Memorias de dolor y resiliencia: sobre esas voces de las Audiencias Públicas

Memorias de dolor y resiliencia: sobre esas voces de las Audiencias Públicas
Víctor Vich

Crítico literario y ensayista

El libro "Memoria de dolor y resiliencia", editado por el Lugar de la Memoria (LUM) y presentado en la reciente Feria Internacional del Libro de Lima, es un homenaje a los 20 años de la entrega del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR). La publicación reúne 26 testimonios escogidos de víctimas o familiares que se vieron arrastrados por la violencia de los grupos terroristas y de las fuerzas del orden, entre 1980 y el 2000. “Es un nuevo intento por visibilizar las voces de los que no han sido escuchados en estos 20 años”, señala el autor de esta columna.

VÍCTIMAS Y DESAPARECIDOS. Familias y pueblos quedaron en medio de la violencia desatada por el terrorismo y la represión de las fuerzas del orden entre 1980 y el 2000.

VÍCTIMAS Y DESAPARECIDOS. Familias y pueblos quedaron en medio de la violencia desatada por el terrorismo y la represión de las fuerzas del orden entre 1980 y el 2000.

Ilustración: OjoPúblico / Jesús Cossio

¿Cómo salir del estancamiento en el que se encuentra el debate sobre la memoria de lo ocurrido durante la época de la violencia política? ¿Qué necesitamos hacer cómo sociedad para fomentar una cultura de diálogo (y de autocrítica) más allá de los intereses institucionales o ideológicos? ¿Qué ha pasado, qué pasa en el Perú de hoy para que, luego del trabajo de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), se haya impuesto, no la reflexión ni el discernimiento, sino la confrontación permanente, la manipulación de la historia, la polarización cada vez más cargada de prejuicios y de rencor?

Es claro que en el Perú de hoy nadie se escucha. Es claro que tenemos una esfera pública que ya no es un lugar de deliberación y debate, sino una suma de monólogos. Es indudable que atravesamos un momento de una crisis educativa, en el que no importa el conocimiento, sino solo los intereses. Es claro que la pregunta por la historia, por las causas de lo que sucedió, por la reflexión auténtica no es ninguna prioridad para las autoridades de turno o para quienes ejercen el poder a través de diferentes medios de comunicación.

En su momento, la CVR quiso reconstruir la historia de la violencia a partir del testimonio de los propios involucrados en lo sucedido. Buscó construir una narrativa que estuviera anclada en las historias concretas, en la palabra de más de 18.000 personas que hablaron para contar lo que había sucedido. 
 

La CVR … buscó construir una narrativa que estuviera anclada … en la palabra de más de 18.000 personas.”

Esos conmovedores testimonios son las voces que, desde hace dos décadas, la clase política y los medios de comunicación no han querido escuchar. Esos testimonios han vuelto a quedar silenciados —violentados nuevamente— bajo una narrativa general que simplifica lo sucedido o, mejor dicho, que absorbe las historias locales al interior de un “relato general” basado en hechos espectaculares que, más allá de su verdadero horror, no consiguen capturar la complejidad de la verdadera historia: los coches bomba, las injustas muertes urbanas, Tarata, la captura de Abimael, la toma de la residencia del embajador de Japón, son hechos tremendos, pero están lejos de adentrarnos en lo real de lo sucedido.

La publicación del libro Memorias de dolor y resiliencia es un nuevo intento por visibilizar las voces de los que no han sido escuchados en estos 20 años. No encontramos en este libro voces de políticos, ni de grandes autoridades, ni de gente con poder. Son las voces de ciudadanos comunes, de peruanos que, de pronto, por una terrible fatalidad, por una causa atroz, la violencia los sumergió en un escenario de dolor y de injusticia. 

Es un acierto del LUM (y de todo el equipo encargado de arar el libro), haber transcrito 26 testimonios de las Audiencias Públicas y haberlos reunido en este libro. Las Audiencias Públicas fueron el corazón del proyecto de la CVR y hoy todos parecen haberlas olvidado. En su momento fueron televisadas e, inclusive, incluidas en algunos noticieros, pero, con la polarización ideológica existente, han sido olvidadas. Por ello, el trabajo de rescate era urgente y necesario. 


Las Audiencias Públicas fueron el corazón del proyecto de la CVR y hoy todos parecen haberlas olvidado.”

Estos testimonios nos enfrentan a una verdad: no es posible entender lo sucedido si uno no escucha las historias locales, lo que sucedió en los pequeños pueblos del Perú, lo que le pasó a gente muy concreta, cuyas historias nos fuerzan a reconocer lo poco que sabemos, lo mucho que se oculta, la manera tan obscena que tenemos de olvidar y de desentendernos de lo sucedido.

Estos testimonios tienen el valor de ofrecer un panorama muy amplio del horror de la violencia: en ellos nos enteramos de las dramáticas historias de policías y soldados, y de mujeres que fueron violadas, de niños que quedaron completamente solos y huérfanos, de personas injustamente torturadas y encarceladas, de muchos compatriotas cuyas vidas han quedado lisiadas física o psicológicamente para siempre. 

Los testimonios nos enfrentan al horror de Sendero Luminoso, a su irracionalidad, a su extrema crueldad con los más pobres. También a la barbarie de miembros del Estado que se salieron de la ley y, en muchas ocasiones, terminaron imitando las prácticas de los terroristas. Todas estas voces cuentan historias diferentes, pero todos comparten las mismas frases: “Nunca fui escuchado”, “No hay palabra para expresar lo que viví”, “No sabía cómo iba a vivir”, “No hay leyes que nos amparen”


Todas estas voces cuentan historias diferentes, pero todos comparten las mismas frases: ‘Nunca fui escuchado’.”

Es muy relevante notar que todos los testimonios comparten no solo la dramática experiencia de la violencia, sino, además, el desquiciamiento ante la indiferencia de las instituciones peruanas. Ninguno de estos peruanos se siente mínimamente acogido por el Estado, ni en las dependencias de las fuerzas policiales, ni por el Poder Judicial, ni por mínimas instancias de institucionalidad local. 

Hemos construido un país donde prima la impersonalidad, el desprecio, la informalidad, cuando no el horror, la amenaza y el delito. Lo cierto es que, luego de la violencia física, la violencia institucional continúa expandiéndose en todo su infierno y en todo su horror: “Uno queda herido y espera el apoyo de las instituciones, del gobierno y nunca llega”, dice un valiente coronel de la Policía. 

Dije que el trabajo de rescate de estas voces era urgente y necesario, pero es incompleto. Los intelectuales no estamos acostumbrados a la gestión política de un libro. Las políticas culturales, sin embargo, nos han enseñado que la publicación de un libro no es el final de un proyecto, sino el punto de inicio para su distribución en públicos diversos. 

Este libro no puede ser un libro cuya circulación se mueva en los sectores más conocidos. Es responsabilidad de LUM sacar este libro de los circuitos tradicionales y distribuirlo en otros sectores donde pueda tener algún efecto. Solo así el libro adquirirá sentido como verdadero agente para una comprensión más compleja de la historia y para la construcción de un país diferente.

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