OjoPúblico / Claudia Calderón

“Es real, las ollas comunes viven desabastecidas"

“Es real, las ollas comunes viven desabastecidas"

Zorayda Vargas, 44 años, Representante ollas comunes

OjoPúblico / Claudia Calderón

OjoPúblico / Claudia Calderón

Con el inicio de la pandemia en Perú, las ollas comunes empezaron a extenderse a la velocidad del hambre de las personas más desfavorecidas. La gran mayoría de ellas se concentraron en barrios populares como el de Zorayda Vargas, en Independencia, Lima. La madre de familia no solo apoyó la formación de la más cercana a su casa, sino las de muchas otras más. En total llegaron a ser alrededor de 130. Su empeño y voluntad la convirtieron en representante de las ollas comunes de su distrito. 

Los primeros meses de cuarentena, cuenta Vargas, había tanto apoyo de empresas y mercados, como espanto por el virus. Donaban víveres, alimentos, algo de dinero. Pero con el pasar del tiempo, esa solidaridad inicial se fue apagando. A medida que los comercios abrían y algunas personas volvían a sus trabajos, hubo quienes comenzaron a sentir que todo iba mejorando. Pero para miles la necesidad aún persiste tan recia como antes.

“En los mercados tratamos de seguir pidiendo las donaciones, pero algunos te dan con desprecio, como diciendo ‘toma, cállate y ándate de acá’. Son tantas cosas que nos pasan”, cuenta Zorayda. Muchas veces, incluso, les dan las verduras o los tubérculos en tan mal estado que ya no se pueden utilizar. 

Al creciente rechazo se ha sumado un escollo más: el alza del precio de los productos de la canasta básica. El arroz, el aceite, la papa, el pollo y el pescado están más caros. Todo comenzó, recuerda Vargas, más o menos durante la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Ahora, conseguir las provisiones para las ollas de Independencia se ha vuelto bastante más difícil.

“Un pollo lo tenemos que descuartizar como se dice, al menos para que de gusto con sus huesitos a la comida. Hay ollas que preparan su arroz con huevito sancochado y su ensaladita, así nomás”, dice la lideresa. No son comidas para alimentar, aclara, solo para “llenar la barriga”. 

El número de ollas comunes en Independencia ha disminuido. Las más de 100 que sobreviven lo hacen prácticamente con sus propios recursos. Pero Zorayda Vargas y sus compañeras no se dan por vencidas, ellas esperan que las autoridades y otros peruanos también sepan, que noten que el hambre no se ha ido. “Esto no es mentira, es real ―reclama Vargas― las ollas comunes viven desabastecidas”.

 

Viñeta Ollas Comunes

 

Lee otros "Testimonios para salir de la crisis".

Visita los "Diarios", el "Diccionarios para tiempos difíciles" y una colección de breves ensayos sobre la economía y el poder.