LUCHAS. “Realmente son pocas las oportunidades que tenemos las mujeres trans de tener un trabajo digno”, dice Angy.

La lucha de las mujeres trans en México para dejar de ser invisibles

La lucha de las mujeres trans en México para dejar de ser invisibles

LUCHAS. “Realmente son pocas las oportunidades que tenemos las mujeres trans de tener un trabajo digno”, dice Angy.

Foto: Juan José L. Plascencia / OjoPúblico

La crisis económica por la pandemia ha precarizado aún más la vida de las mujeres trans en México. La falta de oportunidades laborales o trabajos sin prestaciones, la atención médica de mala calidad y las dificultades para contar con documentos oficiales que avalen su identidad de género se han agudizado. Un estudio indica que el 70 % de las mujeres trans tuvieron pérdidas económicas en el primer año de confinamiento. El 40 % de ellas dice haber sido relegada en sus trabajos solo por su condición. Este reportaje forma parte de “Resistencia trans en pandemia”, una serie periodística coordinada por OjoPúblico en América.

29 Agosto, 2021

Con el anuncio del confinamiento en marzo del 2020, Angy, de 46 años, se quedó sin trabajo por partida doble. Ya no habían escuelas a las que vender el material didáctico que producía y se acabaron las fiestas de fin de semana en las que cantaba con distintos grupos musicales. Vive en Guanajuato, uno de los estados más conservadores de México en políticas de igualdad de género y uno de los primeros del país en declarar la cuarentena por la Covid-19 y cerrar actividades. 

Se perdieron cerca de 650 mil empleos formales en 2020, según la organización México, ¿cómo vamos?, pero Angy no entra en esas estadísticas porque, desde que inició su transición a los 38 años, pasó a ser independiente porque le negaban trabajos formales. Fue excluida de los grupos musicales en los que participaba, pese a que nunca se cuestionó su desempeño y era reconocida. “Realmente son pocas las oportunidades que tenemos las mujeres trans de tener un trabajo digno”, asevera Angy.

El diagnóstico nacional sobre la discriminación a las personas LGTBQ realizado en 2018 estimó que el 70 % de las mujeres trans no tenían seguridad social y que solo el 6 % ganaba más de mil dólares al mes, además de ser el grupo que frecuentemente sufre hostigamiento, acoso y discriminación en el trabajo. La pandemia vino a complicar su precaria situación laboral. 

Angy pudo sobrevivir el 2020 confeccionando cubrebocas en su casa, lo que le permitió mantener a su pequeña familia de cuatro personas, cuenta para este reportaje que forma parte de “Resistencia trans en pandemia”, una serie periodística coordinada por OjoPúblico en América. Pero no todas tuvieron esa opción. Un estudio sobre el impacto de Covid-19 en la comunidad reveló que el 70 % de las mujeres trans tuvo pérdidas de ingresos en el primer año de confinamiento.

Para Claudia, una estilista de 54 años, la situación también ha sido complicada, pues sus clientas dejaron de asistir al salón de belleza en el que trabaja. Para sobrevivir al confinamiento y cuidar a sus padres se puso a confeccionar zapatos y pidió dinero prestado. Su papá de 83 años está postrado en cama tras padecer varias embolias y una fractura de cadera que requiere atención médica constante, pero al no tener un empleo formal no tiene acceso al servicio médico que le daría protección a ella y a sus padres.

Angy practica guitarra en su descaso. Foto: OjoPúblico
SOBREVIVIR. Tras el cierre de actividades, Claudia dejó de tener presentaciones con su grupo musical y comenzó a fabricar cubrebocas para poder mantener a su familia.
Foto: Juan José L. Plascencia / OjoPúblico

 

Las posibilidades laborales se reducen para las mujeres trans, no solo por la falta de documentos oficiales acordes a su identidad, sino por la transfobia, lo que obliga un número importante de ellas a recurrir al trabajo sexual. “La tenemos bastante complicada porque en muchas ocasiones nos rechazan en nuestras propias casas y nos echan a la calle. Tenemos que sobrevivir solas y sin empleo. Si no hay otra oportunidad, tenemos que hacer lo que podamos”, dice Angy.

Kenya Cuevas, activista por los derechos de las personas LGTBQ y fundadora de la organización Casa de las Muñecas Tiresas, lamenta que se crea que las personas trans solo pueden dedicarse al trabajo sexual, el estilismo, el show travesti y las labores domésticas.
 
Claudia fue trabajadora sexual y cree que para muchas es la única alternativa. “A la prostitución acude uno porque hay empresas que te niegan el trabajo. Te miran, les dices tu nombre y te dicen que el puesto está ocupado”, cuenta. Ella comenzó a trabajar en una fábrica desde los 13 años para poder costear su transición, luego pasó al trabajo sexual ante la falta de oportunidades. Durante una época denunció públicamente el abuso policial que vivían las trabajadoras sexuales, no solo para detener las agresiones, sino también para crear conciencia en Guanajuato.

El 40 % de las mujeres trans de México dijo haber sido relegada por su condición.

La Covid-19 no da tregua y los casos siguen al alza, por lo que pocos clientes llegan a la estética de Claudia. Ella, desanimada, dice que va a seguir persistiendo mientras tenga algo de trabajo en el salón de belleza, pero confiesa que sí ha evaluado la posibilidad de regresar a la prostitución, aunque dejó esta actividad hace 17 años y sabe que la afluencia de clientes ha disminuido durante el confinamiento. Sus padres reciben, cada uno, 128 dólares cada dos meses por parte del gobierno de la República, una ayuda insuficiente ante las necesidades de los dos ancianos. Hay muchas más mujeres en la situación de Claudia, asevera Kenya Cuevas. “Que las mujeres que ya tenían cierto estatus social y estabilidad tengan que regresar al trabajo sexual, es un impacto impresionante porque no tenemos ni una adultez digna. No hay programas sociales de atención para ellas cuando sí hay un programa social para los adultos mayores”, refiere.

La discriminación que sufren contribuye a la precarización de su trabajo. El estudio “La situación de acceso a derechos de las personas trans en México” detalla que el 69 % de las personas trans empleadas no conocen las políticas de inclusión y no discriminación en los lugares de trabajo, lo cual, por supuesto, impacta en su crecimiento laboral. El 40 % de las mujeres trans dijo haber sido relegada por su condición. Otro factor que agudiza la falta de oportunidades laborales es que las mujeres trans son el grupo poblacional con menor nivel educativo completado, apenas el de secundaria, debido a la discriminación y violencia en espacios educativos.

 

El difícil camino del cambio de identidad


El aspecto que más dificulta la situación de la población trans en México es que solo 14 estados de 32 les permiten cambiar su identidad de género con un trámite sencillo y gratuito. En el resto, deben recurrir a un costoso proceso legal que puede superar los 8 mil dólares. El Instituto Nacional Electoral informó a OjoPúblico que ha realizado 13 mil 426 cambios de sexo y nombre por concordancia sexo-genérica de 2015 a junio de 2021. La credencial de elector es el documento oficial más utilizado en México para estos trámites.

SIN SALIDA. Claudia dejó el trabajo sexual hace 17 años y se convirtió en estilista. La pandemia alejó a las clientas del salón de belleza donde trabaja, por lo que reconsidera volver a su antiguo oficio.
Foto: Juan José L. Plascencia / OjoPúblico

 

Angy es una de las 3.866 personas que hicieron el cambio de acta de nacimiento en la Ciudad de México entre enero de 2013 y marzo de 2019. Tuvo que viajar a la capital del país en 2105, pues Guanajuato, de donde ella es originaria, es uno de los 18 estados en los que no hay una Ley de Identidad de Género que permita a las personas trans contar con documentos oficiales congruentes con su expresión de género.

“Venimos con documentación nueva a nuestro estado y resulta que somos indocumentadas porque en el registro civil todavía figuran los datos primigenios y los nuevos no aparecen aún. Entonces tenemos que hacer un resguardo de acta y hay que ir a un juicio de amparo, que también lleva bastante tiempo. Cuando llegué aquí me decían que era delito, porque tenía doble identidad”, cuenta Angy sobre la odisea que ha significado lograr que su expresión de género conste en su acta de nacimiento.

Después de un año de lucha, sus documentos llegaron al Congreso del Estado, pero le fue negado el cambio. Hace un mes inició el trámite nuevamente y espera tener mejor suerte, pues la Suprema Corte de Justicia de la Nación en 2017 dictaminó que no garantizar un proceso ágil viola los derechos y la dignidad de las personas trans.

Claudia hizo el cambio en diciembre pasado en Jalisco. En este estado, ubicado en el centro del país, más del 90 % de su población se asume como católica, siendo uno de los más conservadores de México. Ha sido gobernado por 30 años por el derechista Partido Acción Nacional que ha impedido avances en cualquier tema de interés para la comunidad LGTBQ. A pesar de ello, en el 2016, Rubí Araujo se convirtió, a los 29 años, en la primera mujer trans en asumir como concejala del municipio de Guanajuato, la capital del estado, al suplir a un concejal destituido por violencia en contra de su ex pareja. Cinco años después, ella ve pocos avances: el 80 % de las mujeres trans guanajuatenses se dedica al trabajo sexual y pocas concluyen la educación básica.

El cambio de identidad garantiza tu identidad ante otro ser humano, pero no garantiza que una sociedad machista cambie.

“Cuando llegué a regidora (concejala), nada más tenía la primaria. Luego terminé mi secundaria y tuve la oportunidad de seguir mis estudios en la preparatoria, donde la discriminación que enfrentaba bajó por el hecho de ser regidora”, dice Rubí, quien actualmente dirige una academia de belleza y continúa con su activismo.
 
En la Ciudad de México las cosas no son muy distintas. Aunque muchas mujeres trans viajan hasta allá en busca de nuevos documentos de identidad, lo cierto es que, incluso con el reconocimiento de su identidad, pocas conseguirán trabajo y casa. “El cambio de identidad te hace sentir bien, garantiza tu identidad ante otro ser humano, pero no garantiza que una sociedad que se ha construido durante siglos en un machismo estructural cambie. Es necesario un trabajo en conjunto en todos los ámbitos para sensibilizar porque en todo el país se criminaliza la identidad y la expresión de género”, señala Kenya Cuevas.  
 
El Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación realizó una encuesta durante el confinamiento entre las trabajadoras sexuales de la Ciudad de México y encontró que la mitad son mujeres trans, que trabajan más de 40 horas a la semana y tienen, en promedio, ingresos de entre 25 y 150 dólares. Además, durante la pandemia están aceptando clientes y pagos que en otras condiciones no aceptarían: aunque han eliminado los besos y otras prácticas para evitar contagios por la Covid-19, hay usuarios que se niegan a pagar si no hacen lo que ellos quieren, incluyendo el sexo sin condón.

Reconocimiento. Para tener documentos acorde a su identidad de género, Claudia viajó a Jalisco para hacer el trámite, pues en su estado, Guanajuato, sólo lo puede hacer tras un costoso proceso legal que no puede asumir. Foto: Juan José L. Plascencia

DERECHOS. Para tener documentos acorde a su identidad de género, Claudia viajó a Jalisco para hacer el trámite, pues en Guanajuato solo lo puede hacer tras un costoso proceso.
Foto: Juan José L. Plascencia / OjoPúblico

 

Atención médica deficiente


La atención médica de mala calidad es una constante para las mujeres trans, incluso antes de la crisis sanitaria provocada por la Covid-19. Una de las razones es la falta de prestaciones laborales mínimas para acceder a servicios médicos, pero los bajos ingresos de la mayoría impiden que puedan costear los servicios privados. Además, ellas evitan acudir al médico porque son  discriminadas, pues muchos galenos desconocen o ignoran sus requerimientos especiales, como atención de proctólogos, endocrinólogos, etc. El 32 % de las mujeres trans se atienden en consultorios de farmacia, que suelen ser más baratos, con un costo de alrededor de 2.50 dólares por consulta.
 
Una encuesta del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) realizada en 2013 indicó que las mujeres trans son el grupo que usa hormonas con mayor frecuencia en sus terapias. El 63 % las había consumido alguna vez, pero menos de la mitad de ellas acudió con un médico a que se las recetara.

Angy fue la primera mujer trans en León en hacer su cambio de identidad ante los servicios médicos y, según refiere, las autoridades no sabían qué hacer. Una vez hechos los trámites, las autoridades del hospital público donde se atendía le dijeron que no le podían proporcionar terapia hormonal porque no se incluye en los servicios que ofrecen. “Aparte de todos los estudios que tienes que realizarte y el costo de las hormonas, gastamos en cada visita al especialista entre 125 y 200 dólares. Imagínate si no tenemos un trabajo digno y estable, ¿Cómo podemos hacer para acceder a eso?”, se pregunta.
 
San Luis Potosí, Ciudad de México y Jalisco son las tres entidades en donde se otorga terapia de reemplazo hormonal en los servicios públicos. Solo en Ciudad de México y en Cuernavaca, en el estado de Morelos, existen clínicas que atienden parte del proceso de transición de las personas trans. Pero no es suficiente.

La mayoría de mujeres trans no tiene prestaciones laborales mínimas, por eso la mayoría no accede a servicios de salud pública. 

En León, una ciudad de dos millones de habitantes, considerada la quinta más importante del país, Angy no encontró un médico endocrinólogo que le diera un tratamiento hormonal. “Nadie me lo recetó, yo busqué recomendaciones en redes sociales y en páginas web, pero a los pocos meses empecé con hipotiroidismo, por tomar un medicamento que no debía y menos sin prescripción médica”.
 
Angy cree que la negativa a atenderlas se debe a discriminación, pero también por falta de información, pues desde junio del 2017 existe un Protocolo para el Acceso sin Discriminación a la Prestación de Servicios de Atención Médica de las Personas LGBTTTI. Finalmente, encontró un especialista que le proporcionó tratamiento hormonal, pero con el confinamiento debió parar porque no podía costearlo. En la misma situación se encuentra el 80 % de las personas de la comunidad LGTBQ.
 
El estudio del INSP reveló también que el 31 % de las mujeres trans que usan hormonas y otras sustancias para modificar su cuerpo se inyectan aceite de avión o cocina. Claudia se inyectó aceite mineral en las caderas, una sustancia que le provocó una infección que requirió operación. “Se oscureció mi piel, me dio fiebre, no podía dormir del dolor, duré 13 años tocando puertas en el hospital y los doctores me mandaban por un tubo”, cuenta. Hasta que encontró una doctora que le hizo la cirugía en plena pandemia. Su convalecencia duró poco: dos días después de la operación volvió al trabajo.
 
Con la pandemia todos los servicios de salud se vieron afectados, en 2020 hubo una disminución de las detecciones del VIH del 49%. En el primer trimestre del 2021 más personas acudieron a hacerse las pruebas. Las detecciones positivas para la población transexual, transgénero, travesti e intersexual fueron del 12 %.

 

Violencia y discriminación

 

La plataforma Visible ha documentado 145 agresiones a mujeres trans de marzo de 2020 a julio de 2021, de los cuales, 45 fueron asesinatos. El informe Opinión pública sobre los derechos de las personas trans en México de la Universidad de California explica al transfeminicidio como “el resultado tanto de la misoginia como de la lesbo-bi-homo-transfobia”. El término reconoce las amenazas únicas que enfrentan las comunidades transgénero.

Apoyo familiar. Casi la mitad de las mujeres trans es discriminada por su familia. No es el caso de Claudia, quien siempre ha recibido apoyo en casa. Foto: Juan José L. Plascencia

APOYO. Casi la mitad de las mujeres trans es discriminada por su familia. No es el caso de Claudia, quien siempre ha recibido apoyo en casa.
Foto: Juan José L. Plascencia / OjoPúblico

 

La Encuesta Nacional de Discriminación pone en evidencia el rechazo a las personas trans: el 36 % de los adultos mexicanos no le rentaría un cuarto de su vivienda a una persona trans. Kenya Cuevas explica que muchas no pueden acceder a una vivienda y por eso viven en hoteles. Cuando intentan rentar, las criminalizan por su identidad. “Les dicen: tú eres ratera, drogadicta, borracha, promiscua, vas a meter hombres y yo no quiero problemas. Entonces, en la pandemia, vieron también vulnerados sus derechos porque quedaron excluidas de los hoteles y se quedaron sin casa, sin trabajo y sin herramienta laboral”, sostiene. 

El rechazo se vive desde el hogar: el 46 % de las mujeres trans no recibe apoyo familiar. Angy fue corrida de su casa cuando decidió no vivir como se esperaba de ella. Durante meses durmió en las calles y cuando tenía algo de dinero lo utilizaba para rentar un cuarto de hotel. A los 30 años inició con una profunda depresión que la llevó a pedir ayuda psiquiátrica y después de varios años de recorrer diferentes instituciones y terapeutas logró entender qué le sucedía. Hasta entonces encontró comprensión de su madre.

Aunque Angy sabía desde los 10 años que no se sentía cómoda como hombre, inició su transición hasta los 38 años. Cuando era adolescente, su madre la descubrió con ropa de mujer en varias ocasiones y después de varias reprimendas, la señora optó por llevarla a que le hicieran unas ‘limpias’ porque pensaba que alguien le estaba haciendo un embrujo. “Yo le tenía temor a mi mamá, así que le decía ya no tengo nada, ya se me quitó, pero mi sentir nunca se me quitó”, dice. 

En el caso de Claudia la cosa fue distinta, a los 13 años le dijo a su familia que quería iniciar su transición y encontró total apoyo, pero fue en la calle donde sufrió agresiones y violencia. El ​​Diagnóstico nacional sobre la discriminación hacia personas LGBTI muestra que son las mujeres trans quienes sufren más agresiones, amenazas, violencia sexual. Durante la pandemia, son quien más vivieron discriminación y violencia o ambas.

La esperanza de vida de una mujer trans mexicana es de 35 o 40 años, cuando la de una persona cis es de 80 a 90 años.

La falta de respuestas y la poca ayuda psicológica ha llevado a cerca del 22 % de las mujeres trans a consumir drogas; el 58 % confiesa haber tenido algún pensamiento suicida. A causa de la pandemia muchas de ellas se vieron obligadas a volver a donde habían sido violentadas, incrementando los casos de depresión y suicidios. Angy refiere que encontró una salida a la depresión compartiendo “información sobre las diferentes identidades sexuales y de género con gente cercana para orientarlas y no me miraran de forma extraña”. Así halló la motivación de ayudar a más personas como ella. 

Guanajuato no solo se ha opuesto a la despenalización del aborto y a los matrimonios igualitarios, también es el estado más violento, con más homicidios, cuna del huachicol (robo de combustible) y con el narco menudeo al alza. Las personas trans viven con el temor de ser víctima de acoso o de un transfemicidio. “Es un estado que no te brinda seguridad, te sientes vulnerable, menospreciada y no hay certeza jurídica que te respalde porque no puedes recurrir al gobierno”, señala Rubí Araujo.
 
Pero la violencia no se limita a esta zona del país. La esperanza de vida de una mujer trans mexicana es de 35 o 40 años, cuando la de una persona cis es de 80 a 90 años, explica Cuevas. Ello, según la activista, es un indicador de que hay una interseccionalidad de factores como la pobreza, la falta de oportunidades, la exclusión, la discriminación, la carencia de lo afectivo y la violencia que reduce la calidad y esperanza de vida de la población trans. “Al momento de decidir ser mujeres trans perdemos amigos, familia, casa, ropa… todo lo perdemos y precisamente por la discriminación que empieza en el hogar y que se desglosa a toda la sociedad”, afirma. Además, también son víctimas de extorsión por parte del crimen organizado.

Frente a la violencia estructural que sufren las personas trans, han surgido liderazgos que buscan cambiar su situación desde la función pública, ya no quieren esperar a que otros hagan algo por su comunidad. Angy, por ejemplo, fue candidata a concejala para el ayuntamiento de León en las elecciones 2021 y, aunque no ganó, está contenta porque su compañera de planilla, Lucía Verdín, sí obtuvo un escaño y será la primera lesbiana y feminista en llegar al cargo, usualmente ocupado por la derecha. Por su parte, Rubí busca recursos para que Guanajuato tenga el primer refugio para personas LGTBI+. 

En el Congreso federal también tendrán representación: Salma Luévano y María Clemente García son las primeras diputadas trans y las organizaciones ya se preparan para trabajar con ellas. Además, la organización de Kenya Cuevas y otros colectivos trabajan en una iniciativa para que se incluya una cuota para personas trans en lo político, lo laboral y educativo. El camino es difícil, pero están dispuestas a recorrerlo para dejar de ser invisibles.