Andrés Calderón: Una mirada a la relación tóxica de los medios y la política

En la semana en que se celebró el Día Mundial de la Libertad de Prensa, se dispararon todas las alarmas sobre las amenazas, riesgos y ataques que periodistas y medios reciben de parte de distintos actores. Según el Consejo de la Prensa, el principal agresor es el Poder Ejecutivo, mientras se intensifican las acciones judiciales y el acoso físico por parte de grupos extremistas. El periodista y abogado Andrés Calderón publicó hace poco un libro que disecciona varios de estos problemas y explica riesgos inminentes que ameritan mayor discusión.

OBSERVADOR. Calderón es abogado y periodista. Dirige la Clínica Jurídica de Libertades Informativas de la Universidad del Pacifico.

OBSERVADOR. Calderón es abogado y periodista. Dirige la Clínica Jurídica de Libertades Informativas de la Universidad del Pacifico.

Foto: Difusión/PRH.

En la última semana surgieron varios síntomas sobre el crítico estado de la prensa en el país: comunicados oficiales que parecen amenazas contra medios por revelaciones que incomodan al presidente, comunicados gremiales que alertan de peligros físicos y judiciales contra periodistas, intentos de mea culpa por protagonistas de una de las coberturas electorales más sesgadas de la historia reciente, reflexiones con aire más bien autocomplaciente por parte de otros, reclamos en redes de periodistas que están bajo amenazas reales y campañas agresivas de operadores digitales que incendian el debate público. Todo eso, cuando acaba de difundirse el dato de que los medios peruanos despiertan menos confianza que en varios de los países más convulsos de la región. 

El periodista y abogado Andrés Calderón ha investigado la raíz de varias de esas situaciones y las ha expuesto con tono de reportaje en “Polítika vs. Prensa. Una relación tóxica en tiempos convulsionados”, un libro que disecciona los episodios más críticos sobre el impacto del periodismo en la política y las represalias promovidas por las principales fuerzas políticas del periodo 2016-2021.

Se trata de una inmersión poco usual en el tema, con testimonios de primera mano y fuentes bajo reserva, para explicar los intereses, pugnas, maniobras editoriales y estrategias políticas detrás del control de los medios de comunicación y la manera en que presentaron información clave a los ciudadanos en medio de una crisis política que no termina.

La idea de una “relación tóxica”, como indica el título, grafica bien una dinámica con muchos responsables y de la que pocos parecen dispuestos a conversar.  

 

La primera impresión que deja el libro es que has abordado un tema incómodo para mucha gente, tanto para los periodistas, las cabezas de la industria o la clase política, porque haces preguntas que ameritaban una explicación desde hace tiempo. ¿También tuviste esa sensación?
-Incómodo es una palabra clave para describir todo el proceso de investigación. Y yo diría que, incluso, el proceso posterior. Me he enterado de que algunas personas han recibido el libro con un poco de incomodidad y otras, previsiblemente, prefieren evitar que se toquen estos temas, porque ponen la lupa sobre algunos aspectos que a veces quedan ajenos al escrutinio público, como el ejercicio mismo del periodismo, la toma de ciertas decisiones y, por otro lado, algunas motivaciones que están detrás de proyectos de ley o decisiones políticas, vendettas que pueden estar detrás de algunas iniciativas legislativas. Eso, cuando se plantea como discusión, genera ciertos recelos. Hasta ahora se manifiestan. 

También te iba a decir que el libro detona una discusión necesaria. Pero la verdad es que tú mismo has estado hablando del tema un buen tiempo, y eventualmente se ha debatido casos puntuales sobre el comportamiento de los medios. 
-Cuando escribí esas columnas, lo que buscaba era analizar ciertos límites en el ejercicio del periodismo y algunas controversias jurídicas que a veces se generaban. Por mi formación como abogado, sentía que ayudaba tocar lo anecdótico para plantear una discusión mayor. Pero siempre he sentido desazón de que estas discusiones eran muy cortas, con pocas ganas de sacar lecciones o abrir debates un poco más grandes. El libro me ayuda a condensar esas discusiones a la luz de cinco años de vida política. Ahora, siendo pesimista, creo que no hay mucha voluntad para abrir estos debates. Ha salido hace poco un dato sobre la caída de la confianza en los medios de comunicación masiva en el Perú, y es un tema que se ha tocado en un par de tuits. No veo en los medios algún tipo de interés por abordar un asunto que debe ser incómodo, pero no menos importante.

 

Libro Polítika vs. Prensa
ESTUDIO. Calderón hace las preguntas que muchos quisieron hacer a personajes del periodismo, la industria y la política para entender qué pasó con la prensa en el último lustro. 
Portada: Debate.

 

Estos temas son ahora mismo parte de un debate global sobre la confianza en los medios, la libertad de expresión en redes sociales, etc. ¿Por qué crees que se retrasa tanto una discusión así en el Perú?
-Primero, porque hay gente que está cuidando su trabajo y reconocer algunos errores supone exponerse. Por otro lado, puede haber motivaciones o miradas de corto plazo. Así como actúan algunos políticos, que cuando hay un escándalo esperan que la gente se olvide y pase la ola, ese mismo razonamiento puede estar en algunos medios de comunicación: ‘Metí la pata en estas elecciones, pero en las siguientes vamos a empezar desde cero’. Y también parte de una ciudadanía cansada, de la que me siento parte. Me cansa entrar en algunas discusiones cuando hay problemas más apremiantes, más del día a día, crisis inmediatas por las que a veces dejas lo importante por lo urgente. Y entonces, esa ausencia por parte de la ciudadanía hace que no haya la presión suficiente sobre determinado tipo de actores importantes, como los medios de comunicación o los políticos y su rol ante los medios y la defensa de las libertades informativas.

El libro expone los intentos de copamiento de la prensa desde distintas tiendas políticas y otras situaciones críticas en el manejo de los medios que terminan afectándonos a todos. Son episodios que ocurren a puerta cerrada, pero que repercuten en lo que vemos todos los días....
-...Y también en lo que dejamos de ver todos los días. A veces no nos damos cuenta de algunos hechos, que están narrados en el libro: por qué no apareció el mitin de Pedro Castillo [en las transmisiones del cierre de campaña], por qué tal entrevista fue tan cortita, si mandar a un reportero a cubrir un mitin o no puede estar motivado por cuestiones políticas o decisiones empresariales que finalmente determinan, para bien o para mal, lo que los ciudadanos recibimos. Hasta el amedrentamiento contra un reportero puede determinar cómo escribe su nota o como investiga sobre un tema. Todos estos pasajes pueden parecer anecdóticos, pero tienen un poder explicativo de la información que consumimos o de la que no está disponible para nosotros.

Hasta el amedrentamiento contra un reportero puede determinar cómo escribe su nota o como investiga sobre un tema.

Otro de los aportes del libro es la cronología documentada de cómo el fujimorismo ha hecho todos los esfuerzos para controlar los medios a través de todos sus estamentos, desde los dueños hasta un acercamiento político al gremio de canillitas, a sabiendas de su rol determinante para la circulación de los medios impresos.
-Es característico que una bancada con tanto poder, como la que tuvo el fujimorismo entre el 2016 y 2019, dejó pocas piedras sin voltear en el ejercicio de tratar de disciplinar a los medios de comunicación de distintas formas: algunas veces como un castigo directo, en temas de la publicidad estatal o este fondo para canillitas [que se planteaba imponer a las empresas de medios]; o de formas más indirectas, amedrentando a las fuentes y poniendo castigos a los fiscales en caso se filtre información. Cercó varios aspectos por los cuales se podía, desde el nivel legislativo, limitar la labor de la prensa. Quizás en lo que hay una continuidad, que trasciende a los partidos políticos, es la actitud: utilizar leyes, pero también discursos, agresiones verbales o físicas, como mecanismo de intimidación o deslegitimación de los medios. Entonces, si bien el libro empieza y tiene como foco la labor legislativa del fujimorismo, una vez que el fujimorismo pierde tanto protagonismo en el Congreso, hay otros actores que toman la posta. No necesariamente alineados, pero simplemente encuentran allí una estrategia política en su relación con los medios.

 

COMUNICADO. La respuesta del Gobierno tras las revelaciones sobre el presunto plagio del presidente activó varias alarmas. 
 

En efecto, estas estrategias se han dado incluso en alianzas con el Apra y otras fuerzas políticas. Pero, por los antecedentes que reúnes, resulta inobjetable que Fuerza Popular es la que más ha intentado hacerse de este tipo de control, incluso estando fuera del poder dominante. ¿Es correcta esa lectura?

Sí, cuantitativa y cualitativamente hablando. Me pareció importante que la evidencia que había ido encontrando en la revisión de iniciativas legislativas pudiera hacerse pública, y que la gente pudiera constatarla mirando cuántos proyectos de ley con impacto negativo en la libertad de expresión habían surgido de las distintas fuerzas políticas. Y el fujimorismo quedó en primer lugar de este anti-ranking, largamente. 

Es interesante cómo reconstruyes, al detalle y con testimonios, que casos así se produjeron luego de revelaciones como el chat Mototaxi o el de La Botica, y lo que hubo detrás. Es claramente una estrategia de venganza.
Una coincidencia temporal es que, cuando se filtra algún tipo de conversación, en audio o digital, importante para un actor político, casi siempre la fuerza política agraviada ha respondido con alguna iniciativa legislativa para castigar penalmente a los periodistas que divulgaron esas conversaciones privadas. Conversaciones privadas que, en principio, nadie debería conocer. Pero si un periodista logra conocerlas, no participa [en la interceptación] y solo las divulga, el interés público nos hace tener el derecho de conocer esa información y no castigar al mensajero. Eso [el castigo] ocurrió con Bedoya de Vivanco y los “Potoaudios”; ocurrió con Velásquez Quesquén y los “Petroaudios”; y ocurrió con Héctor Becerril y Fuerza Popular cuando empiezan a salir las fotos del chat Mototaxi y algún otro episodio en que un fotógrafo captura conversaciones de congresistas fujimoristas, y finalmente ya cuando se filtran los chats de La Botica. Ese es el ejemplo más rudimentario: ‘¿Qué puedo hacer? La vieja confiable: saco una ley que castigue la difusión de conversaciones privadas'.

 

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RETALIACIÓN. El autor explica con esta palabra el ánimo del fujimorismo y otras fuerzas políticas afectadas por revelaciones de la prensa. 
Foto: Andina.

 

¿Cuál te parece la más escandalosa de esas iniciativas? 
Yo diría que la de Fuerza Popular. Porque ya tienes los antecedentes, es decir, ha pasado dos veces y no aprendiste. Hasta el mismo Tribunal Constitucional, cuando algunos magistrados intentaron soltar la idea de que se puede castigar a los medios de comunicación, en el caso "Petroaudios", tuvo que retroceder y aclarar que no se puede castigar la difusión de conversaciones privadas de interés público. Pero la [propuesta legislativa] de Bedoya fue la más peligrosa, porque estuvo muy cerca de convertirse en ley, si no fuera porque la observó Ollanta Humala en el 2011. 

En esta confrontación, hay episodios que forman parte del imaginario general, pero requerían un análisis más detallado como el que has hecho. Quizá el más notorio es el del reportaje sobre la DEA y Joaquín Ramírez. Me llama la atención que, por lo que describes, mucha gente no quiere hablar del tema. 
Sí, hubo tal incomodidad, que, a pesar de haber tenido varias fuentes para tocar el caso, he tenido [que recurrir a] otras fuentes que me dijeron: ‘Nada de lo que te digo puede aparecer en el libro’. Eso incluye a periodistas y políticos que se vieron impactados por ese reportaje, que todavía sigue marcando algunas decisiones, porque el fujimorismo atribuye a ese reportaje parte de su derrota electoral. Mi posición es quizá un tanto impopular. Creo que había un tema importante en el reportaje, que era la versión de este supuesto informante de la DEA acerca de que Joaquín Ramírez, entonces secretario general de Fuerza Popular, era sujeto de investigación por la DEA. Era un tema de absoluta relevancia. Y como sustento de eso, los periodistas alegaban haber validado otra información que este testigo les dio, con lo cual se convertía en un testigo confiable, y esta visita que hacen al local de la DEA en Miami, donde esta persona [una funcionaria] les dice: ‘No puedo hablar del tema, hay una investigación en curso’. Esa es la parte que, pienso, está bien trabajada. En lo que falla el reportaje es en presentar el testimonio de este informante cuando dice que Joaquín Ramírez le había confesado que había lavado dinero para Keiko Fujimori. Y respecto a eso, no hay otra información que el programa nos traslade a nosotros los televidentes [para darle sustento]. Allí, el involucramiento de Keiko Fujimori como posible lavadora de activos no me parece que estaba suficientemente sustentado. El otro dato, que surge de las entrevistas [para este libro], es que aparentemente hubo un apresuramiento por sacar ese reportaje a pesar de que todo el equipo no estaba completamente convencido y a pesar de que en realidad no había una supuesta presión externa [de Univisión, el medio estadounidense aliado en esa investigación]. A partir de las fuentes que he entrevistado para el libro, esa presión no existía. Por qué se hizo, no es algo que pueda juzgar o saber. Pero que se hizo rápido y con bastantes reparos, eso es algo cierto y quizás debieron haberlo evitado. 

 

REPORTE. La Asociación Nacional de Periodistas publicó esta semana la cifra actualizada de agresiones a periodistas. 

 

Este caso también lo has analizado con fuentes internas del fujimorismo. ¿Con el tiempo, qué dimensión real le dan a ese episodio y cómo explica eso el comportamiento de los distintos sectores de ese grupo?
Lo interesante es que pude hablar con ellos en distintos momentos y la distancia temporal ayuda a una visión menos sesgada de los hechos y quizás hasta [auto]crítica desde el lado del fujimorismo. Varios pensaban que había alguna especie de saña contra ellos en los medios de comunicación, pero otros no lo percibían así. En donde se acercan ambas posiciones es que sí, se excedieron, tuvieron una actitud vengativa contra los medios. Eso refleja, por la cercanía de estas personas con Keiko Fujimori, que ése era el pensamiento de Keiko Fujimori: que necesitaban disciplinar a los medios de comunicación, tener a personas más cómodas en algunos de estos medios, y que estaban dispuestos a utilizar el poder político para lograr ese cambio. 

Si ya te la jugaste por un partido político en un determinado momento, esa inclinación te va a perseguir un buen tiempo.

 

Si bien estas tensiones han ocurrido en distintos gobiernos y regímenes, es interesante que tu periodo de investigación, del 2016 al 2021, reúna una suerte de condiciones de laboratorio para estudiarlas y advertir sus riesgos a futuro. 
Lo que podemos ver en algunos momentos, como en la campaña del 2021, es que ha habido un alineamiento implícito de intereses entre la posición que tenían los directores de los medios y lo que pensaban en el directorio y los principales accionistas [del mayor grupo mediático, El Comercio]. De alguna manera todos coincidían en una visión: que Pedro Castillo era un peligro mayor que Keiko Fujimori y que además tenían que hacer algo desde sus medios de comunicación. Uno puede coincidir o no con esa visión de cuál es el mejor o peor candidato, pero de allí a pensar que se tiene que hacer activismo desde los medios, ya es un paso más allá. Por eso es que el 2021 es tan emblemático, tan notorio, y lamentablemente juega en contra de la idea de pluralidad informativa. Donde se percibe más esto es en las campañas. Y uno recuerda que en el 2011 el Grupo El Comercio también tuvo una posición editorial implícita a favor del fujimorismo. Y les costó salir de esa sombra [solo] para volver a cobijarse bajo esa sombra en el 2021. Entonces, uno mira la foto del inicio y del final y dice: ‘Sí, [este grupo] es muy proclive al fujimorismo’. Al final del día, lo que más importa es cómo los lectores lo perciban y estos hechos generan una estela que es bien difícil de borrar. Si ya te la jugaste por un partido político en un determinado momento, esa inclinación te va a perseguir durante un buen tiempo.

Casi siempre la fuerza política agraviada ha respondido con alguna iniciativa legislativa para castigar a los periodistas.

El tema en cuestión, más allá de un solo grupo mediático, abarca otros actores. Fue notorio que, en el pico de algunos escándalos de corrupción y política, se produjeran enfrentamientos de periodistas en redes sociales por el acceso a fuentes.
Esa es una discusión sana, pero en el lugar más insano del mundo. Las redes sociales son el peor lugar para airear tus desavenencias, tus cuestionamientos a la labor de tus colegas. Me parecería genial que se discuta esto en un foro, en un espacio académico, público, y con una mirada de crecimiento, de que desarrollemos mejores prácticas. [Por ejemplo] la discusión sobre la filtración y el uso de esta información plantea varios aspectos de debate, que están narrados en el libro. El periodista debe proteger a sus fuentes, y eso involucra no solo no divulgarlas, sino hacer sus mejores esfuerzos para que no se pueda deducir quién es esa fuente. Allí pienso que algunos medios han patinado, porque parece muy obvio, al punto que algunos han acusado directamente que la fuente es la Fiscalía. El punto es: cuál es el límite de esa relación. Si bien es cierto que el periodista debe generar confianza en la fuente, no puedes hipotecarte a esa fuente de tal manera que no la vayas a tocar.

Pero lo cierto es que las revelaciones de la Fiscalía se han publicado en varios medios. Podemos discutir la calidad del acceso o la frecuencia de las publicaciones. Pero si los propios periodistas acogen la tesis de los políticos investigados acerca de la fuente usó a unos y otros con sentido instrumental, ¿de qué estamos hablando realmente?
No creo que haya habido una instrumentalización política, porque la verdad es que la Fiscalía en algún momento del caso Lava Jato se ha ido contra todos los actores políticos relevantes. Y la mayoría de medios ha difundido información sobre todos los actores políticos, sea que la hayan conseguido de Fiscalía o de otra fuente. Por ese lado, no me parece problemático. Me parece más bien injusto que haya habido algunos actores políticos y algunos periodistas que se hayan sumado a ese reclamo de supuesto direccionamiento. Y creo que ha sido mezquino, además. Tal vez motivado por sentirse cortos en el acceso a esa información. Eso es torpe y nocivo para la propia labor periodística. Eso no quita que uno pueda tener una mirada crítica cuando cierta información parece construirse exclusivamente con base en una sola fuente, como una acusación fiscal. La sobredependencia que hay con relación a alguna fuente podría llevarte a tomar decisiones que no favorecen finalmente a tu público.

 

Pedro Castillo
AMENAZA. Calderón considera que el gobierno de Pedro Castillo sería igual de peligroso para el periodismo que el del fujimorismo, si tuviera el mismo poder. 
Foto: Andina.

 

En vista de los antecedentes que has descrito hasta ahora, que incluyen esfuerzos del fujimorismo y otras fuerzas políticas para influenciar o denostar a la prensa, ¿cuál es tu evaluación comparativa de las amenazas que se atribuyen al Gobierno de turno?
Se puede hacer un paralelo por vocaciones de afectar a la prensa, pero con distintos niveles de efectividad. Creo que el fujimorismo no solo blufeaba, sino que actúo: presentó proyectos de leyes, aprobó leyes, pidió cabezas de directores, vetó a periodistas, amenazó a periodistas. Fue efectivo en su amenaza. Yo lo he vivido: la congresista Aramayo me envió una carta notarial diciéndome que no podía publicar algo de lo que me había dicho en una entrevista para este libro. El paralelo que puedo hacer con Perú Libre, representado en sus principales actores, como el presidente Castillo, Vladimir Cerrón o Aníbal Torres, es que tiene un desprecio genuino contra la prensa. Creo que, si pudiera, podría ser tan o más nocivo incluso que Fuerza Popular. Ahora creo que son amenazas que quedan en el discurso o narrativa, lo que no es menos nocivo. Hay otro tipo de daño que está haciendo y es muy fuerte: tratar de deslegitimar el ejercicio periodístico, quizás concentrándose en la gran prensa nacional. Y esas actitudes pueden terminar mellando la valoración ciudadana ya no sobre algunos medios, sino del ejercicio de la prensa en general. Creo que el desprestigio de la prensa peruana tiene varias razones, buena parte por responsabilidad de los propios medios, pero también por discursos que la atacan desde distintos frentes. En ese lado, Perú Libre esta haciendo un papel bastante peligroso contra el periodismo.

Creo que, si pudiera, [Perú Libre] podría ser tan o más nocivo [para la libertad de prensa] incluso que Fuerza Popular. 

No se puede dejar de lado que hay amenazas directas, que también describes, de la extrema derecha.
Es alucinante el nivel de desprecio que existe hacia el otro. Si no te ataca la extrema derecha, te ataca la izquierda. El problema es que ambos polos coinciden en eso, en la censura. Entonces, van ganando terreno y dejan aisladas a personas más tolerantes con la libertad de expresión. Quieren que todos sean hinchas, barras bravas, y que desprecies [al adversario] por el solo hecho de serlo y no por sus ideas, como debería ser en la arena política. De hecho, ni siquiera deberíamos despreciar a nadie, sino discrepar. Eso, que es muy nocivo con Castillo y Cerrón, también era parte del discurso que avalaba Rafael López Aliaga y algunos de sus seguidores en su campaña. Es algo que va a trascender a este gobierno. 

Has analizado en el libro varios estratos y personajes de la industria. Pero encuentro particularmente grave una postura que viene de un periodista. Cuando le preguntas a Gilberto Hume [director periodístico de Canal N y Cuarto Poder] por qué usaron un dron para filmar a Ricardo Belmont en la privacidad de su azotea, él dice: “Hay un problema en el periodismo en el Perú y que me tiene hasta la coronilla: la sobrevaloración de los derechos individuales".
Creo que esa entrevista es muy aleccionadora de un tipo de pensamiento. Hay un intento de justificar decisiones que pueden ser muy criticables, como el invadir la privacidad de alguien, no dar tribuna a un candidato o traer a un criptoanalista que va a mentir, pero [se lo considera] válido en esa perspectiva del bien mayor, de procurar que no ganen los [que se considera] más peligrosos. Es una manifestación de la idea de que el fin justifica los medios. Es algo que no deberíamos tolerar en una sociedad democrática, en la que justamente la protección de las minorías y de las libertades individuales son la principal barrera contra quien tiene poder. 

Lo que preocupa, más allá del personaje, es que se trata de una línea de pensamiento vigente. 
Sí. Parte de los problemas que vemos en el ejercicio de la prensa ocurren porque más que una responsabilidad, [algunos periodistas] lo ven como un poder y lo ejercen con muy poca capacidad de autocontrol.
 

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