opinión 4 Septiembre, 2022

Del estallido social al best seller: la nueva propuesta de Constitución en Chile

Del estallido social al best seller: la nueva propuesta de Constitución en Chile
José Ragas

Historiador

Hoy los ciudadanos y ciudadanas de Chile acudirán nuevamente a las urnas para cerrar un ciclo de participación electoral que comenzó casi tres años atrás cuando protagonizaron una de las revueltas más importantes de su historia. Es la primera vez que la sociedad chilena decide en democracia el texto que regirá sus vidas como ciudadanos. Las anteriores cuatro cartas fueron redactadas en momentos de crisis o gobiernos dictatoriales, y donde la opinión de la ciudadanía no tenía mayor importancia.

Best seller. El tiraje inicial fue de mil ejemplares. En los siguientes llegó a veinte mil copias por impresión.

Best seller. El tiraje inicial fue de mil ejemplares. En los siguientes llegó a veinte mil copias por impresión.

Foto: José Ragas.

El libro que despierta una atención inusitada estas últimas semanas no es precisamente uno de ciencia ficción o literatura. No ha sido escrito por nueva generación de escritores o periodistas, y tratándose de un “país de poetas” —como dice uno de los personajes de Alejandro Zambra—, tampoco son versos los que tienen ocupados a sus lectores. En realidad, el libro que tiene ocupados a los chilenos y chilenos dista mucho de ser uno que normalmente se leería por placer o que ocuparía los estantes de las librerías.

El texto pertenece a un género no siempre amable a los lectores y a la buena prosa, y está más cercano al código civil que a algún texto narrativo. Con casi quinientos artículos, su redacción estuvo a cargo de cerca de centenar y medio de personas, sin contar quienes se encargaron luego de revisar el borrador y “armonizar” su contenido antes de que su versión final se hiciera pública a inicios del pasado mes de julio, dando inicio a una práctica compulsiva de lectura individual y colectiva. Nos referimos a la propuesta de la nueva Constitución política.

Chile plebiscito nueva Constitución
PRECIO. El costo final del texto impreso fue decisivo para hacerlo más accesible considerando el contexto inflacionario .
Foto: José Ragas.

 

Este domingo 4 de setiembre, chilenos y chilenas acudirán nuevamente a las urnas para cerrar un ciclo de participación electoral que comenzó casi tres años atrás cuando protagonizaron una de las revueltas más importantes en la historia del país y del mundo: el estallido social. En este lapso, ellas y ellos decidieron si querían o no una nueva Constitución, qué tipo de órgano representativo debía escribirla, y, cuando ganó la opción por una nueva carta, debieron escoger a sus convencionales. Todo esto en medio de una elección presidencial, en la que el candidato Gabriel Boric —uno de los artífices de la nueva Constitución durante los difíciles días del estallido— logró derrotar al candidato de extrema derecha, José Antonio Kast.

Es la primera vez que la sociedad chilena decide en democracia el texto que regirá sus vidas como ciudadanos. Las anteriores cuatro cartas fueron redactadas en momentos de crisis o gobiernos dictatoriales, y donde la opinión de la ciudadanía no tenía mayor importancia. Esto ahora sería imposible, especialmente en un contexto donde diversas fuerzas sociales se movilizaron para reconfigurar los parámetros sociales, económicos y políticos que deben regir entre el Estado, la empresa privada y los ciudadanos.

Es la primera vez que la sociedad chilena decide en democracia el texto que regirá la vida de sus ciudadanos.

Se trata de una oportunidad única e histórica, donde la violencia inicial de las protestas y sus demandas pudieron ser canalizadas en acuerdos políticos por medio de consultas. Con ello, cuestionaron abiertamente el legado pinochetista y procedieron a desmantelarlo en las calles y las urnas.

Chile plebiscito nueva Constitución
EXPECTATIVA. Personas hacen cola afuera del Metro Estación Plaza Maipú para recibir ejemplares gratis de la Constitución.
Foto: José Ragas.

 

Por casi un año, los convencionales discutieron y marcaron el tono de la nueva carta. No fue un periodo sencillo, y sus integrantes estuvieron sometidos a una enorme presión para entregar el texto a tiempo, generando con ello inmensas expectativas en la población. Aun cuando un número importante no provenía necesariamente de instituciones partidarias tradicionales, la diversidad que trajeron consigo le imprimió una legitimidad de partida al texto constitucional.

En un mismo espacio estaban representantes de los pueblos originarios, así como de la comunidad LGBTQ+ y de disidencias sexuales, independientes y científicos. Fue, además, una convención paritaria, con igual número de hombres y mujeres. 

La propuesta final es ambiciosa de por sí, y busca recoger varias de las demandas del estallido, así como otras que apuntan hacia el futuro, como la preocupación por el cambio climático. Para comprender mejor este proceso que podría poner fin al legado pinochetista y enviar un mensaje de transición post-neoliberal, recorrí diversos lugares de Santiago por varios días.

Conversé principalmente con libreros, tanto de cadenas de librerías como de lugares independientes y otros libreros callejeros, para entender cómo la nueva Constitución está siendo consumida y las tensiones que se han generado a partir de su circulación masiva entre quienes buscan aprobar la nueva carta y desean que su contenido sea conocido por el mayor número de personas, y aquellos que buscan rechazarla impidiendo su difusión mientras diseminan información falsa sobre su contenido. 

La violencia inicial de las protestas y sus demandas pudieron ser canalizadas en acuerdos políticos.

Es necesario enfatizar que se trata de un texto ambicioso, nacido de las múltiples demandas acumuladas en medio siglo, así como de la preocupación por un mejor país para las próximas generaciones, con temáticas que abarcan medioambiente, sistema de pensiones, educación, salud y pueblos originarios, entre muchas otras.

Esto explica en cierto modo la extensión de la misma, así como las visiones contrapuestas de lo que una carta debe registrar en su texto, de lo que debe dejar para otras instancias y de lo que no aparece (o no con el énfasis deseado), generando algo parecido a frustración y el espacio adecuado para que se busque su eliminación. Con todo, es un aprendizaje cívico colectivo, que trajo consigo un curso rápido de instituciones para los votantes e interesados.

Chile plebiscito nueva Constitución
PUESTO. Venta ambulante de la propuesta de nueva Constitución en la zona Santiago Centro.
Foto: José Ragas.

 

La versión final de la nueva propuesta fue hecha pública a inicios de julio, y fue entonces cuando la locura se desató. “Básicamente, se la arranchaban de las manos”, dice Slavia Maggio, de la Librería del Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM). El primer día, recuerda Maggio, llegaron ochenta ejemplares editados por LOM, y el cargamento se agotó en cuatro horas.

Para agilizar la llegada de nuevos ejemplares, los trabajadores optaron por recoger ellos mismos el cargamento y no esperar al repartidor. Algo similar ocurrió en la Feria Chilena del Libro, donde el local de Huérfanos (en Santiago Centro) experimentó la misma fiebre constitucional.

El primer lote de treinta ejemplares se vendió al instante, lo cual llevó a pedir uno nuevo (también de treinta), que fueron vendidos ese mismo día. Durante los días siguientes, las librerías recibían nuevos cargamentos de veinte y treinta, los mismos que se agotaban, poniendo presión en las editoriales e imprentas.

Por casi un año, los convencionales discutieron y marcaron el tono de la nueva carta. No fue un periodo sencillo.

Hubo dos circuitos de venta de ejemplares impresos claramente identificables: las librerías y la venta callejera. Como hemos visto, en las librerías el circuito de distribución tenía como formato la edición de LOM. Para los editores de LOM, el éxito de la Constitución los cogió por sorpresa, al punto que su local tenía una larga fila de personas que querían asegurar su copia personal. El tiraje inicial fue de mil ejemplares, los cuales se agotaron al instante mientras buscaban cubrir la demanda.

Nuevos tirajes siguieron, y en los próximos días pasaron de dos mil ejemplares a siete mil por tiraje, para luego pasar a diez mil y quedarse en veinte mil copias. El interés ha llevado a editar el texto en otros formatos, acompañados de gráficos (“con peras y manzanas”) y resaltando los puntos más importantes de las propuestas. No hace mucho, LOM anunció que una nueva edición acababa de ser impresa en Argentina.

Chile plebiscito nueva Constitución
ANUNCIO. Venta de la nueva Constitución en Barrio Lastarria. 
Foto: José Ragas.

 

El circuito callejero ha contribuido a esta circulación. Algunos puestos de revistas o especializados en textos legales (sobre todo en el Centro) comenzaron a vender la Constitución mientras otros aprovecharon el momento para ofrecer el texto en improvisados stands o en el suelo. Aquí no hay una sola versión sino varias. Algunas eran las versiones de mayo, cuando salió el primer borrador sin “armonizar”, lo cual sugiere una demanda anterior.

Pero la versión final comenzó a ser editada e impresa rápidamente, utilizando un sistema de producción informal que posiblemente esté relacionado con ejemplares piratas que abastecen al comercio ambulatorio. Lo cierto es que la venta pública de los textos hizo más sencilla su adquisición por transeúntes, si bien esto dificulta tener cifras más precisas de su comercialización. La manufactura artesanal del texto constitucional es importante en sí misma y habla de un consumo transversal de dicho libro fuera del circuito de librerías y establecimientos formales. 

El precio de venta final del texto impreso fue decisivo para hacerlo más accesible, considerando el contexto inflacionario que afecta a las y los chilenos en estos últimos meses, y que hacen de los libros un objeto de lujo.

De hecho, las ventas por el Día del Libro en abril no tuvieron los resultados esperados y se esperaba que el Día de la Madre sirviese como estímulo para las librerías. La edición de LOM fue hecha casi a precio de costo y era posible encontrarlo en librerías a un precio cercano a los cinco mil pesos (aproximadamente dieciocho soles), mientras que en la calle las versiones se ofrecían a tres mil quinientos pesos (Santiago Centro) o cuatro mil pesos (Providencia).

La propuesta final es ambiciosa de por sí y busca recoger varias de las demandas del estallido social.

Según me comentaba una trabajadora de una librería en Barrio Italia, existía un acuerdo tácito entre libreros para no subir demasiado el libro. De hecho, solo se cobraba el costo de venta y de traslado, para que no subiese el precio. 

Este éxito editorial no obedece a la casualidad. La industria editorial chilena va de la mano con los hábitos de lectura de distintas generaciones. Además de las librerías, existe un circuito de venta de libros de segunda mano bastante extendido, sin contar el consumo digital o los libros piratas.

Algunas nuevas librerías han estado abriendo como parte de los intentos de recuperación económica, pero uno puede observar los esfuerzos por hacer de la lectura una práctica más abierta, con espacios para prestarse libros en los metros y bibliotecas locales. En una reciente encuesta, uno de cada cuatro encuestados/as señaló que adquirió el hábito de lectura del entorno familiar, mientras que un lector/a promedio de la Generación Z señala leer casi dieciocho libros al año.

La pandemia parece haber disparado el hábito lector, con un crecimiento del 100% en préstamos de la Biblioteca Pública Digital entre 2019 y 2020, según un informe de La Tercera. 

Este domingo sabremos si la impresionante difusión del texto constitucional en versión impresa, digital y visual ha contribuido en el resultado del plebiscito. Pese a los intentos de grupos que promueven el rechazo para bloquear la distribución de la nueva propuesta (además de circular una versión falsa de la carta), la necesidad por conocerla y discutirla ha sido mucho mayor.

De triunfar el “Apruebo”, se abrirá un nuevo ciclo para el país, donde la discusión continuará para afinar algunas partes de la actual versión, pero con un número importante de personas que ya conocen el texto y que harán de este un documento vivo hasta que nuevas demandas y nuevos consensos hagan necesario cambiarlo de aquí a unos años.