CAMINO DE RETORNO. Lima fue la región de donde salieron la mayor cantidad de migrantes.

Migrar para sobrevivir: en pandemia 250.000 peruanos retornaron a zonas rurales de origen

Migrar para sobrevivir: en pandemia 250.000 peruanos retornaron a zonas rurales de origen

CAMINO DE RETORNO. Lima fue la región de donde salieron la mayor cantidad de migrantes.

Fotos: OjoPúblico / Diego Ramos

Entre marzo y diciembre de 2020, aproximadamente 248.311 peruanos regresaron de las ciudades donde residían antes de la pandemia hacia sus áreas rurales de origen. Una encuesta realizada a alrededor de 4.000 de los retornantes, además, señala que 7% de estos viajaron a pie. El análisis realizado por un equipo de investigadores de Grade señala que este es el primer proceso migratorio de retorno masivo de la historia del Perú. Mientras el conflicto armado interno desplazó a alrededor 600.000 personas del campo a la ciudad en dos décadas, la Covid-19 hizo que casi un cuarto de millón de peruanos hagan el trayecto inverso. Investigadores recomiendan analizar el impacto en los lugares de acogida, así como el cambio en las dinámicas económicas y culturales.

12 Diciembre, 2021

 

En setiembre de 2020, el chofer de maquinarias Isaías Mashigkash —un joven awajún de 35 años— llevaba casi medio año desempleado. Para entonces, apenas lograba mantener a sus tres hijas y a su esposa con las donaciones de víveres y dinero de sus exempleadores, vecinos y sus paisanos awajún. 

La pandemia lo había dejado sin un sueldo estable y ya no podía costear las dos habitaciones que alquilaba para su familia en Huachipa, una localidad ubicada en el distrito limeño de Lurigancho-Chosica. Entonces, los Mashigkash fueron a parar a otro rincón de Huachipa, en una pequeña casa de paredes de triplay y techos de cartón, que el propio Isaías construyó en un terreno que le cedieron de manera momentánea, con algunos materiales también donados. 

―Cada vez más gente fallecía por el Covid, y nos asustamos mucho. Además, nuestra situación económica seguía empeorando. No teníamos plata, pero yo criaba pollos. Con eso, ese setiembre hicimos una pollada para comprar los pasajes de vuelta ―cuenta el padre awajún, ahora instalado en su tierra natal, en la provincia de Condorcanqui, de la región Amazonas. 

Ese camino de regreso, desde la ciudad a su zona rural de origen, es el que siguieron más o menos 248.311 peruanos entre marzo y diciembre de 2020, según estima una investigación del Grupo de Análisis para el Desarrollo (Grade), realizada por encargo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). “Covid-19 y las migraciones de la ciudad al campo en el Perú: identificación de amenazas y oportunidades para el uso sostenible del capital natural” es el primer análisis que se hace a gran escala sobre el fenómeno migratorio provocado por la pandemia en Perú. “Nos hemos concentrado en tratar de identificar a las personas que han retornado desde las zonas urbanas a sus lugares de origen en zonas rurales. No son todos los migrantes, sino este tipo en específico”, explica Ricardo Fort, economista e investigador principal de Grade, que formó parte del proyecto.

El estudio no se limitó a cuantificar a los retornantes: también logró reconocer las rutas por la que se desplazaron, identificar a las regiones y provincias que más migrantes acogieron (hotspots) y entender la situación de estas personas —sus necesidades, sus apuros económicos, los conflictos sociales a su retorno—. Así, la investigación estimó el impacto de este movimiento interno en la presión sobre los recursos naturales y las posibilidades de desarrollo de las áreas rurales, a partir de los aportes de estos migrantes. 

Los principales hotspots, es decir las áreas que más migrantes recibieron, fueron 30 provincias rurales de 16 regiones, que acogieron 115.532 potenciales retornantes, de acuerdo con la estimación. Es decir, el 36% del total. Entre algunas de estas provincias se encuentran Cutervo y Chota (Cajamarca), Ayabaca y Morropón (Piura) o Chumbivilcas y Quispicanchi (Cusco). 

Mientras el conflicto armado interno desplazó a alrededor 600.000 personas del campo a la ciudad en dos décadas, la Covid-19 hizo que casi un cuarto de millón de peruanos hagan el trayecto inverso ―de la ciudad al campo― en menos de un año. Una velocidad y tamaño nunca antes visto en una migración dentro del país. 

Visualización: Gianfranco Rossi / Análisis de datos: Grade

 

Para Teófilo Altamirano, antropólogo especialista en procesos migratorios, este desplazamiento acelerado tiene que ver con un cambio en la valoración de la ciudad. “La imagen positiva que había de la ciudad, como un lugar de oportunidades, se ha ido tornando en algo negativo y eso se ha notado en la pandemia ¿Dónde llega el migrante pobre, el campesino? A los cerros, a la arena, a carecer de servicios básicos, a incorporarse a una economía informal ―explica―. Hasta después de los 80 los migrantes sí han tenido la oportunidad de tener más éxito o beneficios, en lugar de costos. Pero en esta última década el migrante ya no encuentra eso”. 

Mientras que para la socióloga Tania Vásquez, quien ha analizado el fenómeno de los retornantes durante la pandemia, la hostilidad de las ciudades con los migrantes se evidencia, por ejemplo, en la falta de acceso a la vivienda. “Antes, la práctica de posesión o invasión de terrenos se sostenía con cierta normalidad, pero ahora es muy peligroso con las mafias de ventas de terrenos. Hay condiciones que hacen todo mucho más difícil”, remarca.

Fueron 30 provincias rurales de 16 regiones las que acogieron a 115.532 potenciales retornantes".

Isaías Mashigkash llevaba seis años tratando de afincarse en la capital. Llegó en busca de un trabajo que le diera el dinero que no podía ganar en Santa María de Nieva, su comunidad amazónica. Antes del inicio de la pandemia ganaba S/ 1.400. “Un buen sueldo” en palabras del joven awajún. Ahora, de regreso en su pueblo, ha empezado desde cero. Primero se ganó el día a día como mototaxista y, hace un par de meses, consiguió un puesto como inspector de tránsito. 

―Ya no vuelvo a Lima, me quedo aquí. Si me voy de nuevo a la ciudad, no voy a tener a nadie, como antes. Solo me falta capital para armar un galpón de pollos. Haciendo eso podría ganar bien. Podría capacitar a mis paisanos para que sepan que aquí sí se puede trabajar, solo que hace falta iniciativa ―dice.

 

¿Quiénes son los retornantes?

Ruby Chuquirima, una joven piurana de 28 años, solo logró resistir el desempleo cuatro meses. Cuando comenzó la pandemia estaba en Chiclayo. Allí se ganaba la vida como vendedora en una tienda de zapatos. Tenía siete años viviendo en aquella ciudad del norte peruano. Había llegado desde el distrito de Suyo, en la provincia de Ayabaca, para estudiar; pero solo pudo avanzar hasta el cuarto ciclo de Contabilidad. Luego, se puso a trabajar en lo que pudo. Hasta antes de la Covid-19 ganaba lo justo para llevar una vida modesta.

―Me quedé sin trabajo. Ya no podía seguir pagando el alquiler de mi cuarto. Por eso, me volví a Ayabaca, con mis papás ―cuenta Ruby, quien, después de trabajar algunos meses en su tierra de origen, está de nuevo desempleada. 

Por el momento, la joven depende económicamente de sus padres. Aunque ya lleva más de un año en Suyo, dice que está pensando partir pronto porque allí “no hay muchas oportunidades de trabajo”. No descarta la oportunidad de mudarse a una ciudad distinta esta vez. Quizá la misma Piura o incluso Lima. 

―Si estoy bien es por el apoyo que tengo aquí, pero tampoco siento que sea mejor que vivir en Chiclayo ―cuenta la mujer. 

Para lograr calcular la cantidad y la dinámica de movilización que tuvieron miles de peruanos como Ruby o Isaías, los investigadores del proyecto, Ricardo Fort, Mauricio Espinoza y Álvaro Espinoza, recogieron información de diversas fuentes. Por ejemplo, registros de los Gobiernos Regionales y Municipios sobre transferencias humanitarias y solicitudes formales de traslado, así como otras bases de datos oficiales con información complementaria. Estos datos los cruzaron con la del Censo de Población y Vivienda de 2017, para conseguir una primera aproximación del universo de retornantes. 

Asimismo, el equipo de investigación tomó en cuenta que los potenciales migrantes debían cumplir cuatro condiciones al mismo tiempo: haber nacido en un distrito rural y vivir en otro distrito para 2017, que ese distrito donde vivieran fuera urbano, haber migrado de un distrito rural en los cinco años previos al censo, y que en dicho año residieran en una vivienda alquilada en el lugar de migración. 

Retorno 3MUJERES. Según la encuesta de la investigación, alrededor del 45% de los retornantes eran mujeres. La edad media de los migrantes eran 30,4 años.
Foto: OjoPúblico / Diego Ramos

 

“Para eso sirvió el censo, porque allí puedes encontrar esa información: qué personas vivían en las ciudades peruanas, pero que habían migrado hasta allí desde zonas rurales en los últimos cinco años. Es gente que vivía en una situación precaria”, explica Ricardo Fort. 

Sobre la base de ese método, los investigadores identificaron los hotspots: 30 provincias en 16 regiones que habían recibido la mayor cantidad de retornantes. Luego, seleccionaron una muestra de retornantes dentro de los hotspots: 15 provincias de siete departamentos representativos. Y otras cuatro provincias de la selva donde el BID tiene operaciones en marcha. Al final, las regiones seleccionadas para la muestra fueron: Piura, Cajamarca, Junín, Huancavelica, Puno, Cusco, San Martín, Loreto, Madre de Dios y Ucayali. 

“Nuestra intención fue abarcar la mayoría de dominios geográficos del Perú: la costa, la sierra y la selva. Al final cubrimos la mitad de provincias: 15 de las 30 [identificadas como] hotspots. Es una muestra super amplia, para tener variedad”, cuenta Mauricio Espinoza, economista que integró el equipo de investigación. 

Esta muestra fue de 3.033 hogares de retornantes, de 19 provincias y 10 regiones, a quienes se les hizo una encuesta con distintas preguntas para conocer mejor sus características y su situación económica, laboral y familiar. En total, se recabó información de 4.040 migrantes. 

Fue así que descubrieron que, mientras el país enfrentaba las medidas más estrictas de confinamiento, entre marzo y mayo de 2020, la mayor cantidad de retornantes de la muestra llegó a sus destinos. Luego, el flujo migratorio fue disminuyendo poco a poco. En promedio casi la mitad (45%) de los retornantes eran mujeres. Su edad promedio era de 30,4 años (en general, tenían entre 18 y 35 años en la mayoría de las regiones), y llevaban viviendo más o menos cuatro años y medio en los distritos urbanos. Asimismo, tres de cada cuatro encuestados habían migrado a las ciudades después de 2012. En otras palabras, era gente joven, que aún no terminaban de asentarse del todo en las ciudades.

“Hay ciertas zonas, por ejemplo Cutervo, en Cajamarca, que ha expulsado a mucha gente en los últimos cinco años. Pero la gente llega a las ciudades en condiciones precarias, viven en cuartos alquilados y tienen trabajos informales. Toda esa gente se iba a quedar sin dinero durante la cuarentena e iba a terminar volviendo. Justo eso es lo que hemos encontrado”, explica Mauricio Espinoza.

Otro de los hallazgos que destaca en la muestra son los motivos de salida y llegada de los retornantes encuestados. La falta de recursos fue la principal razón (55%), seguida por el temor al contagio de la Covid-19 (38%). Del otro lado, el destino escogido estuvo determinado, principalmente, por el lugar de nacimiento o fuertes lazos familiares (93%). Además, solo 2% sintió alguna forma grave de rechazo a su llegada al lugar. 

La falta de recursos y el temor al contagio de la Covid-19 fueron las principales causas del retorno".

“Muchos migrantes están en las ciudades, pero de manera precaria, y apenas hay un problema se deben regresar, lo cual quiere decir que las ciudades grandes no recibe muy bien a la gente”, dice Álvaro Espinoza, economista e investigador del proyecto. “En general, la estructura económica del Perú gira en torno a Lima y otras ciudades de la costa, y eso genera que haya menos oportunidades de desarrollo para el resto del país. En el largo plazo se necesita revertir eso, fortalecer las ciudades intermedias”. 

Retorno 4ESCAPAR DE LA CRISIS. Según la encuesta de Grade, realizada más de 3.000 retornantes, alrededor del 7% volvió a pie a sus regiones.
Foto: OjoPúblico / Matt Apolinario

 

También es importante recalcar que el desplazamiento no solo se dio de una región a otra, sino dentro de una misma región. “Lima, como siempre, tuvo un montón de salidas, es lo que veíamos en las noticias. Pero en otras zonas hubo mucha migración interna [dentro de la región] desde las ciudades al campo. Eso lo hemos visto en Cusco y otras zonas donde se cerró el turismo, los restaurantes [actividades de las cuales dependían de manera crucial]. Los más jóvenes, que habían salido, volvieron al campo”, explica Fort. 

Cusco, Puno y Ucayali fueron las otras regiones con mayor cantidad de migración intrarregional (tasas superiores al 60%) identificadas en la encuesta. Por el contrario, la regiones de Huancavelica, Cajamarca y San Martín fueron las que tuvieron menor cantidad de traslados de este tipo (tasas menores al 15%). 

Para movilizarse, la mayoría de los migrantes utilizaron recursos propios: el 83% en el caso de los traslados interregionales y el 96%, en los intrarregionales. En cambio, solo entre el 2% y el 12% recibió apoyo del gobierno. 

“Hay una idea que no hemos explorado: que los que han retornado no son los más pobres. Tal vez los caminantes, pero no tantos caminaron. Entonces, posiblemente haya gente muy pobre, que ni siquiera podía volver [en esos meses]. Ellos se quedaron en las ciudades y no sabemos cómo habrán vuelto, si es que en algún momento lo hicieron”, dice Álvaro Espinoza.

Viñeta Migración

 

El futuro desconocido

 

En abril de 2020, Elizabeth Flores, una vendedora de frutas de 54 años, caminó varios kilómetros y durmió a la intemperie en la Carretera Central para regresar a su natal Huánuco. Sin embargo, luego de tres meses en esa ciudad, decidió volver a Lima junto a uno de sus hijos: no conseguían trabajo y no tenían cómo mantenerse. Madre e hijo viajaron a la capital escondidos en un camión de papas.

―Mi necesidad me obligó a volver a Lima. Ahora he vuelto a vender fresas, mangos y mandarinas en mi carretilla. Pero ha bajado el negocio, ya no es como antes. Hay mucha necesidad, de mucha gente. Ahora ha aumentado cualquier cantidad la [cantidad de] gente que trabaja independientemente ―cuenta la matriarca Flores al teléfono desde Huánuco, a dónde ha ido de visita por unos días. 

Si bien la vendedora de frutas y uno de sus hijos volvieron al distrito capitalino de El Agustino, la otra mitad de su familias se quedó allá. Entre ellas, su hija menor, que estudia Derecho en la Universidad de Huánuco. 

―Pero mi hijita ahora mismo no estudia. Está debiendo la pensión de cuatro meses, como no podemos pagar. Trabaja cuidando a mi sobrina. Ahí gana algo, al menos. Ojalá todo mejore ―dice Elizabeth Flores. 

Entre diciembre de 2020 y enero de 2021, al momento de la encuesta de Grade, 34% de los retornantes reportaba una situación económica precaria (gastaban sus ahorros o se endeudaban) y el 18%, una situación de inseguridad alimentaria (no siempre comían lo suficiente). Sin embargo, las expectativas económicas de los retornantes eran bastante optimistas: el 77% indicó que esperaban que la situación económica de su hogar mejore en los siguientes seis meses. 

De acuerdo con la investigación, este optimismo está relacionado con la expectativa de la migración futura. “La mitad de ellos se quiere quedar, la otra mitad quiere volver”, detalla Mauricio Espinoza. 

Este posible aumento de población en las zonas rurales podría traer una serie de impactos sociales y ambientales que aún están por descubrirse. De acuerdo al antropólogo especialista en procesos migratorios, Teófilo Altamirano, podríamos entrar a un nuevo proceso de urbanización de los espacios rurales. "Los migrantes llevan el pensamiento urbano, otra concepción del tiempo, del espacio. Ese podría ser uno de los efectos, pero hay que esperar para ver qué ocurre en realidad”, dice. 

Retorno 5

CAPITAL. Lima fue la región desde donde salieron más migrantes. EL 29% de los retornantes salieron de allí. 
Foto: OjoPúblico / Matt Apolinario

 

Sobre el nivel educativo de los retornantes, la encuesta de Grade arrojó que el 73% de los migrantes mayores de edad completaron la secundaria y el 36% tenían estudios superiores o lograron graduarse. 

“Hay que estar atentos a lo que puede pasar. Ha llegado gente joven a las zonas rurales, con algo de ahorros y con otro tipo de conocimiento e ideas”, recuerda el investigador del equipo, Álvaro Espinoza. “Pero creemos que esto es lo que se necesita replicar en el futuro, la movilización a otras partes del Perú, otros lugares que atraigan gente, no solo Lima o la costa norte”. 

La socióloga Tania Vásquez contempla con más precaución esta probable dinámica: “es posible que las familias estén pensando quedarse en estos lugares a los que han retornado con nuevos conocimientos, con nuevas habilidades e ideas de poder sostener su economía y sus formas de subsistencia”, dice la especialista. “Pero yo no vería pertinente que un proceso de esa forma se asiente aquí, a pesar de que ha ocurrido, pues las condiciones de desarrollo socioeconómico regionalizado no han variado con la pandemia. Mi primera impresión sería que va a haber un re-retorno. Si hubo un traslado a espacios rurales es posible que lo haya de nuevo hacia las ciudades grandes”. 

Según la socióloga, lo que sí podría ser más “observable” es un proceso de articulación entre espacios rurales y ciudades pequeñas y ciudades intermedias, que son centros urbanos de una jerarquía menor. 

El 73% de los migrantes mayores de edad completaron la secundaria y el 36% tenían estudios superiores".

Por otro lado, también se debe prestar atención a los posibles impactos negativos de este aumento de población de las zonas rurales. Uno de los ejes del estudio de Grade fue anticipar los riesgos de impacto ambiental y hacer recomendaciones al respecto. 

Para ello, clasificaron los distritos que habían recibido más retornantes en dos categorías: distritos sin riesgo ambiental y distritos con riesgo ambiental. Los primeros son aquellos donde se puede potenciar las actividades agropecuarias sin riesgos de afectar el entorno, mientras que los segundos son lugares con presencia de actividades agrícolas, deforestación y cultivo de hoja de coca, actividades que podrían intensificarse con la presencia de más personas. 

Gracias a la información geoespacializada se identificó que las zonas con altos riesgos de impacto ambiental son: la sierra de Piura, la zona central de San Martín, el eje Huánuco-Pucallpa-Tocache, la selva central entre Chanchamayo y Satipo, las zonas aledañas al lago Titicaca y la zona de la Convención y sus alrededores.

En las zonas de bajo riesgo ambiental, los investigadores recomiendan que el Estado intervenga impulsando la actividad agropecuaria (a través de asistencia técnica, créditos, inversión en tecnología y riesgo), con el fin de atraer a más personas jóvenes y con educación a estos territorios. 

En cambio, en las zonas de alto riesgo, se recomienda, por ejemplo, implementar nuevas prácticas y técnicas agrícolas que disminuyan los riesgos de erosión y reducción de nutrientes. También promover otras actividades no agrícolas como la acuicultura, el turismo y la construcción.