RÁPIDO CRECIMIENTO. La expansión de la palma como monocultivo, a costa de la deforestación, tiene impactos negativos sobre los ecosistemas.

Los riesgos ambientales del monocultivo de palma

Los riesgos ambientales del monocultivo de palma

RÁPIDO CRECIMIENTO. La expansión de la palma como monocultivo, a costa de la deforestación, tiene impactos negativos sobre los ecosistemas.

Foto: Rodrigo Botero, FCDS

La palma africana es una de las especies con mayor atractivo comercial y cuyo aceite procesado tiene una demanda creciente en el mercado internacional. Además de una alta productividad, las plantaciones resisten hasta por tres décadas. Sin embargo, su cultivo intensivo en el sudeste asiático y varias zonas de la Amazonía sudamericana, se ha realizado a costa de la deforestación. ¿Qué nos dice la evidencia sobre su impacto? Diversos estudios científicos realizados hasta el momento destacan algunos impactos negativos como el aumento de gases de efecto invernadero, la pérdida de biodiversidad y perjuicios causados a las comunidades aledañas a este tipo de plantaciones.

16 Octubre, 2021

El crecimiento exponencial de los cultivos de palma en todo el mundo, que pasó de 60.000 km2 a 160.000 km2, entre 1990 y 2010, ha impulsado la búsqueda de nuevos territorios para plantar esta especie. Si bien la mayor cantidad de esta planta se siembra en el sudeste asiático —región que genera el 90 % de la producción mundial—, la búsqueda de tierras idóneas ha llevado a los productores y empresarios a buscar territorios donde expandirse en el continente americano. 

En América Latina y el Caribe el cultivo de palma se ha acelerado en los últimos 20 años. En 2004, la superficie sembrada en el Perú ya era de 21.222 hectáreas, de acuerdo con información de ProInversión. Ocho años después, la cifra se elevó en más del 100 %, alcanzando las 50.200 hectáreas. Ese crecimiento se dio, principalmente, en cuatro regiones del país (Huánuco, Loreto, San Martín y Ucayali). Para 2020, según un informe publicado por la Sociedad Peruana de Ecodesarrollo (SPDE) y basado en el monitoreo de imágenes satélitales, los cultivos en esas cuatro regiones suman 95.048 hectáreas. En otras palabras, las plantaciones pasaron de alrededor de 20.000 hectáreas, a inicios de los 2000, a más de 90.000, el año pasado.

En contraste con lo ocurrido en el sudeste asiático, la mayoría de las plantaciones de palma aceitera en el Perú y Latinoamérica no crecieron a costa de la depredación de áreas boscosas. Ernesto Ráez, director ejecutivo del Instituto del Bien Común (IBC), explicó a Ojo Público que en el país la palma aceitera ingresa como una alternativa al cultivo de coca. “Es un cultivo que entra a reemplazar el uso de la tierra en zonas donde ya se había producido, previamente, la deforestación para cultivar coca”, dijo. 

Un artículo, publicado en “Cahiers Agricultures”, confirmó que el 21 % de cultivos en Perú, Ecuador, Brasil y Guatemala se llevaron a cabo a través de la deforestación de bosques naturales, mientras que casi el 80 % restante se estableció sobre vegetación herbácea degradada y tierras agrícolas. 

Un informe hecho en Indonesia reveló que estos cultivos tienen impactos sobre la deforestación y la producción de incendios forestales”.

Al respecto, Rodrigo Botero, director general de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS), precisó que la expansión de este cultivo en Latinoamérica se da, sobre todo, en áreas que han sido previamente deforestadas o en zonas de sábanas naturales, como es el caso de la Orinoquía colombiana (una de las seis regiones naturales de este país) y el Cerrado brasilero (una ecorregión de sábana tropical de esta nación). 

“No necesariamente todos los cultivos de palma son deforestadores. Si se instalan sobre condiciones de sabana natural, lo que se está haciendo es un cambio de cobertura: de una cobertura natural a una introducida”, señaló. Este cambio no es tan negativo como deforestar un área boscosa, pero sí provoca variaciones en el ecosistema. El especialista colombiano explicó que una sábana natural cuenta con determinadas especies vegetales y animales que son reemplazadas por otro tipo de plantas.  

A pesar del impacto reducido que todavía tiene la palma en la deforestación, la falta de planificación y regulación por parte de los países latinoamericanos sobre el crecimiento de esta actividad agrícola, deja abierta la posibilidad de que este crecimiento se haga de manera ilegal, deforestando áreas boscosas. Tal como lo evidencia una investigación fiscal en la que está implicado el Grupo Ocho Sur (antes denominado Plantaciones de Pucallpa) por presunta deforestación en la comunidad de Santa Clara de Uchunya, en la Amazonía de Ucayali. Por ello, Ernesto Raéz afirmó que, aunque el proceso ocurrido en la región es distinto al del sudeste asiático, las empresas palmeras también han contribuido a pulsos importantes de deforestación en la Amazonía. 

En esa línea, Jean Pierre Araujo, director de la Iniciativa de Justicia Ambiental de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA), agregó que no se puede comparar la actividad de los pequeños agricultores con los de mediana y gran escala, puesto que los impactos medioambientales serán distintos, en términos de gravedad. “No es lo mismo instalar una agricultura de cinco a 10 hectáreas a retirar la cobertura forestal total de 20 o 30 hectáreas. Una de las primeras lógicas del sistema ambiental es la proporcionalidad en la intensidad de las actividades”, subrayó.

 

Expansión del cultivo de palma a costa de los bosques

 

Los impactos medioambientales dependen de la condición inicial de la tierra donde se lleve a cabo el cultivo de palma, es decir, estos variarán si es que la plantación se realiza sobre un bosque primario que fue deforestado o sobre un cultivo existente con anterioridad. En principio, los impactos negativos sobre áreas boscosas han sido ampliamente estudiados, debido a la experiencia en el sudeste asiático; región en la que la expansión del cultivo se dio de manera descontrolada e implicó el desplazamiento a la fuerza de pueblos tradicionales y una afectación irreversible a los ecosistemas.

Una de las principales consecuencias medioambientales de ese modelo de expansión es la deforestación de bosques naturales. Un informe realizado a partir de reportes de 10 plantaciones en Indonesia —país que representa más del 50 % de la producción mundial de palma— reveló que estos cultivos tienen impactos sobre la deforestación y la producción de incendios forestales. El ecólogo Ernesto Ráez explicó que, cuando no existe tierra abierta disponible para el cultivo de palma, las personas empiezan a tumbar bosques para introducir sus plantaciones. “Eso es lo que ocurrió en el sudeste asiático de manera brutal y de ahí proviene el 90 % de la mala fama que tiene la palma aceitera allá”, afirmó.

 

Foto: Rodrigo Botero, FCDS

IMPACTOS. La expansión del cultivo de palma en la selva se da a modo de islas deforestadas en medio de áreas boscosas.
Foto: Rodrigo Botero, FCDS

 

En el caso de la Amazonía peruana, se calcula que alrededor de 30.000 hectáreas de bosques se han perdido a causa de plantaciones de palma aceitera, según una publicación de “Journal of Rural Studies”. Esta información se confirma con los datos recolectados en Perú en un estudio, publicado en 2018 en la revista “Environmental Research Letters”. Dichas cifras demostraron que, en el año 2000, la áreas deforestadas dentro de cultivos de palma aceitera equivalían a 0,81 km2 y, para 2015, estas aumentaron a 4,50 km2. 

“La palma aceitera se ha convertido en una fuente importante de deforestación en la Amazonía peruana, representando el 11 % de la deforestación agrícola entre 2007 y 2013”, sostienen los investigadores. Por ese motivo, Ráez aclaró que aunque la expansión de la palma en Perú no ha sido, principalmente, a expensas de la deforestación de áreas boscosas, sí es un factor a tener en cuenta . “Sí se han producido pulsos completamente negativos de deforestación primaria en el Perú con el cuento de la palma aceitera”, señala.

Además, otros estudios científicos advierten que la deforestación está asociada con la pérdida de capacidad de capturar carbono en esas áreas cultivadas. “La tala de bosques también genera importantes emisiones de carbono”, sostiene un artículo publicado en la revista científica “Annual Review of Resource Economics”. Ernesto Ráez precisó que las emisiones directas de gases de efecto invernadero no solo provienen de la vegetación tumbada, sino que, en gran medida, proceden de la materia orgánica que pierde el suelo.

En Perú se estima que más de 2,8 millones de toneladas métricas de carbono han sido liberadas a la atmósfera, a causa de la deforestación producida por los cultivos de palma aceitera en la Amazonía durante los últimos 20 años, según un estudio publicado por Oxfam América, en marzo de 2021. Asimismo, la publicación concluyó que “el 45 % del CO2 emitido proviene de cuatro grandes plantaciones: Ocho Sur P y Ocho Sur U (que pertenecieron al Grupo Melka y ahora forman parte de Grupo Ocho Sur) y Palmas del Shanusi y Palmas del Oriente (Grupo Palmas)”. Una de ellas (Ocho Sur P) está, actualmente, involucrada en una investigación por presunta deforestación y en disputas con la comunidad shipibo-konibo de Santa Clara de Uchunya, como informó OjoPúblico en este reciente reportaje.

El cultivo de palma sobre bosques naturales también genera consecuencias en la biodiversidad. El libro “Amazonía en cifras: recursos naturales, cambio climático y desigualdades”, elaborado por Oxfam y publicado en mayo de 2021, indica que la deforestación y la expansión de monocultivos tropicales genera la pérdida de biodiversidad y la extinción de especies. El experto en ecología Ernesto Ráez explicó que, cuando se tumban estas áreas boscosas, las plantas que allí habitaban mueren y los animales ya no cuentan con el ecosistema en el que vivían. 

El especialista también resaltó que se establece una fragmentación en el territorio que genera desconexiones ecológicas. Esto sucede debido a que la expansión del cultivo de palma en la selva tropical se da, principalmente, a modo de islas deforestadas en medio de las áreas boscosas. El estudio “Riesgos de deforestación planteados por la expansión de la palma aceitera en la Amazonía peruana”, publicado en “Environmental Research Letters”, explica que los parches de agricultura de palma aceitera son grandes, están agrupados espacialmente, y pueden aumentar su impacto en la fragmentación del hábitat local. 

A su vez, el zootecnista colombiano Rodrigo Botero aseguró a OjoPúblico que es inviable la tendencia de crear cultivo de palmas dentro de fragmentos de bosques cada vez más aislados, puesto que tiene impactos directos sobre la pérdida de la biodiversidad. “La agricultura moderna tendrá que incorporar elementos de conectividad funcional y estructural”, enfatizó.

 

Cambios en los ecosistemas a causa de la palma

 

Aunque el cultivo de palma sobre áreas degradadas o como reemplazo de otros cultivos suponga un mejoramiento de la tierra, también produce cambios en los ecosistemas. El investigador peruano Ernesto Ráez resaltó que el reemplazo de una área ya deforestada por una plantación de palma puede ser positivo, debido a que esta especie puede generar un grado de cobertura vegetal mayor al de otros cultivos. “La palma es 1.000 veces superior a un cultivo de arroz o a un pastizal”, afirmó. 

El especialista señaló, además, que, si se establece la palma donde antes había pasto o monocultivos de arroz o coca, se puede contribuir a la absorción de carbono de la atmósfera y a la recuperación de la biomasa de los suelos. No obstante, aclaró que la presencia de cultivos altos de palma, que generan un techo protector, puede favorecer la recuperación de una muy limitada diversidad biológica. 

 

 

En torno a esta transformación del uso de las tierras, el experto colombiano Rodrigo Botero destacó que, cuando se trata de pasar de una sábana a un cultivo de palma, los cambios en el ambiente no pueden considerarse positivos automáticamente. “Estamos hablando de sábanas con gran biodiversidad pasadas a un monocultivo que disminuye dramáticamente esa biodiversidad”. 

El problema principal, explicó Botero, reside en que la gran magnitud de estos cultivos genera un solo tipo de cobertura forestal (la de la palma africana), la cual ofrece un hábitat para determinadas especies, que saben utilizar la hoja, la flor y el fruto de la palma. Esto, a su vez, limita la cantidad de fauna que puede interactuar en ese ecosistema. 

Finalmente, el especialista señaló que los cambios no solo se dan a nivel de biodiversidad, sino que también tiene impactos en la exigencia hídrica, puesto que es un cultivo que demanda grandes cantidades de agua. Al respecto, el informe “Hacer las paces con la naturaleza”, del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), concluyó que la agricultura de regadío, como la de la palma africana, es el sector que utiliza más agua. “Actualmente, se destinan a ella alrededor del 70 % de las extracciones de agua dulce en todo el mundo y se prevé que estas aumenten”, se lee en el documento.

 

Comunidades aledañas a los cultivos: ¿beneficiadas o desplazadas?

 

Las alteraciones en los bosques tropicales no solo afectan a la fauna y flora que habitan allí, sino también a las comunidades que viven en el territorio o en los alrededores. Como el caso de la comunidad que vive en Santa Clara de Uchunya, que denuncia haber sido afectada por la instalación de una planta procesadora de aceite de palma cerca a sus tierras. Los estudios revisados apuntan a que en algunas regiones el cultivo de palma tiene efectos sobre la seguridad alimentaria.

Un artículo, publicado en “Cahiers Agricultures”, evidencia que, en Colombia, la expansión de la palma aceitera produjo la concentración de tierras en unas pocas familias y, como consecuencia, provocó “el aumento de necesidades básicas insatisfechas en las poblaciones rurales”, que fueron desplazadas a otras regiones del país. No obstante, los autores resaltan que esta situación no se repite de igual manera en toda la región. En México, por ejemplo, la producción de aceite generó mayores ingresos económicos para las comunidades, contribuyendo a la economía familiar y a la diversificación laboral.

Los especialistas consultados coinciden en que el impacto social del cultivo de palma va a variar dependiendo de cada país y, sobre todo, de las políticas de protección que estos ofrezcan a las comunidades. “La diferencia está en las condiciones políticas y jurídicas de acceso a la propiedad del suelo para pequeñas familias vulnerables”, aseguró Rodrigo Botero. En la experiencia peruana, afirmó Ernesto Ráez, la palma ha significado una mejora en la calidad de vida de muchas personas y se ha constituido como un cultivo benéfico en términos económicos, debido a que ingresó como alternativa a las producciones cocaleras. 

Sin embargo, el especialista de la SPDA, Jean Pierre Araujo, aclaró que en los cultivos de palma africana la mano de obra es estacional, pues se necesita para instalar las plantaciones, principalmente. Además, dijo que, como el procesamiento de la palma es bastante automatizado, no requiere de mucha gente. “No es que vayas a necesitar siempre una masa alta de trabajadores”, subrayó.

 

No se puede comparar la actividad de los pequeños agricultores con los de mediana y gran escala. Los impactos medioambientales serán distintos”.

 

Al respecto, la ONG Environmental Investigation Agency (EIA) advirtió que en países del sudeste asiático, como Indonesia y Malasia —donde el cultivo de palma trajo beneficios económicos inmediatos—, la disponibilidad de tierras para sembríos se agotará en 2022, dejando a los agricultores sin ingresos. “En este sentido, el Perú tiene como ejemplo a los países del sudeste asiático, donde a pesar de que el cultivo de palma presentó inmediatos beneficios económicos, también reportó daños ambientales irreversibles”, remarcó Annie Escobedo en el estudio “Agronegocios y crisis climática en el Perú”, publicado por la Oxfam.

Por ello, el abogado Jean Pierre Araujo considera que, aunque la instalación de cultivos de palma trae beneficios económicos, la expansión intensiva de esta especie como monocultivo no es sostenible. “Lo que pasó en este modelo, en el cual no se han respetado la obtención de licencias ambientales o no se han respetado los derechos de terceros, fue que personas de Loreto, que ya tenían un título de propiedad otorgado o un proceso de titulación en trámite, vieron que en algunos casos sus propios terrenos o las áreas circundantes en las cuales tenían actividades de pesca o caza y recolección de productos del bosque para autoconsumo, de la noche a la mañana, perdieron estos ecosistemas”, dijo. 

Situaciones similares se registraron en el sudeste asiático, de acuerdo con los hallazgos de un estudio realizado en Indonesia, con base en 10 reportes de las principales plantaciones de palma de ese país. La publicación advirtió que la expansión de este cultivo también estuvo relacionada con daños a huertos comunitarios, campos agrícolas, terrenos de caza y hábitats de vida silvestre.

 

Un crecimiento peligroso ante la falta de regulación estatal

 


La falta de planificación en el crecimiento de los cultivos de palma aceitera y la deficiente regulación de los mismos han contribuido a que una parte, aunque reducida, de estas plantaciones se haya dado sobre áreas boscosas deforestadas o a costa del desplazamiento de comunidades locales. Rodrigo Botero señala que países como Colombia tienen el grave problema de no haber podido desarrollar una estructura de tenencia de tierras que permita un acceso masivo por parte de comunidades vulnerables y campesinas. “Los mecanismos políticos de promoción de estas formas de agricultura, en el pequeño campesinado, no se dieron de manera apropiada”.

Lo que ocurrió en Colombia, contó Ernesto Ráez, fue que, en el Valle del Cauca, determinadas familias empezaron a comprar tierras a pequeños agricultores, que resultaron beneficiados con una ley de retribución para víctimas de la violencia. Al realizar estas compras, empezaron a concentrar las tierras y las personas que vendieron sus hectáreas se quedaron sin espacios para vivir y eso generó el desplazamiento en situación precaria. “En Colombia, lo que se ha producido ha sido un proceso de concentración especulativa de tierras, aprovechando vacíos de la ley y funcionarios corruptos dispuestos a hacerse de la vista gorda ante determinadas transacciones que nunca debieron ocurrir”, afirmó. 

La falta de planificación y fiscalización estatal también se puede identificar en el caso peruano. “En relación a la instalación de monocultivos en la Amazonía, según lo que hemos investigado desde la SPDA, el problema viene por una falta de implementación de las normas ambientales aprobadas a lo largo de la década de los ‘90 y los 2000”, dijo el abogado Jean Pierre Araujo. 

 

Foto: Rodrigo Botero, FCDS

REGULACIÓN. La falta de control deja abierta la posibilidad de que la expansión del cultivo de palma se dé a costa de la deforestación de bosques naturales. 
Foto: Rodrigo Botero, FCDS

 

Desde el año 2000, a través del Decreto Supremo N° 015-2000-AG, el Estado ha propiciado la entrega de extensas áreas a la producción de monocultivos agroenergéticos. La publicación de este decreto, así como de la Ley Nº 28054 ( “Ley de promoción del mercado de biocombustibles”) en 2003, y de la Resolución Ministerial Nº0281-2016-MINAGRI (que aprobó la publicación del “Plan Nacional de Desarrollo Sostenible de la Palma Aceitera”) en 2016, se justificaron por la necesidad de brindar un mercado alternativo en la lucha contra las drogas.

Araujo aseguró que hay tierras en la Amazonía peruana que fueron tituladas “en el marco de regímenes temporales, en los cuales no se previeron todas las herramientas de planificación necesarias para titular tierra agraria en esas zonas”. El especialista explicó que la publicación del Decreto Legislativo Nº 838 en 1996, que buscó promover el regreso de personas afectadas por el terrorismo mediante la adquisición de tierras, influyó en la expansión desordenada de suelos agrícolas. “El decreto, básicamente, dice algo así como si has sido afectado o desplazado por el terrorismo tienes derecho a solicitar tierras en estos distritos, ve y pídelo”, dijo. 

Por ello, el representante de la SPDA sostuvo que a estas personas se las instaló en cualquier parte de la Amazonía, sin que haya una lógica de ordenamiento territorial, planificación de la actividad económica de ese tipo y, al final, esas tierras terminaron convirtiéndose, en muchos casos, en papeles de derechos de propiedad, los cuales luego fueron comprados por empresas para llevar a cabo actividades de gran intensidad, como la palma. 

Esta falta de planificación no solo se observa en la poca capacidad de otorgar áreas de manera ordenada, sino también en la ausencia de informes que determinen cuál es la capacidad de esas zonas para soportar el cambio de uso de las tierras. Rodrigo Botero indicó que existe una debilidad por parte de las legislaciones de Sudamérica para establecer un estimado de cuánto pueden los ecosistemas de sábanas “aguantar una transformación de esas coberturas naturales a una cobertura introducida, como la de las palmas”.

Sin embargo, este crecimiento descontrolado también está relacionado con la deficiente regulación por parte de los gobiernos para garantizar que se cumplan las normativas existentes. Jean Pierre Araujo explicó que, en el Perú, hay “inversionistas que, aprovechando distintos vacíos de la ley o malos procesos de implementación perjudicaron tierras que después se han demostrado que eran forestales o de conservación y que, por lo tanto, no podían ser otorgados bajo la legislación agraria”. Además, agregó que no solo se han instalado actividades de monocultivos en áreas donde no debían, sino que varios de estos proyectos han omitido presentar, antes de instalarse, un estudio de impacto ambiental. 

Por esta razón, Rodrigo Botero sostiene que, aunque existen esfuerzos por promover un cultivo sostenible de la palma que parte de cooperativas de palmicultores o organizaciones como la Mesa Redonda sobre Aceite de Palma Sostenible (RSPO), si los gobiernos no son los que exigen el cumplimiento de la ley, es muy difícil que los sectores productivos lo incorporen solo con buenas prácticas voluntarias. 

 

¿Es posible un cultivo sostenible de palma? 

 

Los especialistas consultados por OjoPúblico aseguran que es posible llevar a cabo un cultivo sostenible de la palma. Pero que, para eso, se requiere de planificar y regular su expansión. La palma, como especie, no es perjudicial para el medioambiente. Sin embargo, su expansión como monocultivo, a costa de la deforestación, sí pone en riesgo la biodiversidad. “[La palma] utilizada con ciertos modelos ha probado tener capacidad nociva sobre los ecosistemas y sobre la población, pero creo que también hay posibilidad de generar otro tipo de modelos”, dijo Rodrigo Botero.

El ecólogo Ernesto Ráez señala que la primera ley que se debe cumplir para garantizar un cultivo de palma sostenible es que, bajo ninguna circunstancia, la plantación se instale donde hay bosques primarios. “Tumbar bosque para poner palma es completamente inaceptable”, enfatizó. 

Lo segundo, añadió, es asegurar que todo cultivo cumpla con normas agroecológicas, es decir, que no utilice pesticidas ni contamine el agua con químicos. Un tercer punto reside en el aspecto socioeconómico, pues existe una diferencia entre que el cultivo parta de una empresa privada o de una cooperativa de palmicultores. “En este segundo caso las probabilidades de beneficio social son mucho mayores y la palma puede ofrecer a las personas un escape de la pobreza”, destacó. 

 

La falta de planificación y regulación deja abierta la posibilidad de que el crecimiento de la palma se realice deforestando áreas boscosas”.

 

A su vez, el zootecnista Botero señala que la apuesta hacia una agricultura moderna y sostenible debería estar orientada a generar un mosaico de ecosistemas, que incorporen cultivos de gran escala y amplias áreas de bosque natural. “Por ejemplo [estos mosaicos de paisajes] pueden ser con cítricos, cañas, ganadería, y puede y debe incluir espacios naturales de gran magnitud”, describió.

Por el momento, la RSPO ha establecido criterios para promover la producción sostenible de la palma. “Hay una serie de requisitos que deben cumplir los miembros de la RSPO para garantizar que ninguna plantación de palma genere ningún impacto negativo en la biodiversidad y en los ecosistemas”, dijo Franciso Naranjo, director de la RSPO para América Latina. El representante resaltó que algunos de esos indicadores son la identificación de zonas de conservación y de reservas de carbono, y la presentación de estudios de impacto ambiental y social. 

Sin embargo, Rodrigo Botero destacó la importancia de que estos requisitos partan desde los gobiernos, pues la certificación constituye un incentivo, principalmente, para los grandes conglomerados que tienen mercados mundiales, pero esto no resulta igual de relevante para los sectores productivos más pequeños. “Solamente cuando veamos efectos realmente brutales en términos de la disminución de la biodiversidad y disminución de depredadores, va haber una conciencia de que es necesario involucrar áreas naturales que puedan incorporar toda la biodiversidad y crear los equilibrios suficientes para que esas plantaciones se puedan mantener saludables”, concluyó.