Un duelo de 25 años en Huaychao

En marzo de 1992, una columna terrorista de Sendero Luminoso asesinó a 13 personas en una comunidad de Uchuraccay (Ayacucho). Hace dos meses, el Ministerio Público exhumó, identificó y entregó los restos a sus familiares: unas de las víctimas apenas tenía 15 años.

21 Agosto, 2019

Fotografías: Alejandro Olazo Millán

 

Luego de un par de horas, una señal escapó de la tierra. Los hermanos Walter, Eladio y William Huaylla Quispe lucían aliviados. “Por fin lo encontraron”, recuerda Aldo Lara, miembro del Equipo Forense Especializado (EFE), una unidad del Instituto de Medicina Legal (IML), adscrita a la fiscalía. Aquella tumba, improvisada en el terror de los años '90, aun conservaba jirones de ropa y una vasija que el padre de los Huaylla dejó en el cementerio antiguo de Huaychao (Ayacucho).

 

“Durante el proceso de exhumación vimos que los restos encontrados coincidían con la información previa que se recolectó durante la investigación”, dice el arqueólogo forense. Exhumaron los restos y los llevaron al laboratorio ubicado en Huamanga para confirmar la identificación. Era Guillermo. La familia Huaylla por fin podría cumplir con el deseo de velar a uno de los suyos.

 

 

DILIGENCIA. Entre el 23 y 26 de abril de 2019, el Equipo Forense Especializado (EFE) realizó la última diligencia programada para el Caso Huaychao que estuvo a cargo de Wilfredo Arango, fiscal adjunto de la Primera Fiscalía Penal Supraprovincial de Ayacucho. Recorrieron varios centros poblados a más de 3.700 metros de altitud, en el distrito de Uchuraccay (Huanta). 

De las 13 víctimas enterradas en varias comunidades de Uchuraccay, tres ya habían sido identificados y restituidos a sus familiares. Entre los cuerpos que faltaban recuperar, se encontraron los restos de Guillermo Huaylla y de otras seis personas más.

 

 

HACE CASI 30 AÑOS. Durante el amanecer del 7 de marzo de 1992, una columna de Sendero Luminoso conformada por casi 50 hombres y mujeres que llevaban armas de fuego, machetes y cuchillos, sorprendió a la comunidad de Huaychao en la que vivían Martín Huaylla junto a su familia y otras 40 personas. Muchos eran refugiados que habían llegado de diferentes comunidades de Uchuraccay, también en Ayacucho.

Aquella noche, los senderistas ingresaron a sus casas, los rodearon, interrogaron y luego, asesinaron a 13 personas. Veintisiete años después, los hermanos Huaylla–sobrevivientes de la matanza terrorista– visitaron el viejo cementerio de Huaychao en donde estaba enterrado su hermano.

 

 

PADRE E HIJO. Un día antes del ataque terrorista de 1992, Martín Huaylla y su hijo William fueron elegidos para ser vigías durante la noche, pero ambos se quedaron dormidos. Despertaron alertados por el alboroto y los gritos. Martín sabía lo que esos ruidos significaban. Él y su hijo escaparon.

“Los senderistas habían rodeado a la población refugiada en Huaychao (...) Me había quedado dormido y cuando amaneció escuché un alboroto, no pudimos hacer nada y con mi hijo decidimos escapar” cuenta el padre. El resto de su familia, su esposa Feliciana Quispe y sus otros seis hijos, Eladio, Guillermo, Walter, Delia, Juan Marco y Bertha, se quedaron en la choza improvisada que habían construido para cuidarse del frío.

La familia Huaylla decidió separarse. Guillermo y Eladio corrieron por el lado opuesto para no ser atrapados, pero tomaron el camino equivocado: los senderistas los descubrieron. Una bala hirió gravemente a Guillermo en la pierna derecha, su hermano trató de ayudarlo pero otra bala le impactó. Momentos después, Guillermo fue alcanzado por un senderista que le disparó en la cabeza y le quitó la vida. Eladio continuó la huida.

 

 

INVESTIGACIÓN. El arqueólogo forense Aldo Lara, miembro del EFE, que participó en la exhumación, cuenta que este caso surgió por la denuncia de un familiar en el 2012. El EFE –conformado por 15 personas entre antropólogos y arqueólogos forenses fotógrafos, odontólogos, miembros de logística, archivo y secretaría– inició entonces la investigación.

 

 

BÚSQUEDA. Durante la exhumación, Eladio, William y Walter, se turnaron para excavar el área delimitada por el arqueólogo forense. En uno de esos espacios debería de estar el cuerpo de Guillermo, su hermano de 15 años asesinado en 1992. Casi una hora después, Lara interviene. “Hay que tener mucho cuidado con la excavación, solo hasta cierta parte se puede usar la pala, luego, uno tiene que excavar con delicadeza”, dice.

 

 

DUELO. El 27 de junio de este año, en la catedral de Huamanga, el Ministerio Público realizó la entrega de 64 restos a los familiares de las víctimas asesinadas durante el periodo de violencia registrado entre 1980 y 2000. Entre ellos, estaban los restos de Guillermo Huaylla. Veintisiete años después de su asesinato, la familia podrá enterrar y velar al hijo que perdió la vida con solo 15 años.

 

 

REGRESO A CASA. La ceremonia en la catedral de Huamanga duró casi tres horas. Al finalizar, los hermanos Huaylla cargaron el osario de Guillermo y lo llevaron a Ccochaccocha, su tierra natal, una comunidad a 40 minutos a pie de Ucchuraccay y donde viven sus padres Martín y Feliciana. Casi 30 años después, la familia Huaylla finalmente pudo despedirse Guillermo. 

 

 

PRESUPUESTO. En diciembre del año pasado, mediante una resolución de la Fiscalía de la Nación, se creó la Unidad Ejecutora 010: Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses (IML). Dicha entidad ahora tiene autonomía administrativa y financiera con un presupuesto de S/10 millones.

El Equipo Forense Especializado (EFE), encabezado por Luis Rueda Curimania y adscrito al IML, realiza la exhumación de 120 restos en promedio cada año gracias a las labores de investigación e identificación. La nueva Unidad Ejecutora ayudará a acelerar la búsqueda y restitución de más de 13 mil desaparecidos por el conflicto interno, cifra procedente de la última nómina elaborada por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos.