INDEPENDENCIA. Dinero, personal capacitado, insumos, infraestructura y una política regional son los principales desafíos para acceder a transferencias tecnológicas.

Soberanía sanitaria: América Latina busca reducir su dependencia para acceder a vacunas y medicamentos

Soberanía sanitaria: América Latina busca reducir su dependencia para acceder a vacunas y medicamentos

INDEPENDENCIA. Dinero, personal capacitado, insumos, infraestructura y una política regional son los principales desafíos para acceder a transferencias tecnológicas.

Ilustración: OjoPúblico / Claudia Calderón

La inequidad entre países ricos y pobres en el acceso a insumos médicos se evidenció con mayor énfasis durante la pandemia. Una de las demandas ante esta desigualdad y el acaparamiento de vacunas por parte de las principales potencias se centró en que los países con ingresos bajos y medios accedan a transferencias tecnológicas para producir sus vacunas, medicamentos y kits de diagnóstico (VTD, por su sigla en inglés). En América del Sur, Argentina y Brasil son los dos primeros países que lograron establecer asociaciones público-privadas para obtener conocimiento y la inversión suficiente para fabricar estos insumos. Científicos que participan en el proceso plantean la necesidad de crear una coalición regional que permita un desarrollo estratégico de VTD para satisfacer las demandas de la región.

4 Septiembre, 2022

La pandemia de la covid-19 evidenció la enorme desigualdad que existe entre los países cuando se trata de acceso a la salud. Aunque el 62% de la población mundial ya se encuentra vacunada con el esquema completo contra el nuevo coronavirus, estos avances no son homogéneos. Países de bajos ingresos se encuentran por debajo del 20%, según información de OurWorldInData. En América Latina y el Caribe, las cifras más bajas se concentran en países como Jamaica y Guatemala con avances del 26% y 39%, respectivamente.

El acaparamiento de dosis por parte de los países ricos reveló la necesidad de que otras naciones con menores ingresos encuentren mecanismos para acceder a vacunas, tratamientos y kits de diagnóstico (VTD, por su sigla en inglés). En este contexto, la transferencia de tecnología se planteó como una de las principales demandas para que las naciones con ingresos medios y bajos puedan producir insumos médicos de manera local.

Este debate, que inició hace más de un año, se ha reabierto en una reciente reunión del G20. "Coincidimos en la importancia de fortalecer las regulaciones y la armonización para apoyar la investigación [colaborativa] y la fabricación [global]", dijo Rizka Andalusia, directora general de Farmacia y Dispositivos Médicos en el Ministerio de Salud de Indonesia, el pasado 23 de agosto, en un encuentro del grupo de trabajo de salud.

Si hay una nueva pandemia, vamos a volver al mismo punto en el que los [países] ricos se ponen cuatro dosis y los pobres se quedan ni con una”, dijo Fabrizio Chiodo.

¿Qué significa para América Latina acceder a la transferencia de tecnología? En principio, para que los países de la región puedan producir sus propios insumos, no basta con que cuenten con fábricas de manufactura de VTD. “Es un ecosistema de desarrollo que es bastante complejo, y que funciona como un rompecabezas”, explicó Maria Elena Botazzi, codirectora del Centro de Desarrollo de Vacunas del Texas Children’s Hospital, a OjoPúblico.

La científica hondureña, que participó en el desarrollo de la primera vacuna covid-19 libre de patentes, señaló que esta transferencia requiere de recursos estratégicos (conocimientos), humanos (personal capacitado), económicos, y de insumos que permitan la producción. “Realmente, es algo que va más allá de solo la parte de producción o manufactura. Implica dimensiones biológicas, presentación de los costos y distribución”, resaltó.

En otras palabras, el acceso a la biotecnología pública supone importantes retos para la región. Uno de los principales, precisó Fernando Lobos, director de Negocios del laboratorio Sinergium Biotech de Argentina, consiste en que estos proyectos de manufactura sean sostenibles. Es decir, que puedan responder en contextos de emergencia. Y que, además, sigan funcionando fuera de estas circunstancias. “La clave es que se pueda mantener operativa con estándares de calidad elevados constantemente para que, cuando venga una pandemia, realmente pueda funcionar. Ese es el gran desafío”, remarcó.

Vacunas. Transferencia tecnológica, Latam Ilustración: Claudia Calderón

 

Descolonizar la ciencia de hacer vacunas

Existe la idea —sostuvo Fabrizio Chiodo, científico del Consejo Nacional de Investigación de Italia y del Instituto Finlay de Vacunas de Cuba— de que gracias a los países ricos hemos podido ser vacunados en los países de menores ingresos. “Eso no es tan cierto”, agregó.

El especialista explicó a OjoPúblico que las Big Pharma no invierten en desarrollo e investigación de vacunas, sino que siguen de cerca lo que hacen las academias públicas. Esto les permite identificar cuando se está desarrollando un producto interesante y, luego, comprar los derechos para producirlo a gran escala.

María Elena Botazzi reconoció que es normal que lo más esperado sea que una multinacional ceda la transferencia tecnológica a un país latinoamericano. “Desafortunadamente, en el ámbito de covid-19, dentro de Latinoamérica, no se dio mucha innovación pura en la que empezaran desde cero”, afirmó.

En este escenario, la dependencia tecnológica a países ricos genera consecuencias negativas que traspasan el acaparamiento de vacunas. Sofía Montenegro, coordinadora de la alianza Vacunas para la Gente en Latinoamérica, señaló que, para muchos países, el acceso a vacunas para el nuevo coronavirus implicó un endeudamiento a través de créditos con el Banco Mundial. En otras naciones, incluso, esas compras ocasionaron el recorte de presupuestos destinados a adquirir medicamentos para otras enfermedades.

“No solo se trata de prevención ni de generar conocimiento, sino que estamos hablando de la probabilidad que tienen las personas para enfrentarse a una situación donde estamos decidiendo entre la vida y la muerte”, dijo.

 

Fabrizio Chiodo pone como ejemplo de los problemas en la distribución de vacunas al mecanismo Covax que, en teoría, buscaba brindar un acceso equitativo a las dosis covid-19. Pero, en la práctica, se tradujo, de acuerdo a sus palabras, en “un país pobre que le está pidiendo vacunas a un país rico”. El científico explicó que, aunque este mecanismo sí permitió el acceso a recursos biológicos, no es una solución a largo plazo porque, en cuanto aparecen nuevas variantes, las naciones ricas “aseguran sus dosis de refuerzo y dejan sin vacunas a los países del plan Covax”.

“Esto no es sólo una cuestión de caridad, porque estas variantes surgen en los países donde hay más inmunocomprometidos, donde hay un sistema inmunitario muy débil o malnutrición. A largo plazo, si hay una nueva pandemia, vamos a volver al mismo punto en el que los ricos se ponen cuatro dosis y los pobres se quedan ni con una”, afirmó.

Frente a esta situación, los especialistas resaltan la necesidad de descolonizar la ciencia y empezar a dotar de capacidad a los países menos desarrollados para que puedan asegurar su soberanía sanitaria. Esto, precisó María Elena Botazzi, permitirá que las naciones produzcan un desarrollo innovador autóctono, donde la maduración de dicha tecnología se hace también de manera local.

Hay una disputa entre la solidaridad y el apartheid de vacunas”, resaltó Jorge Bermúdez.

Un ejemplo de esa capacidad en la región se encuentra en la primera vacuna covid-19 libre de patentes, desarrollada por el equipo del Texas Children’s Hospital, en el que participó la científica María Elena Botazzi. Este biológico se produjo de manera masiva en la India, gracias a una asociación con el laboratorio Biological E. “Es un producto autóctono, puramente producido dentro de la creatividad conjunta académica nuestra [del Children's Hospital] con ellos [Biological E]”, dijo Botazzi.

La necesidad de asegurar el acceso global a VTD se ha retomado en el G20, luego de un año y medio de inequidades y acaparamiento por parte de los países más ricos, algunos de los cuales pertenecen a este grupo de poder. En las recientes reuniones del grupo de salud —integrado por los países que representan casi el 90% de la producción científica—, se puso como objetivo expandir el centro global de fabricación e investigación de estos insumos en los países que conforman el bloque.

“Actualmente, la industria del gobierno no produce ninguna vacuna. Todas las fabrican empresas privadas. El desafío que enfrenta el foro del G20 es desarrollar e implementar diagnósticos, terapias y vacunas seguras y efectivas para la comunidad internacional en un plazo máximo de 100 días”, dijo Budi Gunadi Sadikin, ministro de Salud de Indonesia, en una conferencia de prensa. En esa línea, se llegó al acuerdo de que Indonesia, Argentina, Brasil, India y Sudáfrica establecerán un centro de fabricación de VTD para mitigar futuras pandemias.

 

Diversificar tecnologías para una mejor respuesta

A casi dos años y medio de la declaración de la pandemia por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), existen cinco tecnologías vacunales utilizadas para producir dosis contra la covid-19. “¿Por qué los países menos ricos aplican los refuerzos con las vacunas más caras?”, se cuestiona Fabrizio Chiodo en conversación con OjoPúblico.

El científico italiano resaltó que las vacunas de ARNm fueron un instrumento extraordinario como primera ronda de inmunización, al ser la primera tecnología en salir al mercado. Sin embargo, resalta que su precio alto (entre USD 30 y USD 40) y los requerimientos de conservación y distribución (cadenas de frío menores a 70°C) no justifican su uso como refuerzo, cuando hay otras tecnologías que también funcionan.

“Con los refuerzos es donde más absurdo se pone el juego porque, además, el precio va subiendo. Las vacunas ARNm, como primera cosa, son extraordinarias. Pero el punto es que de verdad están aplicando refuerzos a USD 40 la dosis después de dos años y pico de pandemia y en países de bajos ingresos, donde solo tienen al 20% de su población con una dosis”, remarcó.

Los refuerzos con esa tecnología se justifican cuando el esquema inicial fue de una vacuna con una plataforma diferente, como en el caso de Sinopharm o AstraZeneca. La evidencia científica disponible demuestra que la inmunización heteróloga, es decir, el refuerzo con tecnologías diferentes genera una mejor respuesta inmunitaria. No obstante, en el contexto actual, hay una amplia oferta de tecnologías de vacunación covid-19.

Transferencia de tecnología. covid-19. vacunas. Ilustración: Claudia Calderón

SEGURIDAD SANITARIA. La transferencia de tecnología prepara a los países para responder a emergencias sanitarias y dota de capacidades instaladas a la nación beneficiada.
Ilustración: OjoPúblico / Claudia Calderón

 

Hasta el momento, se han desarrollado vacunas que utilizan el virus de forma íntegra, otras que usan solo fragmentos y algunas que solo utilizan el material genético. En el primer grupo se encuentran las que usan el virus inactivado (sin la capacidad de infectar a la persona), el virus atenuado (en el que se debilita al virus) y un vector vírico (que utiliza virus inocuos para transportar un fragmento del virus original).

Sinopharm y Johnson & Johnson son dos ejemplos de los biológicos hechos a base de virus inactivado y vector viral, respectivamente. Estas tecnologías, de acuerdo con la OMS, se pueden fabricar en grandes cantidades y desarrollar rápidamente.

En el segundo grupo, se encuentran Novavax y Soberana 02, que solo usan fragmentos específicos (conocidos como subunidades antigénicas) del virus para que el sistema inmune lo reconozca. Este tipo de tecnología ha sido ampliamente usada para elaborar vacunas pediátricas (tos ferina, el tétanos, la difteria y la meningitis meningocócica) y tienen un bajo costo de producción.

En el último grupo, mientras tanto, se encuentran vacunas como las desarrolladas por Pfizer y Moderna para la covid-19, que solo utilizan material genético del virus. Y, a la vez, implican el uso de una tecnología innovadora, que necesita de temperaturas muy bajas para su conservación.

“La tecnología de ARNm es ya conocida, se había probado con otras enfermedades y para la covid-19 rápidamente se desarrollaron. Pero aún no existe información suficiente de cuanto más te pueda proteger la cuarta dosis y las siguientes [en comparación con vacunas que emplean otras tecnologías]”, dijo Javier Llamoza, investigador de la Asociación Internacional para la Salud (AIS Perú), a OjoPúblico.

Frente a la diversidad de tecnología y los beneficios de la misma, el ministro de Salud de Indonesia, Budi Gunadi Sadikin, destacó en el G20 que “hay muchas plataformas de vacunas que se desean desarrollar bajo la colaboración, incluido ARNm, vector viral, proteína de subunidad adyuvada y vacunas inactivadas”.

Si hay producción local, siempre que venga una pandemia o algún problema sanitario importante, es más fácil responder”, señaló Fernando Lobos.

Las diferencias son reconocibles. “Las vacunas de subunidades son estables a temperatura ambiente. Entonces, no necesitan la cadena de frío de la vacuna ARNm, de menos 80°C. Todo eso te hace entender que pedir esta tecnología [la de subunidades] es bastante más fácil y barato porque, en muchos países, hay gente capaz de producir proteínas recombinantes”, explicó Fabrizio Chiodo.

En efecto, la tecnología de las plataformas vacunales anteriores al ARNm se han replicado en otros países de la región. Argentina y México, por ejemplo, se asociaron con AstraZeneca para producir la vacuna covid-19. Lo mismo ocurrió en Brasil con Sinovac, y en Cuba que, con sus recursos propios y frente al bloqueo económico, desarrollaron cinco proyectos de vacunas para esta enfermedad (Abdala, Soberana 02 y Soberana plus están autorizadas, mientras Soberana 01 y Mambisa están en el proceso).

Aunque parezca más rápido y rentable importar estos productos cuando se necesitan en lugar de fabricarlos, los beneficios de adoptar tecnologías de MTD, explicó Sofía Montenegro, se reflejan a largo plazo, pues dota a los países de capacidad para responder a emergencias futuras. “Existe la posibilidad de enfrentarnos a nuevas pandemias, donde es probable que la consecuencia también sea que los países se hagan cada vez más pobres y tengan menos capacidad para enfrentar nuevos brotes”, advirtió.

Fernando Lobos también recordó que la transferencia de tecnología genera empleo e impuestos que se pagan en territorio nacional. Sin embargo, obtener dichos beneficios requiere de una contribución económica importante. “Son inversiones costosas, procesos productivos costosos, personal calificado que requiere entrenamiento”, detalló.

Por eso, Lobos considera que la única forma de justificar todos esos costos es que dichos proyectos funcionen en condiciones normales, y no solo en emergencias. Una posibilidad es que se utilicen para producir otra vacunas de rutina, como influenza, rotavirus, BCG o cualquier otro antígeno de los calendarios nacionales de inmunización.

“Si hay producción local, siempre que venga una pandemia o una crisis o algún problema sanitario importante, es más fácil responder. Uno no puede pensar en arrancar una planta de producción para la pandemia y, después, apagarla. Porque, cuando uno la vuelve a necesitar, esa planta no funciona”, dijo.

 

Financiamiento y formas de transferencia

No existe un solo modelo para acceder a la transferencia tecnológica. El desarrollo de la mayoría de vacunas se logró a través de las asociaciones de instituciones públicas, como la Universidad de Oxford, con laboratorios, como AstraZeneca. En Latinoamérica hubo países que también recurrieron a este tipo de asociaciones para asegurar la producción de vacunas covid-19.

En Argentina, por ejemplo, el laboratorio Sinergium Biotech se asoció con AstraZeneca y, a la vez, obtuvo una licitación anticipada con el Gobierno que le aseguró el financiamiento para su producción. “Sinergium trabajó con AstraZeneca en un consorcio que era un follow up [seguir paso a paso la guía de fabricación]”, precisó Fernando Lobos, director de negocios del laboratorio argentino. Este consorcio implicó que AstraZeneca les proporcione la información para realizar paso a paso el producto biológico.

Algo similar ocurrió en Brasil, que se asoció con AstraZeneca y Sinovac. Jorge Bermúdez, investigador de la Escuela Nacional de Salud Pública de Brasil y de la Fundación Oswaldo Cruz (FioCruz), explicó que la fundación brasileña realizó un acuerdo de cooperación de transferencia con AstraZeneca y el Instituto Butantan, también de Brasil, con Sinovac, de China. “Los dos produjeron vacunas, tanto así que la población ya está, prácticamente, 80% con dosis de refuerzo”, dijo.

Ahora, tanto Argentina como Brasil han sido seleccionados por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) para acceder a una programa de transferencia de tecnología ARNm. Fernando Lobos, quien representa a uno de los laboratorios seleccionados, explicó que esta plataforma no es de propiedad de ningún país.

“Inicialmente se pensó en copiar la vacuna de Moderna o la de Pfizer, pero finalmente la Organización Mundial de la Salud y Medicine Patent Pool (MPP) decidieron hacer un desarrollo propio con el conocimiento que existe en universidades y científicos alrededor del mundo. Eso es lo que nos van a transferir”, detalló.

En el ámbito de covid-19, dentro de Latinoamérica, no se dio mucha innovación pura”, afirmó María Elena Botazzi.

Al respecto, Jorge Bermúdez enfatizó que los grandes productores no participan de estos programas, porque no quieren transferir sus tecnologías. “Ellos quieren mantener su monopolio, cobrar sus precios, esperar que la pandemia continúe necesitando vacunas y, en ese sentido, hay una disputa entre la solidaridad y el apartheid de vacunas”, dijo.

La negativa a liberar la propiedad intelectual se evidencia en los problemas en torno a las patentes, como el que está ocurriendo entre Moderna y Pfizer. El 26 de agosto se dio a conocer que el laboratorio Moderna ha presentado una demanda contra Pfizer y a su socio BioNTech por utilizar la tecnología de ARNm sin solicitar permiso. De acuerdo con la multinacional Moderna, la compañía había empezado a desarrollar esa tecnología en 2010 y a probarla en humanos en 2015.

Jorge Bermúdez destacó que la pelea por la propiedad intelectual no es nueva en el campo de la salud. “La industria, apoyada por sus países, quieren el comercio, sus lucros y sus monopolios. Por eso, lo principal es tratar de quebrar esos monopolios y transformar eso en iniciativas que sean de salud y no de comercio. Es difícil, es una lucha que viene hace 30 años”, contó.

En este sentido, los especialistas destacan la necesidad de que el acceso a estas tecnologías sea global. Para eso, los gobiernos desarrollan estrategias de inversión en tecnología de producción local sin intervenir directamente en el mercado. Tal es el caso de Argentina, país en el que el laboratorio mAbxience adquirió la transferencia de tecnología para producir la fórmula de la vacuna AstraZeneca.

Fernando Lobos, representante de Sinergium Biotech, explicó a OjoPúblico que: “la empresa hermana nuestra, mAbxience, ha fabricado la vacuna para Argentina y Latinoamérica. Creo que ha sido la única vacuna que se ha fabricado localmente y el resto se ha importado, porque fue el mejor esquema que el gobierno consiguió en ese momento”.

En Perú, falta una política industrial clara donde el Ministerio de Salud y el privado incentiven el desarrollo tecnológico ”, según Javier Llamoza.

En base a dicha experiencia, Fernando Lobos afirmó que el mejor esquema es uno mixto, pues el país puede elegir qué importar y producir en función de su plan nacional de vacunación. “En algunas vacunas tiene sentido comprar localmente y favorecer el desarrollo de la tecnología en el país, y hay otras en que no tiene sentido y directamente se importan”, aclaró.

Un ejemplo de este esquema mixto se encuentra en la India. Allí, de acuerdo con María Elena Botazzi, se recurrió a tres tipos de estrategias. La primera fue una licencia con el Texas Children’s Hospital para que les faciliten reportes y reactivos, mientras el laboratorio Biological E. se encargaba de fabricar la vacuna CorbeVax. En segundo lugar, el mismo laboratorio usó el modelo de producir paso a paso la vacuna de Johnson & Johnson. Y, por último, Biological E. ha entrado en una colaboración a largo plazo para fabricar productos basados en ARNm.

“Yo creo que ese es uno de los modelos más completos de cómo un productor privado en la India jugó en el ámbito de acceso a la salud pública con subsidios del gobierno, con colaboraciones académicas y con crear productos autóctonos. Al mismo tiempo, siguieron un modelo tradicional de multinacional y continuaron con la parte de aprendizaje y crear nueva capacidad”, indicó Botazzi.

 

Unir recursos para no replicar esfuerzos

El escenario en el que cada país pueda crear y producir VTD de manera masiva no es realista ni el más recomendable para América Latina, según los especialistas consultados por OjoPúblico. María Elena Botazzi señaló que lo mejor es crear asociaciones regionales. La especialista agregó que una estrategia de este tipo, en Centroamérica, sería que algunos países se encarguen de la investigación y desarrollo académico, otros de salud pública y vigilancia, otros de producir insumos y reactivos y, finalmente, otras naciones que puedan tener la fábrica. “Eventualmente se crea una capacidad que sea mayoritariamente regional”, indicó.

En esa línea, Fernando Lobos afirmó que esta diversificación de las tareas también responde a las capacidades y demandas de cada nación. “Hay algunos países que son grandes, como Brasil, Colombia, México y Argentina, en los que se justifica tener una inversión de este tipo funcionando; y hay otros países, que son más pequeños, en los que, a lo mejor, no tiene sentido”, dijo. Por eso, en su opinión, se deben buscar asociaciones con países que, ante un escenario de pandemia, puedan abastecer a toda la región.

Maria Elena Botazzi consideró también que cada país de Sudamérica tiene que buscar cómo apoyar a estas iniciativas, ya sea tecnológicamente, con inversiones o regulación. Jorge Bermúedez, por su parte, sostuvo que una forma de participar es que los gobiernos de países con bajas capacidades de producción se alíen con laboratorios de producción masiva de otras naciones, y adquieran ahí los recursos biológicos.

Finalmente, Sofía Montenegro mencionó la importancia de que el intercambio se realice pensando en una visión regional y que garantice que los VTD puedan distribuirse a los países productores y no productores. “Tiene que haber una mirada estratégica y regional y combatir las tendencias nacionalistas de que cada país busque sus su propio beneficio, en lugar de pensar cómo podemos fortalecer instancias regionales”, alertó.

No se trata solo de prevención o generar conocimiento, sino de una situación donde estamos decidiendo entre la vida y la muerte”, remarcó Sofía Montenegro.

Estas coordinaciones son necesarias también para evitar que los esfuerzos y las inversiones se dupliquen en vano. Un aspecto al que también hicieron referencia los representantes de las naciones del G20. “Los 100 días iniciales de esta respuesta de emergencia cubrieron la necesidad de evitar la duplicación de trabajo, a través de una coordinación efectiva”, dijo Rizka Andalusia, directora general de Farmacia y Dispositivos Médicos en el Ministerio de Salud de Indonesia.

Esta necesaria coordinación incluye a Perú, país que contaba con la capacidad de producir vacunas hasta los años 80. “No se llegó a invertir para que el laboratorio haga convenios con otros países, no se superó la valla de cumplir con las buenas prácticas de manufacturas, y lo cerraron”, contó Javier Llamoza, especialista en acceso a medicamentos.

Aunque el país participó en la convocatoria de la OPS para acceder a la transferencia de tecnología ARNm, no fue seleccionado, puesto que no cuenta con el mismo desarrollo y ejercicio de producción que Argentina y Brasil. “Hasta ahora no hay nada concreto para fabricar vacunas o para una planta de vacunas. En un momento, el presidente de la República dijo que íbamos a tener una planta de vacunas. También lo dijo el ministro de Salud, pero en realidad no se ha concretado”, explicó.

De acuerdo con Llamoza, en el país falta una política industrial clara, donde el Ministerio de Salud y el privado se sienten y hagan un plan que incentive el desarrollo tecnológico y la industrialización. Además, coincide en la necesidad de empezar a pensar en alianzas regionales. “Necesitamos tener una mirada más regional, tener una planta que pueda fabricar y suministrar las vacunas para la región. No necesitamos tener plantas en todos los países”, precisó.