ojo biónico 1 Septiembre, 2020 01 / 09 / 2020
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ojo Falso

Por Carla Díaz

Verificación de imagen de WhatsApp

Versión que indica que vacunas contienen ADN fetal y metales tóxicos es falsa

Fecha de la detección: 26 de agosto del 2020
ojo Falso

Por Carla Díaz

Una imagen que circula en redes sociales alerta a las personas sobre una serie de componentes de las vacunas, entre los que supuestamente se encuentran rastros de acero inoxidable e incluso ADN fetal. Tras consultar con médicos especializados en investigación e inmunología, OjoPúblico concluye que esto es falso.

El afiche analizado en esta verificación aparece acompañado de una serie de links y supuestas fuentes que, además, sustentan la presencia de otros componentes como sales de aluminio, plomo, tungsteno, cloro, níquel, cromo, titanio, mercurio y formaldehído.

Para empezar, una de esas referencias es un estudio que afirma haber encontrado, en 44 tipos de vacunas analizadas, elementos inorgánicos y no biocompatibles. El reporte en cuestión fue publicado en la revista International Journal of Vaccines & Vaccination, de la editorial de acceso libre MedCrave. Sin embargo, según pudo verificar OjoPúblico, la supuesta editorial es una plataforma muy cuestionada por publicar artículos sin rigor científico. Al menos en dos ocasiones, MedCrave ha publicado en sus revistas estudios inventados que fueron enviados intencionalmente por investigadores para demostrar la ausencia de rigurosidad en el trabajo editorial de MedCrave.

En 2017, un editor científico envió un informe para una pseudo revista de urología que lo invitaba a colaborar, precisamente de la editorial MedCrave, que estaba inspirado en una enfermedad inventada en algún capítulo del programa televisivo. A pesar de que el informe estaba plagado de referencias a la serie, MedCrave lo publicó en su revista Urology & Nephrology Open Access Journal. Tras las críticas por el sucesos, el artículo fue retirado de MedCrave, que se negó a dar sus descargos a los medios de verificación que por entonces siguieron el hecho. 

Este no fue el único caso que ejemplifica el poco rigor de dicha editorial. El mismo año, un neurocientífico realizó una práctica similar y envió un artículo que analizaba la existencia de los midiclorianos, formas de vida creadas en la trama de la saga de Star Wars. Nuevamente, el artículo fue publicado sin inconvenientes en la revista International Journal of Molecular Biology: Open Access, de MedCrave.

Al igual que MedCrave, las otras plataformas citadas como sustento del afiche analizado en este chequeo, tampoco gozan de gran credibilidad, pues no se encuentran indexadas en ninguna revista, repositorio o editorial acreditada, como Scopus, PubMed, o en la base de datos del Directory of Open Access Journal.

Una de las fuentes adjuntadas en la imagen redirige a un estudio encargado por la organización estadounidense Moms Across America, dedicada al activismo y el cabildeo en contra de la administración de vacunas para niños, que ya ha sido desmentida en 2014 al asegurar que existía glifosato en la leche materna.

Dicho esto, pasamos a exponer los resultados de la verificación sobre la imagen que se ha difundido y los componentes que mencionan.

 

Sales de aluminio
 

Ahora bien, respecto a las sales de aluminio, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) -entidad de referencia en la autorización y seguimiento de medicamentos a nivel mundial-  ha explicado que, en efecto, son usadas en las fórmulas de algunas vacunas para incrementar la respuesta inmune de las personas, pero son inocuas, y su seguridad ha sido demostrada en más de seis décadas de uso. 

Los estudios que se han enfocado en verificar la seguridad de estos compuestos, en especial para niños, indican que la administración de vacunas con sales de aluminio representa un riesgo muy bajo incluso para los menores de un año. De hecho, se indica que puede haber mayor exposición al aluminio en ciertos alimentos o en el agua potable.

Si bien niveles altos de aluminio pueden causar reacciones inflamatorias, anemia o encefalopatía, estos solo se alcanzan cuando hay graves fallas de la función renal y a la vez se administran altas dosis de aluminio, según indica el artículo "Falsas creencias sobre las vacunas" publicado en la revista Science Direct de la editorial Elsevier. 

"El aluminio es un elemento frecuente en plantas, aire y agua, y la lactancia materna aporta en promedio 7 mg de aluminio durante los 6 primeros meses de vida, frente a los 4,4 mg que contienen todas las vacunas recomendadas hasta esa edad", indica la publicación. 

Para esta verificación, Alfonso Zavaleta Martínez, doctor en farmacología y docente de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, comentó que las sales de aluminio se usan para favorecer la respuesta del cuerpo, son potenciadores del efecto de la vacuna, y teóricamente no son tóxicas. “Necesitarías de una concentración muy alta para eso, no es una sustancia de toxicidad elevada”, precisó.

 

Formaldehído
 

El afiche analizado en esta verificación cita también la sustancia denominada formaldehído, que es un compuesto necesario para inactivar ciertos virus, por ejemplo, el de la polio. Aunque está diluido en la fórmula completa de la vacuna, es cierto que se pueden encontrar residuos en el producto final, pero en cantidades tan escasas que resultan incluso menores a las que se encuentran naturalmente en el cuerpo, e intervienen en el proceso de producción de energía.

“El cuerpo procesa continuamente el formaldehído, tanto de lo que produce por sí solo como de lo que ha estado expuesto en el medio ambiente. Cuando el cuerpo descompone el formaldehído, no distingue entre el formaldehído de las vacunas y el que se produce de forma natural o ambiental”, se lee en el reporte de la FDA. 

Las cantidades de formaldehído que pueden ingresar a través de una vacuna son bajas, tanto que un recién nacido, con un peso promedio de 2 a 3 kilos, tiene entre 50 y 70 veces más cantidad de este compuesto en su organismo de lo que recibiría en una o más dosis de vacunas

El artículo de la editorial Elsevier, que evalúa el origen de algunos mitos y errores que circulan sobre las vacunas, coinciden en que el formaldehído ha sido usado como inactivador de toxinas y virus, que está presente también en el cuerpo humano y que la cantidad en las vacunas es más de 600 veces menor que la necesaria para inducir a toxicidad en animales.
 

Mercurio y timerosal
 

Respecto a la presencia del mercurio en las vacunas, no es reciente la desinformación asociada a esta sustancia. Esta tiene su raíz en el uso del timerosal, un compuesto que evita el crecimiento de bacterias y hongos en algunas vacunas inactivadas. El timerosal contiene  pocas cantidades de etilmercurio, que es un tipo de mercurio orgánico.

El debate sobre si la sustancia es inocua o no ha sido largo, e inició a partir de un estudio publicado en la revista británica The Lancet, que luego fue retirado, pero abrió una gran discusión. Tras más de una década de estudios, la OMS ha explicado, a través de su Comité Consultivo Mundial sobre Seguridad de las Vacunas, que no hay evidencia de que la cantidad de timerosal aplicada en las vacunas represente un riesgo para la salud, y ha determinado que los productos con timerosal, que han sido precalificados por la OMS, cumplen con los estándares internacionales de seguridad, calidad y eficacia.

“No hay pruebas de toxicidad en lactantes, niños o adultos expuestos a timerosal (que contiene etil-mercurio) presente en vacunas”, figura en la declaración oficial de la organización frente a este tema. A similares conclusiones arribaron otras organizaciones de la salud como el Instituto de Medicina y la Academia de Pediatría de los EE.UU., el Comité de Seguridad de los Medicamentos del Reino Unido y la Agencia Europea de Medicamentos. 

“Luego de muchos estudios, instituciones neutrales tuvieron que intervenir, y se concluyó que no había ningún riesgo. El timerosal no causaba ningún efecto, a pesar de que tiene mercurio, es seguro para los niños. Por un efecto de precaución se retiró de la mayoría de vacunas hace años, pero se concluyó que no había ningún efecto dañino. Todo se había originado por un mal estudio, que fue retirado por sus autores”, explicó a OjoPúblico el médico neumólogo y especialista en investigación, Hernando Torres, de la Clínica Internacional. 
 

Acero y otros metales
 

Sobre la presencia de metales pesados en las vacunas, el médico inmunólogo José Luis Aguilar, de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, añadió que “muchos alimentos tienen contaminación con algunos metales pesados. La cantidad que hay en un tomate es mucho más que lo que puede haber en una vacuna y no es proporcional”. “No hay ninguna demostración de que estos metales tengan alguna relación con algún efecto tóxico importante”, indicó. 

El doctor neumólogo e investigador  Hernando Torres dijo que se pueden identificar algunos de estos elementos si se analizan de manera separada y muy detalladamente algunas vacunas, pero eso no hace que las fórmulas sean tóxicas, pues estos pueden estar presentes en muy bajas cantidades, y existen rangos de concentración que el cuerpo puede tolerar.

“Pueden ser sustancias que asustan. Si yo voy al laboratorio, puedo encontrar [una molécula de] acero [en una vacuna], que me podría parecer dañina. Pero eso solo te aparece si lo desagregas. La fórmula completa ha demostrado que el medicamento es inocuo. Y los beneficios son tremendos. Son más de cien años de beneficios increíbles de las vacunas”, dijo Torres. 

Cabe precisar que el acero inoxidable, al que hace referencia el afiche analizado, no es un componente químico, sino una aleación que resulta de un complejo proceso industrial y el único vínculo con el tema es el material con que se fabrican algunas piezas de instrumental médico. 

El doctor Alfonso Zavaleta descartó que las vacunas pueden contener productos no degradables, pues esto va en contra de las reglas de producción farmacéutica internacional. Sobre supuestos estudios que afirman haber identificado metales en las vacunas, Zavaleta añade que debe observarse en qué laboratorios se han hecho estos análisis, así como observar si las sustancias están por encima del límite de detección o no.
 

ADN Fetal
 

Ahora bien, respecto a que las vacunas contienen ADN Fetal, el medio de verificación español Maldita.es ha explicado que el mito de la presencia de ADN fetal en las vacunas tiene su origen en investigaciones de los años 60, que utilizaron líneas celulares descendientes de tejidos extraídos de dos fetos, que fueron resultado de abortos por causas terapéuticas.

El médico José Luis Aguilar también descartó enfáticamente que las vacunas de algún tipo contengan ADN fetal. “No se trata de poner en las vacunas ADN de personas. Las células nos sirven solo para producir proteínas. [...] La vacuna para Hepatitis B, por ejemplo, [resulta de] producir la proteína en una célula viva, se llama proteína recombinante. Varias vacunas son de ese tipo, y son las más seguras, porque solo pongo una proteína determinada”, comentó el inmunólogo. 

En función a lo expuesto, OjoPúblico concluye que la imagen que circula en redes sociales y afirman que las vacunas contienen sustancias como ADN fetal y otros metales tóxicos, es falsa.