Opinión09 Jul 2015

El simulacro del Perú en el arte contemporáneo

Víctor Vich
Crítico literario y analista
El crítico analiza los trabajos de la artista Carolina Estrada y la forma en la que esta interviene el escenario político proponiendo posibilidades que no buscan la confrontación inmediata, sino "la parodia agónica". El arte de Estrada constituye, dice Vich, una respuesta a la postal turística que silencia la precarización del trabajo y la ausencia de derechos culturales en el Perú.

El Perú actual es un país empeñado en convertirse en un simulacro de sí mismo. ¿Qué significa esto? Significa que, hoy en día, el Perú invierte muchísimo dinero en la producción de imágenes sobre su diversidad cultural y muy poco en verdaderas políticas de democratización social. Sometidos a los mandatos del mercado, pasivamente posicionados ante las empresas de marketing o “de comunicación social”, el Perú actual se enorgullece al construir un discurso optimista que celebra el crecimiento productivo, pero no la redistribución justa; la heterogeneidad cultural, pero nunca la justicia económica; la postal turística, pero sin hacer ni decir nada sobre la precarización del trabajo y la ausencia de derechos culturales.

MONEDAS. “SOMOS EL”. Tejido y ensamblaje. 90 x 1.86

Los trabajos de Carolina Estrada (artista próxima a graduarse en la Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes del Perú) emergen como una notable respuesta a todo ello. Sus imágenes imitan a este nuevo tipo de nacionalismo criollo, pero consiguen socavarlo internamente. Lo hacen a partir de la revelación de lo que hoy se llama un “síntoma”. ¿Qué es un síntoma? Es la verdad escondida que habita en el interior de los discursos ideológicos; es aquello que retorna del pasado para desestructurar a una comunidad que esconde sus antagonismos irresueltos, sus viejas heridas, sus graves fisuras internas.

El arte de Carolina Estrada reflexiona sobre los fantasmas que hoy se han apoderado del sentido común sobre la peruanidad.

En una bellísima serie, y de una manera extremadamente elegante, la artista localiza lo que se encuentra oculto e intenta hacerlo visible. ¿En qué consiste esta elegancia? En la confluencia de tiempos, en la yuxtaposición de símbolos, en la densidad simultánea de los tiempos de la historia peruana. De hecho, estas imágenes dialogan con viejos lenguajes andinos, con antiguas técnicas coloniales, con nuevos imaginarios sociales: son citas al vestido de los arcángeles, a las monedas de la orfebrería colonial y a las actuales estéticas del folklore que aquí se hacen presentes para producir un lenguaje que es irónico y solemne al mismo tiempo; un lenguaje que puede ser cínico en muchos de sus gestos, pero también sumamente doloroso.

LA ARTISTA. Carolina Estrada reflexiona sobre los fantasmas que se han apoderado del sentido común sobre la peruanidad.

Digamos que el arte de Carolina Estrada nos coloca ante la dinámica misma del actual campo fantasmático sobre la peruanidad: ese discurso del progreso (entendido solo como progreso capitalista) que se esfuerza por elevar la diversidad cultural al nivel del objeto sublime. ¿Qué es lo sublime? Es un fantasma que se presenta como trascendente. En este caso, la artista ha optado por acercarse al fantasma, por atravesarlo, por intentar ver qué trae consigo, y lo que ha revelado son, por el contrario, sus desechos, su lado antagónico, su verdadero carácter traumático.

De hecho, el arte de Carolina Estrada reflexiona sobre los fantasmas que hoy se han apoderado del sentido común sobre la peruanidad y que intentan constituirnos a partir de silencios y mentiras. Bajo la apariencia de una nueva simbología “inclusiva”, estas imágenes intentan mostrar cómo la cultura se está convirtiendo en un simulacro funcional a los intereses del mercado. Si hoy se ha impuesto un relato sumamente culturizado sobre la realidad del país (“¡Qué diversos somos!”, “¡Qué importante es la diversidad!”, etc.), las imágenes de Estrada están destinadas a mostrar lo que este discurso esconde: la desigualdad social, la precarización de lo existente, el núcleo duro de las exclusiones que persisten.

 MUESTRA. “Somos el”. Tejido y ensamblaje. 90 x 1.86

Hay un discurso que afirma que el arte es “sublime” y que debe producirse y situarse más allá de los debates con la “Marca Perú”, con el Ministerio de Economía y Finanzas, con el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, o de las maneras tan tontas en las que el presidente Ollanta Humala y la primera dama, Nadine Heredia, se disfrazan de pobladores locales en cada pueblo que visitan. Los trabajos de Carolina Estrada intervienen en este escenario y proponen nuevas posibilidades para producir otro tipo de arte político: uno que no está basado en la confrontación inmediata, sino un arte de la parodia agónica, de la imitación estratégica. El desagarrador testimonio de una historia de exclusión social que todos los días se intenta asesinar bajo el festín de los colores.

Lugar de la muestra. Fundación Euroidiomas. Libertad 130, Miraflores (Altura cuadra 4 de Av Pardo). Hora: 7:30 pm

Imagen de portada:  “De estera soy”. Ensamblaje, tejido y costura. 90 x 70 x 1.20. 20146

*Victor Vích es crítico literario. Doctor en Literatura Hispanoamericana en Georgetown University. Investigador principal del Instituto de Estudios Peruanos. Fue profesor invitado en Harvard University. En 2009 ganó la beca Guggenheim.