El museo de lo efímero: los carteles que se volvieron documentos de la indignación

El museo de lo efímero: los carteles que se volvieron documentos de la indignación

Foto: Musuk Nolte.

Cuando todavía no se disipa del todo la ira juvenil que derribó al Gobierno de Manuel Merino, varias iniciativas plantean recopilar los carteles, fotos y objetos que se esparcieron por las calles o las redes y caracterizaron las protestas más multitudinarias de los últimos tiempos. El historiador José Ragas los considera documentos de un proceso que ha marcado la historia reciente del Perú. En esta entrevista explica su importancia e invoca a su preservación urgente antes de que se pierdan.

22 Noviembre, 2020

La generación peruana que acaba de traerse abajo un Gobierno de más aires conspirativos que un discurso de Donald Trump nos ha regalado una inesperada poética del instante: desde aforismos escritos en cajas de cartón hasta fotos de muñecos infantiles bailando en calles rociadas de gas lacrimógeno. En el vértigo de las protestas, algunas piezas improvisadas en material reciclable -la despedida de un hijo a su madre, la figura del dinosaurio como emblema de la clase política- adoptaron un repentino carácter icónico. Entre los historiadores del mañana, serán documentos de la indignación. Los coleccionistas de reliquias les dan un nombre más específico: ephemera, materiales gráficos que fueron creados con la idea de que sean momentáneos, y sin embargo perduran. 

“Los carteles y grafiti ofrecen una forma de tomarle el pulso a la opinión pública”, escribió en su cuenta de Twitter el historiador José Ragas, profesor asociado de la Universidad Católica de Chile y testigo a su vez de un estallido social parecido ocurrido un año atrás en ese país.

Ragas, quien ha centrado su especialidad en el cruce de la historia y la tecnología, quiere construir ahora un auténtico museo de lo efímero: una colección de imágenes lo más completa posible de todos los mensajes, carteles, fotografías y objetos usados en las marchas de noviembre. La iniciativa coincide con otros proyectos que en estos días han advertido el carácter documental de piezas creadas con ingenio y hartazgo. Quizá sea el más grande esfuerzo por construir la biografía de una revolución peruana en tiempo real, pero también un relato coral de las fracturas cotidianas en el Perú en el Bicentenario.

 

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MENSAJES.  Manifestantes en el Centro de Lima dirigen sus críticas a ambos lados del espectro político y reivindican el carácter ciudadano de la protesta.
Foto: Musuk Nolte.

 

En principio, usted ha observado la protesta en tiempo real a pesar de encontrarse en Chile. ¿De qué manera marca esa distancia e inmediatez su mirada de lo que ha ocurrido? 

-Bueno, en principio creo que nadie, o quizás no muchos de nosotros esperábamos que iba a haber una reacción no solamente tan masiva, sino tan profunda. Había una suerte de cansancio acumulado, y esto [la vacancia] fue como lo último. Y en ese sentido, lo que uno puede ver con la dinámica de la protesta es cómo fue cambiando, cómo se fue adaptando en diferentes momentos. Sobre todo, al tener muchas cosas adversas: está lo de la pandemia, y toda esta corriente de opinión de algunos sectores [que se manifestó en] el terruqueo. Definitivamente es una protesta inusual en el país, y por eso me interesaba ver los antecedentes de los últimos veinte años. En muchos casos esas protestas fueron muy focalizadas, tanto en el interior del país como en la capital. O han sido protestas programadas, con calendarios específicos. La protesta que acaba de pasar ha articulado muchas agendas que tenían como resultado expresar un descontento con un gobierno que resumía todo lo que se ha criticado en los últimos años. Y si bien el caso peruano es particular, es imposible desligarlo de protestas globales de los últimos veinte años, desde el Ocupy Wall Street y la revolución árabe hasta lo que ha pasado más recientemente tras la muerte de George Floyd en Estados Unidos este año y el consiguiente estallido social. Obviamente cada protesta es diferente, responde a diferentes dinámicas, pero si uno ve el elemento de represión policial, el caso de George Floyd en Estados Unidos, el estallido social en Chile y el caso del Perú se parecen mucho, no solamente en la represión de las marchas, sino de hacia quién se dirige esa represión, y también en los intentos más serios para reformar la policía. 

En Estados Unidos, por ejemplo, hay todo un movimiento que se llama Defund the Police, que apunta a reorientar el enorme presupuesto que se da a las policiales locales y reorientarlo hacia las comunidades; en el caso de Chile, está el pedido de reforma de Carabineros, a raíz de todos estos casos de personas que han quedado invidentes por los ataques con balines que ha utilizado la policía en las protestas.

 

En los últimos años ha habido un intento mucho más serio a nivel internacional por documentar estas marchas y protestas.

 

 

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ÍCONOS. Las imágenes de Chacalón y Felipe Pinglo, dos ídolos de la música popular de distintas épocas, acompaña la marcha juvenil.
Fotos: Musuk.

 

En todos estos casos hay un registro que está en las calles, mensajes que incluso pasan de un país a otro, en esta época en que todo está interconectado.

-Exactamente. Los historiadores vemos en las protestas y las crisis momentos específicos y bastante ricos, en el sentido de que permiten apreciar situaciones que no se ven en época normal, permiten ver las rupturas, qué agendas o proyectos colisionan y también quiénes son los que se movilizan en momentos de crisis y quienes no, y sobre todo contra quienes se movilizan. Y si bien siempre hay manera de documentarlo, esta ha ido cambiando. Antes eran básicamente archivos periodísticos o entrevistas o colecciones particulares, pero en los últimos años ha habido un intento mucho más serio a nivel internacional por documentar estas marchas y protestas. Se puede mencionar, por ejemplo, la marcha de las mujeres contra Donald Trump, en el 2017, que se ha ido documentando poco a poco. Hay archivos digitales donde se han recogido los carteles, pero también los objetos, como estos famosos gorros rosas que se diseñaron. En el caso de George Floyd, por ejemplo, se han documentado una serie de paneles que se usaron para proteger negocios y que fueron intervenidos por la gente. En el caso del estallido social en Chile, hay muchos proyectos digitales que recogen justamente las diferentes manifestaciones. 

Uno puede ver, además, todo el merchandising, porque como han sido protestas continuas, ha habido muchos vendedores o emprendedores que han creado objetos para los manifestantes. Lo fascinante de esto es cómo se forma una cultura de protesta, que en el caso chileno es distinta a la cultura de protesta peruana y a la norteamericana. En el caso peruano no se ha hecho mucho eso. De la marcha de los Cuatro Suyos tal vez hay un registro fotográfico en prensa, pero no ha habido un trabajo más ambicioso para recoger ese tipo de testimonio. 

Además, uno puede ver que las protestas no son fenómenos homogéneos, sino que siguen lógicas distintas. Sobre todo, protestas que no tienen un liderazgo visible. Y lo maravilloso de eso es ver cómo la gente desarrolla una serie de prácticas aprendidas o de manera innovadora, y que las llevan a cabo. Por ejemplo, el hecho de desactivar bombas lacrimógenas, tener carteles, disfrazarse de personajes como Elmo o Pikachú. Eso expande el sentido de la protesta que se tenía hace varias décadas y lo lleva más a un carácter como de ritual. Hemos visto gente bailando el Pío pío o bailando marinera en la plaza San Martín. Es interesante cómo la gente amplia el sentido de lo que es protestar: no hay una sola forma, es una suerte de participación mucho más amplia y que puede ser más efectiva a la hora de conseguir determinados objetivos en una coyuntura de crisis como esta.

 

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CONCIENCIA. Las protestas tuvieron una activa participación de las mujeres, de manera individual o en colectivos de activistas y en brigadas voluntarias.
Fotos: Musuk.

 

 

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La iniciativa digital de José Ragas corre en paralelo con otras que se han propuesto reunir físicamente los carteles y objetos de las marchas. Espacio de Arte, un proyecto cultural que explora formas de interacción entre artistas y público, lanzó hace unos días una convocatoria abierta en redes sociales. La idea es organizar una muestra y luego publicar un libro. "A mi esposa le parece triste que estos carteles terminaran en la basura", dice  Alexis García, codirector del proyecto. Él piensa que permitir la pérdida de esos objetos sería un negación de su sentido más esencial: una protesta sin líderes que logó imponer sus demandas por medios gráficos. "Se viene un análisis de cada pieza, ya tratando a cada cartel como un documento histórico", adelanta García.

Ragas explica que la historia corre a dos tiempos: el mañana y el presente.

 

Me gustaría hablar del tipo de información que ofrecen estos objetos que adquieren un carácter testimonial. Un historiador podrá saber de qué se hablaba, quiénes organizaban la protesta, pero ¿qué otra información plantea preservar de esta época con su iniciativa?

-Creo que esto va a varios niveles. A los historiadores nos va a interesar tener la mayor cantidad de testimonios o de evidencia posible para estudiar dentro de algunas décadas, pero también para el caso más inmediato, y por eso me interesó hacerlo en Instagram y de manera gratuita: es para que la gente vea en qué consistió la protesta, que no tenga que esperar veinte o treinta años para leer un texto que le explique lo que pasó, sino que vea lo que está pasando ahora en otras partes, que se reconozca, que vea las foros y que estas imágenes se conviertan en una especie de canon junto a otras iniciativas similares que hay. La gente me ha enviado fotos de cucharones rotos de tanto golpear cacerolas. Esta no era una práctica tan común hasta hace unos años, pero se hizo ahora justamente porque mucha gente se quedó en casa por la pandemia y la forma de protestar era coger una olla o la sartén y darle con la cuchara de palo, que es un elemento cotidiano, o descargando apps que simulan el ruido de una cacerola. 

También está el otro lado imágenes que visibilizan el trabajo de personas que han estado en la protesta, como las que se dieron el trabajo de desactivar las bombas lacrimógenas. Ha habido desde estudiantes de ingeniería mecánica hasta brigadas feministas participando directamente en medio de las protestas. Entonces, el asunto es cómo devolver la complejidad de la protesta, cómo verla desde dentro y de que manera podemos entender parte de la historia del país, pero también cómo se construye una cultura de la protesta en el Perú en determinado momento. En ese sentido, espero que con este archivo suceda lo mismo que con el Archivo Covid-19 de San Marcos y los testimonios y evidencias sobre la cuarentena, es decir, que, cuando suceda una situación de crisis, se pueda registrar, para que no se pierda y pueda servir no solamente a historiadores sino en general como material educativo, periodístico o material cotidiano de cualquier persona que quiera reconocerse en ella.

 

Es para que la gente vea en qué consistió la protesta, que no tenga que esperar veinte o treinta años para leer un texto que le explique lo que pasó.

 

Usted ha contado que esta iniciativa se apoya en una experiencia previa en Chile, con el estallido social más impactante de las últimas décadas.

-Sí, fue de casualidad A los pocos días del estallido, tras una serie de saqueos, la gente empezó a salir a la calle con carteles, como una forma de expresarse. Yo vivo en el centro de Santiago y era bastante común encontrarse con eso. Era una protesta que tampoco tenía líderes, muy similar al caso peruano. La cuestión con los carteles es que son efímeros: la gente los hace para un momento y después los guarda o los bota porque ya no le sirven. Entonces, una manera de registrar eso fue que empecé a tomar fotografías de esos carteles, que se fueron haciendo cada vez más y más comunes hasta que llegó la marcha del millón de personas, en Santiago, el 25 de octubre. Pero, además, por mi formación en historia y tecnología, quería ver cómo la gente diseña los carteles, cómo cada cartel es diferente y no solo en el mensaje. Había personas que protestaban contra el costo de la salud, otras protestaban contra la violencia de carabineros, otras contra los prestamos estudiantiles, contra las deudas, o también contra la desigualdad. Entonces, de alguna forma, los carteles eran manifestaciones materiales con tecnología muy básica -un cartón, cartulina o papel-, que revelaban malestares y expectativas de la gente. Eso permite entender que es lo que está pasando en una protesta y sobre todo en el país. No hay muchas opciones a que la gente pueda manifestarse públicamente de esa manera. En las siguientes semanas y meses empecé a ir a documentar esto y recibí la ayuda de varias y varios colegas, amigos que contribuyeron con fotografías desde distintas partes de Chile, y de una ayudante, y logramos recopilar 3.500 imágenes de la protesta en Chile. Hay muchas otras iniciativas. Y la idea era captar lo máximo que se pueda esto, porque es básicamente material efímero. 

 

Archivo protesta Perú
  
SÍMBOLO. Bandera que atribuye presunta responsabilidad al efímero gobernante Manuel Merino en la represión policial que causó dos muertes.
Captura: Archivo Protesta Perú. 

 

Siempre me ha llamado la atención el rubro ephemera, que recopila material gráfico como boletos, afiches, cosas que parecen momentáneas y casi nadie guarda. En la Biblioteca Nacional se conserva un volante sobre la búsqueda de dos criminales emitido por la justicia de Nueva Zelanda en el siglo XIX, por ejemplo. Deben ser fuente clave para periodos convulsos. 

-Los materiales van cambiando con el tiempo. Por ejemplo, de una primera protesta como la de los hermanos Gutiérrez, tenemos testimonios en periódicos y grabados, todavía no existía la fotografía. Hay un poco más sobre las primeras protestas del siglo XX contra las carestías, contra el alza de los precios. Las manifestaciones políticas dejan también registro, pero por mucho tiempo estuvimos limitados a lo que eran registros de periódicos o fotos ocasionales. Yo creo que la protesta que ha pasado en el Perú es la mejor documentada de la historia del país. Eso tiene que ver con varios factores, desde la expansión de los smartphones, que permiten no solo tomar fotografías sino también videos. Y ese tipo de material no solo es importante para los historiadores, también tengo entendido que los familiares de una de las víctimas están pidiendo materiales para documentación para poder llevar el caso. Por eso es importante también crear una cultura de la documentación en la población. Los registros no son solo para historiadores, es un derecho ciudadano tener un archivo para documentar adecuadamente cualquier tipo de memoria personal, individual. Eso es tan importante como un documento oficial del Estado. Por ahí debemos que empezar trabajar más. 

El tener más documentos sobre la protesta permite también dejar de satanizarla, dejar de cuestionarla y reducirla a lo violento, y más bien verla como una forma legítima de movilización para demandar determinadas agendas, cuando el sistema no ha funcionado. La gente me está enviado material hasta por correo electrónico, y yo lo que trato es de verificar la información que me envían, para poner los créditos, porque es importante para contextualizar lo que pasó. En Chile pasó que se difundían imágenes del estallido social que no correspondían, que era falsas, para deslegitimar la protesta. Entonces, no se trata solo de la cantidad o del volumen del material, sino también hay que actuar para darle legitimidad, pidiendo la gente que le ponga la fecha o el lugar donde fue tomada cada imagen para que así pueda ser de más utilidad.

 

Los registros no son solo para historiadores, es un derecho ciudadano tener un archivo.

 

Debería ser parte de una política para preservar la historia reciente del país. 

-Yo esperaría que instituciones públicas como la Biblioteca Nacional hicieran un llamado a que la gente done los carteles, el problema es que no hay espacio. Esto se hizo en Boston, se logró recopilar cientos de carteles de la marcha de las mujeres y se digitalizaron. Pero la diferencia de esto es que los carteles tienen un elemento que no tienen las imágenes que es la parte material. Eso debería ser archivado, es parte de la historia del país. Podría ser la BNP, el Archivo de la Nación o el Lugar de la Memoria. Eso es parte de la memoria colectiva del país.

 

Archivo protesta Perú
AFORISMOS. Los mensajes políticos enfatizaron la soberanía de los ciudadanos ante la clase política que causó la convulsión general con la vacancia y la confusa toma del poder.
Captura: Archivo Protesta Perú. 

 

¿En el caso de Chile, alguno de esos carteles le pareció especialmente significativo?

-Sí, dos en particular. Uno decía algo como: “El neoliberalismo nació y morirá en Chile”, y me interesó porque demostraba que había una conciencia muy fuerte de que la desigualdad económica, que era el tema por el cual estaban luchando, tenía que ver con un contexto determinado, que era el sistema neoliberal implementado por los Chicago Boys de manera autoritaria en el Gobierno de Pinochet y que se había mantenido durante casi 50 años. También me llamaron la atención los carteles que denunciaban el costo de la salud, mucha gente que no podía tener acceso o que había quedado endeudada por medicamentos o por haber sido internados, mientras que los seguros eran demasiado caros. Eso también fue un elemento que detonó parte de la protesta, y tenía que ver con la desigualdad, con la falta de oportunidades de acceso a la educación de calidad, de transporte. Eso quedó muy claro en los carteles.

Y en el caso peruano, recuerdo uno muy conmovedor de un joven que se despide de su madre para ir a defender a la Patria. Y otro que decía temer solo a las chanclas de la madre. Tan solo eso ya era un indicador generacional de quienes protestaban.

-Si uno lo analiza con más detalle, tiene más profundidad en el sentido de cómo entienden la autoridad, cómo la autoridad más cercana, la familiar, puede tener más relevancia que la autoridad del Estado, y cómo ellos están dispuestos a desafiar esa autoridad del Estado cuando es necesario. Ahora, hay como una suerte de canon que circula en muchas partes del mundo. Por ejemplo, lo de la chancla me parece haberlo visto en otros países, y eso no los hace menos originales, al contrario, hace que las personas sepan adaptarlo en el momento adecuado; y ganan legitimidad cuando un cartel que una persona hace para sí mismo y en solitario adquiere sentido en un colectivo, dentro de muchas otras demandas y peticiones. Hace falta analizar los mensajes de los carteles, porque creo que uno puede aprender allí muchísimo de cómo está cambiando la cultura política peruana.