Antropóloga de EE.UU. lidera proyecto para entender por qué algunas personas dudan de las vacunas

Heidi Larson, fundadora del Proyecto Confianza en las Vacunas, considera que las personas que rechazan las vacunas no son individualistas sin educación y negadores de la ciencia, sino que en realidad tienen preguntas y dudas genuinas y están en busca de orientación.

LONDRES. Heidi Larson es fundadora del Proyecto de Confianza en las Vacunas.

LONDRES. Heidi Larson es fundadora del Proyecto de Confianza en las Vacunas.

Foto: Edu Bayer / The New York Times.

Por Jenny Anderson

A fines de septiembre, Heidi Larson, antropóloga y fundadora del Proyecto de Confianza en las Vacunas en Londres, participó en una llamada de Zoom con el equipo de trabajo de Verified, un grupo dirigido por las Naciones Unidas que trabaja para combatir una creciente marea de desinformación sobre las posibles vacunas para la Covid-19.

Larson, de 63 años, tal vez sea la principal gestora de rumores del mundo. Ha pasado dos décadas en países devastados por la guerra, pobres e inestables de todo el mundo, así como en países ricos y desarrollados, esforzándose por comprender qué hace que la gente dude en vacunarse.

Está obsesionada con el origen y la evolución de los rumores, a los que llama una “solución colectiva de problemas” y considera a la mayoría de los antivacunas (un término demasiado opositor en su opinión) no como individualistas sin educación y negadores de la ciencia, sino como personas con preguntas y dudas genuinas en busca de orientación. “Se trata de un grito público que dice: ‘¿Alguien está escuchando?’”, escribe en su libro de reciente publicación “Stuck: How Vaccine Rumors Start and Why They Don’t Go Away”.

Estos son días muy ocupados para una gestora de rumores y para quienes los esparcen. El Proyecto de Confianza en las Vacunas, que comenzó en 2010, reúne a más de una docena de miembros del personal con experiencia en Ciencias Políticas, Psicología, modelamiento matemático, epidemiología y otras materias.

Larson considera a la mayoría de antivacunas no como individualistas sin educación y negadores de la ciencia, sino como personas con dudas genuinas en busca de orientación

Supervisan las noticias, las redes sociales y las conversaciones comunitarias en casi todos los países y en 63 idiomas, para conocer los rumores que podrían socavar la aceptación de vacunas críticas. Sobre todo, con los datos duros que se recaban en las numerosas encuestas y cuestionarios que el equipo realiza, han demostrado que lo que una vez pareció el fantasma de un problema es algo inquietantemente tangible y real.

La confianza en las vacunas “es tan importante como su eficacia”, explicó Daniel Salmon, director del Instituto para la Seguridad de las Vacunas de la Escuela Bloomberg de Salud Pública de la Universidad Johns Hopkins. “Las vacunas no salvan vidas. La vacunación salva vidas”.

Sin embargo, Larson ha aprendido que centrarse en la inexactitud de cualquier rumor nos distrae de lo importante. Durante la llamada con el equipo de Verified, una joven del grupo le preguntó a Larson cómo debían responder a los datos. ¿No deberían concentrarse en las empresas de redes sociales y presionarlas para que eliminen las publicaciones antivacunas?

“No creo que retirar las publicaciones vaya a eliminar el sentimiento”, dijo Larson. “Si cierras Facebook mañana, eso no va a hacer que esto desaparezca. Solo se irá a otra parte”, agregó.

Es un mensaje que Larson se esfuerza por comunicar a los ministerios de salud, las compañías farmacéuticas, las organizaciones no gubernamentales y las empresas de redes sociales que últimamente se han acercado a su equipo en busca de información y ayuda. Los rumores se arraigan en el terreno de la duda y es el terreno el que quiere atención. “No tenemos un problema de desinformación. Tenemos un problema de confianza”, dijo.

 

‘Una especie de diplomacia blanda’

 

Las dudas sobre las vacunas no son nada nuevo. El primer grupo de la liga antivacunas apareció en el Reino Unido en la década de 1850, cuando el gobierno trató de hacer obligatoria la vacunación contra la viruela. El caso más famoso se dio en 1998, cuando Andrew Wakefield, un médico que posteriormente perdió su licencia, publicó un estudio muy compartido que proclamaba falsamente la existencia de un vínculo entre el autismo y la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola. El documento fue revocado doce años después, pero no antes de que las tasas de inmunización en algunos países disminuyeran de manera drástica.

Las redes sociales, el aumento del sentimiento antiglobalización y la erosión de la confianza del público han amplificado el problema. Larson observó que una de las razones por las que el tema de las vacunas es tan controversial es porque estas afectan a todas las personas del planeta; las inventaron científicos que hablan en una jerga que muchas personas no entienden; las venden compañías farmacéuticas que generan poca fe entre las personas y las impulsan gobiernos en los que la gente confía todavía menos.

Al mismo tiempo, escribe en su libro, las vacunas representan ”uno de los mayores experimentos sociales a nivel mundial de colectivismo y cooperación en la era moderna”. Apuntalarlas, añade, sirve “como una especie de diplomacia blanda para mantener al menos un nivel fundamental de cooperación mundial vivo y bien”.

Las vacunas son uno de los mayores experimentos sociales a nivel mundial de colectivismo y cooperación en la era moderna

Para arreglar un problema, hay que saber primero cuál es su magnitud. Con ese fin, Larson y su equipo han dedicado una década a desarrollar métricas, a documentar historias de vacunas y de falta de confianza, a recopilar datos y a realizar investigaciones académicas sobre lo que impulsa y debilita la adopción de las vacunas.

Su investigación hace énfasis en el hecho de que, tratándose de las vacunas, la renuencia suele ser una cuestión de emoción, algo que el resto de la comunidad médica ha tardado en reconocer. En 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) calificó la renuencia a vacunarse como uno de los diez principales riesgos para la salud mundial, un grado de reconocimiento que Larson no previó hace una década.

Y a pesar de ello, Larson no siente que la comunidad médica esté a la altura del momento. “Tenemos que estar muy por delante de donde estamos”, dijo hace poco por teléfono, y calificó de ”abismal” el financiamiento para el desarrollo de estrategias de fomento de confianza.

 

La perspectiva de los pacientes

 

En algún momento del año 2002, durante un viaje al norte de Nigeria para el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), Larson tuvo una epifanía profesional. En ese lugar, los trabajadores de la salud iban de puerta en puerta para administrar la vacuna contra la polio, en un esfuerzo por erradicar la enfermedad en uno de los últimos lugares en el mundo donde aún no se había logrado ese cometido, pero el gobernador del estado de Kano decidió boicotear la iniciativa.

El sentimiento antioccidental era elevado tras el 11 de septiembre y la respuesta militar estadounidense, además de que había rumores sobre la vacuna: era un anticonceptivo para esterilizar a los niños nigerianos; causaba SIDA; la CIA estaba implicada en su distribución. El boicot acabó costándole a la iniciativa mundial de erradicación de la poliomielitis 500 millones de dólares en progreso perdido, dado que la cepa de poliomielitis nigeriana se abrió paso en 20 países, incluida Indonesia.

Larson habló con un grupo de madres nigerianas a las que les molestaba que las llamaran “ignorantes” en la radio por no haber accedido a vacunar a sus hijos. Le dijeron: “No estaríamos haciendo preguntas si fuéramos ignorantes”. Ella se convenció de que había que hacer más para incluir a las personas con dudas, en lugar de simplemente desestimarlas.

“Vi que gran parte de las estrategias de comunicación estaban motivadas por lo que la comunidad de salud pública y los inmunólogos pensaban que el público necesitaba saber”, dijo Larson. “Pero no respondían a las preocupaciones, los problemas ni las preguntas de la gente”, afirmó.

Las estrategias de comunicación estaban motivadas por lo que la comunidad de salud pública y los inmunólogos pensaban que el público necesitaba saber

Su perspectiva era única. “Heidi es la encarnación personal de la necesidad de mirar esto desde la perspectiva de los pacientes, cómo lo están viendo y cuáles son los factores que les ayudarán a tomar la decisión por sí mismos, por su familia o por sus padres”, explicó Bruce Gellin, presidente de inmunización mundial del Instituto de Vacunas Sabin.

 

Oyentes en el terreno

 

Durante los últimos cinco años, Larson ha encabezado un consorcio financiado por la Unión Europea que trabaja en cuatro países africanos (Sierra Leona, Ruanda, la República Democrática del Congo y Uganda) para promover la confianza y la aceptación de los ensayos de la vacuna contra el ébola que se están llevando a cabo allí. Entre sus componentes, el proyecto ha reclutado a “oyentes” locales que se reúnen cada semana con los médicos del ensayo para compartir información sobre lo que están escuchando en la comunidad.

En un momento dado, circuló el rumor de que los trabajadores sanitarios robaban la sangre de los participantes. En respuesta, los trabajadores explicaron que solo estaban extrayendo un poco de sangre y les mostraron a los participantes los frascos. Los rumores se evaporaron.

El proyecto a reclutado a "oyentes" locales que se reúnen cada semana con los médicos del ensayo para compartir información

En otra ocasión, la gente estaba preocupada porque, debido a que se les ofrecía un seguro por participar en el ensayo, se esperaba que algo saliera mal. Después de eso, la oferta del seguro se reformuló como: “No esperamos ningún problema, pero nos preocupamos por su salud”. Los ensayos tuvieron una alta tasa de participación y un gran número de personas regresaron por una segunda dosis, un logro raro en la salud pública.

Para Larson, el éxito es una prueba de su estrategia general: la creación de confianza empieza con hacer las preguntas correctas y trabajar para descubrir cuáles son. Cada situación -cada comunidad de problemas y rumores- es diferente. En el caso del ébola, los “oyentes” son residentes locales que están entrenados para saber qué preguntar y cómo responder. En Europa oriental, donde el Proyecto de Confianza en las Vacunas está monitoreando la opinión sobre las vacunas en redes sociales, “no solo hacemos preguntas, sino que también damos respuestas”, dijo Simon Piatek, el líder digital del equipo.

Ahora circulan rumores en línea sobre que la vacuna contra la influenza hará que los receptores sean más vulnerables a la Covid-19. El equipo de Larson está formulando una respuesta que no solo dice: “Vacúnate contra la influenza”, sino: “La vacuna contra la influenza no te pone en mayor riesgo de contraer Covid-19”.

“Sabemos que los mensajes muy científicos por sí solos no funcionan y no generan confianza”, afirmó Larson. Y sí es importante quién los transmite: pensemos en Kim Kardashian (en Estados Unidos) o en una estrella de Bollywood (en India), no en un médico de bata blanca de la OMS o en su gobierno federal, comentó Piatek.

"Los mensajes muy científicos por sí solos no funcionan y no generan confianza... Sí es importante quién los transmite"

Últimamente Larson ha estado hablando con gente de Facebook, que a menudo ha tenido dificultades con su influencia como uno de los mayores bazares de información del mundo. Desde que comenzó la pandemia, ha transmitido a sus 2000 millones de usuarios diversos mensajes proporcionados por la OMS, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) y organizaciones similares: la importancia de usar mascarillas, practicar el distanciamiento social y lavarse las manos.

Pero, ¿cuáles de esos mensajes tuvieron un impacto? Praveen Raja, jefe de innovación y asociaciones en materia de salud de Facebook, se acercó a Larson después de escucharla en un podcast hablando de cómo las personas sopesan los riesgos de la vacunación contra el riesgo de contraer la enfermedad.

“Nunca había escuchado a nadie con ese nivel de perspicacia”, dijo Raja.

Ambos comenzaron a explorar cómo el Proyecto de Confianza en las Vacunas podría ayudar a la empresa a diseñar mensajes con más efecto, no solo con respecto a una posible vacuna contra la COVID-19, sino para la vacuna contra la influenza y para las inmunizaciones infantiles de rutina, cuyas tasas han estado disminuyendo.

“Es importante para nosotros entender cómo crear y enviar mensajes que realmente atiendan las necesidades de las personas. Heidi tiene esos conocimientos”, afirmó Raja.

Larson se describe a sí misma como una “optimista paciente” en un momento en que muchas personas no se sienten ni pacientes ni optimistas. Su perspectiva es en parte antropológica: una comprensión y empatía por las complejidades del ser humano.

También proviene de la relativa simplicidad de su diagnóstico: generar confianza es una acción cotidiana, que requiere un cambio de mentalidad, no un nuevo conjunto de instrucciones operativas. En fechas recientes ha estado repitiendo una frase que a menudo se le atribuye a Theodore Roosevelt, y que escuchó de Jerome Adams, el director general de sanidad de Estados Unidos: “A la gente no le importa lo que sabes, a menos que sepan que te importa”.

“Da en el clavo. Ese es el dilema de la confianza”, afirmó Larson.

 

© 2020 The New York Times Company

 

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