MENOS RACIONES. En todo el país, las personas destinan menos dinero a comprar los alimentos que comen en sus hogares.

El hambre avanza en las ciudades: caen los ingresos en zonas urbanas del Perú

El hambre avanza en las ciudades: caen los ingresos en zonas urbanas del Perú

MENOS RACIONES. En todo el país, las personas destinan menos dinero a comprar los alimentos que comen en sus hogares.

Foto: OjoPúblico / Marco Garro

Entre 2019 y 2023, la pobreza monetaria en Lima Metropolitana pasó del 14,2% al 28,7%. El incremento, de más de 14 puntos porcentuales, es alarmante, además, en este mismo tiempo el ingreso promedio por persona se desplomó: pasó de S/1.607 a S/1.332. La situación en el resto de las ciudades del país no es mejor. Los ingresos en las zonas urbanas de la costa, la sierra y la selva también han caído dramáticamente: ahora se puede comprar mucho menos que hace cinco años. "Desde la pandemia, las familias numerosas ahora compran menos menús y se los reparten entre todos sus integrantes", dicen en las Ollas Comunes. El hambre acecha en las mesas de los peruanos más vulnerables.

9 Junio, 2024

Con la colaboración de Milagros Berríos

 

En varios barrios de la capital de Perú la gente está comiendo menos. Así lo atestigua Fortunata Palomino, presidenta de la Red de Ollas Comunes de Lima Metropolitana. Ella, que tiene a su cargo una olla común de 65 beneficiarios en Carabayllo, ha notado cómo, desde la pandemia, las familias numerosas compran menos menús y se los reparten entre todos sus integrantes. La plata ya no les rinde para tanto.

“Damos un poquito menos de comida, ya no como antes. Cuando vemos que son personas numerosas y están sacando menos, no es porque están comiendo otra cosa, sino porque ya no les alcanza el dinero”, contó Fortunata Palomino a OjoPúblico.

En los mercados limeños los vendedores también han reparado en un hecho similar, la gente ya no puede comprar tanta comida como solía hacerlo. “Todo ha subido. Entonces, para las amas de casa, llega con un costo más alto. Por ende, se alimentan menos, prefieren chatarra que alimentos nutritivos”, dice Edgardo Altos Quispe, dirigente del Consejo Directivo del giro de ajo del Gran Mercado Mayorista de Lima.

Estos testimonios ofrecen una pincelada de lo que está ocurriendo en Lima Metropolitana y en el resto de ciudades de Perú en los últimos años: la pobreza en todas estas áreas urbanas se ha recrudecido con la pandemia de covid-19, y la posterior crisis económica y política.  

 

Entre 2019 y 2023, la incidencia de la pobreza monetaria en Lima Metropolitana y la provincia constitucional del Callao pasó de 14,2% a 28,7%, según el último informe del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). Esta diferencia, de 14,5 puntos porcentuales en cinco años, es “muy altamente significativa”, indica la institución. 

En otras palabras, en la capital peruana, que cuenta con 10,2 millones de habitantes o el 30,2% de la población total del país, tres de cada 10 personas son pobres monetarios.

De acuerdo a los cálculos de Javier Herrera Zúñiga, director de investigación en el Instituto Francés de Investigación para el Desarrollo (IRD-Francia) e integrante de la Comisión Consultiva para la Estimación de la Pobreza, esto implica que, la proporción de las personas pobres de todo el Perú que viven en Lima pasó del 22,8% al 32,6%. 

Cuando una persona se encuentra en pobreza monetaria no puede gastar lo suficiente para comprar una canasta básica de alimentos y no alimentos. Es decir, no puede proveerse como es debido de comida, y tampoco puede mantener una vivienda, pagar educación, salud, transporte, entre otras necesidades.  

En el caso del “resto urbano”, que son los centros poblados con más 2.000 habitantes sin considerar a Lima Metropolitana y el Callao, la situación tampoco es favorable. Entre 2019 y 2023, en la costa urbana, la pobreza monetaria pasó del 12,3% al 22,9%; en la sierra urbana escaló del 16,1% al 25,2%; y en selva urbana creció del 19% al 29,1%. En otras palabras, se incrementó entre 9,1 y 10,6 puntos porcentuales.

 

“Desde el 2016, hay un despegue muy rápido de la pobreza urbana. En Lima, en particular, ha sido realmente marcado. Y, este último año, ya tenemos que el resto urbano también ha tenido un incremento fuerte”, dijo Herrera Zúñiga a este medio. De acuerdo al experto, la pobreza en Lima prácticamente se ha duplicado desde la prepandemia. 

Por su parte, Carolina Trivelli Ávila, otra de las integrantes de la Comisión Consultiva para la Estimación de la Pobreza, considera que se deben conocer bien las características de la pobreza urbana, que difieren de las de la pobreza rural. 

“La pobreza urbana está mucho más caracterizada por el hacinamiento, por la falta de los servicios mínimos (...). Son condiciones distintas para un mismo fenómeno, que se deben ver [de modo] diferente tanto en el mundo urbano, como en el mundo rural”, dijo.

¿Qué está pasando en la capital y el resto de las ciudades del país? ¿Cómo han variado los ingresos y los gastos de las zonas urbanas? ¿A qué se deben los cambios y cómo se podrían afrontar? OjoPúblico analizó estos y otros indicadores alarmantes del informe del INEI, como la pobreza en la primera infancia y otras poblaciones vulnerables, y conversó con especialistas.  

 

Las ciudades sin dinero

Son varios los indicadores del informe del INEI que demuestran la radicalización de la pobreza monetaria en las ciudades, especialmente en Lima. Dos de ellos son el gasto y el ingreso per cápita (por persona) en los hogares. Esto es, la cantidad de dinero que entra a las casas y cuánta plata pueden gastar para cubrir sus necesidades. 

En cuanto al ingreso por persona en el ámbito nacional, este se redujo en 10,2% entre 2019 y 2023, lo que implica una diferencia altamente significativa. Si, antes de la pandemia, un peruano ganaba en promedio S/1.278, el año pasado solo alcanzó a ganar S/1.148. Es decir S/130 menos, aunque el costo de diversos productos básicos ha aumentado en ese periodo.

“Es brutal, en cinco años, has perdido 10% de tus ingresos. Eso quiere decir que, hoy día, todos los peruanos, en promedio, podemos consumir 10% menos”, dijo Carolina Trivelli Ávila. “Si, en el 2019, comprábamos algo de S/100 hoy solamente podemos comprar algo de S/90”, añadió.

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BOLSILLOS MENGUADOS. Los ingresos en las ciudades del Perú han caído consideradablemente desde el 2019, y el Estado debe atender esta situación, advierten los especialistas.
Foto: OjoPúblico / Marco Garro

En el caso de Lima Metropolitana y el Callao, nuevamente, la tendencia es dramática. Entre 2019 y 2023, el ingreso promedio per cápita ha caído 17,1%: de S/1.607 a S/1.332: S/275 menos. 

“Es grave porque estamos peor que en 2019 y, también, porque no se ha tomado conciencia del problema y, menos aún, diseñado estrategias de lucha contra la pobreza urbana ni los instrumentos para identificar y focalizar a los beneficiarios de dichas políticas”, dijo Javier Herrera Zúñiga. 

Por su parte, Trivelli Ávila destacó que, de 2022 a 2023, el monto de los ingresos per cápita en Lima Metropolitana y el Callao “se estancó: no mejoró, ni empeoró”. De hecho, presentó un leve repunte, aunque no estadísticamente significativo: de S/1.323, en 2022, a S/1.332, en 2023: es decir, apenas S/9 más.  

Para Javier Herrera Zúñiga esto no es, necesariamente, un signo positivo. “Aun considerando esta relativa mejora durante el año pasado, las pérdidas respecto al nivel prepandemia son aún enormes a lo largo de la distribución de los ingresos”, dijo. 

El especialista se refiere a los ingresos per cápita en Lima Metropolitana y el Callao, entre 2019 y 2023, cuando se miden desde el decil más pobre hasta el decil más rico de la población.  

 

Según Herrera Zuñiga, esto puede estar asociado a distintos factores, como la inflación, y el empleo insuficiente en la manufactura, la construcción y la agricultura.

En 2023, la economía de Perú registró una contracción anual de 0,6%, de acuerdo al Banco Central de Reserva (BCR). Esto se debió, principalmente, a la reducción del gasto privado. Asimismo, hubo un descenso de los ingresos en los sectores minería, comercio, manufactura e hidrocarburos. 

“No hemos salido de la recesión realmente, estamos en una situación de estancamiento económico, que genera poco empleo. Y ahí hay que actuar en el corto plazo, pero también mirando a mediano y largo plazo”, dijo Herrera Zuñiga. 

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IMPACTO. La disminución en los ingresos por persona afecta la capacidad de gasto de los hogares. Iniciativas civiles como las ollas comunes ayudan a enfrentar la situación.
Foto: OjoPúblico / Marco Garro

 

Por otro lado, Carolina Trivelli Ávila hizo hincapié en que, en 2023, el “resto urbano” tuvo una caída de sus ingresos significativa, respecto a Lima. “El cambio mayor es el incremento de la pobreza en zonas urbanas. Durante la pandemia y en el 2022 eso fue muy marcado en Lima y, en el último año, en donde se ve un cambio muy importante es en lo que se llama el resto urbano”.

Trivelli Ávila explicó que, a comparación de Lima Metropolitana y el Callao, los ingresos que sí menguaron en las ciudades, en 2023, corresponden a la costa, la sierra y la selva urbanas. En la primera, cayeron 2,7%; en la segunda, 2,2%; y en la tercera, 5,8%.

Para la experta, al menos en el caso de la costa, las razones son identificables. Una de ellas está vinculada a la reducción de alrededor del 52% en la producción de arándanos, en 2023. “Todos los trabajadores que cosechan arándanos viven en centros urbanos de la costa urbana, como Virú y Chao”, dijo. 

El gasto por persona cayó, en promedio, 10,7% en el ámbito nacional en los últimos cinco años".

Una disminución del ingreso por persona implica, a su vez, una baja del gasto por cabeza. Este último cayó, en promedio, 10,7% en el ámbito nacional en los últimos cinco años: de S/970, en 2019, a S/866, en 2023. En otras palabras, los peruanos ahora gastan S/104 menos por persona en comparación con la prepandemia. 

Esto, por supuesto, no significa que las personas compren lo mismo con menos dinero, sino que la gente tiene menos plata y, por lo tanto, compra menos. 

En Lima Metropolitana y el Callao, el gasto per cápita promedio cayó de S/1.170, en 2019, a S/968, el año pasado. Esta reducción equivale al 17,2%, casi igual a la registrada en los ingresos. La diferencia se traduce en S/202 menos para gastar. La costa urbana, en tanto, pasó de S/1.079 a S/971; la sierra urbana descendió de S/1.010 a S/908; y en la selva urbana cayó de S/899 a S/797. 

 

El hambre en aumento

Al haber caído los ingresos y la capacidad de gasto por persona, los hogares deben ajustar su lista de compras. En ese contexto, uno de los aspectos que se ven más impactados es el de la alimentación, pues a esto se destina la mayor proporción de gasto de las familias peruanas.  

“No, la gente no está comprando [suficientes alimentos en los mercados]. Estamos creciendo demográficamente, pero el consumo no es tanto. Se está yendo menos a la cuestión de productos perecibles”, dijo Edgardo Altos Quispe, del Gran Mercado Mayorista de Lima.

De acuerdo a las cifras del INEI, entre 2019 y 2023, el gasto en alimentos consumidos dentro de los hogares se contrajo de S/270 a S/256, es decir, 5,1 puntos porcentuales. Entre 2020 y 2021 hubo un repunte en estos gastos. Pero la caída entre 2022 y 2023 también fue fuerte: de S/268 disminuyó a S/256. Este último es el monto más bajo registrado desde 2014.  

La salud es otra de las áreas en la que se ha reducido el monto destinado por las familias peruanas. Entre 2022 y 2023, la disminución fue de 3,4 puntos porcentuales.

En el caso de Lima, Javier Herrera Zúñiga calcula que existe un déficit calórico alarmante. Según sus propios cálculos, que usan información del INEI y de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuatro de cada 10 limeños (o 43,5%) padecen hambre. 

El déficit calórico, a su vez, está íntimamente relacionado con la pobreza extrema. En el área urbana esta última condición subió de 1% a 3,2% entre 2019 y 2023. A pesar de ello, señaló el integrante de la mesa consultiva, no existen estrategias estatales potentes para enfrentar las consecuencias. Por ejemplo, la mala alimentación.

“Los programas que están destinados a la gestión de la alimentación no han progresado. El número de niños beneficiados por el programa Qali Warma ha disminuido”, dijo. 

 

Hasta abril de 2024, el programa nacional de alimentación escolar Qali Warma registraba 3’836.287 niños y niñas atendidos, de acuerdo al Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis). Sin embargo, en el mismo mes de 2023, había 4’217.379 niños y niñas con cobertura. La diferencia, 386.287 beneficiarios menos, equivale a una reducción de algo más del 9%. 

Margarita Díaz Picasso, abogada especialista en política social, género, población y desarrollo también enfatizó que, con el aumento de la pobreza monetaria, crece el hambre en las ciudades. “La pobreza monetaria en Lima y en las ciudades del país también ha aumentado y, con ello, aumenta, por supuesto, la falta de alimentos”, dijo. 

Ante esta situación, agregó la experta, “no ha habido una respuesta por parte del Estado para aplicar mecanismos que involucren la participación de la ciudadanía para resolver el tema de la seguridad alimentaria en los barrios más vulnerables”. 

Finalmente, Javier Herrera Zúñiga, del IDR, considera que el Estado debe tomar conciencia de la situación actual de las ciudades. “Hay que reconocer que es grave el problema de pobreza urbana, la atención de las políticas públicas tiene que estar también dirigida a ella. Eso no significa descuidar la situación de la pobreza rural. Pero, hasta ahora, esa pobreza urbana ha pasado completamente bajo el radar”, dijo. 

Javier Herrera Zúñiga: "Hay que reconocer que es grave el problema de pobreza urbana".

OjoPúblico pidió comentarios sobre el tema al Midis. A través de un documento escrito, el ministerio respondió sobre los ocho programas sociales que atienden el problema de la pobreza en el ámbito nacional, y sobre cómo diferencian las estrategias entre el área urbana y la rural. 

En las zonas urbanas, explicaron, además de transferencias directas, se “implementan proyectos de desarrollo económico y mejora de servicios básicos, adaptados a la alta densidad poblacional y las condiciones de vida urbana”.

La intervención de programas sociales, como el de Complementación Alimentaria, Cuna Más, Qali Warma o la Transferencia a la Primera Infancia, precisaron, se hace con “una sectorización (...) a nivel de manzana o conglomerado urbano”.

Según explicaron, las estrategias urbanas incluyen, asimismo, “un fuerte componente de integración de servicios (salud, educación, empleo) y la mejora del entorno urbano (vivienda, servicios públicos)”.

Este medio también consultó al Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables. Pero, hasta el cierre de este informe, no hubo respuesta. 

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LISTA DE COMPRAS. Los vendedores de los mercados han notado que, en los últimos años, las personas compran menos productos o de menor calidad.
Foto: OjoPúblico / Marco Garro

 

El impacto en la niñez y la población afroperuana

Uno de los grupos más afectados por la pobreza monetaria en el país es, sin duda, el de los niños y niñas. En 2023, el 43,3% de infantes se encontraban en condición de pobreza monetaria en Perú. Es decir, casi la mitad de los niños de entre 0 y 5 años del país son pobres. 

En general, la situación para los menores de edad es preocupante. El 39,3% de la población de 6 a 11 años también son pobres monetarios. En el caso de los adolescentes de 12 a 17, es el 37,7%. 

Los cinco primeros años de vida, aquellos que se conocen como el periodo de la primera infancia, es una etapa crucial, en la que los niños se desarrollan rápidamente y forjan los cimientos a nivel cognitivo y físico. Por ello, resulta determinante vivirlos en las mejores condiciones.

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EL MAYOR IMPACTO. En Perú, casi la mitad de niños menores de seis años, es decir en la primera infancia, se encuentran en situación de pobreza monetaria.
Foto: OjoPúblico / Marco Garro

 

En el sector rural peruano, las cifras de la pobreza monetaria en la población infantil de 0 a 5 años son más acentuadas. En esta área, en 2023, el 52,9% de infantes eran pobres monetarios. En el caso de los menores de entre 6 y 11 años, el 13,2% estaba en esta condición. En los adolescentes de entre 12 y 17 años, por último, la población afectada era el 14%. 

Para Víctor Aguayo, director global de Nutrición y Desarrollo Infantil de Unicef, la pobreza monetaria muchas veces es un factor determinante en la desnutrición y la anemia infantil. Si bien estas condiciones no son exclusivas de los hogares más pobres, sí es una característica más frecuente en ellos.   

En Perú, en 2023, según el último reporte de la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (Endes), el 33,4% de niños de entre 6 y 59 meses de edad tenían anemia. Respecto al 2022 solo ha disminuido un 0,2%. 

En la zona rural, la anemia para los niños y niñas de este mismo grupo etario es mucho más marcada. En 2023, el 40,9% de los pequeños del área rural tenía anemia, frente al 30,5% de los del área urbana. 

Para Margarita Díaz Picasso, los que suelen comer menos en las familias pobres son los niños. Esto se debe, señala, a que se suele pensar que ellos no necesitan tanto alimento como los adultos. 

En 2023, en el área rural de Perú, el 52,9% de niños y niñas menores de seis años eran pobres monetarios".

Sin embargo, esta situación les afecta. “Los niños no son el futuro del país, son el presente. Son personas con derechos, que merecen una vida digna, y no tienen por qué pasar hambre en la noche, antes de dormir. Hay que mirar las infancias desde una perspectiva de derechos para reforzar y rediseñar programas que puedan, realmente, reconvertir la situación”, puntualizó. 

Otra población fuertemente afectada por la pobreza monetaria es la afroperuana. En 2023, más de la tercera parte (36,8%) de las personas que se autoperciben como afrodescendientes se encontraban en situación de pobreza monetaria. La cifra está por encima de la población de origen nativo (33,6%), de origen blanco (27,6%), y mestizo (24,5%). 

Para Mariela Noles Cotito, investigadora de la Universidad del Pacífico, el Estado debe reforzar la identificación de las poblaciones más vulnerables y mejorar su atención . “Creo que tenemos que concentrarnos un poco más en servir a los ciudadanos donde están, encontrarlos donde están. Ese sería un primer paso”, dijo. 

Entre 2019 y 2023, asimismo, el porcentaje de personas que se autoidentifican como afrodescendientes y son pobres monetarios ha aumentado en 6,5 puntos porcentuales (de 30,3% a 36,8%). Estos indicadores pueden no ser del todo fiables, pues existe un subregistro importante en la identificación de las personas afrodescendientes, según Owal Lay González, especialista en políticas públicas para sujetos afroperuanos. 

“Los problemas que tienen las personas que se autoperciben como blancas o como mestizas no son los mismos, los impactos son diferenciados para el pueblo afroperuano. En consecuencia, hay que caracterizar bien a los pueblos para entender el por qué o las causas para salir de los espacios de pobreza monetaria”, precisó. 

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