Hugo Ñopo: “Los mercados necesitan regulación, la autoregulación no existe en el sector educativo”

OjoPúblico conversó con Hugo Ñopo, Ph.D. en Economía y especialista en educación y mercados de trabajo, sobre el sistema universitario privado, los beneficios tributarios de este sector, el proceso de licenciamiento y las consecuencias de estudiar en universidades baratas y de mala calidad.

ENTREVISTA. El experto en educación habla sobre la necesidad de regular el mercado de universidades privadas en el país.

ENTREVISTA. El experto en educación habla sobre la necesidad de regular el mercado de universidades privadas en el país.

Foto: Andina

En 1996, el gobierno de Alberto Fujimori impulsó la creación de universidades con fines de lucro y ratificó una serie de privilegios tributarios para la educación privada. Pero estas medidas no alentaron necesariamente la calidad y en varios casos se han reportado el mal uso de estos beneficios. 

Para enfrentar este y otros problemas, el 2014 se aprobó la Ley Universitaria 30220. Al año siguiente, la Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria (Sunedu) puso en marcha el licenciamiento para determinar si las universidades cumplían o no con una serie de condiciones básicas que garanticen la calidad educativa. 

Hasta el momento, de las 145 universidades registradas en el país, 83 tienen el licenciamiento y a 29 se les ha negado esta autorización porque no cumplían estándares mínimos de calidad, por lo que deberán cerrar sus actividades en un plazo máximo de dos años. Sobre todos estos temas, la baja inversión en educación y la estafa de algunas, OjoPúblico conversó con el economista Hugo Ñopo.

En 1996, durante el segundo gobierno de Alberto Fujimori, se impulsa la creación de universidades privadas con fines de lucro. ¿Por qué cree que se toma esa decisión? 

El contexto más amplio es el de la ola de privatizaciones que sucedía en el país. El diagnóstico del momento era que el Estado era un mal administrador, entonces se empezaron a privatizar varias cosas. Con la educación, el discurso era el Estado brinda un servicio educativo de mala calidad. Allí es donde se abrió la puerta para que proveedores privados ingresen, bajo el entendido, que no necesariamente es cierto, de que los privados son mejores a la hora de proveer un servicio. Como no se iban a vender los colegios públicos para que los privados los operen, no sucedió la privatización “por venta”, sino una “privatización por defecto”.

Hay un empresariado (en el sector educativo) acostumbrado a “bypassear” la ley”, a hacer cosas que son inmorales.

¿Cuáles son los riesgos que surgen al abrir las puertas a universidades con fines de lucro? 

La provisión privada de servicios educativos es un tema bastante complejo. Perú es uno de los países donde abiertamente se permite el lucro en los servicios educativos. Hay algunos países donde el lucro no está permitido, como Chile y Colombia, sin embargo, sí hay lucro. ¿Cómo? Si la universidad o el colegio no puede tener lucro, lo que hace es poner al lado una compañía inmobiliaria que le alquila los edificios a la universidad. Entonces, el lucro contablemente no aparece en la universidad, pero sí en la inmobiliaria. O ponen una compañía de servicios de alimentación de una universidad y esta hace el lucro. Maquillar los lucros creando compañías satélites es relativamente fácil y sucede en varios países. Hay quienes dicen que el corazón de los problemas está en que la educación pueda tener fines de lucro. Pero no necesariamente, existen otras maneras de “bypassear” la ley. En gran medida por ahí están nuestros problemas actuales. Hay un empresariado acostumbrado a “bypassear” la ley, a hacer cosas que no son ilegales, que están en plena libertad de hacer, pero que son inmorales.

Las universidades privadas cuentan con varios beneficios tributarios. ¿Esta es la mejor manera de subsidiar la educación?

Es que yo no creo que la educación necesita que se le subsidie. Lo que nosotros tenemos aquí es un sistema educativo donde subinvertimos en educación. Así no vamos a salir del nivel educativo en donde estamos. El país invierte en educación aproximadamente 3,7% del PBI de cada año. Es un porcentaje muy bajo. Significa más o menos 1.100 dólares por estudiante al año. Mientras que Colombia invierte el doble. Chile y México, el triple. Ya si quisiéramos compararnos con países europeos, países de la OECD, ellos invierten cinco, seis veces lo que nosotros por estudiante por cada año lectivo. Finlandia, la estrella de la educación estandarizada y las pruebas de educación, invierte 15.000 dólares por estudiante por año.

Algunas universidades privadas han iniciado procesos en el Tribunal Fiscal y el Poder Judicial para insistir en la vigencia del crédito tributario por reinversión.

Parte del problema es que hay un vacío legal del que [las universidades] se pueden aprovechar para seguir teniendo acceso a esos beneficios. Pero hay que encontrar la forma de resolver esos vacíos legales. Ahí sí necesitamos un Ejecutivo, un Legislativo que eviten ese aprovechamiento. Pero nuevamente descuidamos el gran elefante en el salón que es: le destinamos muy pocos recursos a la educación. Ahora bien, otro problema también es que con la proliferación de universidades de bajo costo se ha cumplido un sueño de una cantidad importantísima de gente que quería tener acceso a la educación. El sueño de la nueva clase media emergente: tener una casa, un carro, enviar a los hijos a la universidad. Son sueños muy generalizados y muy legítimos de la población, pero hay una trampa de esto, que es que la universidad no puede ser de bajo costo.

Probablemente hoy, en el estado de desarrollo en que nos encontramos como país, no estamos en una situación en la cual la universidad sea para todos.

¿Por qué dice que no puede ser de bajo costo?

Porque la educación, especialmente la universitaria, debe ser de calidad. Y la calidad cuesta muchísimo. Una buena universidad necesita de edificios, laboratorios, bibliotecas, pagar bien a sus docentes, enviarlos a conferencias para que se mantengan al día... Todo eso es carísimo. Una buena educación es cara, tiene que ser cara. Ahí viene el rol de un Estado, que tiene que proveer esa educación de altísima calidad y de alto costo, pero dando el financiamiento necesario a las familias, para que puedan tener acceso a esa educación. Por ejemplo, creando un sistema de becas y créditos. Que no sea por limitaciones financieras que los jóvenes talentosos dejen de ir a la universidad.

Mala educación. Hay 28 universidades peruanas se han quedado sin licencia para funcionar. La Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria ha determinado que ninguna cuenta con las condiciones básicas de calidad para brindar servicios educativos.
La mala educación. Hay 28 universidades peruanas se han quedado sin licencia para funcionar porque la Sunedu ha determinado que ninguna cuenta con las condiciones básicas de calidad para brindar servicios educativos.
Foto: Leslie Searles

¿Pero eso no implicaría el endeudamiento de las familias?

Sí. En casi todos los países del mundo la gente se endeuda para estudiar. Hay países que tienen problemas en la forma como se endeuda la gente, como Estados Unidos o Chile, donde las deudas son demasiado altas. Pero hay países nórdicos, como Alemania u otros, donde la gente también se endeuda para estudiar, pero a tasas razonables, en unos mercados bien controlados, donde estos préstamos estudiantiles se pueden pagar a mediano o largo plazo. Hay que pensar en estos mercados de créditos estudiantiles, pero de una manera sensata y sensible a la familia, centrados en ella. De manera que los préstamos después no acaben absorbiéndole la vida a las personas.

Si las universidades funcionan como empresas, entonces el cliente, o sea el alumno, tiene la razón y hay que darle lo que desea: un título a como dé lugar.

Ahí hay un problema bien grande. Que las universidades sean empresas al final de cuentas, aunque pueda sonar controversial, puede que no esté tan mal. Las universidades necesitan tener buenos manejos, buena gestión empresarial. Que tengan fines de lucro de repente nos incomoda un poco más, pero tampoco ahí está el fondo del problema. El problema sí está que estas universidades con fines de lucro compiten por un mercado de estudiantes y por eso tienen que satisfacer al cliente: aprobarlos, que pasen por agua tibia. Pero es una satisfacción de corto plazo. Si de verdad estuvieran preocupados por el cliente en tanto persona y profesional, si de verdad les interesara su futuro, sabrían que lo mejor es ser exigente porque eso sí le servirá. Parte del problema está en poner a empresas a competir en el corto plazo por un servicio cuyo fruto se mide en el largo plazo.

Hay que pensar en estos mercados de créditos estudiantiles, pero de una manera sensata y sensible a la familia, centrados en ella

En todo este contexto de proliferación de universidades, que luchan más por captar alumnos que por dar buena educación, ¿qué importancia tiene la Ley Universitaria?

Muchísimo. La Ley Universitaria y la Sunedu. Los mercados necesitan regulación, la autoregulación no existe. Antes de la Ley Universitaria y Sunedu existía la Asamblea General de Rectores y su argumento para que no entre a Sunedu era decir “nosotros nos autoregulamos”. Ya vimos que eso no existió.

Y con la Sunedu aparece el licenciamiento, al que mucho se opusieron. 

Aquí es donde ves claramente una cosa bien asimétrica. Quienes no están a favor de Sunedu, quienes son más vocales al decir que están en contra son aquellos que tienen algo que perder, que están vinculados con universidades de baja calidad, ineficientes, de malos manejos. Las universidades de mayor prestigio, las mejores del país, las de estándares internacionales no han dicho nada y les ha ido bien en el licenciamiento. Hay que poner eso sobre la mesa. Hay muchas universidades que están bien con Sunedu porque cuando eres un buen actor de un mercado no hay nada mejor que llegue alguien a dar señales. La información es un instrumento importantísimo para que los mercados funcionen.

Algunos dueños o autoridades de estas universidades cuestionadas por su baja calidad reclaman que el proceso del licenciamiento es discriminatorio y solo afectan a los jóvenes más pobres

Pero es que para estos jóvenes inclusive es peor que sigan estudiando en una universidad de mala calidad en la que después de graduarse saldrán sin opciones en el mercado de trabajo. Hay muchos jóvenes a los que les iría mejor yendo a trabajar de frente al salir del colegio, en lugar de entrar a estudiar a una universidad de mala calidad. Debemos de tener mucha claridad sobre cuán nociva es una educación de mala calidad. Puede hacer más mal que bien y eso no queda claro en la discusión pública.

Si las universidades más baratas no garantizan calidad. ¿La universidad es solo para los que tienen más dinero y oportunidades?

Ahí está el problema, el entrampamiento. Probablemente hoy, en el estado de desarrollo en que nos encontramos como país, no estamos en una situación en la cual la universidad sea para todos. ¿Por qué? Porque todavía en los sistemas educativos de primaria y secundaria tenemos aprendizajes que son muy dispares: hay quienes tienen estándares de aprendizaje comparables a los de OECD, pero hay muchos otros que tienen logros de aprendizaje muy bajo que no les alcanza para llegar a la universidad. La universalización es una aspiración para la cual aún no estamos preparados en el nivel de desarrollo en el que nos encontramos. Es un ideal al que deberíamos aspirar, pero no es viable hoy. Al contrario, es contraproducente. Un tercio de los graduados universitarios están subempleados.

Hoy es que el factor clave para la provisión de un servicio educativo de calidad es el docente.

Y también está demostrado que el subempleo abunda más en los egresados de universidades de mala calidad.

Ahí está el gran bolsón de los subempleados. Ahora bien, hay que matizar todo esto con lo siguiente: uno no va a la universidad solo para generar ingresos en el futuro, sino también para formarse, para adquirir una formación humanista, para ser mejor ciudadano. Estos otros elementos tienen que estar. Estaría muy bien y contribuirían mucho personas estudiando Lingüística, Filosofía, Matemáticas y otras cosas carreras que no son “empleables ni rentables”. Pero estas carreras son incompatibles con la provisión privada de servicios educativos. El negocio de las universidades privadas está poder dar el servicio a bajo costo y de manera masiva. Esas son las dos claves. Por eso es que, por ejemplo, es muy rentable formar abogados. ¿Cuál es el costo de formar abogados? Poner salones, profesores, algunas lecturas. No hay que invertir en laboratorios ni en grandes estructuras. La inversión es bien sencilla y en un salón se pueden entrar decenas de alumnos. Por eso es que estas universidades producen muchos abogados, muchos administradores, muchos docentes, porque es lo rentable.

Aparte del licenciamiento ¿cuáles serían las medidas correctivas claves para remontar esta situación?

Lo que la literatura de educación tiene como consenso hoy es que el factor clave para la provisión de un servicio educativo de calidad es el docente. El docente es el que marca la diferencia, tener buenos docentes es lo importante. En eso hay que pensar: en seleccionar a los mejores del país para que se conviertan en docentes primarios, secundarios. Renovar la plana docente universitaria puede tomar tiempo, de repente una década, de repente un poco menos. Pero renovar la plana docente de primaria y secundaria va a tomar mucho más tiempo. Porque para ser un docente de ese tipo hay que estudiar una carrera de pedagogía o una especialización en pedagogía. ¿Cómo atraer a los mejores para que opten por enseñar? Hay que cambiar el estatus de la profesión docente. Cambiarla dándole un prestigio que hoy necesariamente no tiene. Y eso pasa por niveles de exigencia, acreditación y salarios. Ganan muy poco, eso tiene que cambiar.

 

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