FÉRETROS. Tras ser identificados y reordenados, los restos fueron entregados para su descanso final.

El idioma de los huesos: las víctimas de Pujas regresan después de tres décadas

FÉRETROS. Tras ser identificados y reordenados, los restos fueron entregados para su descanso final.

Fotos: Musuk Nolte.

[GALERÍA] Un viaje a las profundidades de Ayacucho da pie a un ensayo fotográfico sobrecogedor acerca de la espera de justicia, el duelo interminable y la agenda pendiente para la reconciliación.

4 Febrero, 2020

Al llegar al pueblo de San Francisco de Pujas, en las profundidades de Vilcashuamán, Ayacucho, lo primero que uno observa es la complejidad de la geografía, los cerros ocultos por la neblina, el rio abajo que discurre en silencio. Con algo más de tiempo se advierten rastros de un drama que empezó un día de mayo de 1983: el secuestro de más de veinte personas y la posterior ejecución extrajudicial de varias de ellas, víctimas de dos bandos en guerra.

Ese día, un grupo de senderistas llego a reclutar forzosamente a 26 vecinos de Pujas, en su mayoría jóvenes, quienes fueron llevados durante tres días al encuentro de otro contingente subversivo. En el camino, se produjo un enfrentamiento entre los terroristas y fuerzas combinadas del Ejército y la Policia, que habían sido alertadas del movimiento. 

Se sabe que 18 personas sobrevivieron a ese fuego cruzado y que luego fueron interrogadas por las fuerzas del Estado. Más tarde fueron obligadas a cavar una fosa en el cementerio de Rio Blanco, donde las ejecutaron y sepultaron. 

En el año 2008 fueron exhumados 25 cuerpos relacionados al caso. Parecía que la paz llegaba a los deudos, pero una serie de complicaciones los mantuvo en vilo, mientras expertos y autoridades coordinaban sin urgencia la identificación plena de los restos. Los nichos que se prepararon en el 2009 tendrían que permanecer vacíos una década más.

Parte de la espera concluyó el jueves último, cuando representantes del Ministerio Publico y del Equipo Forense Especial que investigó el caso realizaron el armado de los cuerpos en presencia de los familiares, con el fin de proceder a su restitución. 

Casi cuatro décadas después de perder a hermanos, hijos o padres, varias familias de Pujas podían observar como sus restos iban tomando forma en el ataúd, como un rito necesario para cerrar el ciclo del duelo.

Aun quedan muchos casos pendientes por investigar. Pero la entrega del caso Rio Blanco- obtenida con el apoyo legal de la Comisión de Derechos Humanos (Comisedh)- reivindica la espera de las familias, en uno de los casos más largos que ha conocido la justicia peruana. 

He querido aportar a esta historia con un testimonio visual que ponga rostro a la estadística de los más de 15.000 desaparecidos que dejo el conflicto armado interno; que nos ayude a imaginar la densidad del duelo, como en esa manta oscura que viste a los familiares; y lo que los mantiene en vigilia, como la ansiedad de recibir justicia y la complejidad de una búsqueda de reconciliación.

 

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ENTREGA. La restitución de los restos de 14 personas se realizó del 28 al 30 de enero del 2020. 

 

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PUJAS. La tragedia ocurrió en 1983, el peor año de la época de violencia política en Ayacucho.

 

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ESPERA. Casi cuarenta años pasaron desde que el grupo terrorista Sendero Luminoso secuestró a las víctimas desde casas como esta.

 

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CONTRASTE. El paisaje natural da señales de la cruda historia de los vecinos de Pujas.

 

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DEUDOS. Madre y hermanos  de Apolinario Pizarro Zárate se reúnen en el local comunal para la ceremonia de restitución.

 

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PARENTESCO. Pío Pizarro Zárate (Izq.), hermano de Apolinario Pizarro Zárate, una de las víctimas. 

 

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RESTOS. Familiares de Arquímides Rúa Gamboa, durante el armado de los restos óseos por parte del Ministerio Público.

 

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LAZOS. Diógenes Palomino, durante el velorio de su hermano Antonio, espera la hora del entierro.

 

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RESPETO. La entrega se realizó en un ambiente del local municipal, donde llevaron féretros y prendas recuperadas en la exhumación.

 

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OFRENDA. Numerosos arreglos acompañaron el velorio y la romería al cementerio.

 

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RECUERDO. Malila Palomino tenia 3 años cuando su padre, Antonio Palomino, fue asesinado.

 

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CONGOJA. El proceso tuvo una demora excesiva, a la que sumó una década más para la identificación de los restos.

 

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HISTORIA. El caso de Pujas es parte de la estadística de los más de 15 mil desaparecidos que dejó el conflicto armado interno.

 

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AFECTADOS. Oswaldo Palomino junto a la foto de su hijo, quien tenia 15 años cuando fue secuestrado por Sendero. Su esposa no pudo asistir al velorio, porque ya no puede caminar. 

 

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ENSAÑAMIENTO. Luego de ser llevado forzosamente por Sendero Luminoso, la casa de Antonio Espinoza fue incendiada.

 

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TERCERA EDAD. Muchos de los pobladores, ancianos en su mayoría, fueron llevados en un auto que acompañó la procesión hasta el cementerio de Pujas.

 

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CLAROSCUROS. Este portafolio intenta mostrar la densidad del duelo y la ansiedad por la justicia largamente esperada.

 

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ALTURA. San Francisco de Pujas está ubicado en la provincia de Vilcashuamán, Ayacucho, a más de 3.400 msnm.

 

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ROMERÍA. Todo el pueblo acompañó a las víctimas con música de arpa y violín en el trayecto al cementerio.

 

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AISLAMIENTO. La ubicación del pueblo dificultó el acceso a la justicia por muchos años.