ENCIERRO. Testimonios desde el aislamiento.

Diario de la cuarentena: las historias de todos

Diario de la cuarentena: las historias de todos

ENCIERRO. Testimonios desde el aislamiento.

Ilustración: Leila Arenas.

12 Abril, 2020

 

En este espacio OjoPúblico publicará los testimonios de los peruanos que viven bajo cuarentena: empleados, médicos, obreros, militares, estudiantes, abuelos, madres e hijos. Todos los días nos contarán en pocas líneas sus sentimientos, ilusiones, esfuerzos y sueños en tiempos de pandemia. Si quieres contarnos cómo llevas tú el aislamiento escríbenos a: [email protected]

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gilojo

“La gente debería ser más responsable consigo misma y para bien de su familia”

Gil Ahuananchi (34)

Técnico en enfermería de la comunidad wampi de Huabal (Distrito Galilea, Amazonas)

El distrito en el que trabajo se llama Galilea y está a cuatro horas en chalupa (bote a motor) desde la provincia de Condorcanqui, región Amazonas. Estamos en la entrada del río Santiago, un lugar alejado, cerca a la frontera con Ecuador. En mi centro de salud solo contamos con un oxígeno. Si se presentaran varios pacientes con síntomas graves, prácticamente perderíamos a esa gente y no los vamos a poder atender.

Este mes hemos comenzado a registrar más contagios. Solo en los últimos diez días hemos tenido más de 15 casos en nuestro distrito. Ha incrementado y los compañeros están tomando las muestras a más gente. En los primeros días estuvimos tranquilos, no había ningún caso porque gracias a las autoridades, las fuerzas armadas y las rondas se cerraron todas las entradas. Pero, conforme fue avanzando el tiempo, ha llegado gente de otras regiones, con certificados médicos, eso nos ha afectado y comenzaron los contagios.

A mí me gustaba salir a jugar, casi todos los días lo hacía. Eso es lo que más extraño y también estar con mis familiares. Tenía pensado en estos meses salir a estudiar, pero por este problema de la pandemia todo se ha suspendido. También he estado pasando momentos muy difíciles en mi vida personal, y cuando lo estaba arreglando llegó la emergencia.

En mi puesto de salud no estamos preparados para enfrentar una pandemia, no contamos con los materiales ni insumos médicos. Esto también nos hace entender que nuestros gobernantes, no han previsto cómo nos iba a afectar a nosotros, los pueblos amazónicos. Yo creo que se debería invertir más en salud, porque ahora hemos visto el problema de no hacerlo. La gente también debería ser más responsable consigo misma y para bien de su familia. Lo que veo es que a veces la misma población no hace caso de lo que nosotros como personal de salud les decimos. No están preparados para este problema. Siento que nos falta también informar mejor a la población para prevenir. Siento que nos ha faltado mucho, mucho.

30 de junio de 2020

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“El miedo y la nostalgia ahora son fortaleza y templanza. No caigamos, tenemos que seguir”

Jeannyne Valencia (24) 

Estudiante

Si el 14 de marzo, día que me reuní con mi enamorado y amigos en común en mi casa a conversar y tomar sería el último día que gozaría de la ahora llamada ‘antigua normalidad’, no lo hubiese creído. Tampoco que las primeras dos semanas de confinamiento serían solo el inicio de un largo y duro proceso.

Al principio, desde de mi privilegio, tomé al confinamiento como un detox, el tiempo perdido en el transporte público me daría tiempo para los libros y las películas a los que nunca me pude dedicar. Sin embargo, los días transcurrían y los horarios entre la universidad y el trabajo se entremezclaban, no diferenciaba ya los días, para mí era siempre lunes o domingo. Las personas cercanas a mí se quedaban sin trabajo, algunas comenzaron a enfermarse y otras comenzaron a quedarse sin comer. La esperanza con la que disimuladamente esperaba el mensaje presidencial a media tarde se volvió en ira, indignación. La gente de mi país se estaba muriendo.

Una noche, a quince días de que termine la cuarentena, escuché una tos anormal en mi padre. No era la tos gastada y adquirida con el paso de los años. Era una tos seca, casi ahogada seguida de un mareo preocupante. Desde ese episodio solo han seguido días de insomnio en mi casa, las recomendaciones casi contradictorias entre sí de los doctores, un balón de oxígeno, los ojos hundidos de mi padre, sus quejidos desde su cuarto hasta el lugar donde ahora estoy escribiendo.

Este proceso, porque es así como lo veo ahora, me ha dado fuerza. El miedo y la nostalgia ahora es fortaleza y templanza para los míos. No caigamos, tenemos que seguir.

29 de junio de 2020

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edda

Ilustración: Claudia Calderón

“Miles de pequeñas Mypes nos encontramos sin salida y sin ayuda”

Edda Mora Gago (58) 

Artesana

Soy bachiller en economía egresada de la Universidad Ricardo Palma. Desde el 2012 trabajo en una Mype: Blusones Andinos EIRL. Soy independiente y con muchos sueños de poder sacar este proyecto adelante, como muchos en este país.

No puedo decir que me haya ido exitosamente, no pude jamás acceder a un crédito bancario como Mype, pues nuestras ventas jamás demostraron la solvencia económica, que requieren ellos. Nunca tuvimos deudas y jamás como Mype recibimos incentivos, ni ayuda. Hoy, después de esta pandemia, estamos en suspensión perfecta, y ya pasamos más de 100 días y lo único que recibimos fue 488 soles (35%) de la planilla (somos tres empleados).

Dada la forma en que elaboramos los productos, no sé podía poner más bordadoras en planilla (altos costos). Somos pequeños aún, pero podíamos sustentarlo, hoy no sabemos qué se hará. No hay una buena señal por parte del Estado para los pequeños artesanos que hemos hecho tanto esfuerzo por ser legales y formales. De nada sirvió tantos años de pagar impuestos puntualmente. Hoy sólo hay incertidumbre por el futuro. 

Gracias y, como nosotros, miles de pequeñas mypes nos encontramos sin salida y sin ayuda.


25 de junio de 2020

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Ilustración: Claudia Calderón

“Es tiempo de transformar esta adversidad en una oportunidad de mayor consciencia colectiva”

Carlos Chanca Navarro (22) 

Realizador audiovisual

Memento Morí [recuerda que morirás, frase en latín] "Gracias por cumplir con el tratamiento, te damos el alta por tu mejoría notable, cuídate joven, son tiempos difíciles para pacientes recuperados".

Esa fueron las últimas palabras del médico que me dio el alta después de haber combatido 10 meses y 3 días la tuberculosis. Una enfermedad subestimada por muchos, pero con una letalidad mayor a la del Covid-19 (somos uno de los países con más casos en América latina)

Si bien la letalidad de este virus no es angustiante para todos (veo la ligereza con que tratan el asunto los jóvenes de mi generación); resulta preocupante lo que pasará luego del confinamiento.

Pensar en esa falta de empatía colectiva sobre lo que enfrentamos me hizo imaginar una situación que probablemente ya haya ocurrido:

Eres joven, con un sistema inmune fuerte, sales de casa, retomas ciertas actividades. En algún punto de esa vuelta a la normalidad, te confías (a veces te proteges y otras, no) y un breve error lo cambia todo, el virus llega a ti, pero no lo notas por un tiempo, sigues con tu rutina. Durante esa "ausencia de peligro" infectas a una persona del grupo vulnerable. Ya está, pasó, tú no lo sabes, ella tampoco. Nunca más volverán a verse o en el escenario más dramático quizás sí (vecinos, familiares, amigos).

Mientras tú te recuperas con normalidad, la otra persona tiene más complicaciones, no presenta mejoría. Entra a la UCI, está sufriendo, no puede; días después, fallece. Nunca te enteraste, pero has sido parte de la muerte de alguien.

Con esta situación hipotética es un llamado (incluso a mí mismo) para tomar consciencia, para reforzar nuestra empatía y sensibilidad hacía los demás.

Tenemos la capacidad de "eliminar" a un ser humano sin tocarlo directamente. Es una realidad y debemos aceptarla, convivir con esa idea, pero no dejar que nos paralice. Mirarla de frente, valorar lo que tenemos y a las personas que comparten a nuestro lado.

"Todo será diferente" "Nada volverá a ser lo mismo": Sí, tenía que pasar, no sé si hoy, mañana o en un año, pero debía pasar en algún momento. Es tiempo de transformar esa adversidad en una oportunidad de mayor consciencia colectiva.

Hoy todos juntos estamos presenciando la evolución de una sociedad que se aferra a los pequeños momentos, que no quiere ceder ante el pesimismo y que probablemente trascienda como la que perdió mucho, pero que jamás dejó de luchar.

Námaste [adiós]

24 de junio de 2020

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jesus chu

Ilustración: Claudia Calderón

"El confinamiento sacó a relucir lo mejor y lo peor de los iqueños"

Jesús Chacaliaza (33)

Trabajador del sector público


Pobreza, más pobreza, viveza, hambre, desigualdad, oportunismo. Es difícil, como servidor público no toparse con lo descrito. Trabajo en Ica, tengo 33 años y mi nombre es Jesús Chacaliaza. Al iniciar el Estado de Emergencia la mayoría de los habitantes del distrito en el que laboro no acataban las disposiciones del gobierno nacional.

Jugaban fútbol con normalidad, iban en pareja a los mercados, no respetaban el distanciamiento social obligatorio, las madres salían con sus hijos a los parques a recrearse, como si estuviéramos en una situación cotidiana. Al parecer, les agradaba la idea de unas pequeñas vacaciones, aún con dinero en los bolsillos.

Sin embargo, conforme pasaban los días, las semanas y la cuarentena se ampliaba, la situación de cientos de familias cambiaba. Muchos, a través de los canales de atención del municipio, pedían ayuda. Tras el anuncio del presidente de la República, Martín Vizcarra, de la entrega de alimentos que componen la canasta básica familiar, los pedidos se convirtieron en airosos reclamos.

Visité las zonas más pobres del distrito, viviendas de esteras, adobe, calamina, plástico. Durante varios días se empadronó a las familias de menos recursos para la entrega de la canasta básica familiar, ahí observé las artimañas de los dirigentes vecinales para conducirnos a personas allegadas a ellas (sobrinos, cuñados, primos), pero no consideraron que tras el empadronamiento seguían otros controles de verificación (subsidios del Estado, registros en Sunarp, bonos otorgados durante la cuarentena y control en las redes sociales).

El municipio con la colaboración de las empresas privadas distribuyó alimentos, ajenos a la canasta básica, a casi todos los habitantes. La estrategia era simple: en un día entregábamos pollos en un sector, al otro día, cebollas y paltas en otra zona. Algunos vecinos, lejos de agradecer y compartir lo entregado, se mostraban altaneros, desafiantes.

Las frases más utilizadas eran: "¡Eso no más han traído!", "Acá vivimos 15 personas, ¿crees que eso va a alcanzar?, "La gente quiere productos envasados, no a granel". La delincuencia estaba a la orden del día, no faltaba el que, aprovechando las angostas calles, arrebataba una bolsa y se escabullía por los callejones de su hábitat.

Por disposición de mi jefe y debido a la importancia de mi área no hemos dejado de trabajar, de lunes a sábado, en jornadas que, algunos días, se alargaban más allá del toque de queda. Sin embargo, los trabajadores nombrados, apelando a su derecho, no se han aparecido un solo día a trabajar. Me pregunto: ¿Por qué solo los obreros y los trabajadores de menor jerarquía tenemos que exponernos? ¿Qué pasa con el personal estable? Reciben su sueldo con normalidad, mientras los vecinos esperan nuestro apoyo.

Quiero concluir con la forma con la que los adversarios políticos aprovechan la emergencia sanitaria, para causar zozobra en la ciudadanía. Con la difusión de noticias falsas, al ofrecer alimentos a las familias para que minimicen la ayuda que se le entrega. En tiempos de coronavirus, la mejor receta es ser solidarios, sí a la crítica, pero con fundamentos, con base y sin tintes políticos.

Ica, 23 de junio de 2020
 

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dianaIlustración: Claudia Calderón

“Asumo la partida de mi papá pero no es justo que alguien le haya quitado la vida”

Diana Ríos Rengifo (28)

Comunidad ashéninka Alto Tamaya - Saweto

Estoy pasando un momento muy difícil, uno por el Día del Padre que es tan especial y dos por el tema de mi mamá que está un poco mal de salud. Dios mediante, creo que se va a sanar. Hay que seguir hasta que pase todo esto para retomar el proceso de toma de justicia, porque eso tampoco se puede quedar en el aire. 

También he pensado en mi papá [su padre, Jorge Ríos Pérez, fue uno de los cuatro líderes indígenas de la comunidad nativa Alto Tamaya-Saweto, Ucayali, asesinados en el 2014; se sospecha de traficantes ilegales de madera]. La verdad, para mí es una historia muy triste: haberse ido sin siquiera despedirnos. Asumo su partida pero no es justo que alguien le haya quitado la vida. Solo Dios sabe qué le hicieron esas personas y solo pido justicia. Y si no se llega a la justicia aquí, darle justicia hacia Dios. Yo no soy nadie para juzgar, tampoco soy nadie para mandar a matar, pero no es justo. 

Con mi mamá nos quedamos en Pucallpa para la última audiencia en febrero, luego vino la cuarentena y ya no se supo nada del caso. Con mi familia también estamos preocupados por la comunidad. Hace dos semanas me dijeron que una persona tenía síntomas del Covid-19. Me dijeron que iban a solicitar un viaje de emergencia para llevar medicina y hacer pruebas en la cuenca del Tamaya pero todavía no sé nada; si es que allá están mal, solo me importa que estén las personas sanas. 

Durante la cuarentena recuerdo en el tiempo cuando estaba en mi comunidad. Es más tranquilo que acá, es más libre, estamos dentro de la naturaleza. Acá todo es plata, en nuestra comunidad es muy diferente y aquí es un poco incómodo, pero estamos sobreviviendo. Es mejor quedarnos en casa que estar saliendo. Hoy no la pasé como antes, siempre en Día del Padre mi mamá estaba en la comunidad, mis hijos en la comunidad y yo en la ciudad. Entonces, ahora la hemos pasado en familia.

La pandemia es una enfermedad que nunca la habíamos tenido en cuenta. En la ciudad saben qué va a pasar, están viendo las noticias a diario. Pero una comunidad que no tiene una radio, no tiene celular, no sabe ni está prevenido. Yo pido que se ingrese a las comunidades. Para llegar se necesita helicóptero y para otras, transporte fluvial. Entonces, no sé cómo se podría articular que el Presidente tome cartas en el asunto. 

Lo que pido es priorizar. Hace un mes estoy hablando de este tema y no se ve hasta ahora nada. Me siento mal, no dan facilidades para las comunidades fronterizas. En las postas no cuentan con suficiente medicamentos. Yo pido que se vaya a hacer una visita para que se den cuenta cómo está la situaciòn de las comunidades. 

Creo que el dolor ha sido para todos, no solo pueblos indígenas. Por ejemplo, en Saweto están de luto porque se murió un Apu o líder por defender su territorio, pero más allá está todo normal porque no les afecta. Pero esta afectación ha sido para muchas más personas. Ahora, Dios ha dado para todos, para reflexionar porque ya no había respeto. El ser humano solo se enfoca en el dinero pero no se enfoca en el respeto de los demás. ¿Qué es un pueblo? ¿Qué es una comunidad? No existe justicia. Como se dice, solo se tiene justicia para quien tiene plata. 


22 de junio de 2020
 

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“Unos huéspedes llegaron porque en ningún otro alojamiento querían hospedarlos por ser extranjeros”

Rocío Abad (31), Tarapoto

Administradora

Quisiera contarles lo que pasó durante el estado de emergencia en el hospedaje El Mural, en Tarapoto.
 
Nosotros ofrecemos alojamiento para mochileros, quienes normalmente no tienen un itinerario fijo de viaje.
 
Cuando se estableció la cuarentena y el toque de queda, teníamos aproximadamente 26 huéspedes, en su mayoría extranjeros. Solo tres de ellos eran nacionales. Al cerrarse las fronteras y toda forma de transporte, decidieron quedarse ya que primero se estableció dos semanas de aislamiento obligatorio. Hasta ese momento todo iba tranquilo, los huéspedes compartían en la terraza y trataban de llevar el encierro de la mejor forma posible.
 
Sin embargo, muchas personas tenían la idea de que por ser extranjeros podrían ser portadores del virus. De hecho unos huéspedes llegaron porque en ningún otro alojamiento querían hospedarlos solo por ser extranjeros. Conforme pasó el tiempo, las medidas fueron haciéndose más estrictas y el control policial también se agudizó. En un video compartido en Instagram, uno de los huéspedes, un argentino, cuenta que tuvo que hacer un viaje en camioneta de casi 20 horas de camino hasta Lima para poder subirse a un avión rumbo a su país. Esa travesía ejemplifica la difícil situación que vivimos. 
 

18 de junio de 2020

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Ilustración: Claudia Calderón

“Lo único que nos mantuvo sin desfallecer fue la confianza en un futuro mejor” 

Mary Angela Lozada Inocente (21) 

Estudiante de Auditoría Empresarial en la UNMSM

Los rumores de un posible estado de emergencia se incrementaron días antes del domingo 15 de marzo de 2020. En aquel entonces realizaba mis prácticas de contabilidad en Surquillo. Durante el verano mi rutina era básicamente trabajar en las mañanas, y en las tardes estudiar inglés hasta que se inicien las clases de la universidad. Todo iba bien. Cuando salía de casa sentía mi pecho estrujarse de emoción al pensar que me esperaba un nuevo reto y que debía superarlo. 

Me decía a mi misma que tenía que estar lista para conquistar el mundo. Por otro lado, estaba acostumbrada a regresar a casa, comer rápidamente mirando alguna serie y algunas veces, amanecerme  con mis tareas del instituto de inglés. Muchas noches solo me iba de frente a la cama y despertaba más temprano para acabarlas en el metro. Mi vida era como un tren a toda velocidad sin paradas, y con todo ya planeado o, bueno, eso creía. Y una mañana los miedos se hicieron reales tras la llegada de un virus desde el otro lado del mundo.

Una parte de mí quería creer que esto pasaría rápido y me mantuve mentalmente tranquila. No obstante, los días pasaron, nuevos contagiados surgieron y observé que a la gran mayoría no le importaba. Decidí quedarme en casa. 

El lunes 16 de marzo todo cambió. En mi familia nuclear no había ingresos, mi padre se ha dedicado a confeccionar ternos de novio a la medida desde muy joven. Pero en estas circunstancias, ¿habrá alguna pareja que persista en cumplir su sueño de casarse?. Definitivamente no. Recibimos noticias que se están aplazando los compromisos para fin de año o incluso para el 2021.
La ansiedad era inevitable.

Pienso que lo único que nos mantuvo sin desfallecer fue la confianza en un futuro mejor y el apoyo de nuestros parientes. No vernos atrapados en esta casa fue lo que alivió nuestros miedos. Estamos a salvo nos decíamos.

Hasta que nuevamente sufrimos un golpe por parte del virus. Mi tía enfermó trabajando en Essalud. Desde pequeña la veía como una mujer dominante, fuerte y decidida. Incluso la escuché decir que por trabajar en el área administrativa no significaba que se iba a enfermar. Estas situaciones difíciles nos enseñan que no estamos libres de sufrimiento y menos que podemos tener control sobre una enfermedad de tal magnitud. No somos invencibles. 

A diario perdimos minutos en familia, desperdiciamos la oportunidad de una amena conversación frente a frente, de salir a la calle  solo a respirar con alguien tomado de la mano, de jugar con nuestros hijos y verlos crecer. Momentos así no van a volver. Solo nos queda decidir ser felices. Porque la felicidad no debe depender de circunstancias o relativismos. 

Ser feliz implica una decisión. Acepto que mi estilo de vida ha cambiado para bien, me doy tiempo de descansar y no correr apurada por la vida, porque entendí que vale la pena cada abrazo, cada risa, ver cada crepúsculo al aire libre y no en una fotografía , cada mirada llena de sentimientos y cada lugar donde estés si lo disfrutas como si fuera la última vez que tuvieras la oportunidad de salir de casa. Aprendí que no esperaré de nuevo un confinamiento para arriesgarme y ser feliz. Ahora estoy lista de verdad para conquistar al mundo, crear “primeras veces” y recuerdos con quienes amo. 

16 de junio de 2020
 

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Ilustración: Claudia Calderón

“Necesito reactivar mi empresa y ninguna entidad financiera se digna en darme un préstamo” 

Juan (65) 

Pequeño empresario

Mi nombre es Juan. Soy un pequeño empresario que quiere acceder al crédito del plan Reactiva Perú, pero ninguna entidad financiera me dio un préstamo, pese a estar considerado en Infocorp como buen pagador, ya que muchas veces he recibido apoyo financiero en Mi Banco y Scotiabank, por montos de hasta S/90 mil y a sola firma, es decir, sin garantía, habiendo pagado mis préstamos oportunamente. Hoy que necesito reactivar mi empresa para salir de la crisis y haciendo importaciones, ninguna entidad financiera se digna en hacerme un préstamo por un monto mayor a S/100 mil. 

15 de junio de 2020 

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Ilustración: Claudia Calderón

"¿Hasta cuándo esperaremos para poder tratar otras enfermedades graves diferentes al covid-19?"

Luis Alberto Cervera Caballero (36) Testimonio parte II

Médico gastroenterólogo del Hospital Rebagliati

 
No son días sencillos en mi hospital, no por el trabajo, pues ahora estoy haciendo lo que más me gusta: endoscopias. Sino por el drama que viven los pacientes que, aun sin tener covid-19, sufren las consecuencias de la pandemia.
 
Un daño que, a veces, es más letal que el propio coronavirus.
 
Hoy me toca guardia en la unidad de hemorragia digestiva. Evalúo a una chica de 36 años, quien fue diagnosticada con cáncer de estómago en otro hospital, en enero de este año. Hasta el momento, no ha recibido tratamiento alguno. Se queja de dolor abdominal intenso, cansancio y dificultad para ingerir alimentos. La hospitalicé y ahora está en estudio para saber cuánto ha avanzado su enfermedad en estos cinco meses sin tratamiento. ¿Será demasiado tarde?
 
Esperemos que no.
 
Por la tarde he visto a otro paciente. Para mi sorpresa se trataba de un bebé de siete meses. Tiene una enfermedad rara del hígado y la única solución para que sobreviva es el trasplante hepático. Lamentablemente, y con razón, el programa de trasplante está bloqueado por la pandemia. La familia está desesperada y ha ido a varios medios de comunicación para contar su historia y luchar por su hijo. Es una familia humilde que entiende que es imposible trasplantar a alguien en las circunstancias que nos atañe, aunque no pierden la esperanza de que su bebé reciba el tratamiento adecuado.  
 
Este día, el bebé ha sufrido un sangrado digestivo relacionado a su enfermedad. Lo hemos contenido endoscópicamente, de momento.
 
¿Es justo que las personas sufran esto? ¿Es válido que estemos atados de manos ya que todos los esfuerzos de nuestra sanidad están abocados a esta pandemia? ¿Hasta cuándo esperaremos para poder tratar otras enfermedades graves diferentes al covid-19? Preguntas éticas que todavía no tienen respuesta.
 
Tampoco olvidemos el daño colateral que produce esta pandemia a los médicos y al personal de salud. Soldados atrincherados en las salas covid-19 entre muerte, dolor y enfermedad, con miedo de contagiarse y contagiar a sus familias. O los médicos ya mayores, que han sido enviados a sus casas y se sienten mutilados por no poder ayudar y que a su vez tienen miedo de infectarse. Viven entre ansiedad, depresión y estrés constante.
 
La pandemia tiene miles de caras, miles de historias. No olvidemos a las personas que sufren el daño colateral. Personas que precisan un tratamiento especializado y sobre todo oportuno por cáncer, enfermedades crónicas, enfermedades raras. Recordemos a estas personas reconociendo que "puede ser un líder tanto el que triunfa como el que sucumbe, pero jamás el que abandona el combate."

14 de junio de 2020

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“Mi primer paciente se salvó. Al darle de alta me dijo: Gracias por esta nueva oportunidad de vivir"

Luis Alberto Cervera Caballero (36) Testimonio parte I

Médico gastroenterólogo del Hospital Rebagliati

Comparto mi experiencia atendiendo pacientes con Covid-19 en el Hospital  Rebagliati.

Día 71: se ampliará la cuarentena un mes más. Recuerdo la primera vez que entré a la sala covid-19.

Mi jefa me había llamado dos días antes para decirme que se había adelantado la fecha para ingresar a esa área. Seríamos los primeros cuatro gastroenterólogos del hospital en ir. Nos sentíamos gladiadores romanos luchando en la arena a manera de "tributos al emperador". Y aunque todos deseábamos con ansias cumplir con nuestro deber, no puedo negar que me generaba algo de ansiedad, incluso miedo. Esa noche dormí solo dos horas.

Ese día conversé con mis padres. Todos somos médicos y sabíamos lo que teníamos que hacer, pero aun así estábamos asustados. Al día siguiente, redoblamos las medidas de seguridad: trapos de lejía bajo la puerta, alcohol gel en todos los pisos, mascarillas obligatorias, cubiertos diferentes para todos y mayor distanciamiento.

En el hospital se nos dio el equipo de protección personal y nos lo pusimos como pudimos -habíamos visto un video tutorial de Youtube de enfermería del hospital Almenara horas antes-, una suerte de traje espacial, incómodo, que nos sofocaba. Era difícil respirar a través de la mascarilla y los lentes protectores nos impedían ver porque se empeñaban constantemente. Mi cabeza retumbaba y se llenaba de vapores.

Pero esta es nuestra armadura medieval contra un enemigo invisible y letal. La experiencia de ponerse ese equipo y sacárselo es casi religiosa.

Nunca olvidaré a mi primer paciente. Entré a su habitación, temeroso; a tres metros de distancia le pregunté cómo estaba. Ahogándose me contestó "mejor que ayer, doctor". Aun así, este señor limeño de 60 años, me contó que su esposa había fallecido hacía tres semanas debido a un cáncer de páncreas y que él y toda su familia se habían infectado por covid-19 en el entierro. Su padre murió una semana después por el virus. Su hijo estuvo hospitalizado y él, hasta ese momento, luchaba por su vida. No tenía contacto con sus familiares desde hacía dos semanas ni había entablado conversación alguna con nadie.

Los días pasaban y ya estábamos más curtidos: nos habíamos memorizado los protocolos y nos mandábamos los últimos artículos por WhatsApp. Las cosas mejoraron. Las deficiencias se sanearon. Estábamos orgullosos de lo que habíamos logrado. En los días venideros, muchos pacientes fueron dados de alta felices de volver a casa junto a sus seres queridos.

Mi primer paciente se salvó. Al darle de alta me miró por encima de su mascarilla y dijo: "Gracias. Gracias por estar aquí. Estoy seguro de que esto no es fácil para ninguno de ustedes y quiero que sepan lo agradecido que estoy por esta nueva oportunidad de vivir".

Nuestra sanidad se tambalea, la cuarentena "focalizada" o "inteligente" es un cuento. Ojalá este mes adicional de cuarentena nos sirva para aplanar la curva y así poder salvar más vidas siempre pensando que "a pesar de que el mundo está lleno de sufrimiento, también está lleno de personas valientes que están superando ese sufrimiento".

11 de junio de 2020

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"No hay día en que no busque información que me diga que ya puedo ir a visitar a mi niña"

Christian (36) 

Ingeniero de sistemas

Siempre me ha considerado una persona íntegra, siempre he tratado en cumplir lo que mis valores me dicen y siempre me he comportado como una persona desprendida. Aunque como cualquier persona tengo debilidades y una de las más grandes que tengo es el amor hacia mi familia.

Al iniciar la cuarentena, yo vivía, de lunes a jueves, en la casa de mi madre, una persona mayor que toda su vida se desvivió por sus hijos y actualmente vive sola con mi hermana mayor, que por situaciones del destino también sufre algunos problemas de salud físico y mental. Esto me hace estar más pendiente de ellas, pues no quiero que nada malo les pase.

De viernes a domingo, vivía con mi mujer y mi hija de 9 años, todo estaba funcionando bien, mi mujer comprendía y mi hija sabía bien que siempre estaba en casa de la abuela para ayudarla. Puedo decir que no le ha faltado nada a mi hija y que con todo lo que implica estar en dos lugares mi mujer siempre me ha apoyado para verme tranquilo.

Hasta que la cuarentena empezó y tomamos la decisión de que yo venga a la casa de mi mamá a ayudarla pues siendo una persona de edad y mi hermana teniendo problemas de salud, lo mejor era tomar esa decisión, considerando que eran solo quince días. Los días pasaron y vamos a llegar a los 100 días de cuarentena y no hay día en el que no busque información que me diga que ya puedo ir a visitar a mi niña. No quiero romper las reglas, soy una persona muy disciplinada conmigo mismo, pero si el amor de hijo me hace ayudar a mi madre y el amor de padre me hace querer ir con mi hija, siento que esto último necesito también cuidar. Espero que pronto alguien nos ayude, porque a veces parece que las cosas están solo pensadas para las familias o personas perfectas.

10 de junio de 2020

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miguelnaaa

Ilustración: Claudia Calderón

"Allí está mi niño, al otro lado de la pantalla, tiene 5 años y no puedo abrazarlo”

Miguel Ángel (41) 

Papá y comunicador audiovisual

Allí está mi niño Leoncito, al otro lado de la pantalla, tiene 5 años y no puedo abrazarlo.

Antes de la cuarentena, mi hijo y yo, ya estábamos sobrellevando un régimen injusto de videollamadas. Al principio, cuando comenzó todo lo que jamás había imaginado padecer, me indujeron a ceder la tenencia, cuando la quería compartida, mucho menos obtuve un régimen de visitas -terrible palabra carcelaria-, porque me negaban pernocte y externamiento, ahora tampoco lo quiero, no porque ya no me interese mi pequeño, todo lo contrario, sino porque no se puede ser un turista de tus propios hijos. Yo quiero criarlo, palmo a palmo, día a día, en lo cotidiano, por eso ahora apuesto por una tenencia compartida, como debió ser siempre, y como lo pedí desde un principio.

A los pocos días, paulatinamente, se nos fue obstruyendo el hermoso vínculo que mi hijo y yo hemos construido desde que nació, donde logré ser su cuidador principal desde los 0 hasta los 4 años. Ese tiempo ahora nos lo han empequeñecido sin ningún sentido a la mínima expresión. De manera arbitraria y bajo la tiranía en que se puede convertir la tenencia monoparental, se nos redujo -lo que en su momento fue un acuerdo- el poder vernos de 6 días, a 4 días, luego a 3, y finalmente a 1 desde agosto del año pasado, con un aparente consuelo de videollamadas entre semana. “Tómalo o déjalo”, me decía en cada reducción. No me quedaba otra mientras aún no pueda resolver la situación.

De modo que ambos, mi hijo y yo, antes de la cuarentena, tuvimos que acomodarnos también a vernos a través de una pantalla de celular, como si ya viviéramos en este confinamiento, o como si yo me hubiera ido de viaje al extranjero o a cualquier parte, lo cual me parecía absurdo y hasta malvado.

Pero ahora quiero hablar de esta bonita capacidad de resiliencia que había logrado con mi pequeño, y que nos ha servido para sobrellevar de manera creativa esta cuarentena de incertidumbre para todos.

El gobierno decretó desde el 15 de marzo el estado de emergencia. Como la madre sabe que mi hijo de todas formas se desvive por mí y ya no puede evitarlo, accedió a que nos podamos videollamar todos los días. Por mí hasta lo cuidaría en mi casa y lo propuse. Pero bueno, a la mayoría de padres separados -y a algunas madres- ni siquiera les permiten tener una videollamada, mientras que otros quieren saber cómo sacarle provecho a esta nueva forma de vincularse con sus hijos, así les permitan solo 5 minutos.

Existe por suerte un grupo de padres -responsables y comprometidos con sus hijos- que han formado una red de apoyo llamada Tenencia Compartida Perú, donde se apuesta a que algún día esta figura sea lo deseable y no la excepción o el imposible como prácticamente lo es en la actualidad.

Entre ellos, que viven estos casos a diario, se tuvo una reunión en Zoom para hablar de lo importante que se vuelve en esta época de coronavirus el tener siquiera contacto con tus hijos a través videollamadas y también para contar nuestras experiencias y darnos consejos entre nosotros mismos.

Pude contarles un poquito la experiencia que había logrado con mi hijo en estas artes. Les decía que lo principal era concentrarse en tu niño o niña y aprovechar al máximo este tiempo. Además que, aunque no lo creamos, se podían hacer tantas cosas desde ambos lados de la pantalla.

Por ejemplo: se podía jugar.

Gran parte de mi tiempo con Leoncito la pasamos jugando a mil cosas. Desde armar juntos -cada quien con sus implementos o juguetes desde su lado de la pantalla-  una serie de animales inimaginables de plastilina -que es lo que más disfrutamos hacer-, o recortados con cartulinas, o dibujar y colorear cada quien desde su espacio. O leerle una fábula, o un cuento pequeño, practicar fichas léxicas, o armar palabras y escribirlas en hojas bond, construir pequeños origamis de papel, enseñarle refranes o adivinanzas, cantar canciones, jugar a contar cantidades, preguntarles sobre sus intereses para conversar de ellos o de las cosas que uno quiere aprovechar para enseñarle. Todo lo que sin darnos cuenta nos habíamos vuelto expertos.

A mi hijo le gustan los dinosaurios, los insectos raros, o animales desconocidos. Desde pequeño le hemos enseñado a ver documentales al respecto, tanto que su conocimiento sobre ellos a veces me sobrepasa de una manera hermosa e increíble. Hemos aprendido juntos durante todo este largo tiempo una serie de animales que en la vida difícilmente vamos a escuchar.

Desde gorgonoxius, meganeuras, y dicynodones, que existieron antes de los dinosaurios, hasta dinosaurios poco conocidos desde la A a la Z. Pasando por animales inimaginados de estos tiempos, algunos extintos otros en peligro de extinción, o simplemente poco comunes, como los geckos, el trips, los loris, los hurones, las escolopendras, etc, saber de qué se alimentan, dónde viven, y tantas cosas más. Y por último, inventándonos animales a nuestro antojo que ya podríamos, a lo Borges, escribir nuestro propio Manual de Zoología Fantástica. Y tantas formas para asombrarse bonito de este mundo.

Narraba que hasta he podido contar cuentos a mi hijo antes de dormirse -algo que luego de la noche a la mañana se me ha negado- y a veces hasta cuando había logrado conciliar el sueño. Me agradecieron mucho los que estábamos reunidos, pero yo también aprendí mucho de las anécdotas de mis compañeros. Todos aprendemos de este tipo de comunión reparadora.

Hace poco le estaba enseñando a Leoncito el refrán de “a mal tiempo, buena cara”. Le pregunté cómo creía que era este tiempo -se lo dije en general, y quien sabe inconscientemente por la peste-, y me dijo que le parecía un tiempo bueno, le pregunto por qué, y me contestó: porque estamos jugando.

Me dejó conmocionado. Admiré una vez más su fortaleza y su grandeza de espíritu.

Me dispuse entonces a no perder tiempo preguntando tonterías y a jugar el juego de esta vida, y nuestro propio juego, porque ya en algún momento todo esto acabará y por fin podremos vernos y abrazarnos.

Por otro lado, con esta pandemia, como muchos, he perdido el trabajo, y no he recibido ningún bono del Estado, pese a ser independiente, y tener carga familiar -muchos padres separados se encuentran en esta tremenda encrucijada y tampoco son tomados en cuenta- pero igual me las he visto como he podido para, sin salir de casa, generar algunos ingresos y nunca dejar de cumplir con mi responsabilidad como padre.

Tampoco sabemos todo esto cuánto durará. Desde el primer momento hablábamos, mi hijo y yo, de lo que haríamos cuando nos veamos. Y así pasaban las semanas, y ahora ya hemos pasado los 80 días de cuarentena que no podemos hacerlo. Y el gobierno ha decretado más días.

Ambos somos fuertes, pero es difícil no dejar de sentir esas ganas de abrazarlo, de salir un día con mi bicicleta, pedalear tres cuartos de hora y buscarlo con mi mascarilla, cuidando mi distancia, así sea para vernos él detrás de su ventana y yo desde la calle por un minuto.

Mientras tanto, seguiré luchando para que, cuando todo lo malo acabe, pueda vivir también conmigo y pueda yo, del mismo modo, también criarlo con apego -de manera compartida-, como siempre fue, y como no debería cambiar nunca hasta que crezca.

Y esta pandemia no sea más que un recuerdo lejano y emotivo de todo lo que pudo y podrá nuestro amor filial infinito.

9 de junio de 2020

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¿Es este el país que deseamos? ¿Es esta la sociedad en la que queremos vivir? 

Franco López (39)

Administrador, fotógrafo y tablista

La cuarentena y sus estragos en nuestra forma de vida, es algo que nos impacta demasiado y en muchos aspectos. Podría uno decir que no tanto, y tal vez era la esperanza al inicio de este ciclo, pero ahora vemos cosas diferentes. Actualmente estamos en el día 85 de cuarentena, encierro dirían algunos, si esto acaba el 30 de junio, será en el día 107 de aislamiento físico. Pero no será ahí donde termine pues la posibilidad de afectar nuestra salud al extremo de una muerte, es algo que estará entre nosotros un tiempo más. Y aún no sabemos en qué medida afecte en todo el futuro de las personas. 

Personalmente tengo esta semana más que otras, varias emociones encontradas y varias situaciones que no puedo procesar… Al inicio estuve de acuerdo con muchas de las medidas del gobierno de Vizcarra, veía que tenían un fin y un sentido, pese a que muchas de ellas iban en contra de mis propias necesidades, valores y forma de vida. No creo en las prohibiciones, pero todo lo que se presentaba era relacionado a ello y tenía un fin de preservar la salud de todos y darle tiempo al sistema de salud para poder afrontar una gran carga de contagiados y afectados por esta situación, parecía una buena idea con un buen fin. Sin embargo, por muchos factores que tal vez no se tomaron en consideración, las cosas no salieron como se esperaba, muchas de las medidas no surtieron el efecto esperado, aunque negar que han ayudado tampoco es algo dable. Pero, el gran asunto es para mí: ¿No se pudo hacer más? ¿No se pudo cambiar de estrategia y probar soluciones distintas? Probamos cosas que funcionaron en otros países, pero Perú tiene demasiadas particularidades, ¿nos olvidamos de ellas? 

Confío también en que se haya hecho lo mejor con los recursos que se tenían, es fácil criticar, pero hay que entender que no estamos en la posición de otros y que seguramente hay cosas que no conocemos en su totalidad. Y hay una situación que es la que me ha molestado más en esta situación que vivimos, la discriminación que vemos en todas partes. Explicaré, el gobierno nos pidió que todos tomemos comportamientos pensando no sólo en nosotros, sino también en otros, y mucha gente lo hizo, incluso a sabiendas de que esa decisión golpearía fuertemente su presente y tal vez no tendría como salir adelante o sería muy difícil hacerlo. Otros tantos no pudieron, y el sustento a ello está en las peculiaridades de nuestro país, en todos los sentidos. Pero cuando vimos que el gobierno empezaba a tomar acciones para mejorar la situación de los peruanos, vimos las primeras separaciones, acciones para unos y no para todos, acciones basadas en listas (¿correctas?) que decía: ellos sí y otros, no.

Cuando se anunció que la parte empresarial se retomaría por sectores también se filtró, con la búsqueda de no aglomerar más personas, y se hizo un filtro más, usando nuevamente listas para que unos sí puedan volver a generarse ingresos y otros, no. ¿Acaso no todos tenemos el derecho y el deber de cuidarnos y mantenernos? 

El gobierno nos pidió en un inicio que nos comportemos como sociedad cohesionada, pero él tomo medidas discriminadoras, este si es un error. Últimamente se dictaron más medidas y ellas nuevamente han mostrado acciones que no van por un buen sendero, donde nuevamente se ponen en evidencia esa discriminación de las acciones del gobierno, una vez más las normas le dan poder a la corrupción en los entes que buscan representar a la autoridad, multas gigantescas por si la persona que te intervino consideraba que no debes transitar, propuestas de servicio militar si no respetas el toque de queda, medias libertades para unos y total represión para otros. 

Esta situación ha mostrado muchas de las falencias de nuestro gobierno y de nuestro grupo legislativo (que más parecen que quieren destrozar el país en el corto tiempo que tienen que hacerle una mejora) y de nosotros como sociedad, incapaz de tener empatía por los otros, condenando el trabajo de quien no tienen que comer, acaparando mercancías, estafando al Estado, falsificando documentos… Todo lo expuesto, aunque largo y tal vez algo deprimente para algunos, es sólo para abrir unas preguntas que tengo acá en mi cabeza hace varios días: ¿Es este el país que deseamos? ¿Es esta la sociedad que queremos ayudar a formar y en la que queremos vivir? ¿Las acciones que estamos tomando nos están llevando a esa sociedad? ¿Estamos dispuestos a hacer y participar para generar eso cambios que necesitamos y queremos en nuestra sociedad? No sé si haya respuestas, yo aún sigo pensando las mías. Paz y buen día.

8 de junio de 2020

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“No vamos a renunciar, la población nos necesita, pero sí pedimos mayor seguridad”

 

Vannya Herrera (23)

Médica cirujana

Quisiera contar la historia de mi amigo, en el estado de emergencia, él eligió ir a apoyar a una región necesitada de personal de salud como lo es Piura, y aquí dejo sus reflexiones brindadas hacia el colegio médico luego del incidente que sufrieron él y sus compañeros de brigada.

Médico general, recién egresado de la Facultad de Medicina de la Universidad de San Martín de Porres en Lima, postuló a una convocatoria en EsSalud "Hospital Perú" el cual manda brigadas de médicos a diferentes lugares del Perú.

“No vamos a renunciar, la población nos necesita, pero sí pedimos mayor seguridad”

"Traté de proteger a mis colegas buscando resguardarlas, pero como fueron más de cuarenta personas, ya no pude hacer nada, me tiraron al piso, el personal de seguridad que se encontraba en el lugar no pudo hacer mucho por protegernos", declaró el Dr. Juan José Giudice García.

El médico Giudice aclaró que ellos no van a renunciar y solicitó mayor seguridad para él y sus colegas: "Nosotros vinimos a esta región para contribuir en la lucha contra el nuevo coronavirus, no para ser agredidos; que los hospitales tengan deficiencias o una infraestructura inadecuada, no es culpa de los médicos, nosotros queremos ayudar a la población y sabemos que ellos nos necesitan, por eso es que no vamos renunciar, tenemos vocación de servicio y una obligación moral que nos compromete con la salud de la población, pero sí exigimos que el Estado brinde mayor seguridad, a todos los profesionales de la salud que trabajamos aquí"

7 de junio de 2020

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alexanadraindignaga

Ilustración: Claudia Calderón

“Indignada de cómo pueden existir personas que lucran con la necesidad y la salud de otros”

Alexandra Álvarez (28)

Trabajadora del sector público

Durante esta pandemia, debo reconocer que en mí nació un sentimiento muy fuerte, que me pone molesta, impotente de no poder cambiar algo y a veces me llena de ira, "la indignación", indignada de cómo pueden existir personas que lucran con la necesidad de las personas, sí, me refiero tanto al acaparamiento de medicamentos, balones de oxígeno, como a los costos en una clínica para un paciente que requiere una cama UCI y oxígeno, ¡NO TIENE NOMBRE!, aún no me cabe en la cabeza cómo es que sus ánimos de tener ganancias exorbitantes prevalecen frente al sufrimiento de otras personas, ¿podrán dormir tranquilos?, así como algunas autoridades que realizan actos de corrupción a nivel nacional, al reducir las canastas a cambio de unos cuantos soles, compras irregulares, falta de EPP al personal de la PNP, FFAA, personal de salud en general, etc. 

En realidad, cada vez entiendo menos a las personas, y deseo evitar ver noticias, aunque en nuestra realidad aún existen personas que demuestran su gran corazón y empeño en estas circunstancias (ayudando a los más necesitados con lo poco que tienen, trabajando arduamente en diferentes ámbitos y a nuestro personal de salud, que dan todo de sí mismos pese a las adversidades), muchas veces ellos me dan esperanza y me muestran una pequeña luz, que no todo está perdido; sin embargo, la mayor parte de las personas hacen a veces que gane mi sentimiento de indignación. Sé que quizás no puedo cambiar nada, únicamente ayudar en la medida de lo posible, y orar.

4 de junio de 2020
 

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yulinaIlustración: Claudia Calderón

"Varios en mi familia nos contagiamos, pero nos curamos. Tengo mucha fe en que todo esto pasará" 

Yuliana Muñoz Villegas (32)

Contadora

Soy chimbotana de corazón, limeña de nacimiento, contadora de profesión y tengo 32 años. Cumplí años el 31 de mayo en cuarentena.

Hasta ahora todo me parece tan surrealista y a veces hasta me ha parecido como una pesadilla, teniendo en cuenta que mi familia ha pasado momentos de mucho dolor y preocupación a causa del coronavirus.

Mi papá empezó con síntomas el 10 de abril y, renuente a hacerse la prueba rápida en algún hospital, al décimo día tuve que ponerme muy firme y fuerte y decirle que solo le haría la prueba y que si no era covid iríamos a una clínica por lo que también podría ser una infección urinaria o una hepatitis. El 20 de abril fue uno de los peores días para mi familia y para mí, después de dar vueltas interminables en el hospital regional, centro de salud Yugoslavia, en la sanidad y por último en ESSALUD, es allí donde le hicieron la prueba: dio positivo y lo internaron, esperamos muchas horas por la tomografía a su pulmón y por una cama. Al despedirnos de él fue todo con incertidumbre, miedo, pero también con fe y esperanza.

Yo estaba confiada de no tener nada, respeté la cuarentena junto a mi hermana, más que el resto de miembros de mi familia. En esos días de cuarentena hasta el 24 de abril solo salí dos veces, unos al Scotiabank y otro a Plaza Vea, sin embargo el mismo 24 de abril nos detectan covid a 3 más en casa; mi sobrina de 4 años, mi hermana de 22 y a mí, por voluntad propia nos fuimos  a un hotel habilitado por el gobierno regional, pues mi hermano es asmático y mi mamá hipertensa y obesa.

Mi papá estuvo 8 días internado en el hospital ESSALUD III de Laderas, siendo dado de alta contra todo pronóstico.

Respecto a nosotras: 27 días y 26 noches pasaron y fuimos dados de alta  al fin a ver la luz del sol y sentir el aire en las mejillas. Una semana antes perdí a una tía paterna de 67 años por covid en Lima. Esos días encerrada con mi sobrinita de 4 años, aprendí a ser casi mamá, dándole de comer, bañándola, pintando, dibujando, bailando y comiendo, labores que compartí con mi hermana menor. Creo que desempeñé bien mi papel de mamá sustituta porque mi sobrinita me decía continuamente “mamitía” y también me dice te amo y tú me cuidas. Ternurita total.

Recién este lunes después de lavar toneladas de ropa y cubrecamas pude iniciar mis actividades como contadora independiente y retomar el deporte en casa. 

Los días han pasado rápidos, dolorosos, tristes, esperanzadores, grises y de colores y cuando ayer pensábamos que todo iba bien al menos en mi familia, me llaman el mediodía de ayer diciendo que una prima de mi papá está internada en el Almenara.

Tengo mucha fe en que todo esto pasara, lo tomo como una lección. 

Temí mucho perder a mi papá, me duele mucho la partida de mi tía y ahora preocupada por mi otra tía, pero la fe está ahí, sin fe no sería nada, gracias a Dios la pesadilla, al menos en mi familia nuclear, pasó.

En mi cumpleaños lo que sé es que estoy muy agradecida a Dios, a la vida, y valoro mucho que mi familia está completa y que todos tenemos salud.

2 de junio de 2020

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johmr

Ilustración: Claudia Calderón

"La pandemia va contra nuestras costumbres. Ha cambiado nuestra solidaridad comunal"

Jhomar Maynas (23)

Comunidad shipiba Panaillo (Ucayali) 

Siento impotencia de no poder contribuir con todos como quisiera. En estos momentos, las necesidades básicas de nuestras comunidades son la alimentación, las postas de salud y las medicinas. Eso es lo que necesitan las personas en sus hogares para poder sobrevivir a esta pandemia. El Estado muestra que nunca le importamos y si ha hecho algunas cosas no ha sido por voluntad propia sino porque los pueblos indígenas hemos estado exigiendo. Se ha logrado por lucha propia, no por el Estado.

Esta pandemia llegó y va contra de nuestras costumbres. Ha hecho que muchas personas se alejen hasta de su propia familia, por temor al contagio, a enfermarse o morirse. Esta pandemia está haciendo que muchas de las familias se desunan y se aislen. Ha cambiado nuestra rutina de solidaridad en las comunidades y con las personas. Pero no es porque no se quiera sino porque no hay recursos y faltan alimentos.

Personalmente, a mí la pandemia me ha abierto más mi espíritu de compromiso. Sin temor alguno, arriesgando mi vida -con alianza con organizaciones y personas que deseen apoyar- hemos ido a dar algo de ayuda a comunidades. Antes hemos vivido sin pensar en el futuro o planificar nuestros modos de alimentación o nuestras acciones. La enseñanza que nos deja esta pandemia es que debemos pensar en definir nuestras vidas de una manera planificada con acciones concretas que puedan dar beneficios a nuestras personas.

Pucallpa, 1 de junio de 2020

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jaime

Ilustración: Claudia Calderón

"Aunque a veces nos falten equipos de protección, seguimos aquí, firmes, no hemos renunciado"

Jaime Rivas (53 años)

Médico intensivista del Hospital Santa Rosa de Piura

Soy médico intensivista del hospital Covid-19 Santa Rosa de Piura, y en algún momento la mayoría de nosotros nos deprimimos porque nuestros compañeros se empezaron a contagiar con el virus. Gracias a Dios, llegaron médicos generales como refuerzos, para ayudarnos. Igual, nosotros somos pocos en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI): cuatro para atender a 17 pacientes, cuando el mínimo necesario debe ser cinco para seis pacientes. Trabajamos en turnos de 12 horas todos los días, y solo tenemos 17 camas UCI y 12 respiradores en este hospital. Así enfrentamos la pandemia. 

El sábado 16 de mayo estuve solo en el turno noche, atendiendo a los 17 pacientes. Era una locura, nunca he atendido a tanta gente yo solo. En la normalidad, antes del coronavirus, cada intensivista atendía a 6 pacientes como máximo; ahora atendemos el triple, y tenemos que lidiar a diario con insuficiencias respiratorias y neumonías causadas por el Covid-19. Pero también con la escasez de Equipos de Protección Personal (EPP). 

Aunque a veces nos falten estos equipos y las mascarillas N95, nosotros seguimos aquí, firmes, queremos salvar vidas y por eso no hemos renunciado, pero estamos altamente expuestos. Sin equipo de protección personal no podemos entrar a ver a nuestros pacientes. Si nos enfermamos, ¿quién atenderá a nuestros pacientes en UCI? Por cada turno utilizamos 2 juegos de estos equipos de protección. 

Muchos creen que la solución está en tener más ventiladores mecánicos para salvar vidas. Les puedo decir que no es así. En Piura, quien ingresa a UCI es probable que fallezca. Antes, la mortalidad en esta unidad era del 20%; ahora es del 90%. La solución es el tratamiento inicial, antes de llegar a UCI, porque aquí ya es demasiado tarde. Me duele decirlo, pero es así.  

Pero no todo es malo. Hay esperanza. Cuando recién comenzó la pandemia, y conforme el virus se expandía, en el hospital todo empeoraba. Cada día era peor que el anterior. Había caos. Pero ahora, quizás sea un espejismo, ojalá que no, lo que veo es que no hay ni crecimiento ni descenso de casos en este hospital. Está como estacionario, como si hubiéramos llegado a la meseta. Eso puede ser porque mucha gente está empezando a tratarse en sus domicilios, entonces no empeoran y no necesitan venir al hospital. 

Espero que los casos comiencen a descender, pero nosotros seguiremos en primera línea. Aunque para eso necesitamos también de su ayuda: trabajamos doce horas continuas y nos deshidratamos mucho. Necesitamos agua embotellada y equipos de protección personal. Confío en que las personas podrán echarnos una mano para vencer este virus. Mientras tanto, aquí seguiremos, prestos a socorrer a nuestros enfermos. 

28 de mayo de 2020

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blume

Ilustración: Shutterstock

“Extraño a la gente de mi ciudad. Con la cabeza activa y que protesta” 

Daniela Valdivia Blume (24)

Estudiante de Periodismo

Extraño la ciudad en la que vivo. La visión de Lima; grande, diferente, diversa, pública, completamente autónoma; donde las pistas son solo pistas y las conversaciones enfrentan complejidad y ambición, el espacio entre los edificios históricos y los urbanos, la manera de darle vida a la calle. 

Repienso Lima desde el vacío y materialmente. Con una gran vista hacia los lugares de encuentro para echar una cerveza magnífica en el centro de la ciudad o un paseo temporal por el valle limeño. Extraño los municipios con personas afuera que fijan tarifas particulares y atractivas a los dibujos, la comida y el conocimiento, basándose en discursos que contagian creatividad y que producen emociones positivas. Más bien son un conjunto de palabras con secretos e historias escondidas que se valen para cambiar la realidad de la gente que se esfuerza. Una fantasía estructural que narra hechos en orden temporal. Un campo de batalla en el que se enfrentan los argumentos de la mayoría y los analistas del poder con diferencias divinas. Extraño a la gente de mi ciudad. Elocuente, semejante, individual. Donde lo más común es resolver los juicios expropiando todo o nada. Con la cabeza activa y que protesta. No es igual a cualquier otra. 

Estos tiempos han reconocido el rol y la marcha de los ciudadanos y ciudadanas que luchan. Se ve en los verbos, las calles, las tareas, la causa. Pero también han marcado la desigualdad y el rechazo, la palabra 'contra' y la noticia repudiable para entretenernos en más de la mitad de los espacios secundarios. Le hemos dado lugar a los detalles, la injusticia, la ideología y al repudio entre clases. Pero bueno, esa es otra raíz. 

En casa soy la última en dormirse y con frecuencia, pienso en que ir a estudiar, dar mi opinión y estar con los ojos bien abiertos, también hace falta. Inaugurar los viernes con los míos y mías, prestar atención en la calle, saber si me bajo en el paradero correcto, entrar por la puerta equivocada, poner cara de piedra y hacer como si no me importara. Quizá ahora no nos pase tanto y el tiempo nos vuelva el carácter más grueso, preparemos el trabajo y quedemos señalados o señaladas por reír mucho o muy poco. Al paso, Lima sigue adelante. Le da pelea a lo que salga. Crea realidades, desafía barreras, vuelve a plantear soluciones y fortalece sus horizontes. Es la misma. Querida, sostenida, cercana. Una buena noticia: me importa. Sus historias, sus imágenes, sus maneras de actuar; hablar de otras cosas. Cosas
comunes y sin restricciones. Extraño la ciudad en la que vivo.

27 de mayo de 2020

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tabea

Ilustración: Claudia Calderón

“No hay acceso al hospital ni medicinas. Colapsó todo. Muchos practican su medicina tradicional” 

Tabea Casique (42)

Miembro de comunidad ashéninka Chicosa (Atalaya, Ucayali)

Este aislamiento social se dio más en la ciudad. Era más enfocado en la ciudad, pero en comunidades tenemos otra forma de vivencia. Hemos evitado hacer deporte porque en comunidades siempre tenemos esas actividades y otras internas. También se cerraron las fronteras pero existen comunidades donde la carretera pasa por el medio y ese es el problema. El primer caso de Covid que llegó a Atalaya fue producto del pase de alimentos de primera necesidad. El ayudante del chofer era el que tenía este mal. 

Hermanos también salen a la ciudad a vender sus productos, hay protocolos que hay que seguir, obviamente se tiene que cumplir, y al día siguiente tienen que retornar. Muchos hemos limitado esto para no contagiarnos. En mi comunidad estamos preparándonos sembrando nuestros productos, nuestras plantas que ya no teníamos y otros productos ancestrales. Estando en esta cuarentena nos ha hecho reflexionar por ese lado. Las familias estamos empezando a sembrar en nuestras casas, en las chacras cercanas, todo tipo de productos que nos va a servir de alimentación para nuestros hijos y criar a nuestras gallinas. 

Nunca habíamos esperado esta pandemia. Teníamos una vida normal, compartíamos en la comunidad, pero ahora no. Cada uno encerrado con su familia. Cada uno dedicado a sembrar dentro, no podemos hacer ninguna actividad, ningunas reuniones colectivas, sino cada quien con su familia. 

Hay casos en la ciudad de Pucallpa. Muchos hermanos shipibos de comunidades más cercanas a Atalaya que tienen el Covid, pero no tienen el acceso al hospital, no tienen acceso a un medicamento. Entonces están practicando su medicina tradicional con vapores, con plantas y productos del bosque. Esa es la única forma. Te vas al hospital y no hay medicinas. Ya colapsó todo. Entonces, los hermanos están practicando esto. 

26 de mayo de 2020

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valery
Ilustración: Claudia Calderón

“No es cierto que con el teletrabajo tengas más tiempo libre”

Valery Matamoros (22)

Administradora

Mi nombre es Valery y tengo 22 años. Soy de la ciudad de Huancayo, pero hace un año vivo en Lima, estudio y trabajo. Estoy haciendo teletrabajo, pero hasta ahora no me acostumbro porque lo horarios han cambiado. En cualquier momento los jefes me piden algo. Entonces no es el teletrabajo del que tanto hablan, no es cierto cuando dicen que tienes más tiempo libre, para ti, para estar con tu familia, etcétera. El teletrabajo no es así. 

Además toda esta incertidumbre de qué pasará en los próximos meses, si volveremos a nuestra rutina normal o seguiremos en cuarentena es muy estresante. Porque no estamos trabajando, estamos tratando de trabajar en plena pandemia. Creo que es mucho más difícil llevar estar cuarentena si estás lejos de casa, en mi caso, lejos de mi papá y mi mamá. Pero por suerte estoy con una tía y mis primos, y tratamos de pasar estos días haciendo actividades juntos para que todo sea más llevadero y no aburrirnos. Eso sí, siempre trato de llamar todos los días aunque sea 15 minutos a mis papás y les pregunto qué almorzaron o qué hicieron. Así nos acompañamos aunque sea a la distancia.

25 de mayo de 2020

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Viviana - IntérpreteIlustración: Claudia CalderónIlustración: Claudia Calderón

“Intérpretes y traductores facilitan el intercambio de conocimiento, son héroes desconocidos de esta pandemia”

Viviana (42)

Intérprete y traductora

Los artículos que lees en el periódico sobre etapas de relajación de medidas de confinamiento en otros países. Las noticias que ves en televisión sobre la pandemia en general en China y en el mundo. La información sobre nuevos ensayos clínicos en busca de una vacuna o los posibles tratamientos disponibles para infectados. Todo esto se lo debes a un traductor. Mientras que el intérprete trabaja en las videoconferencias con expositores extranjeros a través de plataformas o aplicaciones que permiten la comunicación bilingüe o multilingüe, es quién ayuda a la comunicación entre doctor y paciente con idiomas diferentes en una clínica u hospital. O tu conexión con la línea de emergencia en o hacia el extranjero.

Sí, no hacen lo mismo. El traductor trabaja con textos, lo escrito. Y el intérprete con la comunicación oral y las señas. Pero ambos, intérpretes y traductores facilitamos el intercambio de conocimiento e ideas en el mundo. Ayudamos a cerrar las brechas del distanciamiento porque somos puentes de conexión entre mundos. Transmitimos sentidos y no solo palabras y ayudamos a entablar una comunicación efectiva y a fortalecer los vínculos tan importantes para el desarrollo de las relaciones interpersonales de diferente nivel. 

Ambos profesionales trabajan y traducen estos días desde casa y nos mantienen actualizados e informados. Pero muchos de ellos están ahora sin trabajo porque los eventos se cancelaron o porque hay una baja demanda de documentos por traducir de varios sectores económicos que esperan su reactivación. Y como todos los peruanos, seguimos en la incertidumbre sobre el futuro cercano, y con las mismas preocupaciones por la vida y economía del país.

24 de mayo de 2020

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“Pude sacar mi CTS, que es de lo que estoy viviendo, estirando el presupuesto” 

Juan José Sandoval Zapata

Escritor

Soy escritor. Prestaba servicios de prensa a varias empresas que, apenas se inició la emergencia, congelaron los pagos a proveedores. Estoy en una empresa en planilla, que ahora también se encuentra con las operaciones congeladas. Me quedé sin ingresos de un día para otro. Leo en redes a mucha gente echándole la culpa a la extensión de la emergencia, a la gente que incumple la ley. Los canales de televisión y los medios impresos hacen hincapié en ese tema, pero no resaltan que el Presidente en su diálogo diario no menciona el crecimiento de muertos.

Al frente de mi casa vive un grupo de venezolanos. Donde vivo hay dos personas en un departamento, ellos viven ocho o diez en un lugar más chico que el mío. La policía no pasa mucho por aquí, aunque las pocas veces que he visto actuar a los efectivos, no han sido nada amables con la gente. 

Igual salgo a comprar porque tengo un perro anciano y ciego, y una madre vulnerable. Necesito caminar a riesgo de contagiarme. Necesito entrar al supermercado a riesgo de contagiarme. Debo ir al banco para depositarle al prestamista 'nivel colombiano' que me dijo que lo de la emergencia no cambiaba en nada la fecha del pago. Y en dólares. Mi celular, un cuaternario Iphone dejó de funcionar hace unos días y no tengo cómo comprar el bendito (puto) accesorio. Los vecinos me deben estar maldiciendo porque incumplo los roles que han delegado en el edificio ante la ausencia del portero, a quien -por decisión democrática- le van a pagar su mes completo. A mí no, pero igual voté porque se le pague su mes.

Pude sacar mi CTS, que no ascendía ni a cien dólares, que es de lo que estoy viviendo, estirando el presupuesto. 'Hay gente que está peor', me consuelo.

Yo también soy diabético y paciente psiquiátrico. Le he pedido a mi doctor que hagamos terapia por Zoom, pero es imposible contar con la receta en digital. Le he explicado eso al vendedor de la farmacia, pero sin éxito. Una botica con un muchacho más solidario, con criterio por emergencia, me ha vendido las pastillas que necesitaba. 

Tenemos (y bien) adentro esta sensación de que nos estamos derrumbando de a pocos, como una casa antigua de adobe en Barrios Altos en época de garúa de agosto. 

23 de mayo de 2020

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“Debemos conocer nuestras fortalezas y debilidades. Estamos viviendo un nuevo momento, lo pasado ya fue”

Eloy (47)
Trabajador independiente (vive en Sao Paulo)

Es difícil cuando te levantas pensando que ese día es un día más de cuarentena. Te bañas, desayunas, juegas un poco con tu pequeño hijo y te dedicas al máximo a atender las nuevas necesidades de tu cliente. Y cuando estás terminando el día, recibes una llamada. Es el director que contrató a tu empresa y te dice que no tienen más dinero, que reducirán en 75% el valor de tu contrato y que además congelará los pagos que te corresponden durante tres meses. 

¿Cuál sería tu reacción? La mía fue de mucha frialdad. Pensaba en cómo le iba a avisar eso a la gente que trabaja con nosotros, y en cómo organizaría también las cuentas de la casa para sobrevivir durante esos tres meses. Ya han pasado varios días. La vida continua, hemos renegociado con varios proveedores y tenemos mucha energía positiva.

No nos podemos dejar vencer, debemos continuar y conocer nuestras fortalezas y debilidades. Nos debemos reinventar porque estamos viviendo un nuevo momento, lo pasado ya fue, no regresará, un nuevo mundo normal se creará, ¡que venga!

22 de mayo de 2020

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yamamana

Ilustración: Claudia Calderón

“Aprendí a tener más gratitud y fortaleza, aunque la nostalgia a veces me embargue”

Yamanua (32)

Licenciada en Turismo

Soy licenciada en turismo. Provengo del distrito de Chontalí, provincia de Jaén, región Cajamarca. Pedí permiso en mi trabajo por tres meses para venir a Cusco a hacer un voluntariado en el Santuario Histórico de Machu Picchu y aprender sobre el dinamismo del sector turístico en el espacio natural. LLevo aquí ya casi cinco meses a causa del Covid-19.

Es temporada de cambios, integración familiar, social y mundial. Aunque estoy al otro extremo del país con personas desconocidas, me siento como en casa y agradecida. El personal de guardaparque y administrativo del área se han convertido en mi familia especial. 

Me siento afortunada por diversas razones, porque e aprendido a que donde uno esté, la paz interior es vital para seguir, que cada detalle cuenta, que la felicidad es una decisión aquí y ahora, que observar el vuelo de las aves y contemplar el cielo inspiran, motivan, hacen reír. Nos reinventan, recordándonos que estamos vivos, rodeados de oportunidades infinitas.

He aprendido también a valorar más a mi familia, a amarme, valorarme tal cual soy, imperfecta y en aprendizaje continuo. A disfrutar, agradecer, respirar, abrazar el aire, conocer y cuidar la biodiversidad de los distintos ecosistemas, valorar la arquitectura Inca, vivir plenamente. A conocer más sobre las aves del área natural y del Perú, saber que existen pobladores locales que cuidan y respetan su comunidad como las diversas formas de vida. A vivir y compartir las diversas actividades dentro de un grupo de varones como la única mujer del equipo, donde resalta la equidad y el respeto mutuo, la tolerancia y la buena convivencia diaria.

Aprendí a tener más gratitud, fortaleza y paciencia, aunque la nostalgia y la tristeza a veces embarguen mi interior.

21 de mayo de 2020

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junojo

Ilustración: Claudia Calderón

“Soy afortunado: trabajo a distancia, pero me causa ansiedad que mis padres se contagien” 

Juan (47)

Ingeniero

Desde el punto de vista laboral puedo considerarme afortunado. Trabajo en una empresa transnacional y estamos acostumbrados a trabajar a distancia. Mi jefe está en Estados Unidos, los empleados de la empresa están en diversos países de América y Europa, y llevamos años interactuando por teléfono, correo electrónico y diversas herramientas colaborativas. Por ejemplo, conozco al ahora famoso Zoom desde hace años.
 
En nuestra oficina de Lima trabajan alrededor de 130 personas. Cuando la pandemia llegó, todos se fueron a trabajar desde casa. El cambio no fue traumático, porque antes de la cuarentena muchos ya teníamos teletrabajo por lo menos un día a la semana. La mayor complicación surgió en los primeros días, porque la VPN corporativa (la conexión para entrar a la red de la empresa desde casa) estaba diseñada para soportar alrededor de 100 conexiones simultáneas y de golpe teníamos a 500 usuarios en todo el mundo tratando de entrar para hacer su trabajo. Afortunadamente, el departamento de Tecnologías de Información respondió rápido y ya tenemos una VPN más robusta.
 
Algo que sí me causa ansiedad es la preocupación porque mis padres no se contagien. En particular mi madre, que tiene una salud delicada y ya se acerca a los 80 años. Al estrés del encierro y el temor al virus, se suma el hecho de que ella necesita caminar para mantener su salud. Antes de la pandemia salía, siempre acompañada, a caminar a los parques cercanos. Ahora, después de 2 meses de encierro, siente dolor en sus piernas por la falta de ejercicio. Ella intenta caminar dentro de casa, pero eso nunca es igual. Empezaré a llevarla a pasear a algún parque en una hora donde no haya nadie en la calle. Es una transgresión a la cuarentena, pero es necesario para que su salud no se deteriore más.

20 de mayo de 2020

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sally

Ilustración: Claudia Calderón

“Un día esta pandemia pasará y quizás recuerde la inocencia con que vivíamos pocos días antes”

Sally Jabiel (27)

Periodista

Lima-Barcelona-París. 

Escribo esto desde París donde vive mi pareja y estoy confinada. Escribo esto desde Barcelona donde está la habitación que dejé, sin ordenar, porque debía volver en un par de días, la universidad que no terminé y los amigos de los que no me despedí. Escribo esto desde Lima donde están mis padres y más de la mitad de mis recuerdos.
 
Un día, esta pandemia pasará y no sé bien qué recordaré. Quizás la inocencia con que vivíamos pocos días antes. Las llamadas desde Lima de mi madre. Los "no es para tanto" que repetimos una y otra vez, como si pudiéramos frenar así lo que venía. 
 
Tal vez recordaré esos primeros días de marzo cuando dejé Barcelona. El aeropuerto, por entonces, sin rastros de mascarillas. El pasaporte que se perdió en ese preciso -y peor- momento. Mi cumpleaños. Las muertes que empezaron a sentirse cercanas, convertidas en estadísticas que pronto se volvieron lejanas y no pararon de crecer. El día en que se cerraron las fronteras que siempre estuvieron ahí para separarnos. O este primer día en que volví a caminar sin dirección al supermercado, solo para respirar, pero con miedo.

París, 19 de mayo de 2020

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angela

Ilustración: Claudia Calderón

"La empatía es una pieza clave en esta lucha contra el coronavirus”

Anghely Lozano (25)

Estudiante de Economía

Cuando me presento a alguien siempre ha sido importante para mí mencionar que provengo del norte del país, Lambayeque. Amo mi lugar de origen, pasé los primeros 15 años de mi vida allí, todos ellos felices. Hace 3 años ocurrieron huaycos, traté de mantenerme informada y felizmente logramos salir a flote después de eso. Hoy en día la pandemia nos presenta un nuevo reto, a mi parecer, el más grande en toda nuestra historia.

Es difícil escuchar malas noticias de personas conocidas para mi familia. Eso nos hace sentir muy cerca del peligro. Pero a la vez, te hace apreciar también mucho más el hecho de continuar a salvo y valorar los pequeños privilegios que muchos de nosotros tenemos.

Cuando era pequeña siempre soñé con enfrentar alguna vez un reto grande. Y ahora que estoy viviendo la cuarentena sola, pienso que la vida me escuchó; por ello, considero que esa es la manera en que se debe ver esta situación. Por su puesto, para algunos, será más fácil ver esta pandemia desde un punto de vista resiliente, esto debido a la misma forma de ser de cada uno y la situación particular que enfrenta. La empatía es una pieza clave en esta lucha contra el coronavirus.

18 de mayo de 2020

 

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Joaquin- escolar

Ilustración: Claudia Calderón

"Llevo un curso de astronomía. Si mi cuerpo no puede salir mis pensamientos me llevan lejos"

Joaquin (13)

Estudiante de secundaria

Soy un chico arequipeño de 13 años y esta pandemia ha sido como estar en un sube y baja. Primero la sorpresa y el temor en casa a que mi madre pierda el trabajo, porque yo no tengo el apoyo de mi papá. Luego, mi mamá me sacó del colegio porque no iba haber el dinero para pagar, así que todo abril me la pase mirando 'aprendo en casa'. 

En mayo el anterior colegio decidió darme una media beca, y eso fue la subida, porque volví a estar con mis amigos, aunque nos veamos solo por zoom en las clases, ya es bastante. 

Yo me mantengo encerrado cuando lo que quiero es correr y jugar. Me hubiese frustrado mucho sino fuera porque un amigo me da clases de guitarra, la amiga de mi madre me enseña inglés y Sinfonía por el Perú me da clases de canto y teoría musical. 

También me inscribí en un curso gratuito de astronomía. Si mi cuerpo no puede salir mi voz y mis pensamientos me llevan lejos.

17 de mayo de 2020
 

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"Suspira, llora, sonríe pero, por favor canta mucho y cuídate, cuídanos"

Marité Martínez (27)

Comunicadora social

Dolor tiene 5 letras y un abismo de llanto. Perder tiene 6 letras y ninguna preparación para aceptar en carne propia este significado. Dolor de perderte y no estar cerca de ti, consolarme con saber que mi sangre está unida a ti y que todos los mambos tendrán tu nombre y que el cabello corto con rizos color miel es una moda que en mi mente la creaste tú.
 
Me iré al techo como siempre y miraré el cielo como nunca sin pretender entender el porqué debo despedirte para siempre y seré frágil con cada recuerdo y lloraré todo lo que pueda por la impotencia de no poder tener físicamente cerca de mí. Sabes, bailaré muchos mambos porque tú los patentaste en mi mundo y será mi forma de celebrarte. Te amo, tía.
 
La vida es hoy.
 
Nadie está preparado para perder a alguien que ama. Mi tía Rosa se fue, como muchos que en este momento están perdiendo la vida a causa del Covid-19 y por las diversas enfermedades que no están siendo atendidas en este momento. Mi tía Rosa pudo quizá estar viva, tal vez podríamos haberla gozado unos instantes más por una video llamada, verla y hacerla reír con videos por WhatsApp, quizá pudo estar mejor, pero no se pudo. La falta de médicos y los hospitales abarrotados no dan prioridad a los pacientes con cáncer. Ella, como muchos pacientes de cáncer en este momento, sin recibir tratamientos, vulnerables y esperan como una suerte de regalo, cada día, su próxima quimioterapia, su próxima atención. ¿Nos estamos poniendo a pensar cuantas personas están falleciendo por carencia de recursos en este momento?
 
La vida disminuye mundialmente y esto para muchos pasa como una especie de película de ciencia ficción y, para otros, con un llanto desconsolado.  La vida es hoy, no te prives de ponerte esa prenda que estas guardando para una ocasión especial, destapa ese vino retenido en el estante, canta sin vergüenza, dale un piropo especial, baila esa canción, mira el cielo y encuéntrale formas a esas nubes momentáneas que tenemos en Lima, suspira, llora, escribe, sonríe, pero, por favor, canta, canta mucho y cuídate, cuídala, cuídanos. Que la vida es ahora y, cuando se nos va, rogaríamos tenerla un ratito más para volverla a vivir.

16 de mayo de 2020
 

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“Empezamos a sufrir por otros sin necesidad de conocerlos. Antes había tanta indolencia en nosotros”

Anny Grandez (32)

Comunicadora

Quizás mi historia de cómo paso la cuarentena no sea la más trágica ni digna de tanta atención, pero estoy segura de que muchos se sentirán identificados. 

Voy a empezar diciendo que estoy luchando contra la depresión y la ansiedad desde unos meses antes de que esta pandemia llegara a nuestro país; por lo tanto, como lo dice mi médico, es normal que una persona ansiosa depresiva se sugestione con mucha facilidad y a la vez sea hipocondriaca. 

Nunca en mi vida me había lavado tanto las manos, y cuido todo lo que toco, como mi rostro, que no lo toco para nada. Por momentos me da un dolor de garganta y siento escalofríos y ya pienso que estoy contagiada del virus, sin embargo, no soy la única a la que le pasa y no es que sea mala, pero eso me hace sentir bien. 

Lo que verdaderamente quiero abordar de mi experiencia en esta cuarentena es el trato con mi familia, la cual por momentos se ha vuelto algo tensa. 

Cuando trabajas todo el día, normalmente sucede que sales temprano, llegas de noche y te alegra volver a casa. Cuentas las cosas que te pasaron, tus malas experiencias, la pendejada que te hizo tu jefe minutos antes de las 6:00 p. m., y hasta ahí todo bien; Pero estar todo el día con tu papá, con tu mamá y hermanos a quienes amas, pero a la vez todos piensan diferente, puede volverse algo tenso. 

Es ahí, donde te das cuenta de que respondes mal, que nadie tiene por qué aguantar tu malhumor y que tienes mucho que aprender. Lo bueno es que nunca es tarde para mejorar como personas y siempre trato de mantener la unidad familiar. Si cometí un error, lo reconozco y pido perdón. Sí, cuesta, pero vale la pena. 

Lo que ahora llena mi corazón es ver a mi familia y saberlos sanos, eso me da alivio. Elevo una oración por las personas que están sufriendo, que están perdiendo a sus seres queridos y no se pueden ni despedir. 

El covid-19 nos trajo también humildad y nos devolvió esa humanidad que se había perdido. De la noche a la mañana, muchos empezamos a sufrir por otros sin necesidad de conocerlos. Había tanta indolencia e indiferencia en nosotros que casi ya éramos unas máquinas, lástima que cosas como estas nos tengan que hacer cambiar. 

Cuídate y cuida a los que amas.    

15 de mayo de 2020

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mariamama

Ilustración: Claudia Calderón

"Ser madre en tiempos de coronavirus es doblemente agotador: las preocupaciones y esfuerzos aumentan"

María (27)

Trabajadora social 
 

Buena madre, trabajadora, esposa e hija. Son algunos de los roles que debo ejercer en estos tiempos y estoy segura que muchas mujeres también, pero el análisis ahora se divide en antes, durante y post coronavirus, pero voy a centrarme en el durante. 
 
El ser madre en el tiempo del coronavirus es doblemente agotador, debido a que tus preocupaciones y esfuerzos de cuidado aumentan debido a que en esta situación desinfectamos el doble: los juguetes, el piso, los alimentos, la propia mamá lo debe hacer (al lavarse las manos e incluso bañarse antes del contacto con el bebé, sobre todo, si saliste de casa). Otro aspecto importante es la salud mental de la madre, esta se ve afectada por la inestabilidad económica y el futuro laboral incierto. Intentar todos los días brindar una crianza respetuosa es agotador con toda esta carga mental, y el día que ya no podamos regular nuestras emociones la culpa nos abruma: "le grité a mi hija, acaso soy una mala madre".
 
El hecho de ser trabajadora es otra situación compleja. Ves las noticias por las mañanas y resulta que el gobierno aprobó que retiren a los trabajadores sin paga durante 3 meses y a mi correo llega un mensaje de mi jefa diciendo que la crisis los ha obligado a tener que dejar de contar con algunos trabajadores. 
 
He estado realizando trabajo remoto desde que inició la cuarentena y al inicio pensaba que sería mejor porque pasaría más tiempo con mi hija pero en el camino entendí que no necesariamente era así, mi trabajo empezó a absorber horarios familiares, horarios dedicados a la limpieza de la casa y la dichosa "desinfección", horarios dedicados a los cuidados a mi hija, porque, lamentablemente, tanto mi familia como mi jefa, creen que estar en casa significa estar descansando. "Si vas a estar en la casa, ya no necesitarás pagarle a alguien para que cuide de tu hija, tú puedes cuidarla". Tener que cumplir mis ocho horas laborales, teniendo a mi hija a lado pidiéndome teta, no necesariamente es estar descansando.
 
El ser esposa en el tiempo de coronavirus. El trabajo informal de mi esposo se ha visto afectado por esta crisis. Poco a poco vemos cómo nuestros ahorros se agotan en el mes, mientras él no tiene ingresos. Hace poco decidió salir a trabajar sin importarle exponerse al virus, y la policía le arrebató su herramienta de trabajo, era lo único que nos permitía ahorrar ya que con mi sueldo solo logramos cubrir los gastos básicos de alimentación y pañales. Toda esta situación laboral de ambos causa discusiones y conclusiones negativas sobre el futuro: "ya van a levantar la cuarentena y todo volverá a la normalidad, no, Vizcarra dijo que nada será normal (nos abrazamos tristes)".
 
El ser hija en el tiempo de coronavirus. Las noticias dicen que la población vulnerable al virus son adultos mayores y personas diabéticas y yo preocupada pienso: Mi papá cumple ambos requisitos. Soy la hija de un chofer del corredor morado, que percibe mensualmente la mitad del ingreso que aparece en su contrato. Cuando hablo por teléfono con él solo me cuenta que en la empresa le dijeron que lo llamarán, que no se preocupe que igual va recibir su sueldo, pero no ha recibido su sueldo hace un mes, ni siquiera la mitad y eso lo tiene abatido cada vez que hablamos y me tiene preocupada a mi también porque no sé si podré ayudarlo. Las pocas veces que nos hemos visto intenta sonreír y decirme: "A mí aún me falta para cumplir sesenta y, además, yo no les he dicho que soy diabético".
 
El coronavirus llegó para cambiar todo, pero no cambiará la voluntad del peruano y la peruana que se construye día a día. 

14 de mayo de 2020
 

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“Aguantamos y nos recuperamos. Aún no estamos seguros de qué pasó, pero ya pasó”

Dante (34)

Conductor de vehículo

Día 1: Mi padre amaneció con fiebre alta, dolor de cabeza , dolor de ojos, un malestar corporal horrible. Aguantó los achaques como campeón.

Día 2: Lo convencimos que vaya al seguro a pesar de que teníamos pánico. Esos días Puente Piedra parecía una película de zombies: vacía y temerosa. El doctor le hizo algunas preguntas sobre sus síntomas, pero nada, solo su garganta estaba muy inflamada. Le dieron su paracetamol y amoxicilina .

Día 3,4,5 y 6: Los dolores lo hicieron sufrir como nunca, las piernas le temblaban, su cabeza quería explotar, la comida le sabía a veneno, presentaba náuseas todo del día. Todos estábamos con nervios. Yo me acerqué, lo abracé muy fuerte confiado que su faringitis no era contagiosa. La garganta se le quería cerrar, tosía mucho.

Día 8:  Tiene hambre y dejó de vomitar. El alivio nos llegó a todos en casa y comimos juntos. Pasamos un gran susto considerando que eran síntomas muy parecido al Covid -19, sin contar que él tiene 70 años, una úlcera curada a media caña y presión alta. Aún así aguantó como campeón.

Día 24: Un viernes sentí un dolor de cabeza. Me dolían los ojos como si me los hubieran sacado en la noche, me los hubieran machacado y puestos otra vez. Teníamos malestar corporal, como si hubiera pasado un camión por mi encima. No quería comer. 

Día 25: Fuimos a la Posta, la faringitis otra vez, paracetamol y azimitrina y a la casa. Fue horrible: escalofríos cuando afuera hacía calor. 

Día 26: Solo comía para que las pastillas no me golpearan más. Vómitos, las piernas como de papel, mi espalda con un costal de cemento. Solo quedaba aguantar. Mi madre comenzó a mostrar los mismo síntomas.

Día 32: Con los días aguantamos y nos recuperamos. Aún no estamos seguros de qué pasó, pero ya pasó. 

14 de mayo de 2020

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medicoseru

Ilustración: Claudia Calderón

“Desde que era muy pequeño mi padre me enseñó el servicio que significa la salud pública”

Alberto (25)

Médico serumista

Hola, quiero contarles un pedazo de mi vida. Bueno soy médico egresado de una ciudad del norte del país , desde que era muy pequeño mi padre me enseñó el servicio que significa la salud pública y la gran labor que se debe cumplir. Después de realizar mi internado médico, tuve que adjudicar a una Plaza Serums (Requisito indispensable para realizar la especialidad médica en Perú), que con frecuencia significa viajar a lugares de extrema pobreza para apoyar en lo que falta. Llegué a la región La Libertad y fui Jefe de un Centro de Salud. Con el transcurrir de los meses vi que el trato hacia el personal médico era muy denigrante y que te utilizaban por ser un recurso de vital importancia, pero no te apoyaban. 

Pero todo empeoró desde la primera semana de marzo, cuando se conoció el primer caso de Covid-19 en el Perú. Muchos médicos de mi red y yo nos encontrábamos en nuestros establecimientos, cuando nos dieron la orden de inamovilidad. Todos aceptamos en un primer momento. Pero nadie nos apoyaba con alimentos, ni siquiera 1 kilo de papas. Muchos amigos han vivido del apoyo de pobladores ya que ni siquiera tenían recurso para trasladarse a la ciudad de Otuzco. Lo peor vino después, cuando a los Serums nos obligaron a quedarnos , mientras todo el personal nombrado y CAS, se iban y venía de su casa. Yo actualmente llevo dos meses sin poder salir, hemos tenido que buscar cómo alimentarnos. Creo que el Ministerio de salud ha sido muy cruel con muchos médicos , enfermeras y obstetras Serums, vulnerando sus derechos de días libres (5 a 6 por mes) y no apoyándolos siquiera con un kilo de manzanas.

13 de mayo de 2020

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“Tendremos que mostrar otra manera de expresarnos: pequeños gestos, grandes miradas”


Daniel Canchán Zúñiga(31)

Arquitecto

La cuarentena me ha dado tiempo para poder aburrirme profundamente y con ello poder pensar y escribir algunas cosas. Hace algunos días vi la noticia del artista Decertor rehabilitando un mural suyo y escribí esta breve reflexión: 
El artista Decertor reparó un mural que él mismo pintó tiempo atrás. El mural representaba el rostro de una niña y éste se había desgastado en la zona de la boca. En lugar de restaurarlo a su estado original, lo rehabilitó pintando una mascarilla cubriéndole la boca. Ahora la niña pintada lleva una máscara.

En el libro 'Juntos', Richard Sennett cuenta la experiencia del actor Jacques Lecoq. Desde su escuela, relata, Lecoq experimentó con máscaras como ejercicio teatral. Utilizó máscaras neutras en sus actores que, sin expresión facial, tenían que comunicar mediante el cuerpo y la voz, "la cara se convierte en el cuerpo entero". Estas máscaras, que eran impersonales y las podía usar cualquier persona, convertían al teatro de Lecoq en un espacio cooperativo pues tanto actores como público se implicaban más entre ellos al estar atentos a los pequeños gestos.

Sennett termina este apartado así, trasladando la máscara teatral a cómo podemos llenar de contenido expresivo un espacio social compartido: "La máscara neutra e impersonal es una manera de volcar al actor hacia afuera, creando de esa manera un espacio común con el público; la cooperación compleja necesita dar este giro, crear un espacio común. La diplomacia cotidiana es un oficio de distancia social expresiva".

En los siguientes meses, cuando vayamos retomando nuestra vida en la calle, tendremos que utilizar mascarillas que nos cubrirán más de la mitad del rostro. Casi sin expresiones faciales y a dos metros de distancia sin poder abrazarnos, darnos besos o incluso la mano, tendremos que mostrarnos a los demás de otra manera, volvernos expertos en los pequeños gestos y en las grandes miradas. Así será por un tiempo, hasta que por fin nos quitemos la máscara del rostro y tengamos nuevas herramientas para estar juntos.

 
13 de mayo de 2020


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guido

Ilustración: Claudia Calderón

“¿Mi realidad? Terminar mi curso on line, lavar, limpiar, comprar. ¿Mis sueños? Conseguir trabajo”

Guido Guevara (54)

Trabajador independiente

Sin poder hacer teletrabajo, leo y veo sobre el Covid-19 en la web: Ideas para romantizar el confinamiento, descubrir felicidades para encubrir desavenencias, encuentros virtuales con (des)conocidos, charlas, presentaciones, visitas guiadas, ensayos, consejos a raudales, paranoia a discreción, desde los privilegios de clase, sí se puede, señor/a, mensajes fantasiosos reenviados hasta el infinito, videos falsos mostrando problemas reales, medicamentos peligrosos, curaciones mágicas, brebajes, gárgaras, cápsulas, extractos, y hierbas milagrosas, especialistas en nada y opinólogos de todo denunciando errores, potenciales vacunas, teorías conspiranoicas para todos los gustos y disgustos.

¿Mi realidad? Terminar mi curso on line, lavar, limpiar, comprar, escuchar música. ¿Mis sueños? Conseguir trabajo, hacer trekking, viajar,

12 de mayo de 2020
 

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jose

Ilustración: Claudia Calderón

“Vine como voluntario a una comunidad nativa. Me quedaré hasta que termine el estado de emergencia” 

José Carlos Ortega  (31)

Antropólogo

 
Vivo actualmente en la Comunidad Nativa de Shintuya (Región Madre de Dios, Provincia del Manu). Llegué a finales de febrero y vine para realizar mi tesis de posgrado en Antropología además de apoyar en la Casa-Misión de Shintuya como voluntario. Cuando se inició la cuarentena, los comuneros en asamblea decidieron acatarla para así evitar la presencia de casos del Covid-19. En un primer momento había confianza en que la cuarentena no se iba a extender, además los residentes tienen acceso a chacras y ríos donde pueden cultivar y pescar. Los recursos de la comunidad podían aliviar la carencia de víveres.
 
No obstante, la dependencia de víveres como arroz, aceite, carne de pollo, entre otros, hace difícil la manutención de las unidades domésticas harakmbut (pueblo nativo de Madre de Dios). Asimismo, la población se dedicaba a la construcción, comercio de plátanos y al turismo vivencial. Su cercanía a la capital provincial generaba pluralidad en las actividades económicas. El dinero escasea, y la vida de la comunidad si bien continúa, ha sentido el golpe económico. Las instituciones educativas están cerradas y los niños acompañan a los padres de familia a las chacras, al río o al monte. De un total de aproximadamente 70 familias, menos de 5 tienen cable satelital. Las clases a distancia "Aprendo en Casa" no se ven ya sea por cortes de electricidad, ausencia de niños, acceso al cable satelital, entre otros. 
 
Cuando necesitan cobrar los programas sociales, los beneficiarios se trasladan hacia la capital provincial Villa Salvación. Ya ha habido un accidente. Shintuya no es la única comunidad que se encuentra en la carretera. Los caseríos de Santa Cruz, Mansilla, San Isidro, los centros poblados de Itahuania, Nuevo Edén y Puerto Shipeteari y las comunidades nativas cercanas como Diamante, Palotoa Teparo deben trasladarse para acceder a los bonos del gobierno. Solo hay una ventanilla en el Banco de la Nación en Villa Salvación, ¡una ventanilla!, para atender a casi toda la provincia.      
 
Los días siguen pasando y no hay solución efectiva. Vine como voluntario y tesista por un período reducido de tiempo, pero ahora me quedaré en "La Misión que nunca muere" hasta que el estado de emergencia termine. 

11 de mayo de 2020

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gregoria
Ilustración: Claudia Calderón

“Limpiaba casas, hacía mil cosas para mantener a sus 3 hijos. No recibió bono”

Alondra (socióloga)

Relata la historia de Gregoria.

Hola, mi nombre es Alondra, soy socióloga y la historia que les contaré no es la mía, sino la de una mujer que el Estado olvidó. Ella se llama Gregoria, es quechuahablante y analfabeta. Tiene 35 años y es oriunda de Paucartambo, Cusco. Como muchos migró a la ciudad en busca de mejores oportunidades. Desde que la conozco ha trabajado limpiando casas, lavando ropa, vendiendo ropa vieja, ayudando en el mercado y mil cosas más. Con eso se mantenía y mantenía a sus tres hijos cada día. Con la cuarentena, la posibilidad de ganar alguito se esfumó. Ya no trabaja en otras casas, no puede vender ropa vieja, y menos ayudar en cualquier lugar público. Cuando inició la cuarentena me llamó para que me fije en Internet si había resultado beneficiaria de algún tipo de bono. Lo que para cualquier persona sería cuestión de minutos a nosotras nos tomó por lo menos una hora. Fue muy difícil lograr que me dictara su fecha de emisión del documento, tuvimos que esperar a que su hijo mayor de 11 años se despertara y le leyera lo que necesitaba.

Lamentablemente no salió beneficiaria de ningún tipo de bono. Lo único que recibió después de 20 días fue la canasta por parte de la municipalidad.

Hoy, hace ya más de 40 días en cuarentena, sonó el teléfono de mi mamá. Era Gregoria, estaba en la puerta de mi casa. Había traído el recibo de luz de la casa que cuida (porque lógicamente tampoco puede pagar un alquiler) y su DNI en físico para que nuevamente veamos si, de repente, después de tantos días la habían considerado en algún bono. El recibo lo había traído para que en Internet cambiáramos su dirección porque había escuchado de sus vecinos que de repente no le llegaba el bono porque la dirección de su DNI no era la misma de la casa donde vive ahora.

Cuando consultamos nuevamente por algún bono, la respuesta tristemente fue la misma. Escribo esta historia por la impotencia que siento por ella y por tantas otras personas en la misma situación. No sé cómo ayudarla y cuando digo ayudarla me refiero a de qué manera logramos como país que estas situaciones de vulnerabilidad en la que se encuentran las personas cambien y mejoren, porque si bien le dimos víveres y alguito de plata para algunos días (porque la situación en mi casa tampoco es de las mejores, pero por lo menos no nos falta para comer), ¿qué va pasar cuando eso se le acabe? ¿Sus hijos tendrán qué comer, ella comerá? O tendrá que seguir saliendo  a la calle a pesar de poner en riesgo su salud y su vida para poder sobrevivir?

Solo espero que en este último bono familiar pueda salir beneficiada.

10 de mayo de 2020

 

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“Fui a otro país a realizar mis sueños, pero ahora solo quiero estar con mis padres”

Jans Ch. (19)

Estudiante universitario

 

Soy un estudiante de cine en Brasil. Tuve la oportunidad de llegar acá hace como un año. Estuve en Lima con mi familia en los meses de vacaciones y recuerdo que llegué a Brasil para cumplir mi segundo año de estudios el primero de marzo. Solo pude asistir a la primera semana de clases debido a que se cancelaron por el virus. Recuerdo mucho esa fecha debido a que en el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez el 30% de personas que veía llevaban mascarillas, y dentro de mi cabeza los llamaba "exagerados". 

Nunca llegué a imaginar cómo un virus nacido en Wuhan iba a afectar tanto al mundo entero. Otro motivo de por qué recuerdo esa fecha es que aún tenía pensado retrasar mi viaje una semana más. Sufro de ansiedad y depresión diagnosticada desde los 14 años, y una de las razones de por qué tuve el privilegio de acceder a un pasaje de avión y pasar las vacaciones en mi ciudad con mi familia, es por que es difícil estudiar en otro país, adaptarse a ese nuevo ambiente, a ese nuevo idioma, y estaba muy decaído en las últimas semanas de mi segundo semestre. Así que por eso mi familia y yo decidimos que lo mejor era hacer el gasto para pasar fiestas con ellos. 

En marzo iba a comenzar mi segundo año de estudios así que era tiempo de volver, pero a la vez no quería, quería quedarme con mis viejos y mis dos sobrinas. Sé que la razón de irme a otro país fue para realizar mis sueños, de ser algún día un guionista de cine, pero ahora creo que ya nada me importa, solo quiero estar con mis padres, ya son de tercera edad y están solos apoyándose el uno al otro. Tengo mi hermana que está con ellos pero ella tiene que cuidar a sus dos hijas y además es enfermera, tiene que cumplir su deber. 

Acá en Brasil, en la zona donde estoy no hay ninguna medida efectiva contra el virus, recién hace una semana han reabierto de nuevo los centros comerciales. No hay cuarentena obligatoria, pero mis compañeros de la universidad y yo estamos haciendo cuarentena voluntaria, y debo decir que eso no me ha ayudado en lo emocional/mental. Extraño estar con mis amigos. 

La soledad me consume poco a poco. Como ustedes sabrán, tenemos el peor presidente que un país puede tener para una situación así. Se dice que hasta se podría perder todo el año, yo me muero de ganas de volver, de que abran las fronteras en Perú. Quizás suene egoísta porque sé que lo recomendable es no viajar, pero la verdad no me importa, la única razón porque estoy aquí era para estudiar. Prefiero regresar a mi país y pasar 15 días de cuarentena en un establecimiento extraño con personas extrañas y luego regresar a casa con mis padres. 

No sé cuántos días llevo encerrado, aislado de las personas que quiero y de nuevo tengo estos pensamientos negativos, cada día deseo más haber retrasado mi viaje. Siempre me ha gustado escribir. Como dije antes, estoy en Brasil para convertirme en guionista de cine, pero la verdad ya no sé si quiero eso. Lo único que sé es que siempre escribiré.

 

9 de mayo de 2020

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Diario de la cuarentenaIlustración: Claudia Calderón
 
 

Carta a mi esposa: "Hoy te irás de guardia más de 16 horas a cumplir tu labor de enfermera”

Johnny Ch. (53) 

Ingeniero de sistemas

 

Escribo estas líneas pensando en que hoy te irás de guardia más de 16 horas a cumplir tu labor de enfermera, que realizas por vocación. Una profesión que en estos momentos de pandemia es una de las golpeadas por la enfermedad. A pesar de las carencias de equipo de protección personal y nuestro precario sistema de salud haces hasta lo imposible - por no decir lo humanamente posible - para protegerte, para protegernos, para cuidar a tus pacientes de este enemigo invisible. 

La prensa solo menciona al personal de salud que atienden directamente el COVID-19. Sin embargo, todos los demás servicios médicos que se brindan en un hospital están siendo afectados y desbordados. Quisiera haber seguido la carrera de medicina. Cuando fui joven me preparé para postular, para acompañarte en estos momentos difíciles; sin embargo, elegí otra carrera que me permite estar y trabajar desde casa y quedarme con nuestros dos hijos ya adolescentes; sé que estás dando tu máximo esfuerzo en tu trabajo y en tu rol de esposa y madre en estos tiempos complejos, que ambos y nuestra generación hemos vivido anteriormente, con el terrorismo, la epidemia del cólera y otros tipos de gripe. 

Sé que juntos como familia podremos salir adelante de esta nueva crisis que nos está tocando vivir. Eso sí: siguiendo tus recomendaciones como personal de salud y como nos indica el Minsa; pensando que en el futuro se tomen decisiones en tu trabajo que puedan mejorar la infraestructura, el equipamiento y todo aquello que te permita a ti y a tus colegas seguir batallando. Esta pandemia nos está dando una lección de vida para mejorar. Este pequeño homenaje es para ti y tus colegas, resaltando un mensaje del gobierno de Argentina que representa la actual situación en Perú: “sé paciente, no queremos más pacientes.

8 de mayo de 2020

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“Me siento abrumada y triste porque uno de mis hijos es médico, él está en el campo de batalla” 

Laura

Jubilada

Mi nombre es Laura, soy maestra jubilada, con 630 soles de pensión mensual. Hasta el año pasado he tenido trabajo extra en consultorías para poder cubrir mi canasta familiar y el pago de servicios básicos  que superan los 630 soles mensuales. Muchas veces pienso ¿cómo la estarán pasando otros  jubilados con esta misma pensión? Tengo dos hijos, un varón y una mujer. Estoy pasando la cuarentena con mi hija y sus dos hijos, cada quien sigue con su rutina, la cual no se ha alterado, hacemos lo mismo de siempre.


En cuanto se inició la cuarentena empecé la rutina de escribir estados de WhatsApp, todos los días de 7 a 9 de la noche. Empecé el segundo día, porque el primer día la pasé sumida en el asombro. Todos los días escribo con optimismo, esperanza y mente positiva, sin dejar de expresar mis estados emocionales por la presencia devastadora del Covid-19. Me siento acompañada cuando veo que  32 personas leen diariamente  mi estado de WhatsApp.

Lo dramático empezó cuando se incrementó los contagios y las víctimas mortales. Me siento abrumada, triste, desesperada porque de mis dos hijos uno es médico, él está en el campo de batalla; ella, aunque también, está realizando trabajo remoto, es profesora, sale semanalmente a proveer alimentos, para su familia y para mí.

Esta realidad amenaza con derrumbarme. Renovaré mis energías para salir mental y espiritualmente ilesa si es que logro sobrevivir a esta pandemia.

8 de mayo de 2020

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eyni

Ilustración: Claudia Calderón

“Estamos casi seguros de que volveremos a nuestra vida normal: de consumismo y propiedad” 

Winy (23)

Estudiante de ciencias de la salud (Cusco)

 
Esta pandemia me ha hecho reflexionar sobre muchas cosas, a veces sentía que eran días de vacaciones, donde podía ver pasar el día y dormir tranquilamente, y otras veces sentía que el riesgo de contagiarme y de contagiar a otras personas me daba demasiado miedo como para salir a hacer compras. Aunque nos enfrentamos a una pandemia, quizá solo nos estamos enfrentando a nuestra vida cotidiana, seguimos haciendo de una u otra forma lo que antes: intentar ganar dinero.

Aún solo escucho hablar acerca del teletrabajo, la falta de productividad, la deuda fiscal, la crisis económica, de todo eso, porque estamos casi seguros de que volveremos a nuestra vida normal, de consumismo y propiedad. 

Y que el dinero es algo "vital" porque sino con qué comeremos, con qué pagaremos los servicios básicos, compraremos cosas. ¿Con qué?, sinceramente me parece un tanto ofensivo el hecho de que hayamos dotado de vida a algo inerte, que pongamos en el peldaño de la vitalidad a algo totalmente prescindible en la vida, pero no en nuestra vida actual (por lo menos para una gran mayoría).

Sé que sería mejor que nos hubiesen enseñado habilidades manuales más útiles como cultivar nuestros alimentos, como construir nuestros objetos, darle rienda suelta a nuestra imaginación y curiosidad, respetando a la pachamama (madre tierra), creo que hubiera sido más útil y menos dañino para la tierra, así algunos más y yo tendríamos menos miedo por la posible crisis alimentaria que sin duda algún día habrá de llegar, ¿llegará aquel día en que no hallemos más vitalidad en el dinero?

Qué hay de imprescindible en la vida si no son las funciones biológicas básicas para sobrevivir, la sed, el hambre, son algunas de ellas, entonces es lo único que me parece imprescindible, y también sé que no estoy capacitada para sobrevivir porque no creo que lo que he aprendido hasta hoy me sea útil si algún día no hay agua potable o alimento en las ciudades grises de concreto.

Creo que me hubiera sido más útil aprender de los conocimientos de mi abuelita, hija de campesinos, ella sabía lo primordial sobre la agricultura, ganadería, manejo del agua , eran gente sabia, eran otros años.

Los cobros de pensiones colegiales y universitarias, los alquileres siguen, porque... ¿Es necesario? y las personas sin trabajo se endeudan, en el sector formal a muchos trabajadores les han suspendido sus actividades, muchos trabajadores perdieron su trabajo desde que comenzó la pandemia por estar en el mercado informal, porque somos un país eminentemente informal. Será que el nuevo paradigma en este sistema ya obsoleto será ¿contagiarse y ganar dinero o morir de hambre si uno no trabaja para obtener dinero?

Hasta antes de la pandemia el mundo no era el lugar ideal, pero con la pandemia este paradigma de éxito ha empeorado nuestra situación, nos ha hundido más en el profundo abismal de nuestras más horrendas pesadillas. Creo que la gente se preocupa más por si habrá o no de comer.

Mi papá está viendo la televisión, esa pequeña caja cuadrada que tras 20 años de antigüedad, algunos retoques y un decodificador de cable, (comprado  irónicamente en tiempos de crisis política 1990), transmite la voz de una comunicadora que indica que el coronavirus ha llegado a los pueblos más vulnerables de la Amazonía, siendo el departamento de Loreto uno de los más afectados.

¿Hemos vivido en un mundo desigual desde el comienzo?; muy probablemente, y de eso no hemos tenido miedo, quizá porque no nos afectaba directamente, y no hay cosa más cruel que la falta de empatía.

La vida continúa en silencio, porque es domingo y hay toque de queda. Se come lo que hay, no lo que te gusta y habría que estar más agradecidos aún porque hay comida, agradecer a los miles de campesinos que salvan nuestras vidas a largo plazo.

Y aunque eche el aceite a la sartén rápidamente para hacer una comida poco sana, sé en mi interior que probablemente este producto haya venido de un monocultivo de palma aceitera, que deforesta bosques y biodiversidad en los lugares más fértiles del Perú, donde la naturaleza se regenera rápidamente, pero ahora no, porque ahora son los lugares más vulnerables frente a esta pandemia. 
Podemos tener tantas acciones en una sola. Y es entonces cuando sé que toda mi vida la he vivido en ambigüedad.

7 de mayo de 2020
 

 

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"Mi abuelo lloroso me dijo: hija, tú aún tienes una vida por delante, nosotros ya vivimos"

Valeria (25)

Estudiante

Soy de provincia, estudiante universitaria del área de salud, al inicio de la cuarentena tomamos todo con calma, sin embargo, estas últimas dos semanas se han vuelto inciertas y ya más complicadas de llevar. El miedo ronda nuestra casa de manera más palpable, somos cinco, tres de ellos adultos mayores con problemas respiratorios, mamá con hipertensión y asma, y yo, que luego de una enfermedad, mis defensas nunca fueron las mejores.

En mi ciudad hace unas dos semanas aproximadamente recién salió el primer caso, al día de hoy son más de 70 positivos, intentamos no escupir al aire buscando culpables, pero donde vivo cada uno hace lo que quiere y las normas no se cumplen, nunca del todo.

Al salir el primer caso, decidimos hacer roles en casa de limpieza, desinfección y las salidas indispensables, cuando mamá dijo que ella iría a hacer las compras y trámites por todos sentí impotencia y me ofrecí a hacerlas yo. Mi abuelo con los ojos llorosos me miró y dijo "hija, tu aún tienes una vida por delante, nosotros 4 ya hemos vivido". Un nudo se situó en mi garganta y sentí mucho dolor y frustración. Poco a poco lo asimilé.

La vida dentro de casa, a la que no estoy acostumbrada, es bastante monótona. Todos los días les enseño a mis abuelos el protocolo de lavado de manos y hago ejercicios con mi abuela con Alzheimer (creo que es la que lo pasa peor porque no entiende nada); una vez a la semana mi mamá sale a hacer todo lo necesario, pagos y compras principalmente.

Vivo un día a la vez gozando en familia, almorzamos juntos todos los días, intentamos reír y bromear. Mis abuelos sienten miedo y nos reímos del miedo. Le agradecemos a Dios que, al menos, tenemos qué comer y nos tenemos unos a otros.

7 de mayo de 2020
 

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felix

Ilustración: Claudia Calderón

"La gente acude a mí antes de ir al médico o llamar al 113"

Félix Cabrera (53)

Técnico en farmacia

Mi nombre es Félix, soy técnico en farmacia, trabajo casi 23 años en este rubro, 17 de ellos en una cadena con locales a nivel nacional. Trabajo con el único afán de orientar a la gente y cooperar para que la pandemia pase, por el bien de todos. Quizá haya estado en contacto con el virus, no lo sé. Atiendo a una gran cantidad de pacientes aquejados de muchas enfermedades crónicas (diabetes, hipertensión, artritis, artrosis, depresión, etc.) o agudas (congestión nasal, golpes, heridas pequeñas, cuadros gripales).
 
Luego de atender a cada paciente, hemos extremado las medidas de seguridad con tapabocas, uso de anteojos, alcohol, (líquido o en gel), lavándonos las manos cada 20 ó 30 minutos, limpiando nuestra zona de trabajo con una mezcla de desinfectante, jabón y lejía. Y a pesar de lo peligroso y rápido que se expande el virus veo gente que, sin pensar en la multa ni en su seguridad, sale de a dos (algunos hasta cogidos de la mano). Mucha gente va en colectivos, servicio de mototaxi. 
 
Yo también formo parte de un grupo de trabajadores que estamos también al frente de esto desde diferentes puntos del país. Soy una de esas personas a la que la gente, antes de llamar al 113 o acudir al médico, acude con la esperanza de que su dolencia o "su tos, catarro, dolor de garganta, fiebre y malestar general" no sean signos de Covid-19, sino solo una gripe estacional "por tomar cosas heladas", me dicen.
 
Soy divorciado y separado, tengo cuatro hijos a los cuales no puedo ver ni abrazar desde que empezó esta cuarentena. Vivo con mi madre de 77 años, una mujer guerrera 100%, por ella no me debo enfermar. Quédense en casa.

6 de mayo de 2020

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ciolohga

Ilustración: Claudia Calderón

"Pienso que podría estar ayudando, haciendo mucho más. No basta con quedarse en casa”

Katherine Soto Torres (27)

Activista y socióloga

Pienso que mañana todo será aún peor, me repito desde que inició la pandemia. Sé que no debemos dar esa respuesta, me repito, y pienso en el autocuidado. Abro el documento de mi nuevo proyecto y no puedo seguir. No concibo avanzar y pensar en proyectos personales. Pienso que podría estar ayudando, haciendo mucho más mientras otras personas están muriendo. No basta con quedarse en casa.

Me levanto, veo una publicación en redes. Alguien necesita ayuda, les escribo, me dicen que se sienten tan solos, sin respuestas, con un familiar que tiene 84 % de saturación, no puede respirar, sin casa y sin alimento. No puedo, no puedo seguir con mis proyectos personales en esta situación. Esa noche me pasé despierta buscando ayuda, al día siguiente también. Luego apareció otro caso. Descanso lo suficiente y como lo necesario para aprovechar de todos mis derechos adquiridos, de mis oportunidades, techo, educación, comida, internet y todas las herramientas que me permiten gritarle al mundo que necesitamos ayuda, que alguien más está muriendo. Ando preocupada por mi futuro también, pero me duele más en estos momentos el mundo.

Quisiera ser médica, quisiera ser enfermera, quisiera ser bombera, quisiera tener un albergue para el mundo entero, quisiera que los gobiernos hubiesen invertido más en salud pública y seguridad social, quisiera que no exista corrupción. Quisiera tantas cosas, y es en este momento en que todo me agobia. Intento escribir y enviar propuestas por otros espacios, mientras me sigo preguntando si servirá de algo, si en algún momento lo tomarán en cuenta y será ejecutado.

Otra vez regreso a lo mío. Haremos una colecta para familias en extrema pobreza que necesitan alimentos. Vamos a gritarle al gobierno que necesitamos medidas de urgencia, que la gente se está muriendo porque sale de sus casas por el hambre. Pero también vamos aprovechando juntando un par de soles para algo de comida, algo de pan y que esta lucha de todos juntos, sea aún más potente. Les digo a las señoras que me avisen cómo van, que seguro ya pronto les saldrá su bono. Llamo a mi familia, los monitoreo todos los días para saber cómo están y si les hace falta algo. Me envían fotos y me cuentan lo que han cocinado. Papá anda reparando todo y me cuenta que tiene un par de electrodomésticos como nuevos. Ya lo veo, aquello que erradamente llamé en algún momento cachina hoy es parte de su “trabajo” y entretenimiento, lo mantienen ocupado y hacen menos pesados estos días de encierro.

Mamá, por su parte, ha hecho una nueva granjita para un par de gallos que le ha regalado un vecino. Me dice que están bien flaquitos y algunos estaban enfermos. Se ha pasado la cuarentena cuidándolos y dándoles medicamento. Mamá ama los animales y las plantas. En el jardín tenemos un par de árboles que dan gran producción de plátanos, que ahora es la fruta más deseada de todo el barrio.

Pienso en mi familia, pienso en papá, pienso en mamá, en mis hermanitos y en mis abuelas. Pienso en mi infancia y en cómo las desigualdades estallan en nuestros rostros. Pienso en que necesitamos hacer algo más. Todos los días ando ideando cosas nuevas para ver la forma en que podamos ser útiles y seguir ayudando. La exigencia al Estado, va de la mano de una ciudadanía solidaria, que entre los grandes problemas que cargamos por años, sea consciente que todo este escenario implica ahora y en el futuro, grandes cambios.
 

5 de mayo de 2020

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soledad

Ilustración: Claudia Calderón

“Solo quiero volver al lugar del que la vida me obligó a salir”

Soledad Huaypuna (19)

Estudiante universitaria natural de Espinar

Estudio lejos de casa, en la Universidad San Antonio Abad del Cusco. La rutina clásica estudiar en la mañana, trabajar en la tarde, estudiar en la noche. Después de un día tan complicado llego a un lugar solitario donde mamá no me dice qué hay de cenar. No ves a papá estar ya descansando después de su largo trabajo. No veo a mis hermanas quejarse que tienen mucha tarea o a mi mamá decirles que se apuren porque tienen que ir a dormir. Un viernes desperté y las clases se habían cancelado. Llegó el lunes y en el trabajo me informan que ya no debía asistir. No me dijeron más. Entonces alisté mis cosas para irme. 

Fui al terminal de transporte, habían peleas entre usuarios y los transportistas, dijeron que los carros no iban a salir, así que después de horas esperando tuve que regresar al único lugar que tenía, donde vivía sola por mis estudios. Al principio fue tranquilo y relajante, pero luego sentí la necesidad, la falta de mi familia. Los bonos económicos son anunciados pero en ninguna estoy incluida. Lamentablemente solo soy una estudiante con un trabajo 3 horas al día para pagarme el día al día. La frustración y la ansiedad han llegado en las noches. El insomnio es mi fiel compañero. Es triste estar lejos de mi casa y mi familia,  y tener que ver lo que pasa por una pantalla. Yo no exijo ningún bono, solo quiero volver a casa, quiero sentir a mamá abrazarme, quiero escuchar a mis hermanas quejarse, quiero abrazar a mi papá una vez más. Quiero volver al lugar del que la vida me obligó a salir.  He pensado muchas veces irme caminando hasta llegar, pero sé que sería irresponsable de mi parte. Pero ya no aguanto más, tengo hambre no solo de comida sino de aquel calor que perdí cuando salí de mi comunidad porque ahí no hay las oportunidades. Quiero volver a mi comunidad de Alto Ayra Ccollana, en Espinar. Es lo único que le pido al Estado. No más.

4 de mayo de 2020

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"Mientras estemos vivos todo estará bien"

Heraldo Soto (24)

Universitario, Huánuco

Desde que tengo uso de razón siempre vi a mi papá salir de casa a las 7 de la mañana para trabajar, pero ahora él suele quedarse en casa viendo televisión, informándose o viendo algún documental. La cuarentena me tocó enfrentarla cuando estaba entrando al último año de la universidad, que iban a ser solo prácticas. Ahora el panorama parece oscuro, la universidad nos dice que algunas clases serán virtuales pero muchos de mis compañeros no cuentan ni con una computadora para hacer algunos trabajos y menos una conexión a Internet. Eso va a hacer difícil finalizar la universidad.

En mi casa viven: la familia de mi hermano, mis papás, mi hermana y yo. Se cocina para todos pero con el pasar de los días pasamos de comer algo de pollo con menestras a comer solo menestras. Sé que la situación en mi ciudad es mucho más precaria aún, las personas vuelven a sus pueblos porque ya no alcanza para sostener una vida en la ciudad, escucho decir que prefieren llenarse el estómago comiendo papa y ají a esperar que la municipalidad les otorgue una canasta que no ayudará si la situación empeora.

Sé que cuando termine todo esto cambiarán nuestros hábitos sociales, o eso quiero creer, desde el mismo hecho de saludar a un amigo hasta reunirse para un cumpleaños o alguna fecha especial, pero mientras todos estemos vivos todo estará bien.

3 de mayo de 2020

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Walter

Ilustración: Claudia Calderón

"Mi esposa está muy mal. Nadie la atiende debido a la cuarentena y estamos varados en Lima"

Walter Cadenillas (60) 

Comerciante independiente

En la situación actual, toda la atención médica está focalizada en las personas con Covid-19, quedando de lado las personas que enfrentan otras enfermedades crónicas. Por eso hago público mi testimonio.

Somos una familia de provincia integrada por mi esposa, mis 4 hijos y yo. En estos momentos estamos separados: una hija en Áncash, los varones en nuestro lugar de origen, Jauja, y mi esposa, mi otra hija y yo en una pequeña habitación en Lima. Nos encontramos varados por la cuarentena. Mi esposa y yo llegamos para una consulta y tratamiento en el Instituto de Nacional de Enfermedades Neoplásicas (INEN) porque es muy probable que ella tenga cáncer. Todo el procedimiento inició en enero de este año, mi esposa sentía fuertes dolores en el vientre y sangrado vaginal por lo que recurrimos a un médico. Luego de algunos análisis y exámenes, le diagnosticaron una hiperplasia compleja atípica, y recomendaron una histerectomía, previa evaluación de un oncólogo, por la presencia de un quiste. Ese diagnóstico nos preocupó mucho y consideramos que la mejor alternativa para el tratamiento era acudir al INEN en Lima.

Tras la primera consulta en dicho lugar, a fines de enero, el médico ginecólogo mostró preocupación y pidió análisis y exámenes para un mejor diagnóstico. No obstante, las citas eran muy espaciadas, pero nos dijimos: "vamos para adelante" y realizamos varios viajes a Lima para ir cumpliendo cada una de estas. A fines de febrero empezaron los exámenes y las consultas. Le hicieron una histerescopia que resultó muy dolorosa. El médico internista pidió nuevas pruebas y otra vez las citas eran espaciadas. Solo gracias a la mediación del especialista, se adelantaron un poco los exámenes, que se iniciaron con una resonancia magnética. Luego de este, que hacía presumir un adenoma carcinoma -según el comentario del médico-, debía seguir una tomografía, una ecografía, rayos X y análisis preoperatorios para realizar el procedimiento de una histerectomía. Todo ello con carácter de muy urgente. Lamentablemente, dos días antes de los exámenes se declaró la cuarentena, quedando mi esposa con un sangrado vaginal y un intenso dolor constante, a ello se suma la angustia de no poder viajar a nuestro hogar. Muy a nuestro pesar, está situación se ha prolongado demasiado y no podemos continuar con los trámites correspondientes.

A dos semanas del inicio de la cuarentena, tuvimos que ir de emergencia al INEN debido a los fuertes dolores en el vientre de mi esposa. Ahí solo nos recetaron calmantes y nos dijeron que debíamos esperar. Las prolongaciones de los períodos de aislamiento social nos están afectando emocionalmente. Cada día es un continuo sufrimiento por el dolor y la angustia de cómo están nuestros hijos, mi mamá, mi suegro, entre otros familiares. Mi esposa cumplió años en estos días y fueron los momentos más deprimentes por no saber lo que nos depara el futuro. En este tiempo hemos intentado recurrir a otras alternativas pero sin éxito porque tampoco hay atención privada. Hoy sentimos impotencia, frustración, pena y aún no sabemos qué hacer. Recurrimos a los teléfonos de emergencia y nos siguen diciendo que esperemos el fin de la cuarentena y mi esposa cada día tiene más sufrimiento y dolor. Necesitamos ayuda.

3 de mayo de 2020

 

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"Me separé, pero la cuarentena me hizo a volver a casa con mi pequeña hija" 

Emerson (43)

Profesor de secundaria

Antes de esta crisis, desde octubre para ser exactos, estaba en proceso de separación con mi expareja, con quien tengo una hija. El proceso ya de por sí ha sido traumático y triste, sobre todo porque en estas situaciones son los niños los que más se perjudican. A pesar de todo, a fines de enero me fui a vivir a otro domicilio y seguí el régimen de visitas conforme el acuerdo al que habíamos llegado. Busqué un domicilio cercano para visitar con frecuencia a mi pequeña, y a la vez apoyar llevándola a la escuela, que ya iniciaba en marzo. Por otro lado, inicié una relación y sentía que habían proyecciones en ello. Todo estaba aceptable hasta que cayó todo esto.

Mi hija vive sola con su mamá y mi conciencia me impidió dejarlas solas en esta difícil situación. Decidí apoyar en las compras del mercado. Todo ello pensando que solo se trataban de dos semanas. Cuando se radicalizan las cosas, no me quedó más remedio que quedarme varios días en casa por temor a los contagios y a ser detenido por la policía. Eso significó que me alejara de mi nueva pareja al punto que la relación se ha reducido a nada. 

Decidí quedarme en casa permanentemente ya que considero que en esta situación es lo más conveniente, muy a pesar mío y a mi ex, ya que no tenemos buenas relaciones. Es muy difícil todo esto ya que debemos convivir en una misma casa y no nos soportamos, aunque trato de que mi pequeña no vea estas diferencias. Todo esto ha malogrado mis planes y proyectos y tengo incertidumbre sobre lo que pasará. Afortunadamente tengo trabajo estable, pero en la parte emocional me siento agotado y creo que estoy entrando en depresión. Escribir esto me alivia un poco, por eso les escribo: tal vez alguien más esté pasando por una situación similar.

 

2 de mayo de 2020

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"Me hago un espacio para ver el lado bueno de esta cuarentena: mi familia".

Miguel Calle (23) 

Estudiante en Tumbes

La ventana es la ligera barrera que divide la calle de mi habitación, pero quién diría que también es la barrera que divide la enfermedad de la salud. Hay unos guantes, una mascarilla y una nota mental que dice “úsame por tu bien”, mientras sigo la misma rutina: salir, comprar comida y leer los pocos periódicos que están en los kioscos en mi camino a casa. Dentro de tanta tempestad, tantas fotos, videos y hasta lo que se respira es coronavirus, me hago un espacio para ver el lado bueno de esta cuarentena: mi familia. Qué bien se disfruta pasar tiempo con ellos, no existe ansiedad, menos soledad, no hay tecnología, solo ese sentimiento que es difícil de explicar pero fácil de sentir llamado amor.

2 de mayo de 2020

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“No me fue posible regresar al Perú antes del cierre de fronteras”

Yorka Blaskovic (29)

Analista de calidad en empresa retail

La cuarentena me sorprendió mientras viajaba por vacaciones, en Chile. No me fue posible regresar al Perú antes del cierre de fronteras y desde entonces estoy viviendo en Santiago en casa de familiares, hace más de un mes. Los vuelos humanitarios son escasos y, naturalmente, dan preferencia a personas en condición vulnerable. He llamado muchas veces a la embajada y la respuesta es la misma: que espere, que tenga paciencia hasta que se abra la frontera. Aquí también hay muchos peruanos que desean volver ya que llegaron con un trabajo y lamentablemente lo han perdido, y ahora se les están agotando los ahorros.

La situación no es muy distinta a la de Perú: aumento del desempleo, confinamiento masivo y, sobretodo, mucha incertidumbre. No sé cuándo podré regresar a mi casa y eso me llena de angustia, y más aún porque, gracias a Dios, aún tengo empleo en Lima. Pero no sé cuánto tiempo más vaya a tenerlo si no regreso. El futuro es incierto, nos toca aprender a convivir con ello para salir de esto.

1 de mayo de 2020

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“Esta cuarentena me ha traído tranquilidad mental y emocional”

Esther Zúñiga Loayza (61)

Asistente contable

Tengo 61 años. Debo decir que esta cuarentena me ha traído tranquilidad mental y emocional. Salía a trabajar todos los días y regresaba a casa malhumorada, con rabia, ira, fastidio, desgano. Estaba fuera 12 horas de las cuales las 8 de trabajo eran agradables porque me gusta lo que hago, pero las demás horas las tenía que pasar entre el metropolitano y los buses atravesando la ciudad. Vivir el desorden, la suciedad de algunas calles, la indiferencia de la gente, la maldad de algunos, el miedo a que me roben o me atropelle algún auto o bus que no respeta las señales ni los semáforos, sentirme maltratada por los choferes y cobradores de buses y combis. Me gusta el orden y la disciplina y procuro aplicarlas todos los días en todo. Al llegar a casa de alguna forma muchas veces alguna mínima cosa fuera de sitio o sucio bastaba para hacerme explotar todo lo acumulado en el día. Vivo sola con mis hijos. Imagino a otras personas que tienen [email protected] e [email protected] Aunque quisieran no logran darle tiempo amable y cariñoso a sus familias. No sé qué pasará cuando esto termine. ¿Saldremos a la guerra a recuperar el tiempo perdido? ¿O lo tomaremos con calma disfrutando nuevamente la "libertad" y siendo mejores seres humanos y ciudadanos? Me da miedo porque no quiero volver a lo mismo.

1 de mayo de 2020

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"Desperté con angustia y fue inevitable pensar en lo que están obligados a salir a trabajar para alimentarse" 

Lourdes Rodríguez (30 años)

Trabajadora del Estado

Luego de una lucha para concebir el sueño, ingreso a un mundo que me ha acompañado toda la vida; donde tal vez, ahora en aislamiento, sea el único lugar en el que puedo encontrarme con los que más quiero y no puedo ver, o traer a la vida a los que ya perdí. Hace una semana soñé que trabajaba elaborando jabones junto a mi enamorado en el Centro de Lima, cuando escuchamos bombas en la calle y empezamos a huir durante las horas del toque de queda. Nos perseguían policías y militares disparando, nosotros solo atinamos a correr sin rumbo definido. Desperté con angustia y fue inevitable pensar en las personas que se encuentran obligadas a salir a trabajar para poder alimentarse día a día, pero se les prohíbe y persigue para cuidarlos del virus.

A los días, tuve otro sueño: estaba en la casa de mis abuelos y tenía doce años de edad. Le cantábamos "Feliz cumpleaños" a mi abuelo con una torta de gelatina y él sonreía. Actualmente, tengo treinta años y él falleció hace cinco; lo extraño, pero sé que me acompaña. Los sueños también me permiten volver a mis lugares favoritos, uno de estos es el Cerro San Cosme ubicado en el distrito de La Victoria en Lima. Pude conocerlo a partir de mi tesis que realicé durante mi etapa universitaria y fue amor a primera vista. Soñé que lo recorría con mi madre y sentí la magia de su historia, pero también fui testigo de sus necesidades nuevamente. Espero puedan sobrevivir a la cuarentena, porque para todos no es de ensueño.

30 de abril de 2020

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caros seguros

Ilustración: Claudia Calderón

"Cada uno debe pelear desde su trinchera y enfrentar los molinos como quijotes"

Carlos Del Valle (50)

Asesor financiero independiente

Me dedico al sector seguros, uno de los rubros más demandados hoy por la crisis de salud. Sin embargo, hay muchas dudas y desconocimiento de los costos que son cubiertos por las compañías de seguros privadas. Muchas personas no saben que las Empresas Prestadoras de Salud no están dentro de la Ley del Contrato de Seguro. Hay una población vulnerable no solo por falta de esta información, sino también por un virus que ataca al mundo.
 
Hace tiempo cree un espacio para informar sobre el uso de adecuado de los seguros. A eso me he dedicado en este tiempo de pandemia, además de cruzar los dedos para que la buena fortuna me ayude a recuperar a mis clientes. Yo asesoro a empresas en el tema de seguros de cauciones. Al mismo tiempo, me estreso un poco con mis cuatro gatos, dos perros, dos hijas (una estudia medicina en la universidad más cara del Perú y la otra en un colegio alternativo, así le dicen) y mi esposa que trabaja desde casa para el gobierno.
 
Así que acá me tienen, estresado, tratando de organizar y planear cuál será mi próximo video. No creo que lean esto, pero yo sí los sigo. Cada uno de nosotros debe pelear desde su trinchera y enfrentar los molinos como quijotes, aun pensando que jamás ganaremos nada. Un abrazo.

30 de abril de 2020

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"Mi esposa está embarazada y no hay consultas ni en clínicas ni hospitales" 

Eddy Roque (57)

Administrador independiente

Mi caso, aunque no es grave comparándolo con el de otros, sí tiene un elemento frágil que ni el gobierno lo ha tomado en cuenta hasta donde sé. 
 
Mi esposa está en el octavo mes de embarazo y no hay consultas regulares en los consultorios de clínicas particulares ni hospitales ni policlínicos. Afortunadamente ha podido ir a sus controles de gestación en la clínica donde se ha estado atendiendo, en el servicio de emergencias. 
 
No he sabido de ninguna medida relacionada a los casos de mujeres embarazadas para darles facilidades en caso requieran alguna atención o sobre su tránsito durante las horas de toque de queda.
 
Por otro lado, debido a esta suspensión de labores ya vemos que hay personas que no pueden pagar alquileres. Los están desalojando y, en otros casos, deben mudarse con la familia y el traslado de los enseres tampoco está contemplado dentro de esta situación de restricción de circulación. 

29 de abril de 2020 

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mammedico

Ilustración: Claudia Calderón

"Mi madre es personal médico y no puede volver a casa, ¿cuántos días más estará sola?"

Alessandra Díaz (23)

Estudiante de periodismo

El azote de la pandemia no nos ha dado a todos por igual. A medida que pasan las semanas se acentúan mis pensamientos con respecto a mi madre. A los más de 40 días de confinamiento solo tengo en mente lo lejos que se encuentra de casa. Porque vivir al interior del Perú nunca fue vivir tan lejos como ahora.

Mi madre se fue ya hace más de medio año a Tingo María por razones de trabajo, y conforme pasan los días las formas de subsistir sin trabajo en medio de la crisis se le iban acabando. A pesar de ello, sé que la situación de mi madre no es la peor en el interior del país. Mi madre cada vez que está por perder la cabeza se reza a sí misma, repitiéndose cuánto dolor ha levantado esta pandemia, repitiéndose que tiene que estar bien, que va a estar bien.

Mi madre es personal médico de Essalud ahora contratada por terceros. Los caminos para retornar se le han ido haciendo estrechos y el riesgo latente de contraer el virus durante la migración la han hecho desistir y optar por enfrentar la emergencia desde Tingo María, en donde existen menos de 50 pruebas rápidas, cero moleculares y tan solo 40 protectores faciales, de los más artesanales, por cierto.

Pienso en mi madre, pienso en las mismas frases que ella repite así misma y cierro los ojos, pienso en cuántos días más estará sola, cuántos días más el resto de personas estarán solas, cuándo volverán a sus casas sin dejar de respirar; me suda la frente pensando en el miedo de estar en la primera línea de batalla, y por un segundo sufro todo lo que mi madre sufre para evitarse sufrir, por un segundo sufro más de medio país a oscuras y por un segundo la ansiedad de estar en el mismo lugar a cualquier hora perdida desaparece, como si a alguna hora, todo el dolor del mundo se pudiera instalar en un solo cuarto, que se repite en todos los cuartos, imaginando de lejos que tal vez mañana podamos estar bien. 

29 de abril de 2020
 

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“Trabajo comprando para otros alimentos en el mercado”

Lucía De Col (46)

Trabajadora independiente

Claro, contar mi experiencia en esta coyuntura es aprendizaje. Contar mis miedos sin generar miedo, muy difícil ¿No?. Solo lo suficiente para que las personas que me escuchen, como mi familia, hayan aplicado una prevención antes de la prevención. Fui de las primeras que el 10 de marzo, luego de la noticia del paciente cero, fui a comprar alcohol gel, pero ya no había. Opte por el alcohol isopropílico de computadora y la compra de un producto para eliminar los virus. Cuando dejaba mis zapatos afuera, me dijeron desde demente hasta exagerada.

Pero antes quería hablar un poco de mi. Mi empleo formal culminó el 31 de diciembre del año pasado. Soy especialista en compras corporativas. Estaba por tener un contrato como freelance pero llegó el coronavirus y se interrumpió. Evalué la situación con mi hija, de 20 años y me abrió una perspectiva laboral sin perder enfoque de lo que hacía. Comprar para otros en el mercado o supermercados. Me inscribí en una de las tantas empresas que hay en las aplicaciones online. Y así  empezó todo. He ayudado a familias de ancianos. Tengo padres mayores que viven conmigo, mi hija y mis dos hermanos. Aprendí que a aquellos ancianos que iba a atender debía tratarlos como si cuidara a mis padres. 

No dejo cabos sueltos. Muy separados de ellos, mis manos embadurnadas de gel antibacterial, tengo un spray que recargo de alcohol isopropílico para los paquetes que dejó. Y aún así siento miedo que sea transmisora. Lamento mucho las muertes que hasta ahora produce este virus, lamento el sufrimiento de las personas que padecen la enfermedad con dolor, pero me alegro mucho por aquellos que ya están en alta. Después de hacer los recorridos diarios de entrega de productos, mi rutina al llegar a mi casa es de una hora entre desinfectar la zona que toco o piso antes de llegar a lavarme las manos, sacarme la ropa y lavarla en ese momento, ducharme, trapear el piso, botar los guantes y mascarilla usada, limpiar mi DNI, llaves, tarjetas, etc. Nuevamente lavarme las manos y de allí acercarme a mi hija, mis hermanos y al final mis padres. No los abrazo por miedo de tener aún algo impregnado. Mi mamá es hipertensa y mayor, mi papá más de 75 años.

Ya está limpio el ambiente, pero aún me queda la sensación que nos falta algo. Esto es una de las consecuencias del coronavirus: la paranoia.

28 de abril de 2020

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guillermo

Ilustración: Claudia Calderón

“La cuarentena nos está cambiando. No tendré riquezas, pero sí amor y sonrisas con mis padres”

Guillermo Marvin (30)

Trabajador independiente

Modo resistencia activado. Desperté una madrugada y vi a mi padre acariciar un pedazo de tela mirando el balcón. Su pequeño negocio textil quebró, también la cadena de pagos. Mi madre asimila el cierre definitivo de su negocio de comida. Ambos son independientes. Enfrentaron situaciones complejas, pero jamás inciertas como las que hoy afrontan. Tengo una misión, mejorar sus ánimos. Ambos son adultos mayores. Los alejé de las noticias, cadenas desinformativas y más. En casa está mi sobrino de seis años, por ahora se concentran en pasar más tiempo con él jugando ajedrez. Es una actividad que mi padre domina y quiere que su nieto sea un capo. 

Mi padre pasó más de la mitad de su vida viajando por todo el país vendiendo las prendas de vestir que confeccionaba. Él pertenece a los más de 20 mil pymes de Gamarra que están quebrando. Estuvo ausente navidades, cumpleaños y reuniones por el trabajo. Verlo ahora encerrado me resulta extraño. Las canas y su barba blanca lo invaden, siente que envejece y que la inactividad, a sus 65 años, lo matará. En las noches mira el cielo y pide más tiempo para compartir y ver crecer a su nieto. Tiene mucha esperanza. Mi madre cumplirá 66 años. 

La rutina de la cuarentena la está abrumando. Hace menos de un año empezó su negocio de comida y en poco tiempo ganó clientes. Sin embargo, ahora su capital está consumido. No podrá pagar el espacio alquilado, tampoco volverá a su ritmo laboral. Es una mujer de fe, luchadora y capaz. En su soledad llora, pero amanece con una actitud positiva. Yo busco algunos ingresos para solventar la casa que compartimos. Los ahorros se están extinguiendo. 

Mi labor de independiente está en la cuerda floja. No será fácil reponernos de esta situación. Intento despejarme con actividades que nos ayuden a reinventarnos. Creé una pequeña rutina en mi cuarto para no terminar absorbido por la ansiedad. La vida que llevo me enseñó a soportar altas y bajas. Soy afortunado de tener a mis padres. Vivo cada día al máximo con ellos. Grabaré un video contando sus historias de lucha. Mi madre me dijo cómo tengo que reaccionar si pasa algo. Nadie está preparado. Sin embargo, mi padre sigue sujetándose al árbol de la vida. Son fuertes. La cuarentena nos está cambiando. No tendré riquezas, pero sí amor, sonrisas y aventuras con ellos.

28 de abril de 2020

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“La vida ahora no está nada bella, pero en la adversidad los gestos amables hacen que sea más llevadera”

Gladis Juan de Dios (32)

Comunicadora

Les cuento una anécdota de cuarentena. A mi sobrina de siete años le ha tocado pasar la cuarentena en casa, lejos de sus padres y de su hermanita menor, y a pesar de todas las restricciones la noto feliz. A veces se molesta cuando le llamo la atención por algo, pero otras veces somos dos niñas peleando. Luego hacemos las paces, me abraza, me pide que le haga el dictado, que le deje sumas, que le preste hojas y colores para dibujar. Escucha sobre el coronavirus, me pregunta, le cuento, le enseño a lavarse las manos, a ser cuidadosa con lo que toca, a comer lo que hay y lo que es más saludable, y que aunque nos guste tanto salir a caminar, sabe que ahora no se puede. 

La otra vez llamó a su mamá y le dijo que sí, que también la extrañaba, pero que cuando pase el coronavirus recién iría a verla. Un día estuve haciendo afiches a mano sobre las medidas preventivas para pegarlos en la fachada de mi casa y ella al verlos me dijo que faltaban los coronavirus así que se ofreció a dibujarlos. Hoy mientras yo trabajaba en la computadora, ella se puso a ordenar mi habitación, a su manera, claro. Normalmente no me gusta que alteren mi orden, pero recuerdo que cuando era niña y estaba aburrida también me gustaba ordenar los cajones de ropa de todos. Entonces, recordé eso, y la dejé hacerlo.

Puso unos cuadritos delante del espejo, el tapete sobre el tacho de basura, un adorno dentro de otro. Le dije que había quedado lindo y le pregunté por qué lo hacía. “Porque quiero que estés feliz”, me dijo. Y casi me pongo a llorar. La vida en estos momentos no está para nada bella. Es la verdad. Pero es justo en la adversidad que hasta los más pequeños gestos amables hacen que todo sea más llevadero. 

Bonus. Alargaron la cuarentena y llegó el cumpleaños de Jimena. Al día siguiente le cuenta a su hermanita que le gustó mucho su cumpleaños. Ha pedido de deseo, que pase el coronavirus. Su hermanita pide que se vayan los policías para que puedan salir. Ella le responde, “no, primero tiene que irse el coronavirus para que se vayan ellos”, le responde a su hermanita. Qué lindo es tener a Jimena por aquí.

27 de abril de 2020
 

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shutterstock

Ilustración: Mary Long / Shutterstock

"¿Cómo pasa una paciente con problemas inmunológicos sus días en cuarentena? Simple, sobreviviendo”

Cristina Incháustegui López (26)

Estudiante de derecho - Chiclayo

¿Cómo pasa una paciente de provincia e inmunosuprimida sus días en cuarentena? Simple, sobreviviendo. Lo digo porque estoy acostumbrada a los días nublados, y no por el clima. Tener una discapacidad visual y vivirla en aislamiento implica una lección urgente de resistencia para estar entre cuatro paredes y aceptar las secuelas de la ausencia del medicamento biológico que debo recibir cada quince días en un hospital del seguro en Lima y cuya falta ha causado un desorden en mi organismo. Mi sistema inmunológico está haciendo lo que quiere conmigo. Se reactiva a través de las enfermedades que me aquejan como el Síndrome VKH (Vogt-Koyanagi-Harada), una especie de inflamación anormal en mi visión que debe ser controlada, junto con el dolor de la fibromialgia y la pesadez de la depresión que me obliga a tomar fármacos que ya escasearon. 

Los dolores oculares y de cabeza han regresado; a ello se suman los vómitos, la irritación, los cambios en mi estado de ánimo. Esos son los síntomas que tengo desde que dejé de percibir mis medicamentos y no poder viajar por la emergencia nacional. Tanto yo como el resto de pacientes de provincia con enfermedades delicadas, hemos quedado a la deriva, conviviendo con el miedo a enfermar mucho más o ser contagiados del Covid-19. Todos los días despierto con la una rigidez en el cuerpo y espero una media hora a que pase para poder pararme, la falta del relajante antes de dormir ha generado esto. Como si no fuera fácil, también se suma la convivencia en casa, el estrés de velar por mis padres adultos mayores.

He llamado a mi médico, le comenté que debía suministrarme el medicamento cuanto antes, él sabe que es difícil, que el sistema público no podrá atender a todos por la prioridad del contagio. Me recomendó inyectarme un medicamento genérico que controla los dolores, pero no detiene la enfermedad. Entonces, después de esa atención virtual que ahora se llama “telemedicina”, salí de casa para aplicarme lo prescrito con miedo, enfrentando a mi padre, quien se molestó porque obviamente no deseaba que me exponga, pero no podía aplazarlo más, el dolor cada día era mayor e intolerable.

Con los días la inflamación ha bajado. Intenté practicar yoga, acción que me ayudó a darme cierta tranquilidad, pues la incertidumbre diaria me obliga a pensar en el futuro y las secuelas que está dejando mi enfermedad en el ojo derecho. Me pregunto si podré seguir escribiendo o leyendo, si podré cortar alguna hoja o dibujar. No me atreví a hacerlo hasta hace poco, que me encerré en mi cuarto. Tomé una hoja bond, saqué los lápices y comencé a dibujar. Admito que las líneas ya no se ven tan rectas, algunas manchas obstruyen mi visión. Valió la pena el intento, quedó un buen dibujo, eso me dijeron en casa. 

Hace cuatro años que llegó mi VKH para quedarse como un compañero de vida, siento que me he hecho más fuerte. Es una nueva prueba. Sin embargo, la pandemia está haciendo un daño en cadena, y nosotros, los vulnerables, vivimos el día a día con el miedo a empeorar o ser víctimas del virus. Ese temor se ha reforzado en esta quinta semana de cuarentena, donde he salido nuevamente a que me inyecten otra vez. Este miedo es distinto, porque la vida ya no es ni será la misma de antes. Atravesamos un tiempo difícil. A las personas les costará retomar la vida que siempre mantenían. Intento no caer en el pesimismo y supongo que dependerá de nosotros encontrar la manera de hacer cada día llevadero. Quizá todo esto sea también una oportunidad para encontrar nuevos propósitos, mejorar nuestros hábitos, cuidarnos entre nosotros, y aunque mi enfermedad deje una nueva secuela, me adaptaré y continuaré mi vida tranquila hasta donde se pueda, con el ánimo para disfrutar cada minuto la claridad del día, haciendo un esfuerzo por no dejarme llevar por la histeria o el estrés colectivo por el que atravesamos. Lo importante es que estamos con vida y con esfuerzo y cuidado saldremos de esta. 

27 de abril de 2020
 

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medicoee

Ilustración: Claudia Calderón

"No creo en aplausos, creo en que se mejore el sistema de salud pública"

Nelson (25) 

Médico del Hospital Rebgliati 

Trabajo en el Hospital Rebagliati, el que puede ser el más grande de todo el Perú. Trabajo en la zona de emergencia Covid-19, específicamente en triaje. Al inicio llegaban a emergencia todo tipo de personas y nosotros cumplíamos el protocolo pactado con la experiencia internacional para elegir a quién hacerle la prueba. A la persona que no cumplía con los criterios le intentábamos explicar por qué no se lo haríamos y lo instruíamos sobre cuáles eran los síntomas. La respuesta que obteníamos era diversa, desde un “me quieres matar”, “voy a encontrarte cuando salgas y te voy a sacar la mierda”, “pásame con tu jefe que quiero hablar con él porque eres un inepto”. Esas eran las respuestas que abundaban en esos días. Pocas eran las personas que trataban de abrir sus oídos y sus mentes con lo que decíamos y se iban a casa con las instrucciones que les dábamos. Una vez alguien me dijo: “ya no aplaudiré porque ustedes son unos matasanos”. Solo atiné a pedir que pasara el siguiente paciente.

He visto que la gente opina que nosotros somos los culpables de que el hospital se encuentre a punto de colapsar. Me pregunto si es la misma gente que me gritaba a mí y a mis colegas que éramos terroristas o flojos o “rojos” por salir a reclamar por mejores sueldos y mejores instalaciones.

Un día de hace dos semanas me subí a un bus para regresar del hospital y el chofer me bajó aduciendo que no llevaba “gente de mi tipo”. Me quede frío y lo único que hice fue bajarme del bus porque no podía creer lo que sucedía.

Por mi casa no aplauden, no hay himno. Llegan las 8 y no ocurre nada. Y creo que es mejor así, porque no creo en los aplausos, no creo que la mayoría de personas que aplauda sea sincera con un sentimiento de gratitud. Para ellos siempre hemos sido un servicio de obligación y de vocación. Para la mayoría de ellos no somos personas que dormimos, que comemos, que tenemos familia, amigos. Solo somos máquinas y, cuando algo sale mal, somos la primera línea de culpa. Yo no creo en los aplausos, creo en las causas justas, en que se mejore el sistema de salud con toda la sociedad comprometida, no solo en aplaudir, sino dispuesta a reclamar mientras sea necesario y luchar por ello. Mientras eso no suceda, seguiré siendo la persona que amenazan, que botan del bus o que le gritan “terruco” por protestar por un mejor sueldo.

26 de abril de 2020 

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"Imagino que me sonríe bajo su mascarilla. Yo me aguanto las ganas de llorar"

Illari Orccottoma Mendoza (37)

Productora cinematográfica 

Me provoca decirle al taxista que pase por todas las casas de la gente que conozco mientras me lleva de regreso a casa. He estado a menos de 10 cuadras de la casa de mi papá y el resto de mi familia, y no he podido verles.

Muy poca gente caminando en las calles, muy pocos autos, casi nada de micros. Militares con mascarillas en casi todos los cruces de avenidas, colas en todas las bodegas.

Me doy cuenta muy tarde que pasaré por casa de Miss D. Hubiera querido llamarla, decirle anda a tu ventana, que me mire salir por la ventana del taxi con un cartel que diga que la quiero. Sigo avanzando. Paso por el Chifa Miraflores y pienso en el viejito chinito que es uno de los dueños, que siempre me regala caramelos que no como. Volveré con J por una sopa wantán cuando todo pase, pienso. ¿Cuándo será eso?

Trato de pensar si puedo llamar a alguien en el camino para vernos aunque sea de lejos. Paso cerca de mi ex casa. Pienso en Jaime, el bodeguero, que segurito me tendría guardadas unas pilsen. A lo lejos diviso a Chuls caminando por una vereda de la avenida. Saco mi cabeza por la ventana y grito su nombre. Él me ve y levanta un brazo con su puño en alto y pone el otro en su pecho. Imagino que sonríe bajo su mascarilla. Yo también sonrió detrás de mi pañuelo verde. Y me aguanto como puedo las ganas de llorar.

El camino sigue y el clima va cambiando. En casa de mamá siempre sale el sol. Hoy, antes de irme, nos hemos abrazado, luego de siete días de estar juntas, sin tocarnos.

Pienso en todas estas cosas mientras cruzo la ciudad, tan vacía, que se va nublando a mi paso.

25 de abril de 2020

 

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hospitalizado

Ilustración: Claudia Calderón

"Estar hospitalizado justo en medio de la pandemia"

José Rubén Yerén (45) 

Comunicador

Quédate, mamá. Mejor voy yo.

– No, tu papá tiene frío en las noches. Le estoy llevando un pijama de invierno. Ya el jueves vas tú.

Rendido, acepto. Será ella quien vaya a verlo. Cuelgo el teléfono. Mi esposa me mira. Sé lo que piensa, me lo ha dicho antes: “José, solo se tienen el uno al otro” “¿Tú no harías lo mismo por mí?”.

Papá y mamá bordean los 70 años de edad . A papá lo operaron el 16 de marzo. Sí, justo cuando empezó la cuarentena. Tres bypass. Pero el alta fue frenada por un infarto cerebral (secuelas leves, al parecer) y una infección en la pierna (de ahí sacaron una de las arterias que hoy le sirven de puente coronario).

Hospitalizarse en medio de una pandemia es duro. Además de las restricciones impuestas por el gobierno, el hospital Rebagliati puso las suyas. En la UCI y Cuidados Intermedios Coronarios las visitas están prohibidas. Y en Hospitalización solo se permiten los martes, jueves y sábado. Además, hay pocos doctores. Las enfermeras cuentan que los médicos mayores o con factores de riesgo pidieron licencia.

Obtener un informe médico llegó a ser casi imposible. Mamá le dejó a papá un celular para llamarlo y saber de su evolución. Además, gestionó un pase de visita. Toma un bus y luego camina hasta el hospital. Hora y media en total. Mucho trajín, mucho riesgo. “¿Cómo no voy a ir?”, repite. Me ofrecí a ir yo. Viviendo a 10 cuadras del hospital, sería más sencillo: voy caminando. Aceptó. Nos turnamos. Pero casi siempre va ella.

Cuando voy, uso las escaleras (piso 11), evito acercarme mucho a papá, rocío de gel antibacterial cada cosa que toco... Quiero creer que mamá hace lo mismo. Siento culpa. Porque, aunque tranquilizo a mi viejo y evito que mi vieja salga a la calle, no estoy cumpliendo la cuarentena. Si no voy, también siento culpa. Y tengo miedo. Porque, aunque me desinfecto junto con mi ropa al llegar a casa, sé que he estado expuesto. Pero más miedo tengo por mamá.

Hoy no es día de visita. Llamo a papá por Whatsapp. Le recuerdo que haga sus ejercicios, le digo que su pierna está mejorando, que tenga paciencia, que coma, que sus nietos están bien...

–Ya, hijo. ¿Mañana vienes?

25 de abril de 2020 
 

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"Sabemos que a fin de mes sufriremos con los pagos" 

Lenin Heredia Mimbela (32)

Docente universitario

La cuarentena me altera los horarios de sueño. Hoy dormí hasta las diez u once. A esa hora desperté recién a preparar el desayuno. No miré la conferencia del Presidente, pero es obvio que las cifras aumentan. Es inevitable. Circulan cientos de fotos y videos de hombres y mujeres en mercados, a montones, en plenas compras de la semana. Es el punto flaco de la cuarentena, yo mismo lo comprobé hoy. 

A mediodía Victoria y yo salimos por fin a ello, después de cuatro días. Usamos guantes y mascarillas. Nos cruzamos con mucha gente que iba a lo mismo. La primera sorpresa nos la llevamos en Plaza Vea: la cola se extendía varios metros, salía del lugar. Ella propuso ir a otro lado. Hice el cálculo -si nos quedábamos, solo para entrar íbamos a demorar al menos un par de horas- y nos fuimos. En Metro la gente hacía cola respetando el espacio entre uno y otro.

Aun cuando soy un tipo tranquilo, en varias ocasiones sentí que no deseaba que nadie me rozara o tocara, siquiera de causalidad, lo temía, el virus podía estar en cualquier lado. Ya dentro, vi demasiada gente, poco menos que en un domingo cualquiera. Al ingresar echaban alcohol en las manos, nos pedían que espaciáramos las colas, pero eran las únicas medidas, eso y el hecho de ingresar de a pocos.

Encontramos casi todo lo que necesitábamos. A modo de disculpa pienso que compramos en los supermercados porque usamos las tarjetas, no por otros motivos, no tenemos efectivo, salvo unos pocos soles, y preferimos no salir de casa, aun cuando sabemos que a fin de mes sufriremos con los pagos. Es un círculo vicioso: al parecer los bancos brindan facilidades que no lo son; prorrogan cuotas pero cobran mayores intereses. 

Soy de Piura. El Presidente reniega porque Piura es la ciudad que menos acata las normas de la cuarentena, como si no les importara, donde se incrementa el número de infectados. Piura es también la ciudad donde el fujimorismo obtuvo más votos. Me fastidia. Algunos amigos allá se quejan, se lamentan, reniegan, pero nadie se pregunta a qué se debe, por qué sucede. A mí me gustaría saberlo, conocer las causas profundas, seguro las hay.

24 de abril de 2020
 

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ernesto

Ilustración: Claudia Calderón

"Extraño mi vida de rutina ajetreada: antes tenía dos trabajos y estudiaba de lunes a domingo" 

Ernesto Olivar Aponte (21)

Profesor de primaria y estudiante universitario 

A veces deseaba que el día fuera más extenso o que el tiempo pasara menos rápido para disfrutar sin pena de más minutos de lectura, de más horas de estudio o de unas cuantas horitas de sueño sin preocupación a que me quedase dormido dentro de clases por haber madrugado elaborando los temas para mis alumnos o realizando mis tareas de la universidad. Pero por más que deseara con fuerza sabía que eso no sucedería así que tocaba enfrentar la situación con unas muy cargadas tazas de café al despertar. Sin embargo, ahora, en esta coyuntura, creo que eso que tanto deseaba se hizo realidad, pero temo decir que no es lo que esperaba. 

Tengo tiempo por doquier, así que me pongo a leer, pero la lectura no se siente igual a cuando leía sentado en los pasillos de la biblioteca. Realizo mis tareas, pero ya no se encuentra esa adrenalina de cuando comía mientras la hacía; y duermo, pero no es lo mismo a cuando me echaba una siestecita de 25 minutos dentro del carro. Extraño mi vida de rutina ajetreada. 

Antes de que inicie la cuarentena tenía dos trabajos y estudiaba de lunes a domingo. Ahora solo cuento con un trabajo y ya no podré estudiar los domingos. La cuarentena me ha quitado parte de lo que me gusta, pero me ha dado esta oportunidad de adaptarme a nuevas situaciones y vivir experiencias únicas. 

Actualmente radico en Ciudad Juárez, pero soy de Mazamari, Satipo, de corazón. Aquí la realidad es distinta y preocupante. La verdad me alegra todas las buenas medidas que se han tomado en mi querido Perú. ¿Saben?, en este momento me pongo a pensar en lo bonito que sería poder realizar mis clases virtuales desde el cerro de mi chacra con toda esa vegetación y cultivos detrás de mí, así mis amigos y alumnos mexicanos verían lo hermoso de mi tierra. 

24 de abril de 2020 
 

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"Solo queda mirar y aceptar con actitud positiva que todos saldremos de esta situación"

Ana Zúñiga (59) 

Asistente en servicio de movilidad escolar

Aún me parece que ésto no lo estamos viviendo nosotros, que es una pesadilla, pero es real.

Empezamos el año escolar y con él, nuestro trabajo. Ya había noticias de la epidemia y pensábamos que se suspenderían las clases porque la población escolar es más vulnerable, pero cuando anunciaron la cuarentena a nivel nacional y luego en muchos países, me parecío increíble.

En casa somos tres: mi esposo, mi hijo y yo. Hemos tratado de comprar para que nos dure una semana y cuando lo hacemos no acercarnos a tumultos. La incertidumbre nos atemoriza. Me dedico a cocinar de lunes a domingo. Arreglo las cosas que siempre fueron relegadas por falta de tiempo y escribo un poco.

Ahora no sé cuándo se retomarán las clases que parece seguirán siendo virtuales. Es tan complicado porque de eso depende un ingreso económico en mi hogar. Podría decir que por el momento me quedé sin trabajo.

¡Cómo ha cambiado nuestras vidas con esta pandemia! Dios mío, nada podrá ser igual, ésta situación nos perjudicó a todos en menor o mayor escala, nos impregnó el miedo a nuestras vidas, nos hizo metódicos para cumplir ciertos hábitos de higiene y limpieza para no contagiarnos. Los más vulnerables económicamente están librando dos batallas, contra el coronavirus y contra el hambre. 

Aparentemente está situación de aislamiento continuará hasta fin de año. Solo queda mirar y aceptar con actitud positiva que saldremos todos de esta situación. Espero que este positivismo alcance a todos.

23 de abril de 2020

 

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kimmallqui

Ilustración: Claudia Calderón

“Pocas fueron las veces en que tuvimos la oportunidad de estar todos juntos” 

Kim Mallqui García (25)

Comunicadora social

Tomé con mucha calma todo esto, demasiada tal vez. El primer día de la cuarentena, en el que aún teníamos oportunidad de trasladarnos, debía decidir si viajaba junto a mi hermano a pasar este tiempo con mi familia. Una mayor parte de mí prefería quedarse sola en casa, como muchas veces lo he hecho, aún ahora me imagino estando ahí.
Durante el traslado de un lugar a otro fui notando la verdadera dimensión de lo que viviríamos. Me creí en una historia surrealista de las que jamás creí vivir: decenas de vehículos en direcciones contrarias llenas de pasajeros, cargadas de víveres y más personas. Era imposible no sentir la incertidumbre, como algo suspendido en todo el espacio.

Hace poco más de un mes que somos de “las familias completas”. Tenemos mucho tiempo y hablamos, pero, en concreto, decimos poco. Tuvo que ser en la segunda temporada de esta cuarentena donde, tal vez como nunca, realizamos una reunión de familia con toda la “formalidad” y diez horas de anticipación. Mis hermanos y yo no preguntamos si era “Viernes de Dolores” y si el plan de nuestra madre era castigarnos por “nuestros pecados”. No fue así. Ella tenía algo atragantado, la culpabilidad de haber vivido la mayor parte de nuestras vidas de infancia distanciados, porque debíamos estudiar y, ella, trabajar en todo lo que pudiera. Claro que no había nada que perdonar, se lo hicimos saber, pero ella sí tenía mucho que decir.
 
A pesar de que me imagino estando sola, trato en lo posible de captar recuerdos de estos tiempos, porque pocas fueron las veces en que tuvimos la oportunidad de estar todos juntos, porque sé que estos tiempos no volverán y porque creo que, pase lo que pase después, lo extrañaremos. 

23 de abril de 2020
 

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"Tengo 72 años. Vivo sola y solvento mis necesidades. Recibo tanto que solo me queda agradecer"

Graciela Burkli (72)

Trabajadora independiente

Estoy en el grupo de riesgo. Pensaba, estoy a cubierto, es decir, no tengo enfermedades previas, me alimento de forma sana, hago ejercicios, aún trabajo y puedo hacerlo de forma telemática. Hago colaboraciones en grupos de ayuda social. Sin embargo, las necesidades y preocupaciones casi irracionales del humano, se presentan.

Estuve preocupada porque viene mi cumpleaños y quería reunir en una plataforma virtual a mis hijos y nietos. Para lo cual debía pedir ayuda a una de mis hijas, que trabaja usando Internet y tiene dos hijos chicos y una casa que atender. Haciendo un esfuerzo de racionalidad, me preguntaba sobre eso que acababa de pedir, sumándole tambièn la ayuda de otro de mis hijos (para la lista de compras): “es totalmente irrelevante, sin sentido, ¡tonterías!”.

Pasa que cuando no tenemos problemas serios, ¡los fabricamos! Solo necesitamos:

- Comer bien, sano y relativamente poco.

- Hacer ejercicios a diario, es absolutamente necesario: 15 minutos mínimo. Hay rutinas en Youtube muy entretenidas. O subir y bajar escaleras con cuidado.

- Cuidar la higiene personal y de nuestra casa.

- Comunicarnos con nuestros seres queridos

Soy una mujer de 72 años. Estoy muy bien felizmente. Vivo sola y solvento mis necesidades. Recibo tanto, que no me queda sino agradecer: ¡Gracias a la vida!

22 de abril del 2020

 

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eugenia3

Ilustración: Claudia Calderón

"Tuve que salir a recolectar botellas de plástico y vidrio de la basura para venderlas al peso"

Eugenia (28)

Madre y trabajadora informal

Soy madre soltera, tengo tres hijos menores de edad y no tengo trabajo formal. Vivo en la casa de mi madre que es jubilada. Antes de la cuarentena, trabajábamos vendiendo ropa para niños que nosotras mismas hacíamos. La vendíamos en los mercados o en la calle ya que no teníamos puesto fijo.

Al inicio pensamos que quince días podríamos sobrellevarlo de algún modo. Después de todo, una tiene familia que la puede apoyar. Pero cada día se nos ha hecho más difícil. Mis tíos, quienes en un primer momento dijeron que entre todos nos apoyaríamos, hoy se han opuesto. Tuve que salir a recolectar botellas de plástico y vidrio de la basura para venderlas al peso. 

En los días que pasé recogiendo chatarra me di cuenta que a pesar de todo, mi situación era privilegiada. No tenía que pagar alquiler o tener miedo de quedarme sin techo. Los últimos días he visto cómo han desalojado a varias familias que vivían en cuartos alquilados, como una vecina que botó a una madre con su bebé recién nacido. Las dos primeras noches la vi durmiendo en la acera con su bebito en brazos y le llevé un plato de comida. 

A la tercera noche, estaba pidiendo ayuda para su bebé porque no paraba de llorar y no quisieron atenderla en la posta. La hicimos entrar a nuestra casa, pero tenemos miedo. La chica está muy mal. Su bebé está mejor, nunca supimos lo que tuvo. Tal vez solo sentía la desesperación de su madre. Ahora en lugar de cinco somos siete en casa y no sé hasta cuándo aguantaremos. Solo le pido a Dios que me dé fuerzas para seguir trayendo comida a mi casa.

22 de abril del 2020

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baudolinoIlustración: Claudia Calderón

"Nos queda pensar en cómo conseguir dinero con los oficios de mis padres: taxista y ambulante"

Baudolino (20)

Estudiante universitario

Lo que para mi familia ha traído este encierro es el afloramiento de peleas y secretos de los que nadie quería hablar. No podemos hacer nada al respecto. No es que sales a la calle a despejar la mente, no se puede. Lo repiten todos y no queda de otra que seguir callando lo obvio. De paliativo nos queda sentarnos cada tarde a pensar en el futuro, en los planes como familia. En cómo conseguir dinero con las profesiones de mis padres: taxista y ambulante. La emoción consuela, pero la realidad es inevitable: no hay futuro seguro después de la cuarentena. 

A diario nos sentamos frente a la televisión. Es nuestra única manera de ver el mundo exterior. No es el único fin que le damos, siempre estamos expectantes sobre algún bono o algo que nos ayude a superar el próximo mensaje presidencial sobre el alargamiento de esta situación. Pero nada nos llega, no calificamos para ningún subsidio y no lo entiendo.

Cuarentena y crisis son cosas que ahora escucho mucho, pero yo solo espero el fin de la primera. La crisis la recibiré como puñete en la cara, no me queda de otra. Estudio en la universidad, pero creo que eso no da para más, prefiero estar en la calle y conseguir de algún modo dinero para ayudar en casa. Solo quiero que esto acabe.

21 de abril del 2020

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Sabrina 20 de abril 2020
Ilustración: Claudia Calderón

"Un fuerte abrazo a quienes sufrimos de ansiedad o depresión. Esto acabará pronto"

Sabrina Córdova 

Muchas veces me he puesto a pensar el porqué de esta pandemia. Hay varias teorías que salieron a la luz, pero lo que me queda claro es que hoy más que nunca debemos quedarnos en nuestro hogar. Todos los días al despertar enciendo la televisión en casa y vemos los noticieros repletos de noticias malas. Los casos van aumentando muy rápido. Eso me preocupa porque vivo con mis abuelos y mi sobrino que son los más propensos al Covid-19. Ellos tienen las defensas muy bajas y pueden perder la batalla. Mi madre se ha vuelto paranoica. Tengo miedo de que contagie su miedo extremo a los demás. Para eso estoy: para tranquilizarla y decirle que todo pasará rápido.

Sé que es difícil. Todos queremos correr, salir, comer en la calle, ir a la playa, viajar, abrazar a esa persona importante, ir a visitar a tu familia y liberar tu mente. Si te quedas en casa, lo vas hacer pronto. Alienta a los demás a que respeten la cuarentena, no es una medida para perjudicarte, sino es por tu propio bien. 

También quiero mandarle un fuerte abrazo a quienes sufrimos de ansiedad o depresión. Eres fuerte y esto acabará pronto. El encierro no será para siempre, eres valioso y solo queda esperar.

20 de abril del 2020

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mama sinlogIlustración: Leila Arenas

"Estoy entrando en desesperación, pero debo sobreponerme por mi hija”

Mónica Hayakawa Córdova (27)

Ex funcionaria municipal y profesora

Hasta hace unos días era analista para una municipalidad. Ahora soy profesora asistente en una universidad privada. Dicto estadística y política, pero estoy preocupada. El encierro convirtió mi temor en una realidad: un despido masivo e impago del trabajo. Tengo una hija que depende de mí y el colegio privado donde estudia se negaba a disminuir las pensiones. Bajo una gran presión, luego redujo la mensualidad en 15%. Pero mi gran problema no es ese.

Previo a la cuarentena estaba tramitando todos los requisitos para mi carnet del Conadis (Consejo Nacional para la Integración de la Persona con Discapacidad cerebral). Aunque parezco una persona funcional -y lo soy- tengo una condición psiquiátrica con la cual prácticamente vivo atada a la dependencia de una persona, así como la constante revisión de mis medicamentos para la ansiedad, insomnio y ataques de pánico e ira. Solo me quedan medicinas para seis días más. No pertenezco a ningún programa, bono o ayuda.

Estoy casi desempleada y mi sueldo actual -menos de mil soles- no me permite comprar mis remedios, sin receta médica además, que cuestan un tercio de lo que gano. Estoy entrando en desesperación, pero aún tengo que ser funcional para mis alumnos y mi hija. Algo me dice que cuando esto acabe, nada volverá a ser lo mismo y me encontraré a más gente parecida a mí.

19 de abril del 2020

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luisdesempleoIlustración: Claudia Calderón

"Los peruanos tenemos antecedentes para resistir. Ahora debemos reinventarnos"

Luis (48)

Trabajador independiente desempleado


Soy desempleado desde el 20 de febrero. Sin Compensación por Tiempo de Servicios (CTS), cobraré afortunadamente los dos mil soles de las AFP. Tengo un hijo que terminó su carrera y apostó por formar una empresa propia. Pero no hay clientes; por lo tanto, ahora no hay trabajo. Él tiene una enfermedad crónica, yo tengo una esposa diabética y también una madre. Pago el alquiler, tenemos un negocio familiar, un restaurante, que es nuestra única fuente de ingresos, pero ahora tenemos dudas y preocupaciones. ¿Cómo serán las nuevas condiciones de venta de alimentos elaborados? ¿Cómo se comportará el mercado de consumo? 

Nuestros clientes son los vecinos del distrito de San Juan de Miraflores. No sé cómo les afectará laboralmente esta pandemia, pero evidentemente habrá despedidos y empleos suspendidos. Sabemos que no se va a permitir aglomeraciones. Tenemos una trabajadora a quien no le hemos pagado por la cuarentena, solo hemos colaborado en lo posible con víveres. El local que tenemos es alquilado. Ahora debemos reinventarnos y esperar a ver cómo responde el mercado. Siento que la incertidumbre es más oscura que la noche sin estrellas. 

Ayer también un joven venezolano tocó mi puerta pidiendo comida. Luego lo vi en la esquina con otros chicos cargando bolsas de alimentos. Me sentí identificado y me pregunté: ¿pronto veremos a compatriotas haciendo lo mismo o ya lo están haciendo?

No es igual, pero tenemos antecedentes para resistir. Recordemos el 'Fujishock' y a Hurtado Miller con su frase "Qué Dios nos acompañe". O en agosto del '90 y en marzo del '91 con la epidemia del cólera. Necesitamos creer que enfrentamos situaciones muy duras y a seguir de pie.

19 de abril del 2020

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medicosinlogo
Ilustración: Leila Arenas

“La cuarentena nos enseña que siempre habrá alguna manera de continuar”

Dante (35)

Médico en una clínica

Pareciera que los días se vuelven cortos e iguales. El estado de cuarentena afecta a todos, pero no de la misma manera. Yo soy médico, pero por factores de salud no estoy ejerciendo durante estos días. Trabajo en una empresa reconocida. Muchos pensarán que mi caso es una cuestión de suerte: no trabajar y aun así recibir un sueldo bastante holgado. Pero no todo es suerte en estos momentos. Salir al banco o a comprar se vuelve casi una aventura para personas que estamos enfermas. Gente que no se cubre al toser, que usan la mascarilla de una forma no adecuada o salen en grupos para comprar apenas una bolsa de arroz en el mercado. Es bastante cansado ver esa situación. Y pensar que debido a su desobediencia tengamos que morir otros.

Mi pareja es una persona muy noble, costurero independiente, que comenzó a fabricar mascarillas para poder obtener ingresos para el día a día. Le dije al principio que no era necesario. Pero él igual lo ha estado realizando a diario. No solo fabrica para la venta, sino también se las regala a los operarios de limpieza porque quiere hacerlo. Quiere ayudar de alguna forma.

Ahora, luego de la aprobación de la suspensión perfecta laboral, lo más probable es que no perciba sueldo por varios meses. El único ingreso que tendremos serán los de él, con su venta de mascarillas. Es así que siento que a pesar del sufrimiento y miedo, la cuarentena nos enseña que siempre habrá alguna manera de continuar.

18 de abril del 2020.

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futbolistaIlustración: Claudia Calderón

“Vamos a depender mucho del estado emocional. El deportista va a tener un trabajo muy duro”

Cindy Novoa Díaz (24)

Futbolista y seleccionada nacional

Sé que nada será normal cuando volvamos. Me gusta la idea porque hemos descubierto cosas en las que de repente no teníamos el interés porque siempre nos enfocamos en un proyecto. Pero en casa quizá descubrimos nuevas habilidades que dejamos de lado. Las personas van a salir a vivir la vida como no lo estaban haciendo. Por ejemplo, a mi me gusta leer mucho. Novelas  como El amor en los tiempos del cólera para dejar un poco la ignorancia. Con el fútbol tampoco pasaba mucho tiempo con mi familia. También he empezado a ordenar mis cosas como terminar la universidad. Me faltan dos cursos y no lo hice el ciclo pasado porque tenía que jugar y entrenar.

Ser futbolista y no poder jugar es una tristeza. Vamos a depender mucho del estado emocional. El deportista va a tener un trabajo muy duro. Va a ser un shock pero aquí estamos tratando de llevar esta pandemia y que se resuelva para el bien de todos. También hay personas que ayudan a los demás, veo campañas y trato de apoyarlas. Obviamente intento no publicar nada de eso porque creo que si se publica, pierde la magia. 

Mi familia que vive en Amazonas, en el caserío Achamal, se encuentra bien. Mis tíos me cuentan que no hay muchas cosas para comprar porque han cerrado todo. Entonces, por semana, va a una camioneta para vender y satisface las necesidades del pueblo. Me dicen que si se detecta un caso en la zona, se irán a la montaña. Allí también tenemos una casa donde yo también vivía de niña cuando iba a la chacra.

18 de abril del 2020.

 

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Goni Liendo - OjoPúblicoIlustración: Claudia Calderón
 

“Limpio, cocino, me ducho, maquillo y cambio de color de polo a diario para no aburrirme”

Goni Liendo (68)

Jubilada  

Hola. Soy jubilada y estoy en el rango de población de riesgo, por edad y por problemas pulmonares. Mi hija es mi personal delivery. La llamo mi “generala”, porque me hizo prometer que no saldría a la calle y debo cumplir. 

A veces despierto y no sé qué día de la semana es y por eso comencé a usar la agenda como un diario, como una presa que anota con rayitas en la pared el paso de los días para saber cuál está viviendo.

Limpio, lavo, trapeo, cocino, me ducho, maquillo y cambio de color de polo a diario para no aburrirme. Leo, juego Sudoku y Mahjong. Hago Tai chi con un tutorial. Salgo a aplaudir a las ocho de la noche aunque ya nadie lo hace. Converso con mis hermanos y amigos que no viven en Perú.

Lo hago con alegría porque siento que soy una privilegiada más y me entristece la situación de las grandes mayorías que lo están pasando muy mal. Digo gracias todo el tiempo. ?

17 de abril del 2020.

 

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BomberoIlustración: Claudia Calderón

“A veces uno llora de impotencia, pero solo. No puedes doblegar a tu equipo de trabajo”

José Martín Sosa Fernández (33)

Bombero y médico neumólogo

A mis compañeros les digo que no se confíen y tengan cuidado de las emergencias porque hasta una persona sin síntomas te puede contagiar y no me gustaría ver a un compañero en esa situación. Muchos de ellos hacen guardia cinco días o una semana y tampoco ven a su familia. Al estrés diario que vivimos los bomberos se suma el riesgo de que alguien en sus casas se pueda enfermar si es que no respeta la cuarentena. Muchos quisieran ir a sus hogares, pero no pueden ni deben. Si uno es más sensible, a veces llora de impotencia, pero solo. No puedes doblegar a tu equipo de trabajo. Tienes que seguir, ponerle empuje para estabilizar a los pacientes y darles más chance de vida. En la casa es igual, ellos no pueden ver que todo esto nos afecta, porque si no se pueden preocupar más. 

Como bombero, ves pacientes fallecidos pero no se ven en esta cantidad. Nadie está preparado para esto. Es mucho estrés emocional que se vive tanto dentro como fuera de la casa. A mi abuela no la veo desde que inició la cuarentena. También extraño poder abrazar a mi hijo y jugar con él. Estar en familia con muestras de afecto que ahora no puedo dar. Muchas veces también pensamos en un futuro y descuidamos el presente: se trabaja mucho o pasamos mucho tiempo en la calle.

Cuando inició la cuarentena, cerca a mi casa llegaban los policías en la noche y en la ventana, todos -hasta mi hijo que tiene año y medio- aplaudían, dándole fuerzas por el trabajo que están haciendo, así como a nosotros los bomberos. Me conmovió el reconocimiento hacia las instituciones que están participando en todo esto”

16 de abril del 2020.

 

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“Me toca fibras sensibles ver a la gente que menos tiene ser la que más da” 

Yoshida Eto Aymar (46)

Obstetra asistencial en el Centro de Salud San Pedro I-4 de Piura

El Viernes Santo decidí pedalear 40 minutos en bicicleta desde el distrito de Catacaos hasta Piura, donde queda el establecimiento de salud en el que trabajo. Como los turnos se hacen con mucha anticipación, yo ya sabía qué horarios tenía programados. Las obstetras seguimos atendiendo. Cuando una asume un compromiso no hay excusas ni pretextos para dejar de ir a laborar. 

Ahora, durante la cuarentena recuerdo mucho el ‘Fenómeno del niño’ del ‘83 y cómo el norte fue azotado. Estuvimos seis meses sin luz, en apagón. Recuerdo mucho eso. La cola para el arroz y el azúcar. La gente amontonada haciendo las colas. Algunos no querían vender sus productos y los guardaban para ellos mismos. También ha cambiado mi percepción hacia el temor. No hay nada que asuste más a un ser humano que lo desconocido. Lo anormal es no sentir miedo, lo normal es sentirlo. 

Me conmueve bastante la manera desprendida y muy organizada de cómo algunos héroes anónimos llevan ayuda a las personas que más necesitan. Me toca fibras sensibles ver a la gente que menos tiene ser la que más da. Ver a una mamá y su esposo con sus ojos asustados junto a sus tres o cuatro hijitos llorando y luego abrir la bolsita de alimentos que les han entregado para ver qué hay de comer.

16 de abril del 2020.

 

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Maestra de Junin- OjoPúblicoIlustración: Claudia Calderón

“Me grabé en una pared de mi casa dando las clases y envié el video a las mamás”

Mirtha Pomachagua (52)

Maestra de 2do. grado de primaria en Junín

Trabajo a una hora de Huancayo, en la comunidad de Ahuac, donde no hay Internet en casa (solo en el celular). Muchos tampoco tienen radio ni televisión. Cuando el ministerio de Educación me envió muchos links con la información de las tareas para mis alumnos, mi preocupación más grande era ¿ahora cómo se las hago llegar? Entonces envié el link del ministerio al grupo de Whatsapp que han hecho las mamitas, pero ellas tampoco entendían. ¿Ahora qué hago? Entonces me grabé en una pared de mi casa. Me grabé dando las clases. Explicándoles todo a mis enanos. Les envié el video y las mamás ahora le dicen a sus niños: “mira, ahí está tu miss”, y ellos se sienten felices. Eso para mí fue una forma muy bonita de volver empezar.  

En cuarentena lo más feliz es que estamos conviviendo un poco más en familia. Antes, nuestros almuerzos juntos eran solo los sábados y domingos. Ahora, todos los días. Como profesionales trabajamos mucho por lo económico, pero nos olvidamos de nuestros hijos y que tenemos que compartir con ellos sus tareas. El otro día vi que mi hija escribió coronavirus con B. Recién estoy verificando sus cuadernos, corrigiendo sus errores. Yo trabajaba de 8:30 am a 1:30 pm, pero me quedaba apoyando hasta las 4 ó 5 de la tarde. Otros profesores se quejaban y me decían: “¡Para qué te quedas más si no nos pagan horas extras!”, pero el hecho de ser maestra está dentro de mi corazón”.

15 de abril del 2020.

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“Tal vez sea un cambio a futuro: ya no tener el rito del sepelio o el entierro”

Adolfo Suárez Segovia (41) 

Economista y trabajador de Reniec

 

Me ha impresionado las imágenes de los cadáveres en otros países. El hecho de que la gente fallece y la familia no pueda tener una correcta manera de despedirse. Eso me parece muy doloroso. El hermano de mi abuelo falleció hace poco y mi mamá me contó que esa experiencia había sido muy dura. Tal vez pueda ser un cambio a futuro y ya no tener el rito del sepelio o el entierro. Pienso un poco en cómo va a cambiar esta sociedad.

Yo también era de las personas que pocas veces se lavaban las manos, no le tomaba tanta importancia. Ahora he tomado conciencia de eso. La verdad no lo tenía tan interiorizado. Eso creo que ha cambiado y va a ser algo permanente. Voy a ser de las personas que se lavan mucho las manos. 

Me parece que las salidas a comprar al mercado también me han servido para relajarme un poco y poder caminar. Si bien te demoras dos horas, el hecho de caminar es bueno para no estar con esa sensación de encierro. Durante estos día de cuarentena, a veces se me quitaba el sueño a las tres y media o cuatro de la mañana. Estaba un poco ansioso. Otra cosa que pasó es que tuve una discusión con mi suegra. De repente estaba muy sensible por el confinamiento, pero ya lo superamos y adelante.

Extraño la adrenalina de ver los partidos de fútbol europeo. También estar con mi hijo mayor. No vivo con él y no lo veo hace tres semanas. Desde que empezó la cuarentena solo converso con él por videollamada. El 17 de abril justo cumple 15 años”.

15 de abril del 2020.

 

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Cindy Herrera - Venezolana

Ilustración: Leila Arenas

“Celebré mi cumpleaños 36 en cuarentena, viendo a mis amigos desde la computadora”

Cindy Herrera (36)

Migrante venezolana en Lima

Soy venezolana de nacimiento y ecuatoriana de herencia. Desde hace varios años dejé de ver las calles donde crecí. Las calles de Lima han sido mis compañeras desde el 2018. Vivo sola, alejada de mi familia y amigos cercanos. Al principio de la cuarentena pensaba "todos estamos en el mismo barco" y no es así. Estamos en un mismo contexto, pero en diferentes condiciones. Me preocupo, no. Me ocupo. Me ocupo de aceptar el miedo que reflejo al comprar en exceso comida. Me ocupo de esperar la llamada de mi mamá para saber que está bien, de hablar con mis amigos, de intentar mantener la concentración necesaria para hacer (y conservar) mi trabajo desde casa, y sobre todo me ocupo de mantener mi mente en calma: no leo noticias al levantarme. Ahora sigo influencers, comento sus IG Live, bailo reguetón en reuniones de Zoom. ¡Sí que me he adaptado a la vida virtual!

Me ocupo de llorar cuando amanezco aún más sensible, como hoy al escribirles esto. Extraño lo cotidiano. Para un soltero, el supermercado era una opción un viernes en la noche, al menos lo era para mí, comprar unos chifles y una(s) chela(s) e ir a casa para ver Netflix. Hoy eso ya no es opción. Ahora debo cuidarme, y con mayor atención porque si estoy débil mi sistema de apoyo no está cerca de mí. Por eso, empiezo por cuidar de mí, porque así el país estará mejor con una persona menos en sus estadísticas.

Celebré mi cumpleaños 36 en cuarentena, viendo a mis amigos desde la pantalla de mi computador. Me hice un keke (que se quemó un poco, ¡pero sirvió para la foto!) y celebré que estoy sana y aún puedo sonreír sin que mis pulmones duelan. Ya muchos nos preguntamos, cuando esto termine, cómo vamos a celebrar salir sin (tanto) miedo de nuevo. Tal vez vaya de nuevo al supermercado a comprar unos chifles y una chela, pero esta vez no iré a mi sillón sino a la mesa del vecino.

14 de abril del 2020.

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Iván Flores - Santa ClaraIlustración: Claudia Calderón

 

“El delfín ahora transita libremente. Los animales están volviendo a nosotros”

Iván Flores Rodríguez (40) 

Miembro de comunidad shipibo-conibo Santa Clara de Uchunya (Ucayali)

En mi comunidad podemos ver lo que ustedes en Lima llaman el delfín (nosotros le decimos el bufeo colorado), y ahora transita libremente. Es muy bonito. También hay en la comunidad aves como el pavo real. Los animales están volviendo a nosotros. Estamos respetando la norma y la ley como comunidades indígenas de la Amazonia. En cuarentena escuchamos algunas noticias por la radio. También estamos preocupados por la situación que pasan nuestros hermanos en otros lados por el coronavirus. Esta pandemia está agarrando a todos. 

Extrañamos la libertad de salir que tenemos en nuestro territorio ancestral. Nos sentimos obstaculizados porque nuestro mundo es andar en nuestras tierras, pero hoy no se puede. Hay personas que siguen ingresando y traen gente de afuera. Quizás ellos están trayendo el virus y se va a quedar en nuestro territorio. Nosotros estamos respetando la cuarentena, pero nos sentimos un poco encerrados porque no estamos acostumbrados a parar. Hacemos caso a nuestras autoridades, pero esperamos que ellas también hagan caso a nuestras demandas. Es también una llamada de atención al mundo y a nuestras autoridades porque no hacen caso a los pueblos indígenas.

14 de abril del 2020.

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Isabel CortezIlustración: Leila Arenas

“Otras aves están apareciendo en Lima. Si supieran hablar me dirían: “Invítame tu arroz”

Isabel Cortez Aguirre (50) 

Trabajadora de limpieza pública en el Centro de Lima

Yo trabajo hace 16 años en la limpieza pública. Esta situación es rara, extraño a la gente, la bulla, incluso a los carros. En años anteriores en Semana Santa las iglesias estaban llenas de personas, y ahora fue triste, no hubo nada, todo fue silencio. Debería estar contenta, pero no. Hay menos trabajo, no hay mucha basura, pero preferiría que haya más y saber que no habrá nada peligroso que me vaya a contagiar. Ahora lo poco que encontramos nos da miedo de alzar porque el virus puede estar allí. Me siento preocupada y asustada. Uno de mis compañeros de limpieza pública del Callao ha muerto por Covid-19. Los vecinos tienen la mala costumbre de sacar su basura a cualquier hora, ni siquiera le echan un poco de lejía para desinfectar. No sabemos si uno de los paquetes que recogemos será de alguien enfermo.

Yo vivo con mis tres hijos. Cada vez que llego a casa a veces no quiero entrar, pienso que les estoy trayendo el virus y que les voy a contagiar. Por eso en la entrada de mi casa tengo una tina de agua con lejía y ahí piso con mis zapatos antes de entrar. También me cambio la ropa y me doy un baño, hasta el día siguiente que con energía nuevamente me voy a trabajar. Estos días he visto que otras aves están apareciendo en el Centro de Lima, aunque creo que es por el hambre; hay varios árboles que se están secando porque no los riegan. Unos pajaritos negros se acercan cuando estoy almorzando. Si supieran hablar me dirían: “Isabel, invítame un poco de tu arroz”. Hay también muchos perros flaquitos. Eso no sucedía antes, porque seguro que alguien los alimentaba.

13 de abril del 2020.

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Diario de la cuarentena- Médico Rebagliati - OjoPúblicoIlustración: Claudia Calderón

“No tengo miedo de atender a mis pacientes, más miedo le tengo a estar afuera”

Cristina (36)*

Médico intensivista del Hospital Rebagliati

Miedo no tengo. Los médicos intensivistas sabemos que si el paciente ya está intubado, conectado al ventilador y todos los circuitos están adecuadamente cerrados, la posibilidad de contagio es casi nulo. Tú no te infectas porque estás a dos metros de un paciente. El que contagia está en la calle, hablando sin síntomas y sin saber que tiene Covid-19. Yo cuando vengo a mi guardia tengo la seguridad de cuáles son mis pacientes, sé que si cumplo con el protocolo de seguridad no me voy a contagiar. Más miedo le tengo a estar afuera. 

La mayoría de médicos intensivistas son mayores. En algunos hospitales los mayores de 60 han pedido licencia porque son población de riesgo. Cuando la situación se ponga más complicada, es probable que los más jóvenes seamos los que estemos en la primera línea. Por ahora, el esfuerzo se ha intensificado, pero aún podemos trabajar. ¿Qué es incómodo estos días? Tal vez el traje y los implementos de seguridad (EPP). Hay que estar horas con estos. No se pueden hacer las necesidades básicas. No tomamos mucha agua para evitar ir al baño. Nos deshidratamos. Nos morimos de calor a veces. Pero son necesarios.

En mi carrera estamos acostumbrados a la presión y a la pérdida, pero nadie está listo para ver morir a más de sus cinco pacientes por día. Eso sería atroz. Nadie nos prepara para eso. Hay varios trabajadores de hospitales del Ministerio de Salud y de las clínicas que han renunciado por miedo. Todos hacemos sacrificios. Yo vivo con mi familia, pero mantengo la distancia. No veo a mi abuela, por ejemplo. Ella vive en el primer piso y yo prefiero no compartir la mesa.

12 de abril del 2020.

*La médico solicitó mantener su nombre en reserva.

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Diario de la cuarentena- Juan Carlos - OjoPúblicoIlustración: Claudia Calderón

“Siento que alguien le ha puesto un candado a mi puerta y yo no tengo la llave”

Juan Carlos Huamán Jiménez (32)

Cocinero de aerolíneas 

El aislamiento me llegó como un golpe fuerte. Antes de la cuarentena yo estuve asistiendo a terapia. A veces siento que los ataques de ansiedad pueden volver e intento ser fuerte. Yo vivo con mi novio y cuando me pasa esto trato de despejar mi mente bailando y jugando Final Fantasy XIV. Para romper la rutina nos hemos propuesto cada día cocinar algo extravagante y no aburrirnos. Con los días hasta jugar se vuelve monótono. Cuando eres joven y no tienes responsabilidades tu mayor sueño podría ser estar con tu videojuego todo el día con tu comida al costado y nada más. Antes de la cuarentena yo tenía muchas ganas de jugar. Entonces ahorraba y me compraba mis juegos, pero no tenía tiempo y ahora que tengo tiempo jugar todos los días me aburre. 

Creo que lo que más me afecta de esta situación es que a pesar de que esté en mi zona segura que es mi casa, siento que alguien le está poniendo un candado a mi puerta y yo no tengo la llave. Extraño visitar a mi mamá. Extraño no poder cuidarla. Al inicio del aislamiento pensaba en proyectos que haríamos después de que pase esto, pero siento que con los días todo se agrava, y lo que me gana es el miedo. Yo soy cocinero para las aerolíneas y ahora todo se ha suspendido hasta que se reanuden los viajes. No sé qué va a pasar con mi trabajo o qué voy hacer el resto del tiempo. Esa incertidumbre le gana a mis proyectos futuros. Dentro de todo creo que lo que esta cuarentena nos deja es también mucho tiempo con mi pareja. Nos ha permitido conocernos más. 

12 de abril del 2020.

 

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“La gente de la calle te cuenta su historia: no tiene casa ni trabajo y duerme en el paradero”

Manuel (23)*

Oficial de la Fuerza Aérea del Perú

Lo que siempre me conmueve es cuando estoy en las calles cuidando y le pregunto a una persona: “Oiga, señor, ¿qué hace afuera en la noche? No debería estar acá”. Entonces la gente de la calle te cuenta su historia: que no tiene casa ni trabajo o que lo han echado y duerme en el paradero. Eso a mí me choca. Entonces tratamos de ayudar y darle comida. Y pensar que hay gente que tiene miles de cosas materiales y ahora no les sirven de nada.

Un militar siempre se basa en rutinas. Ahora ya no las tenemos. Cuando patrullamos hacemos turnos de seis a ocho horas y a veces nos llaman de improviso. El superior nos dice: “Te toca hoy”, y te cambian los horarios. Nuestro trabajo ya no es militar, sino pacífico. Nos contactamos con la gente para que tomen conciencia de la situación. Mientras lo hago en lo que más pienso es en mi familia. Cuando tengo turno tenemos contacto con las personas e intervenimos los vehículos. Tú no sabes si alguien tiene el virus o si alguien sabe que se contagió e igual sale y pone en riesgo a lo demás. Al volver a mi casa voy de frente a mi cuarto. Me saco el uniforme, me baño y recién voy a saludar porque soy un peligro para mi familia.

12 de abril del 2020.

*El oficial solicitó mantener su nombre en reserva.

 

 

reportajes

 

Edición: Nelly Luna Amancio y Carlos Bracamonte

Verificación y asistencia: Aramis Castro

Ilustraciones: Leila Arenas y Claudia Calderón