La degradación de los suelos pone en riesgo la seguridad alimentaria y la salud

Alrededor del 40% de los suelos del planeta están degradados y los impactos de esta alteración crónica se evidencian en que la cubierta forestal de América Latina y el Caribe representa menos del 50% de su territorio. Así lo confirma el último informe de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD). Las consecuencias previstas para los próximos 30 años incluyen un incremento de la migración forzada, la pérdida de biodiversidad, el aumento de la pobreza y el hambre, la contaminación ambiental y un mayor riesgo de enfermedades zoonóticas y desastres naturales.

IMPACTOS. El 40% de la superficie del planeta ha sido degradada. Esto, de acuerdo a los especialistas, afecta a la mitad de la población mundial.

IMPACTOS. El 40% de la superficie del planeta ha sido degradada. Esto, de acuerdo a los especialistas, afecta a la mitad de la población mundial.

Foto: CNULD

Un área de suelos del tamaño de América del Sur —dispersos en distintos puntos del planeta—  podría secarse para 2050 si continúan los sistemas actuales de explotación de recursos, advierte un reciente informe denominado Global Land Outlook Second Edition. El modelo extractivista ya ha generado consecuencias en los ecosistemas. De acuerdo con el documento, elaborado por la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD), el 40% de la superficie global ya ha sido degradada. En otras palabras, se encuentra afectada por procesos inducidos por el hombre y tiene limitaciones en su productividad.

“Necesitamos repensar urgentemente nuestros sistemas alimentarios globales, que son responsables del 80% de la deforestación, el 70% del uso de agua dulce y la principal causa de la pérdida de biodiversidad terrestre”, dijo Ibrahim Thiaw, secretario ejecutivo de la CNULD, en una conferencia de prensa.

Estas alteraciones de la tierra han impactado también a América Latina y el Caribe. Un informe regional de la ONU de 2019 reveló que en el siglo XV, la cubierta forestal en la región era del 75%, pero en la actualidad representan menos del 50% del territorio. “Debido en un 90% a la expansión de la agricultura y ganadería, en especial durante el siglo XX e inicios del siglo XXI”, explicaron los autores. Además, entre 1990 y 2016, las áreas boscosas disminuyeron en casi 4% y, en paralelo, se incrementaron las tierras para cultivos en 2,2%, los pastizales en 0,9% y otros usos de la tierra 1,4%.

 

 

La degradación de los suelos, según el informe, responde a la necesidad del ser humano de utilizar espacios fértiles para producir comida, extraer materias primas y construir infraestructura. Sin embargo, estos usos resultan contraproducentes, pues afectan al 50% de la humanidad.

La alteración de ecosistemas —advirtió Barron Orr, científico principal, en una conferencia de prensa— provoca la migración forzada, la rápida pérdida de biodiversidad, el incremento de la pobreza y el hambre, la contaminación ambiental y un mayor riesgo de enfermedades zoonóticas y desastres naturales con impactos exacerbados por la crisis climática. “Esto es especialmente cierto en las tierras áridas que cubren más del 45% de la superficie terrestre del planeta, hogar de una de cada tres personas”, precisa la publicación.

Por ello, el documento modela tres posibles escenarios que evidencian los beneficios de empezar a adoptar acciones de restauración de suelos, de manera inmediata. El primero supone que los modelos de sobreexplotación afecten a 16 millones de km2 adicionales, lo que equivale a casi toda América del Sur (17 millones km2).

El segundo implica que se realice una restauración de 50 millones de km2 de suelos y se implementen medidas de conservación de áreas naturales importantes para conseguir que el rendimiento de los cultivos aumente entre 5% y 10%. Algo que traería una reducción en el precio de los alimentos. Por último, el tercer escenario propone la adopción de prácticas de agricultura regenerativa, con el fin de mejorar el sistema alimentario actual y enfrentar la inseguridad creciente.

Necesitamos repensar urgentemente nuestros sistemas alimentarios globales", dijo Ibrahim Thiaw.

Considerando esos posibles desenlaces, los autores de la publicación del CNULD proporcionan formas prácticas para que los países inicien con la restauración de ecosistemas. Las recomendaciones incluyen la ampliación y conexión de áreas naturales y de áreas protegidas, el mejoramiento de la salud de los suelos, los cultivos y el ganado, y la creación de espacios azules en las ciudades, es decir, integrar ríos, lagos, arroyos, pantanos o humedales al planeamiento urbano. El objetivo, resaltan, es restaurar alrededor de 1.000 millones de hectáreas degradadas —que equivalen al tamaño de los Estados Unidos o China— para 2030.

“El futuro de la biodiversidad es precario. Ya hemos degradado cerca del 40% y alterado el 70% de la tierra. No podemos darnos el lujo de tener otra ‘década perdida’ para la naturaleza y debemos actuar ahora para un futuro de vida en armonía con la naturaleza”, resaltó Elizabeth Mrema, secretaria ejecutiva del Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica (CDB), en la conferencia de prensa.

El informe Global Land Outlook Second Edition se realizó durante cinco años e implicó la revisión de 1.000 referencias bibliográficas, además de la colaboración de 21 organizaciones asociadas a la CNULD. Este documento será presentado de manera formal el 10 de mayo en la Conferencia de las Partes 15 de la CNULD y, de acuerdo con los miembros de la ONU, está dirigido a “los encargados de adoptar decisiones hacia centenares de maneras prácticas con las que hacer realidad la restauración de las tierras y los ecosistemas a escala local, nacional y regional”.

 

Los efectos de la degradación en cifras

 

La presión ejercida sobre los ecosistemas conlleva grandes pérdidas económicas. El informe señala que la degradación crónica de la tierra amenaza, aproximadamente, a la mitad del PIB mundial (USD 44.000 millones). “Están en riesgo por la pérdida de capital natural finito y los servicios de la naturaleza, que sustentan la salud humana y ambiental al regular el clima, el agua, las enfermedades, las plagas, los desechos y la contaminación del aire”, enfatiza el documento.

Los autores calculan que se requieren USD 1.600 millones para que los gobiernos cumplan con las promesas de restauración de alrededor de 1.000 millones de hectáreas degradadas para 2030. Aunque el monto parece alto, los investigadores precisan que el mismo solo representa el 15% del dinero destinado anualmente a los subsidios otorgados a las industrias agrícolas y de combustibles fósiles (USD 700.000 millones).

Ya hemos degradado cerca del 40% y alterado el 70% de la tierra", dijo Elizabeth Mrema.

La rápida adopción de medidas para restaurar los suelos y reducir la degradación generaría beneficios económicos que van desde los USD 125.000 millones hasta los 140.000 millones al año. “Esto es hasta un 50% más que los USD 93.000 millones del PIB mundial en 2021”, subrayaron.

Dichas cifras revelan que por cada dólar invertido se obtendrá entre USD 7 y USD 30, como beneficio. Las ganancias no se limitan solo al factor económico, puesto que la evidencia recopilada estima que esta inversión contribuirá con más de un tercio de la mitigación del cambio climático y respalda la conservación de la biodiversidad, la reducción de la pobreza, y la salud humana.

 

 

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