarde declaró que por 100 bolivianos (S/52) debía transportarlo hasta La Paz.
El general Antonio Huamán Daza, director de la Dirandro, informó a este medio que los criminales reclutan a personas en situaciones de extrema vulnerabilidad, por ejemplo, con graves apuros económicos derivados de enfermedades, para utilizarlas en el tráfico de ketamina.
Según explicó, la droga —que ya se encuentra en forma de polvo— es acondicionada en pequeñas cargas conocidas en el argot criminal como momias: paquetes delgados que son amarrados al cuerpo, debajo de la ropa, para intentar cruzarlos de contrabando por la frontera.
Fuentes fiscales de ambos lados de la frontera confirmaron a este medio que la mayor parte de la ketamina contrabandeada desde Perú es trasladada hacia Santiago de Chile.
El incremento del tránsito por esta ruta se manifiesta en las incautaciones registradas en Antofagasta, región situada entre la frontera con Perú y la capital chilena. Según datos de la Fiscalía de esta región, en 2023 se incautaron 55 kilos de ketamina. En 2024, la cifra se triplicó y alcanzó los 167 kilos decomisados. Durante 2025 la tendencia al alza se ha mantenido: solo en el primer semestre se recuperaron 240 kilos.
Expansión entre el crimen transnacional
Fuentes fiscales de Perú y Chile confirmaron a este medio que el Tren de Aragua y sus facciones participan en el tráfico de ketamina desde Perú hacia Chile. Según Pablo Zeballos, consultor en crimen organizado y exoficial de inteligencia policial chileno, la organización criminal fundada en Venezuela “está avanzando hacia el control y eventual monopolio del mercado de ketamina” en las Américas, sustancia que internamente denominan “agua”.
En setiembre de 2025, la Fiscalía de Antofagasta solicitó penas que suman 527 años de prisión contra siete integrantes de una organización criminal venezolana vinculada al Tren de Aragua. Uno de los hechos más graves que se les imputa es la tortura y el asesinato de dos ciudadanos bolivianos para exigir la entrega de un cargamento de ketamina.
Ese mismo año, en abril, autoridades federales de Nueva York, en los Estados Unidos, acusaron a 27 presuntos integrantes del Tren de Aragua por, entre otros delitos que incluyen asesinatos, trata y contrabando, el tráfico de tusi. Según el Departamento de Justicia estadounidense, la comercialización de esta sustancia constituye una pieza clave de su esquema criminal transnacional.

SEDANTE. Según fuentes fiscales, la mayor parte de la ketamina traficada proviene de stocks de clínicas veterinarias y empresas agropecuarias.
Foto: Ministerio Público.
La Dirandro en Perú también ha detectado conexiones del Tren de Aragua en los Estados Unidos. De acuerdo con su director, Huamán Daza, existen indicios de que la ketamina fue enviada de Perú por paquetería internacional a miembros de alto rango de esta organización criminal en el estado de Texas.
A diferencia de la cocaína, el mercado ilegal de ketamina aún carece de una división territorial consolidada.
Según fuentes de la fiscalía, en Chile actualmente se encuentra en juicio un caso que involucra a una banda ecuatoriana vinculada a la organización criminal Los Tiguerones, originaria de Guayaquil. De acuerdo con la investigación, el grupo ha adquirido legalmente más de 100 kilos de ketamina en Perú. Luego, la ha introducido de contrabando a Chile desde Lima, pasando por Tacna, en buses interprovinciales. Parte de la sustancia viajaba escondida en las suelas de los zapatos de los propios traficantes.
Otro proceso judicial en Chile involucra a una red de ciudadanos colombianos vinculados a la organización criminal Los Costeños, con base en la costa atlántica de Colombia, acusados de traficar 90 kilos de ketamina desde Perú hacia la ciudad de Arica por vía marítima.
Además, fuentes fiscales señalaron que también existen indicios de que el cártel mexicano Jalisco Nueva Generación y la organización criminal brasileña Primeiro Comando da Capital han identificado el tráfico de ketamina desde Perú hacia Chile como una nueva fuente de ingresos.
Policías y militares investigados
En julio de 2025, un caso que involucró a cinco militares de la Fuerza Aérea de Chile captó la atención pública. Los efectivos son investigados por presuntamente haber transportado ketamina en vuelos militares desde Iquique, en el norte del país, hacia Santiago.
Dos meses después, dos policías peruanos quedaron bajo la lupa de los investigadores chilenos, tras ser vinculados a un intento de ingresar ketamina en vehículos desde Perú hacia Chile a través de la frontera terrestre.
“La participación de fuerzas de seguridad refuerza la idea de un tráfico flexible, oportunista y todavía sin una gobernanza criminal unificada”, señaló a este medio Christian Campos Vásquez, investigador del think tank peruano Instituto de Criminología.
El experto también advierte sobre las altas ganancias que genera este mercado para los actores criminales. De acuerdo con fuentes de la fiscalía, un kilogramo de ketamina en Chile puede venderse en el mercado ilegal por hasta USD 12 mil mientras que un kilogramo de cocaína tiene un valor aproximado de USD 4 mil.
Según encuestas entre consumidores realizadas por la organización peruana SOMA –dedicada a brindar información y educación sobre el consumo de drogas– un gramo de ketamina cuesta en Lima hasta S/ 185 (USD 49), mientras que un gramo de tusi se vende por hasta S/ 50 (USD 13).
Esteban Acuña Venegas, director y cofundador de SOMA —que también realiza tests rápidos de sustancias en fiestas en Lima— señaló a este medio que el consumo de tusi en la capital peruana también “ha escalado”.
“Siempre esperamos que la gente sepa qué es lo que va a consumir, para que esté preparada para los efectos. Con el tusi, al ser un cóctel de drogas, las personas en realidad no saben qué van a sentir”, explicó sobre el riesgo del consumo.
Acuña Venegas agregó que el uso de tusi en Lima se ha extendido desde fiestas electrónicas, en distritos como San Isidro, Miraflores o Barranco, hasta a eventos de reggaetón y salsa en otros puntos de la ciudad.

LLAMATIVO. Por su apariencia de polvo rosado, el tusi, una mezcla a base de ketamina, también es conocido como cocaína rosa.
Foto: Andina.
En Chile, el Instituto de Salud Pública advirtió que constantemente se están diseñando nuevas drogas basadas en ketamina. El septiembre pasado, la entidad alertó sobre un sticker con diseño de un smiley amarillo que contenía cocaína y ketamina. La combinación de ambas sustancias también está ganando popularidad en forma de polvo en Chile, conocida como CK o Calvin Klein, señaló a este medio el experto Pablo Zeballos.
Un marco legal laxo
El marco legal peruano mantiene, a diferencia de Chile, un vacío en torno a la ketamina. Aunque el artículo 296 del Código Penal sanciona el tráfico de drogas naturales y sintéticas, la ketamina no está incorporada en la lista de sustancias prohibidas.
“Todavía no se ha emitido la norma correspondiente para que esta sustancia sea incluida y, por lo tanto, sea sancionable. Eso es lo que aprovechan las bandas u organizaciones criminales para comercializar y traficar con ella”, señaló el director de la Dirandro.
En 2023, la congresista Jhakeline Katy Ugarte Mamani (Progresemos) presentó un proyecto de ley para incorporar la ketamina a la lista de sustancias incluidas en el delito de tráfico ilícito de drogas.
El proyecto de ley permanece estancado en la Comisión de Justicia y Derechos Humanos del Congreso desde marzo de 2023. Aún no ha sido programada para debate ni dictamen.
Pese a ello, una modificación en el Código Penal, aprobada en diciembre de 2023, al artículo sobre tráfico ilícito de drogas abrió una vía para procesar casos de ketamina. La norma incorpora la referencia a “nuevas sustancias psicoactivas”, categoría en la que —según informes de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC; por sus siglas en inglés)— también se incluye a este fármaco y sus derivados.
Una resolución de la Sala Penal Superior de Tacna, a la que accedió OjoPúblico, rechazó en enero de 2025 la apelación de un acusado en un caso de tráfico de ketamina y respaldó esta interpretación jurídica. En total, el año pasado se dictaron en Tacna 12 sentencias por este delito. No obstante, fuentes fiscales advierten que este criterio no se aplica de manera uniforme entre policías, fiscales y magistrados en Perú.
*El nombre ha sido modificado para resguardar la identidad de la fuente.