Irene Bernal: “Con donaciones no vamos a afrontar la inequidad de vacunas”

Mientras países con más del 60 % de población vacunada buscan aplicar una tercera dosis a sus ciudadanos, otras naciones no han logrado inmunizar ni al 1 % de su población. Ante la falta de consenso científico sobre las dosis de refuerzo, la experta en políticas públicas sociales y sanitarias de la fundación internacional Salud por Derecho, Irene Bernal, sostiene que los países deben tener una visión más global de la salud y respaldar la vacunación en los territorios más vulnerables.

PROPUESTA. La experta Irene Bernal considera que la transferencia de conocimiento es una vía para luchar contra el acaparamiento de vacunas.

PROPUESTA. La experta Irene Bernal considera que la transferencia de conocimiento es una vía para luchar contra el acaparamiento de vacunas.

Foto: Salud por Derecho

Hace un año, cuando aún ninguna vacuna contra la Covid-19 contaba con autorización de alguna agencia reguladora para ser aplicada, expertos y organizaciones internacionales advertían los riesgos de un eventual acaparamiento de dosis por parte de los países de mayores ingresos. Para febrero de 2021, la situación parecía irreversible. En ese momento, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), solo 10 países habían administrado el 75 % de todas las dosis disponibles en el mundo.

Desde entonces, la situación no ha cambiado mucho. Mientras países como Israel han vacunado completamente a más del 60 % de su población, naciones de África, como Nigeria y Etiopía, no han logrado inmunizar al 1 % de sus ciudadanos, de acuerdo a datos recogidos por el portal Our World in Data.

Ahora, a la ya acentuada inequidad de vacunas, se suma un nuevo agravante: las dosis de refuerzo (booster). Con el aumento de casos de la variante Delta de alta transmisibilidad, muchos líderes políticos han decidido reservar importantes lotes de vacunas y volver a aplicarlas dentro de sus territorios. En Israel, por ejemplo, se autorizó que los mayores de 30 años reciban una tercera dosis contra el nuevo coronavirus. En Latinoamérica, Chile y Uruguay, países con altos índices de vacunación (más del 70 % de su población) están siguiendo el mismo rumbo. Todo esto, a pesar de que aún no hay un consenso científico sobre la necesidad de inyecciones adicionales, en un corto plazo.

No hay acceso a vacunas. Sin embargo, es una escasez ficticia, porque se podrían producir más", sostiene Irene Bernal.

El director de la OMS, Tedros Adhanom, pidió una moratoria a estas naciones. Es decir, postergar el plazo de la aplicación de terceras dosis, por lo menos, hasta finales de setiembre, a fin de reducir las desigualdades y permitir que al menos el 10 % de la población global esté vacunada. Sin embargo, no todos los líderes han atendido su llamado: Reino Unido, Francia, Alemania y Rusia, por ejemplo, ya aprobaron la tercera dosis, al igual que Israel, Chile y Uruguay. 

Pero detrás de este debate, también hay intereses comerciales. Pfizer, uno de los principales laboratorios productores de vacunas (acusado meses atrás de exigir duras condiciones de negociación en Latinoamérica) no ha tenido problemas en reconocerlos. Su presidente ejecutivo, Albert Bourla, dijo que las vacunas de refuerzo podrán hacer que las ventas de la compañía sean duraderas. El laboratorio registró USD 10,5 mil millones de ingresos netos en la primera mitad de 2021, lo que representa un notable aumento en relación a los USD 6,9 mil millones recaudados en los primeros seis meses de 2020, según informó Open Secrets. La compañía ya ha pedido la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) a sus vacunas de refuerzo. 

Mientras tanto, en las naciones con bajos índices de inmunización, las poblaciones no solo permanecen desprotegidas frente a la variante Delta. La falta de vacunas ocasiona una mayor circulación del virus y, con ello, abre la posibilidad del surgimiento de nuevas mutaciones. Un problema que, como ya se ha visto, afecta a todos los países por igual.

 

Imagen de vacuna
INEQUIDAD. Mientras algunos países han vacunado a más del 70% de su población, otras naciones no han logrado inmunizar ni al 1% de sus ciudadanos.
Foto: Andina

 

En este contexto, OjoPúblico conversó con Irene Bernal, experta española en políticas públicas y responsable de las políticas de acceso a medicamentos y políticas farmacéuticas de la fundación internacional Salud por Derecho, sobre el acceso a vacunas Covid-19.

Bernal, también licenciada en Sociología y Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid, advierte sobre las desigualdades que aún persisten en el acceso a la inmunización y destaca la importancia de la transferencia de conocimiento sobre la producción de vacunas. “En muchos países no hay acceso a vacunas. Sin embargo, es una escasez ficticia. Este problema se podría solucionar (...) al liberar patentes y con el acceso a la transferencia de conocimiento”, sostiene.

Mientras las naciones más ricas evalúan aplicar una tercera dosis de la vacuna contra la Covid-19, países de medianos y bajos ingresos aún no logran vacunar, por lo menos, al 10 % de su población. ¿Cuál es su posición frente al debate sobre las dosis de refuerzo?

Venimos de una experiencia en la que hemos visto cómo los países ricos han acaparado vacunas, y esto ha tenido implicaciones directas en el acceso a dosis para los países con menor capacidad de adquisición. Ahora tenemos sobre la mesa la posibilidad de una dosis de refuerzo, pero depende todavía de muchos elementos, pues hay agencias reguladoras que aún no se han pronunciado sobre su necesidad. Ahora mismo seguimos sufriendo la inequidad en el acceso [a las vacunas] de una manera enorme. Países como Israel superan el 60 % de su población vacunada y, sin embargo, Gaza y Cisjordania, son territorios que no llegan al 2 %. En el caso de África, hay 40 países que todavía necesitan un impulso enorme para llegar al 10 %. Y en este contexto nos estamos enfrentando a una variante Delta, cuya transmisibilidad es mucho mayor.  

Lo que nos preocupa es que no vamos a llegar a cumplir los objetivos que nos habíamos trazado. [Covax, por ejemplo, esperaba cubrir la vacunación de al menos el 20 % de la población de los países más pobres en 2021]. Entonces, si todavía no hay una evidencia real, ni elementos claros con respecto a la necesidad inmediata de dosis de refuerzo, [es mejor] que lleguemos a la población a la que todavía no se ha vacunado. Ese es un mensaje que se ha lanzado desde muchos espacios, la propia OMS ha pedido una moratoria, para cubrir las necesidades más inmediatas. Esperemos conocer la evidencia científica sobre cuándo es el mejor momento para poder empezar a aplicar dosis de refuerzo.

Esperemos conocer la evidencia científica para empezar a aplicar dosis de refuerzo", indica la especialista.

Muchos países que recurren a la tercera dosis lo justifican por el temor a nuevas variantes y para prevenir nuevos brotes. Pero, si la evidencia científica no es concluyente, ¿es acertado iniciar en este momento el debate?

Ahora mismo, [en muchos territorios] no hay acceso a vacunas que ya están autorizadas en los países más ricos. Sin embargo, es una escasez ficticia, porque se podrían producir muchísimas más vacunas. Esto podría solucionar problemas relacionados con la escasez y evitaría la preocupación sobre acaparamientos de terceras dosis o que los países menos adelantados se queden en la cola. Eso se puede conseguir. Ahora hay propuestas encima de la mesa y parten, la mayoría de ellas, por un primer paso de liberar las patentes. Y, en segundo lugar, tener acceso a la transferencia del conocimiento [científico], y del know-how [conocimiento técnico]. 

Si este ejercicio lo hubiéramos hecho el año pasado, es muy probable que no tendríamos muchos de los problemas y cuellos de botella actuales. En los meses de octubre [de 2020], India y Sudáfrica llevaron esta propuesta al seno de la Organización Mundial del Comercio (OMC). E incluso mucho antes, al principio [de la emergencia sanitaria], hubo un compromiso por parte de líderes políticos, de hacer una financiación sin precedentes para afrontar esta pandemia en condiciones que aseguraran un acceso equitativo en precios y distribución de las vacunas. 

Aún podemos solucionarlo y eso es lo que defendemos desde Salud por Derecho, como organización que apuesta por el acceso universal a los medicamentos y a la salud de las personas, independientemente de su lugar de residencia.

Un artículo recién publicado en British Medical Journal (BMJ) se refiere a las inequidades como violaciones a los derechos humanos. ¿Usted está de acuerdo?

Acaparar [vacunas] impidiendo que otros tengan acceso a ese bien público global, es una vulneración de un derecho porque hay terceros que no tienen acceso. Además, sabemos que el acaparamiento no sirve absolutamente para nada. Porque con acaparar más no se va a proteger más a la población [en un mundo globalizado]. Entonces, desde que hay un bien al que hay que tener acceso y hay población que no lo tiene, hay una vulneración del derecho.

Una de las lecciones aprendidas en esta pandemia, es que los países no están aislados y no pueden mantener las fronteras cerradas. Las decisiones de unos impactan en otros, no solo en términos económicos, sino también de salud. Pero, ¿por qué los países insisten en este acaparamiento de vacunas? ¿Por qué no aprendemos de las lecciones que nos va dejando esta emergencia sanitaria?

Esa es una gran pregunta. Al principio de la pandemia, a nivel global estábamos en una situación mucho más incipiente, con menos capacidad de reacción. Pero ahora sabemos lo que ocurre si no tenemos una mirada global. Habría que echar un vistazo a los mecanismos de gobernanza que se han creado para afrontar esta pandemia y a los compromisos iniciales de los líderes mundiales, cuando declararon, en abril de 2020, que la vacuna sería un bien público global. 

Acaparar vacunas, impidiendo que otros tengan acceso, es una vulneración de derechos", dijo Irene Bernal.

También es necesario que los países evalúen sus propias políticas nacionales. El acaparamiento de vacunas muchas veces ha sido innecesario. [Los países más desarrollados] acaparamos dosis para vacunar hasta cuatro y cinco veces a nuestras poblaciones. Si hubiésemos sido muchísimo más solidarios desde el principio, esta situación no habría ocurrido. 

Es importante que los países sean muchísimo más conscientes de las implicaciones que [sus decisiones] tienen en términos de salud global, pero también en términos económicos. La pandemia genera un lastre para todas las economías. Y, sin embargo, cuando las políticas se llevan a la práctica, el resultado es completamente diferente. Así tenemos como resultado una inequidad que es absolutamente insostenible.

Las licencias abiertas pueden facilitar la producción genérica, sin exclusividad y sin regalías de las vacunas. ¿Considera necesario apostar por ellas?

Totalmente. [Las licencias abiertas] forman parte de la solución por dos motivos. Primero, para tener acceso a las vacunas y que nos lleguen más rápido, si [es que] somos capaces de hacer todo ese ejercicio de transferencia de manera expeditiva. 

En segundo lugar, porque es necesario fomentar la producción local, no solamente por esta pandemia sino por las futuras. Esta pandemia nos ha enseñado que no estamos exentos de situaciones de emergencia futuras. Y, si no estamos bien pertrechados, no solamente en términos de planificación, de financiación, de inversión en ciencia, sino también en términos productivos en todas partes del mundo, no seremos capaces de reaccionar.

Uno de los grandes problemas que ha tenido esta emergencia es que hemos afrontado el acceso a los medicamentos como en el contexto pre-pandémico. Y el modelo farmacéutico venía arrastrando una enorme cantidad de fallas: falta de transparencia, la propiedad intelectual genera monopolios, los precios de los fármacos, y sobre todo los fármacos innovadores, son abusivos, y los medicamentos que curan no se pueden reproducir. Entonces, hemos trasladado ese modelo, tal y como estaba, a la situación actual. Todo eso se multiplica exponencialmente. 

Es necesario fomentar la producción local, no solamente por esta pandemia sino por las futuras", propone la experta.

Algunos laboratorios productores de vacunas, como Pfizer, están impulsando el debate sobre la tercera dosis e incluso, han solicitado a agencias reguladoras la aprobación de este régimen. ¿Qué papel cumplen estos actores, en este escenario de distribución de las vacunas?

Las compañías farmacéuticas, los Estados, los centros de investigación, la industria, los investigadores, los pacientes, las agencias reguladoras, todos forman parte del ejercicio del propio modelo farmacéutico. Cada uno tiene un papel tradicional y cada uno en defensa de sus propios intereses. [...] Pero en el momento en el que estamos, en mitad de una pandemia, ¿en qué punto va a primar el interés general? Esa es la pregunta que nos tenemos que hacer siempre, y ahora más que nunca, porque está en el centro del debate: ¿protegemos los intereses de toda la población o trabajamos para proteger los intereses comerciales?

¿En qué han quedado las iniciativas que buscaban poner dosis a disposición de las poblaciones más vulnerables?

De momento lo que estamos viendo es que hay un retraso enorme. Un ejemplo de ello es lo que tenemos con Covax. [Esta iniciativa] tenía un compromiso de distribución, de vacunar a un 20 % de la población en 2021. De momento, hay continentes como África donde apenas el 1 % de su población está vacunada.

Hay iniciativas encima de la mesa, como el hub que se quiere poner en marcha en Sudáfrica, para la producción de vacunas de ARN mensajero [Consorcio entre empresas y una red de universidades para establecer un centro de transferencia de esta tecnología]. Pero estamos pensando en que estas iniciativas tendrán su pleno rendimiento en 2022. Y todavía estamos en 2021, con una variante que está teniendo un impacto enorme. Si a los datos nos remitimos, los objetivos que marcaron las instituciones internacionales no se han cumplido al día de hoy.

 

Vacunación - Minsa
AVANCE. A la fecha, Perú ha logrado vacunar completamente al 23% de su población, con dosis de Pfizer, Sinopharm y Astrazeneca.
Foto: Andina.

 

¿Cómo evalúa a Covax y a otras iniciativas de la OMS, como el C-TAP (Acceso mancomunado a la tecnología contra la Covid-19)?

De momento, Covax falla. Que hayan podido conseguir el compromiso de 2 mil millones de vacunas está muy bien, pero esas vacunas tienen que llegar [pronto], y es ahí dónde estamos fallando. Hay problemas desde el principio, como la infrafinanciación del programa. 

En segundo lugar, ha sido una iniciativa que está completamente a merced de la industria farmacéutica y de los países ricos. Y, si los países ricos optamos por acaparar y comprar [de manera individual], lo que le llega a Covax es muy poco. Por otro lado, tiene mucho que ver la capacidad de negociación. En este caso, quién más tiene, mejor puede negociar y es más interesante para las compañías. 

A esto se suma el retraso enorme que se tiene en la distribución de las vacunas. Todo eso pone a Covax, ahora mismo, en una situación enormemente complicada, donde vemos que no se están cumpliendo los objetivos. Y hay muchos países que dependen enteramente de Covax. Entonces, es muy urgente que se ponga remedio a esto. También es necesario reforzar el papel de la OMS, como garante de un derecho fundamental y como institución internacional.

El modelo farmacéutico venía arrastrando fallas, y lo hemos traslado a la situación actual", criticó Bernal.

Desde países de Latinoamérica, como Perú, vemos con desconcierto cómo países con altos ingresos llegan a desechar vacunas por falta de uso. ¿Cómo percibe esta situación?

Ese es uno de los grandes retos. En muchos países se está viviendo la negativa por parte de la población a la vacunación. Desde Salud por Derecho trasladamos la necesidad de acceder a la vacuna y proteger la salud global, pero sin lugar a dudas es un asunto que preocupa. Se deben elaborar mecanismos para encontrar más y mejores mensajes para proteger a la población.

Mientras en algunos países las desechan, en otros se hacen largas colas para acceder. ¿Qué opina de las políticas de donación de vacunas?

Desechar vacunas forma parte de esa inequidad. No haber sido capaces, desde el principio, de establecer mecanismos rápidos de respuesta para poder aprovechar todas esas dosis. Y, así, poder hacer donaciones que permitieran a los países receptores tener el tiempo suficiente para establecer mecanismos de distribución y logística, para administrar e inocular la vacuna. 

Es un elemento, sin dudas, fundamental para revisar. Porque de nada sirve que se tome la decisión de hacer una donación de 7 millones de vacunas, si estas van a llegar, a lo mejor, con un tiempo de 20 días para poder administrarlas. Es necesario revisar cómo trabajamos las políticas de donaciones, para que verdaderamente sean efectivas.

Tenemos que hacer que el conocimiento llegue a todo el mundo", dijo la experta.

Pero sabemos que son un parche. Con políticas de donaciones no vamos a afrontar el gran problema [de inequidad] que hay. Por eso insistimos en transferir el conocimiento. Ese conocimiento tiene que ser abierto, accesible. Todas esas vacunas se han hecho con una enorme cantidad de dinero público, nos hemos comprometido a que las vacunas sean un bien público global. La inmunización es un bien público, y así lo ha recogido la OMS en sus documentos: hagámoslo efectivo. Porque, al final, las donaciones pueden solucionar una situación de emergencia, pero no van a solventar el problema. Lo que tenemos que hacer es que ese conocimiento, que en gran parte ha sido financiado con dinero público, llegue a todo el mundo.

Estas pandemias continuarán ocurriendo. ¿Hacia dónde deben ir los países? ¿Cómo hacer frente a posibles nuevas situaciones de inequidad?

Una de las grandes lecciones aprendidas es que hay que tener una mirada profunda hacia la salud global. Durante muchísimo tiempo hemos estado viendo cómo la salud global ha sido infrafinanciada e infraatendida, porque no tenía un impacto inmediato y requería tiempo de desarrollo, sobre todo lo que tiene que ver con ciencia e innovación.

Es necesario una apuesta seria por la salud global. Y eso pasa por financiar adecuadamente la ciencia y la investigación, fortalecer a los Estados, no solamente desde los sistemas universales sanitarios, sino desde el punto de vista de la propia producción. Resulta fundamental que impulsemos mecanismos y planes para ampliar la producción local en todos los países y en todas las regiones, de manera que no se generen dependencias e inequidades en el acceso a las mismas. El sistema, tal y como está [actualmente], no funciona bien. Dejamos a mucha gente atrás, y estamos hablando de pérdidas de miles de vidas.

Espero que en los próximos meses, en el seno de la OMC, discutiendo la propuesta de India y Sudáfrica, seamos conscientes del punto en el que estamos y avancemos en este debate. Desde luego, si no lo hacemos ahora, en mitad de una pandemia, ¿cuándo lo vamos a hacer?.
 

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