La adhesión del gobierno de Keiko Fujimori al llamado Escudo de las Américas —la coalición impulsada por Washington contra el crimen organizado transnacional— marca un mayor acercamiento del Perú a Estados Unidos, en un escenario de competencia económica y geopolítica entre este país y China.
A inicios de este año, Perú y Estados Unidos firmaron un memorando de entendimiento sobre minerales críticos, orientado a promover inversiones estadounidenses en un sector donde China mantiene una fuerte presencia. A ello se suman la ruptura de relaciones con Irán, el nombramiento de embajadores cuestionados y otros acuerdos sobre los que aún existe poca información pública.
La reciente visita a Lima del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, terminó de delinear este nuevo escenario. Durante su visita también se anunció un nuevo memorando de entendimiento sobre inteligencia artificial y un paquete de cooperación militar. Hasta el momento, el Ejecutivo ha presentado estos compromisos principalmente en términos de cooperación y oportunidades, sin que se conozcan con precisión sus condiciones y alcances.
El internacionalista Farid Kahhat explicó en OjoPúblico En Vivo, con la conducción de Nelly Luna Amancio, directora periodística de OjoPúblico, que el Perú no necesita apoyo militar de Estados Unidos, a través del Escudo de Las Américas, para combatir el crimen organizado. Lo que necesita el país, recalcó, es el apoyo de inteligencia que ya estaba brindando la DEA y el FBI.
También advirtió sobre las responsabilidades que asumiría Perú tras su adhesión al Escudo de las Américas: “Ahí donde se cometan posibles crímenes, van a ser los peruanos los que tengan que responder, no los americanos”, aseguró Farid Kahhat.
El incremento de la criminalidad en Trujillo, evidenciado por el secuestro del empresario minero Jenss Lara y el asesinato de sus acompañantes, vuelve a poner en el foco la expansión del crimen organizado y sus vínculos con las economías ilegales. Una investigación de OjoPúblico reveló que, en Pataz, al menos 24 grupos criminales se disputan las ganancias provenientes de la extracción ilegal de oro.
El historiador Jorge Nureña, autor del libro Esta bala lleva tu nombre, aseguró que no comparte la opinión de nombrar como terroristas a las organizaciones criminales porque el problema, según su entendimiento, es un fenómeno social, económico e institucional. Destacó que se debe combatir este tipo de críminalidad desde el lado punitivo como por el lado preventivo.
"Los políticos nos llevan a esos conceptos para reducir el problema. Al decir que son organizaciones terroristas se dice que son malos por naturaleza, que lo único que buscan es generar terror, generar zozobra. Pero, [en realidad], es una respuesta social y económica de poblaciones que han sufrido abandono del Estado, desigualdad, desempleo y desorganización social. En esos lugares donde el Estado no ha llegado, es donde se han formado Los Pulpos en La Cruz Blanca, La Jauría en La Esperanza y distintas organizaciones en Trujillo", explica Jorge Nureña.
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