Los incendios forestales asfixian a las regiones de la Amazonía del Perú

El 2020 estos desastres en la Amazonía se incrementaron en un 258% (521 incendios) en comparación al año anterior, cuando se reportaron 215. Y hasta el 31 de agosto de este año se han registrado ya 257 de estos eventos. Las regiones amazónicas con bosques más afectados son Ucayali, Cusco, Puno, Huánuco y Junín. "Yo veo a cada árbol como un doctor, por eso estos incendios son un genocidio, porque se mató a muchos ‘médicos’ en ese incendio”, dice preocupado un técnico forestal shipibo-conibo.

HUELLAS. Rastros de lo que dejó un incendio forestal cerca de la comunidad de San Francisco, en el distrito de Yarinacocha, Ucayali.

HUELLAS. Rastros de lo que dejó un incendio forestal cerca de la comunidad de San Francisco, en el distrito de Yarinacocha, Ucayali.

Fotos: OjoPúblico / David Díaz

Por: Magali Estrada, José Víctor Salcedo, Yoselin Alfaro y David Díaz

 

Con la ilusión de recuperar sus bosques, los hombres y mujeres de la comunidad de Santa Clara, del distrito de Yarinacocha, en Ucayali, sembraron el 2015 más de 5.000 plantas de 23 especies en un terreno de 10 hectáreas. Tenían árboles maderables, frutales, medicinales y otros que se usan en la elaboración de artesanías. El esfuerzo, dedicación y esperanza que le pusieron a ese proyecto se convirtió en cenizas en julio del 2020: en cinco horas todo ardió en llamas, a causa de un incendio forestal.

Lo más seguro, dicen las autoridades, es que el fuego llegó hasta estas plantas producto de una quema que se salió de control. Pero hasta ahora no se ha descubierto quién lo originó, señala el técnico forestal shipibo-conibo Marcos Urquía Maynas, miembro de la comunidad. “Cada planta es como un médico, porque, por ejemplo, la capirona cura todas las heridas. Entonces, yo veo a cada árbol como un doctor, por eso estos incendios son un genocidio, porque se mató a muchos ‘médicos’ en ese incendio”, explica.

A unos 500 metros de distancia, en el mismo distrito, se ubica la comunidad de Nuevo Egipto, donde viven 38 familias, con un total 250 personas, entre niños y adultos. Ellos cuentan con un albergue que tiene plantas medicinales, sembríos de ayahuasca, chuchuasha, piñón morado, piñón blanco, mucura, sacha ajo, patiquina y toé, que varias veces ha sido afectado por el fuego, cuenta Iván Campos Rodriguez, delegado del lugar.

Según el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor), hasta el 15 de octubre de 2021, en todo el Perú se registraron 1.081 incendios forestales. Las regiones con bosques amazónicos más afectados fueron Ucayali, Cusco, Puno, Huánuco y Junín.

El 2020 los incendios forestales en la Amazonía peruana se incrementaron en un 258% en comparación al 2019.

En setiembre del 2016, un incendio forestal destruyó cerca de 20.000 hectáreas de bosques en la Central Asháninka del Río Ene (CARE) y afectó a varias comunidades indígenas, incluso a la Reserva Comunal. A la fecha no se ha registrado otro de similar magnitud, pero la tragedia podría repetirse, pues en los últimos años las condiciones para que el fuego se expanda –es decir, la existencia de material combustible, viento e incremento de la temperatura– se han acentuado, por lo que cada vez hay más reportes de incendios.

El 2020 los incendios forestales en la Amazonía peruana se incrementaron en un 258% en comparación con los registrados en el 2019, de acuerdo a información entregada por Serfor a OjoPúblico. El 2019 se contabilizaron 215 incendios y en el 2020 se registraron 521. Este año, solo hasta el 31 de agosto, ya van 257.

El director del Centro de Operaciones de Emergencia Regional (COER) de Ucayali, Miguel Cardozo Lara, resalta que el incremento de la temperatura está sirviendo para que sigan ocurriendo incendios. Detalla que, por ejemplo, en esa región desde el 13 de octubre se han registrado temperaturas que van desde los 33° grados hasta los 36°, con una sensación térmica de 38°.

 

Pero la crisis climática no es el único factor que agrava los incendios forestales. La tala y la reducción de los esfuerzos del Estado por controlar esta actividad han sido, en realidad, los factores necesarios para el incremento de los incendios forestales en los últimos tres años, sostiene Isabel Felandro Llanos, directora de Cool Earth, una organización no gubernamental de Reino Unido que viene trabajando hace 13 años en la Amazonía del Perú para ayudar a las poblaciones asháninkas en la lucha contra el fuego y otras amenazas. 

El fuego en la Amazonía ocurre –explica la investigadora– casi igual que en el resto del territorio nacional, con personas que realizan quemas de pastizales secos, como forma de limpiar sus terrenos para realizar nuevas siembras, y a quienes el fuego generado se les sale de control por el intenso calor, el viento y los residuos altamente inflamables.

El líder de la CARE, Ángel Pedro Valerio, explica a OjoPúblico que en el caso de la Central Asháninka del Río Ene los incendios tienen su origen en la quema de los restos de las plantas secas para habilitar las chacras para el cultivo de yuca y plátanos, que son fuente de subsistencia de los indígenas. Precisamente, este tipo de acciones produjo el 23 de octubre un incendio en las comunidades de Saniveni y Potsoteni, en el distrito de Pangoa, provincia de Satipo. El fuego fue de regular intensidad, pero gracias al personal de Defensa Civil y a una ligera llovizna las llamas fueron aplacadas.

Por su parte, el líder de la Asociación Regional de Pueblos Indígenas de la Selva Central (ARPI-SC), Héctor Martín Manchi, refiere que los incendios también están asociados a la expansión de los sembríos ilegales de la hoja de coca y la invasión de terrenos por parte de colonos, tanto en los límites de Cusco y Junín como en Pasco y Huánuco.

incendio OjoPublico Pucallpa 

ALERTA. Las condiciones para que el fuego se expanda rápidamente, como aumento de material combustible, altas temperaturas y vientos, se han acentuado.

Incendios - Noviembre - David Díaz

PELIGRO. El humo se eleva detrás de una casa y los árboles camino a la comunidad indígena shipibo-konibo San Francisco, en Ucayali.
Fotos: OjoPúblico / David Díaz

 

Los incendios en la Amazonía generan una importante pérdida de ecosistemas y biodiversidad, lo que pone en riesgo la seguridad alimentaria de los pueblos indígenas y provoca una alteración de la flora y fauna, porque las especies sobrevivientes salen a nuevos territorios convirtiéndose en especies invasoras, señala Isabel Felandro. Además, otras especies tomarán el territorio afectado y originarán una alteración en el ecosistema.

Otra de las consecuencias de los incendios forestales en la Amazonía es un mayor incremento de aislamiento de la fauna silvestre. “Al encontrarse con los incendios, la fauna huye de la zona donde era su hábitat”, explica la ingeniera forestal Romina Liza Contreras, analista de Monitoreo de los Recursos Forestales del Serfor.

Frente a esa realidad, el líder de ARPI-SC, Martín Manchi, lamenta que el Estado tenga una reacción tardía ante el pedido de ayuda de los pueblos indígenas para hacer frente a los incendios forestales. “Para nosotros defender la Amazonía es una prioridad, el Gobierno debe trabajar en la protección, preservación y conservación de los bosques. Por eso solicitamos leyes que nos permitan defender nuestras tierras y asegurar nuestro territorio”, señaló.

 

Sin logística ni personal especializado

 

En el Perú no existe la figura de quema controlada, entonces aquellos que la realizan y originan incendios forestales, según el Código Penal, deben ser sancionados con una pena privativa de la libertad no menor de cuatro ni mayor de seis años.

“Siempre que hay incendios buscan culpables, quién lo ha hecho para sancionarlos, pero nosotros hemos intentado explicarle al Gobierno que no nos puede sancionar si no nos enseña, capacita o entrega herramientas para poder luchar contra los incendios en nuestras comunidades”, sostiene el apu Ángel Pedro Valerio. El líder sostiene que es necesario contar con un plan contra incendios con pertinencia cultural en la cuenca del Ene y en toda la Amazonía.

El director del COER Ucayali, Miguel Cardoso, asegura que hay un sistema de riesgo de desastres articulado en el que participan las autoridades regionales, donde se toman acciones frente a las emergencias por incendios, de acuerdo a su magnitud; sin embargo, reconoció que no cuentan con un sistema tecnológico adecuado que permita reportar los incendios forestales de los lugares más alejados. La falta de logística y personal especializado para el combate del fuego es otra falencia, indicó.

En efecto, los incendios amazónicos han sido poco estudiados y son escasos los profesionales especializados en el rubro, indica Isabel Felandro Llanos. Esta carencia de información y conocimientos hace difícil monitorear el territorio e identificar alertas tempranas de incendios. A esto se suma el poco presupuesto destinado para prevenir y atender incendios, así como el no contar con un marco legal adecuado para atender estos casos.

Cool Earth trabaja con la Central Asháninka del Río Ene en la elaboración de un plan de prevención y manejo de incendios forestales, que estiman presentarán a finales de noviembre. El documento busca reunir los conocimientos indígenas en torno al origen de los incendios en una primera etapa, continuar con la socialización del plan, mediante un congreso asháninka, y legitimar el proyecto. Luego, lo presentarán ante las autoridades municipales, regionales y nacionales para que evalúen su implementación y réplica en otras comunidades indígenas de la Amazonía. 
 

Daños en áreas protegidas

 

Las Áreas Naturales Protegidas (ANP) también son afectadas por los incendios forestales. Estos ecosistemas son zonas que reciben protección especial porque albergan riquezas naturales (flora y fauna), culturales, patrimoniales y sociales. La gestión del área protegida está a cargo del Estado y de actores privados.

En el Perú, según el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Sernanp), hay 75 ANP de administración nacional, que conforman el Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sinanpe), 25 de conservación regional y 142 de conservación privada. En conjunto abarcan 23’050.787,24 hectáreas.

Cada año ocurren más incendios forestales que destruyen los ecosistemas de las áreas protegidas en el país. Según cifras del Serfor, entre 2018 y 2020, la cantidad de incendios en las ANP se quintuplicó: pasó de 33 a 151 incendios, que dejaron 36.894,98 hectáreas afectadas, entre reservas paisajísticas, parques nacionales, bosques de protección y reservas nacionales. Es como si todo el Santuario Histórico de Machupicchu, que tiene una extensión de 37.302,58 hectáreas, se hubiera incendiado. 

En tanto, solo hasta agosto de este año ya se habían registrado 75 episodios, principalmente en los sitios protegidos El Sira (17), Piu Piu (15) y Pacaya Samiria (10). El año más trágico para las ANP, al igual que para la Amazonía, ha sido el 2020, cuando se registraron 151 incendios, con un daño a más de 21.000 hectáreas.

Incendios - Noviembre - David Díaz

CENIZAS.La quema de pastizales derivó en un incendio cerca de la comunidad shipibo-konibo Santa Clara de Uchunya, en el distrito de Nueva Requena, Ucayali.
Fotos: OjoPúblico / David Díaz

 

Según el especialista del Sernanp, Wilder Canales Campos, el 99 % de incendios forestales en estas áreas son de origen antrópico (provocado por la acción humana) y podrían clasificarse en intencionados, cuando se hacen quemas agrícolas, eliminación de rastrojos y plagas, habilitación de terreno, apicultura, entre otros; negligencias o accidentes por turismo, fogatas mal apagadas, colillas de cigarros, e incendios reactivados. 

Este año, durante 43 días. el fuego redujo a cenizas 136 hectáreas de bosque de montaña y vegetación del Área de Conservación Regional Choquequirao (ACR Choquequirao), ubicado entre las provincias de Anta y La Convención, en la región Cusco. El incendio forestal empezó el 13 de agosto en una zona inaccesible, lo que impidió el trabajo de las brigadas de bomberos. Al final, fue una lluvia la que apagó las llamas a unos seis kilómetros del núcleo urbano del Parque Arqueológico de Choquequirao. 

En julio, otro incendio forestal que duró dos días destruyó 18 hectáreas de cobertura natural en el cerro Piscacucho del distrito de Machupicchu (Urubamba), que forma parte de la zona de amortiguamiento del Santuario Histórico de Machupicchu (SHM).

José Luis Epiquien Rivera, especialista del Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred), afirma que para evitar incendios en zonas protegidas es necesario que se elaboren estudios de escenarios posibles de incendios forestales y planes de prevención y reducción de riesgos y desastres frente a estos eventos para cada ANP.

Solo el Santuario Histórico de Machupicchu cuenta con ambos documentos que permiten saber en qué espacios hay riesgo alto y muy alto de incendios forestales. Según la estimación del escenario de riesgo por incendios forestales, elaborado por Cenepred y Sernanp en 2019, el 29.4 % del territorio del SHM presenta riesgo alto y muy alto a la ocurrencia de siniestros. En cifras concretas, hay 2.632 hectáreas susceptibles en un nivel muy alto de incendio y 8.319 hectáreas en nivel alto.

 

Bajo amenaza están 4,6 kilómetros de rutas y caminos incas, y 27 sitios arqueológicos ubicados en su mayoría en los accesos amazónico y andino al santuario, así como en las localidades de Huayllabamba, Qoriwayrachina y la cuenca de San Antonio de Torontoy. Asimismo, hay bienes naturales expuestos como 260,6 hectáreas de pajonal húmedo de puna, 94,6 hectáreas de predios rurales y 30 torres de alta tensión. También se identificaron 9 poblados con 74 viviendas y 222 habitantes expuestos a riesgo alto.

El plan maestro de SHM detalla que en su territorio hay 42 sitios arqueológicos, conformado por andenes, tumbas, huacas, apus; 300 kilómetros de caminos incas; y, además, este ecosistema es el hábitat de especies de flora y fauna: 77 especies de mamíferos, 443 de aves, 16 de anfibios, 26 de reptiles, 377 de mariposas, 423 de orquídeas y 370 de árboles, entre ellas la queuña, la quina, el pisonay y la tara.

El director del Instituto Nacional de Defensa Civil en Cusco, Gustavo Infantas Gibaja, dice que el principal factor desencadenante de los incendios forestales es la práctica tradicional de usar el fuego para ampliar la extensión de los terrenos de cultivo. A esta costumbre se le conoce como “roza” y consiste en quemar arbustos, pastos, malezas y rastrojos de los terrenos. “Muchas veces el fuego se sale de control y se desatan enormes incendios como vemos casi todos los años”, señaló.

Al respecto, el experto Epiquien Rivera agrega que siempre hubo una cultura del fuego desde tiempos ancestrales. “El fuego se utiliza para cambios de uso de suelo, para liberar campos de cultivo, pero de forma controlada. Sin embargo, no todos tienen esa cultura responsable para realizar ese tipo de actividades y por eso se descontrola”, indicó.

El escenario de riesgo por incendios forestales, sostiene Epiquien Rivera, sirve para elaborar los planes de prevención y reducción del riesgo de desastres frente a este tipo de eventos. “Es importante porque allí se identifican los lugares expuestos y se puede trabajar con las poblaciones para evitar esas prácticas en los lugares más propensos a grandes incendios”, indica.

 

Incendios - Noviembre - David Díaz

AMENAZA. El humo de un incendio  la calle principal de la comunidad Nuevo Egipto, en el distrito de Yarinacocha, Ucayali.
Fotos: OjoPúblico / David Díaz

 

Cenepred y Sernanp elaborarán los escenarios de riesgo frente a los incendios forestales para otros cuatro ecosistemas protegidos. Wilder Canales Campos, especialista del Sernanp, informó que se harán estos estudios para el Parque Nacional Huascarán, la Reserva Paisajística Sub Cuenca del Cotahuasi, la Reserva Paisajística Nor Yauyos Cochas y el Santuario Nacional Ampay. “Lamentablemente, estas ANP, durante los últimos tres años, han tenido una alta incidencia de incendios forestales, debido a la presencia de poblaciones al interior de dichos espacios”, refiere. 

Epiquien Rivera precisa que los estudios estarán concluidos en dos meses, siempre que los responsables de las ANP cuenten con información de registros históricos de incendios de los últimos 10 o 20 años, hayan identificado las coordenadas de cada área donde ocurrió la mayoría de incendios y sus características geográficas.

 

La idea es planificar acciones de control y reducción de prácticas ancestrales, pero también saber qué zonas son propensas a incendios, lo que implica identificar los factores condicionantes como el tipo de cobertura vegetal existente, ya que es el combustible principal, el clima, la topografía y el comportamiento de los vientos. 

“Hay zonas en las áreas naturales protegidas donde lo que más se quema son los pajonales de puna y matorrales andinos; en la temporada marcada de sequías el fuego se expande más rápido, y los vientos propagan el incendio de manera rápida”, anota Epiquien Rivera. En concreto, conocer cada una de estas características permitirá un mejor trabajo de prevención.

Según Sernanp, los incendios forestales en ANP dañan los ecosistemas, matan especies de flora y fauna, alteran y deterioran el patrimonio natural y paisajístico, reducen la capacidad de la captación de agua y contribuyen al derretimiento de los glaciares. Asimismo, los principales ecosistemas afectados son el pajonal de puna húmeda, matorral andino, jalca, pajonal de puna seca y bosque montano de yunga.

Para Infantas Gibaja, director de Indeci Cusco, el daño más grave es al medio ambiente y la contaminación del aire, que ocasiona enfermedades respiratorias y gastrointestinales. En la zona andina destruye plantas nativas, mientras que en el territorio amazónico, como es el caso del Área de Conservación Regional Choquequirao, obliga a especies como los osos de anteojos a huir del lugar.

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