VOTO FRAGMENTADO. Un total de 35 candidaturas presidenciales compiten por el voto en un escenario altamente disperso.
Sostener que las elecciones generales de 2026 en Perú se desarrollarán en un contexto excepcionalmente complejo es una obviedad. Tras una década marcada por la inestabilidad política, con presidentes que no culminan sus mandatos, conflictos entre el Ejecutivo y el Legislativo, y una erosión sostenida de la confianza de la ciudadanía en la política, este proceso electoral posee un carácter decisivo.
A esto se suma un nivel inédito de fragmentación: 35 candidaturas presidenciales compiten por el voto, configurando un escenario altamente disperso para el electorado. Para el votante, esto no solo implica elegir entre múltiples opciones, sino hacerlo en medio de la incertidumbre institucional y la debilidad de los partidos políticos.
En este contexto, no basta con leer qué proponen los partidos; es igual de importante entender cómo lo dicen. Porque, en una elección marcada por la fragmentación y la desconfianza, la forma del mensaje puede ser tan decisiva como su contenido.
Con esa premisa, se ha realizado un análisis de texto de los planes de gobierno de los cinco partidos que encabezaban la encuesta de Datum, cuya medición se realizó entre el 6 y el 10 de marzo: Renovación Popular (Rafael López Aliaga), Fuerza Popular (Keiko Fujimori), Ahora Nación (Alfonso López Chau), Integridad Democrática (Wolfgang Grozo) y País para Todos (Carlos Álvarez).
En una elección marcada por la fragmentación y la desconfianza, la forma del mensaje puede ser tan decisiva como su contenido.
El análisis no solo identifica los temas más recurrentes, sino también el tono, las emociones que se movilizan y la manera en que se construyen las prioridades. Esto permite comparar propuestas sin depender únicamente de la interpretación subjetiva o de afinidades políticas.
Análisis textual de los planes
Este análisis textual de los planes de gobierno revela, en primer lugar, una notable homogeneidad temática. Términos como sistema, desarrollo, servicios e infraestructura aparecen de manera recurrente en casi todas las propuestas, lo que sugiere un consenso discursivo en torno a la necesidad de reformas estructurales y la expansión de capacidades estatales.
Esta coincidencia no debe interpretarse como convergencia programática: más bien, apunta a un uso estratégico de un vocabulario tecnocrático que busca proyectar solvencia sin necesariamente detallar mecanismos concretos de implementación.
Aun dentro de este marco compartido, emergen matices relevantes entre partidos. Fuerza Popular enfatiza el eje de infraestructura y acceso, mientras que País para Todos introduce con mayor fuerza conceptos asociados al empleo, la inversión y la formalización. Por su parte, Ahora Nación presenta un discurso más orientado a metas y planificación estratégica, reflejado en términos como objetivo, meta y estratégico.
En contraste, Integridad Democrática destaca por una mayor presencia de palabras vinculadas a la gestión pública, el control y el sistema, lo que sugiere un posicionamiento más institucionalista. Renovación Popular introduce con mayor claridad un lenguaje centrado en problemas, objetivos e indicadores, lo que sugiere una narrativa más orientada a identificar fallas y proponer correcciones específicas. Estas diferencias, aunque sutiles, delinean distintas concepciones sobre el rol del Estado y sus prioridades.

MEDICIÓN. Ahora Nación es el partido que encabeza la distribución con un mayor contenido positivo que negativo.
Captura: Cristhian Jaramillo
El componente emocional de los discursos, medido a través del Léxico de Emociones NRC (1) refuerza esta lectura. En todos los casos predomina un tono positivo, con altos niveles de confianza y anticipación, lo que es consistente con la naturaleza aspiracional de los planes de gobierno.
Sin embargo, también se observa una presencia no menor de emociones negativas como el miedo y la tristeza, que cumplen una función retórica clara: diagnosticar crisis para justificar la necesidad de cambio y el voto por una determinada opción política. Este equilibrio entre optimismo programático y diagnóstico crítico es un rasgo común en los discursos políticos.
No obstante, la intensidad de estas emociones varía entre partidos. Renovación Popular presenta una mayor proporción de contenido negativo en comparación con los otros partidos, lo que sugiere una estrategia discursiva más centrada en el problema y en la crítica del estado actual.
En el otro extremo, Ahora Nación e Integridad Democrática exhiben los mayores niveles de positividad relativa, lo que podría interpretarse como un intento de construir una narrativa más propositiva y menos reactiva. Esta diferencia no es menor: el tono emocional condiciona la forma en que los votantes procesan la información y cómo estos, el día de la elección, deciden su voto.

NEGATIVO. Estas son las palabras asociadas a contenido negativo que predominan en los planes de gobierno de los cinco partidos analizados.
Captura: Cristhian Jaramillo
Una evaluación del balance de tono, que se define como la diferencia entre contenido positivo y negativo, permite sintetizar estas dinámicas con mayor precisión. Ahora Nación es el partido que encabeza la distribución con un mayor contenido positivo que negativo, seguido por Integridad Democrática y Fuerza Popular. En el otro extremo, Renovación Popular presenta el menor balance positivo, reflejando una mayor carga negativa en su discurso.
Este patrón no es menor: sugiere que, más allá de las propuestas concretas, existe una disputa por el encuadre emocional en el debate público. Mientras algunos partidos centran su discurso en la esperanza y una proyección hacia el futuro, otros estructuran su narrativa desde la crisis como punto de partida.
El desafío ciudadano
Estos hallazgos no pueden entenderse al margen del momento político que atraviesa el Perú. La insistencia en palabras como sistema, control o gestión no es un accidente del lenguaje, sino el reflejo de una preocupación extendida: la sensación de que el Estado ha perdido capacidad para ordenar, coordinar y responder.
En un país donde la gobernabilidad se ha vuelto frágil y episódica, los planes de gobierno no solo buscan proponer políticas, sino también reconstruir (al menos en el papel) una idea de orden que en la práctica ha sido esquiva. Hay, en ese sentido, un intento evidente de transmitir control en medio de este desorden político que el Perú ha vivido en la última década.

POSITIVO. Nube de palabras asociadas a contenido positivo que figura en los planes de gobierno de cinco candidatos a la presidencia.
Captura: Cristhian Jaramillo
Pero esa intención choca con una realidad incómoda: la fragmentación extrema del sistema político. Con 35 candidaturas presidenciales en carrera, la elección de 2026 no solo será competitiva, sino profundamente dispersa.
Para el votante, esto implica enfrentarse a una oferta saturada, donde las diferencias sustantivas no siempre son claras y donde distinguir entre propuestas viables y promesas retóricas se vuelve cada vez más difícil. En ese vacío, el discurso, el tono, las palabras elegidas y la forma de presentar los problemas pesan más de lo que deberían.
El problema es que, en ausencia de partidos sólidos y de identidades programáticas consistentes, la política corre el riesgo de reducirse a una competencia de narrativas. No gana necesariamente quien tiene la mejor propuesta, sino quien logra contar mejor la historia, quien transmite más esperanza, quien diagnostica con mayor contundencia la crisis, quien conecta emocionalmente con un electorado cansado. Y aunque esto no es nuevo, en un contexto como el peruano actual, sus efectos pueden ser inflamatorios.
En ausencia de partidos sólidos y de identidades programáticas consistentes, la política corre el riesgo de reducirse a una competencia de narrativas.
Por eso, el desafío de esta elección no es solo político, sino también ciudadano. No se trata únicamente de elegir entre candidatos, sino de hacer el esfuerzo de ir más allá del discurso y evaluar la consistencia real de las propuestas.
En un escenario donde el lenguaje se ha convertido en una herramienta central de competencia, distinguir entre forma y fondo será clave. Porque, al final, lo que está en juego no es solo quién gana la elección, sino si el país logra salir (o no) del ciclo de inestabilidad que ha marcado su última década.
Referencias
(1) El léxico NRC (NRC Emotion Lexicon) es un recurso de análisis de texto desarrollado por el National Research Council Canada para identificar emociones y polaridad (positiva o negativa) en las palabras.
Editado por Norka Peralta Liñán