La pandemia golpeó a todos, pero no con la misma intensidad. Los sectores más pobres y los grupos más vulnerables fueron una vez más los más afectados. Todos los reportes económicos alertan que las brechas de las diferentes formas de desigualdad se han ampliado, entre ellas la de género y de acceso a servicios básicos. Uno de los ejemplos más dramáticos es el acceso al agua. Una de las principales recomendaciones para reducir el riesgo de contagio en todo el mundo es el lavado de manos, ¿pero cómo impulsar una estrategia eficaz si más de 3 mil millones de personas en todo el mundo no tienen acceso al recurso? Solo en Lima, la capital de Perú, por ejemplo, más de 700 mil personas aún no pueden acceder a agua potable de manera permanente. La crisis y la desesperación han aterrizado de golpe este concepto que en el país parecía ocultó detrás del “milagro económico”. No solo tener agua limpia las 24 horas del día fue un privilegio, cumplir la orden de confinamiento también lo fue. Las ayudas económicas del gobierno no fueron suficientes para tantos meses en las familias más pobres. Con el incremento del desempleo cada vez más personas comenzaron a salir a las calles a trabajar. “Si no salgo, no como”, respondían los vendedores ambulantes, cuya presencia continúa incrementándose estos meses.
1. Para la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), en la desigualdad las personas no tienen: igualdad de medios (ingresos, activos productivos y financieros y propiedad); ni igualdad de capacidades, autonomías y reconocimiento recíproco; ni, fundamentalmente, igualdad de derechos. La desigualdad es una condición estructural e histórica de América Latina y el Caribe “y se ha mantenido y reproducido incluso en períodos de crecimiento y prosperidad económica”
2. El crecimiento, en las dos últimas décadas, de la macroeconomía de Perú no significó necesariamente el aumento de ingresos, la igualdad de oportunidades o el mismo acceso a los derechos básicos (salud, educación, vivienda) para todas y todos los peruanos. Mientras algunos tenían más, otros seguían poseyendo lo mismo o menos.
3. La desigualdad tiene algunos factores determinantes como: clase social o estrato socioeconómico, edad, género, condición étnico-racial, territorio de procedencia. Por eso la desigualdad se puede expresar en distintos ámbitos y, muchas veces, escapa a la voluntad de la persona.
4. El 2020, según la Cepal, la pobreza en América Latina aumentaría al menos 4,4 puntos porcentuales (28,7 millones de personas adicionales) con respecto al año previo, por lo que alcanzaría a un total de 214,7 millones de personas (el 34,7% de la población de la región). Entre estas personas, la pobreza extrema aumentaría 2,6 puntos porcentuales (15,9 millones de personas adicionales) y llegaría a afectar a un total de 83,4 millones de personas. Este aumento de la pobreza y la pobreza extrema compromete gravemente la posibilidad de poner fin a la pobreza en todas sus formas y en todo el mundo en 2030.
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