Las personas vacunadas deben mantener la distancia física y seguir usando mascarillas

La viróloga Angela L. Rasmussen del Centro de Ciencias y Seguridad de la Salud Global de la Universidad de Georgetown sostiene que la gente vacunada puede estar protegida contra la enfermedad de la Covid-19, pero que aun así pueda propagar el virus del SARS-CoV-2 a otras personas que no lo estén. El principal criterio de valoración de los estudios clínicos en el desarrollo de estas vacunas fue determinar si protegían contra de los síntomas de la enfermedad.

MANTENER PROTOCOLOS. Una persona vacunada todavía podría desarrollar una infección, pero esta será eliminada con rapidez del cuerpo antes de convertirse en Covid-19, pero esa persona aún podría transmitir.

MANTENER PROTOCOLOS. Una persona vacunada todavía podría desarrollar una infección, pero esta será eliminada con rapidez del cuerpo antes de convertirse en Covid-19, pero esa persona aún podría transmitir.

Foto: Andina

Por Angela L. Rasmusen

 

El propósito de las vacunas contra la Covid-19 es evitar la muerte y las graves complicaciones para la salud que están colmando nuestro saturado sistema sanitario. Todas las vacunas para uso de emergencia hacen esto, y su seguridad y eficacia en los estudios clínicos han superado las expectativas. Sin embargo, como era de esperarse, la mayoría de las personas quiere saber más: si se vacunan, ¿se detendrá la propagación del virus para que puedan socializar fuera de sus burbujas y cenar en interiores con desenfreno? Con el tiempo, sí.

Muchos científicos están reacios a decir con certeza que las vacunas previenen la transmisión del virus de una persona a otra. Esto se puede malinterpretar como una admisión de que las vacunas no funcionan. Pero no es el caso. Los limitados datos disponibles sugieren que las vacunas al menos reducirán de manera parcial la transmisión y actualmente se están realizando estudios para determinar esto con mayor claridad. Debería haber más información en los próximos meses. Hasta entonces, las medidas preventivas como el uso de las mascarillas y el distanciamiento de las personas no vacunadas seguirán siendo importantes.

Es verdad que, según los datos de los estudios clínicos, tanto la vacuna de Pfizer-BioNTech como la de Moderna tienen una alta eficacia en la prevención de la Covid-19 (la enfermedad, es decir, el desarrollo de síntomas), pero no se sabe su capacidad para evitar la infección del SARS-CoV-2 (el virus). Aunque Covid-19 y SARS-CoV-2 a menudo se usan de modo intercambiable, son fundamentalmente distintos. No se puede tener la enfermedad sin el virus, pero se puede tener el virus y no desarrollar la enfermedad, como ya lo saben muchos asintomáticos. Es posible que la gente vacunada esté protegida contra la Covid-19, pero aun así pueda propagar el SARS-CoV-2 a otras personas que no estén vacunadas.

El uso de las mascarillas y el distanciamiento de las personas no vacunadas seguirán siendo importantes.

¿Por qué los científicos harían vacunas que protegen en contra de una enfermedad en vez del virus que la causa? No es su intención que sea así, pero es el resultado, en parte, de las exigencias de los estudios clínicos. En la práctica, los estudios clínicos se pueden completar más rápido si el criterio de valoración del estudio -el principal planteamiento científico que está investigando el estudio- se puede observar con facilidad. Si la infección por SARS-CoV-2 fuera el criterio de valoración del estudio, se les deberían hacer pruebas al menos cada semana a los participantes en los estudios clínicos. Es más fácil identificar a los participantes que desarrollan síntomas de la Covid-19 y luego recoger una muestra para confirmarlo. Por lo tanto, en nombre de la eficiencia, el principal criterio de valoración de los estudios clínicos fue determinar si las vacunas protegían en contra de los síntomas de la Covid-19.

Este enfoque del estudio también tiene sentido desde una perspectiva de salud pública. La mayoría de las personas infectadas con el SARS-CoV-2 no morirá, pero muchas se enfermarán de manera grave y requerirán atención médica. Esto provoca que se llenen los hospitales y pone una presión significativa sobre el sistema sanitario. Las vacunas que pueden transformar una enfermedad que por lo regular sería grave en algo leve y manejable alivian esta carga, salvan vidas y mejoran su calidad.

Hay muchas vacunas que no ofrecen una inmunidad esterilizante total, pero tienen inmensos beneficios para la salud pública.

Cuando los científicos desarrollan una vacuna en contra de un virus nuevo, es difícil predecir si la vacunación evitara la infección por completo, lo que se conoce como inmunidad esterilizante. Si las vacunas para la Covid-19 no producen una inmunidad esterilizante, quiere decir que una persona vacunada todavía podría inhalar suficiente virus SARS-CoV-2 para desarrollar una infección y esta será eliminada con rapidez del cuerpo antes de convertirse en Covid-19, pero esa persona aún podría pasarle la infección a otra persona.

Hay muchas vacunas que no ofrecen una inmunidad esterilizante total, pero tienen inmensos beneficios para la salud pública. Todos los años, la vacuna de la influenza salva vidas y mantiene a la gente fuera de los hospitales a pesar del hecho de que no evita la infección por completo.

A partir de todo lo que sabemos hasta ahora, es muy poco probable que las vacunas que tienen un 95% de efectividad en la prevención de la enfermedad sintomática no tengan ningún tipo de impacto en la infección. Según datos recogidos en estudios en animales y ensayos para vacunas, la vacunación reduce la infección asintomática, así como la cantidad de virus que producen las personas infectadas. En Israel, donde una parte considerable de la población ha sido vacunada, ha habido un declive significativo en los casos desde que comenzó la vacunación en diciembre, con una reducción del 49% observada en la gente mayor de 60 años, de acuerdo con un informe preliminar.

En este momento, están en marcha estudios para determinar mejor el impacto de las vacunas en la transmisión y, mientras tanto, si las precauciones como el uso de la mascarilla se suman a un aumento en la inmunización, los casos de SARS-CoV-2 deberían caer en picada.

Las vacunas que no evitan la infección viral aún pueden parar las epidemias rápidamente.

 

La evidencia histórica muestra que las vacunas que no evitan la infección viral aún pueden parar las epidemias rápidamente. Por ejemplo, la vacuna de la polio que desarrolló Jonas Salk, que no brinda una inmunidad esterilizante, dio como resultado una rápida eliminación de la polio en Estados Unidos a inicios de la década de 1950. Las personas se formaron ansiosas para recibir la vacuna que protegiera a sus hijos y a ellas mismas. La vacuna de Salk brindaba una alta protección en contra del impacto devastador de la enfermedad y también lograba reducir la propagación del virus porque se vacunó a mucha gente y se pudo eliminar la infección.

En la actualidad, las vacunas de la Covid-19 son una victoria para la salud tanto como lo fue la vacuna de Salk en aquel entonces. Nos convendría recordar el poder transformador de las vacunas que previenen enfermedades, pero no evitan por completo la infección cuando suficientes personas son vacunadas. Mientras más pronto se reduzca la propagación en la comunidad y se proteja a la mayor cantidad de gente posible por medio de la vacunación, más pronto podremos relajarnos.

 

@2021 The New York Times Company

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