RUTA. El enfermero Óscar Huamán y habitantes de Mollebamba trasladan a su pueblo una congeladora para conservar vacunas.

Vacunar en el Vraem: una historia de solidaridad en la Oreja de Perro

Vacunar en el Vraem: una historia de solidaridad en la Oreja de Perro

RUTA. El enfermero Óscar Huamán y habitantes de Mollebamba trasladan a su pueblo una congeladora para conservar vacunas.

Ilustración: OjoPúblico/ Claudia Calderón

El Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem) concentra comunidades alejadas y con escasa presencia del Estado. Sin embargo, allí un grupo de enfermeros y habitantes se organizaron para transportar las vacunas contra la Covid-19 y otros equipos. En la Oreja de Perro, ubicada en Ayacucho, caminaron durante quince horas hasta el puesto de salud de Mollebamba, trasladando una congeladora para las inmunizaciones. OjoPúblico conversó con quienes hicieron posible ese largo viaje en medio de la pandemia.

13 Septiembre, 2021

Si uno mira con paciencia el mapa del Perú y ubica el departamento de Ayacucho se dará cuenta de que tiene la figura de un perro sentado levantando su cabeza. La oreja del animal aparece en una esquina que se extiende hasta el límite con Cusco y Apurímac; y que, del lado de Ayacucho, se localiza en los distritos de Chungui y Oronccoy, en la provincia de La Mar. A ese lugar se le conoce como la Oreja de Perro, jurisdicción del Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem). Llegar hasta allí es una travesía por caminos de herradura que se recorren a lo largo de horas o días, dependiendo de la comunidad adonde nos dirijamos. 

La Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) califica a este lugar como “un punto olvidado en el mapa”. La zona del país más afectada por la violencia interna, según los datos del Registro Único de Víctimas, sistematizados por el Proyecto Memoria de OjoPúblico. Comunidades enteras fueron masacradas y cientos de personas huyeron hacia las ciudades cercanas durante los años ochenta, en la época más dura del conflicto. 

Desplazados por el terrorismo, en 1982 Óscar Huamán Lima y su familia dejaron la comunidad de Pallccas, distrito de Chungui, provincia de La Mar, en Ayacucho. Se fueron a vivir a Huamanga y allí estudió enfermería. Pero regresó a los 22 años por trabajo. Hoy tiene 44 años y recorre los pueblos de esta zona del Vraem cargando una congeladora con vacunas que aplica a la población. Desde junio de este año, a las dosis contra la fiebre amarilla, la polio, la hepatitis B, la influenza, el sarampión y la neumonía, le ha sumado la vacuna contra la Covid-19. 

Oreja de Perro es "un punto olvidado en el mapa" del Perú, la zona del país más afectada por la violencia interna".

Huamán trabaja, desde el 2007, en el puesto de salud de Mollebamba, ubicado en el distrito de Oronccoy, provincia La Mar, en Ayacucho. A este lugar, de 187 habitantes, se llega desde Andahuaylas, en la región vecina de Apurímac. El viaje incluye un recorrido de cuatro horas por una trocha que conduce hasta Santa Marina. Este es el último punto hasta donde se accede en vehículo. Después se debe caminar durante cuatro horas hasta Mollebamba. 

Vraem vacuna

CAMINO. El enfermero Óscar Huamán y habitantes de Mollebamba cargan en hombros el congelador para conservar vacunas. 
Foto: Óscar Huamán

Vraem

EL VIAJE. Los habitantes de Mollebamba, que trasladaron un equipo para conservar vacunas, descansan en la ruta hacia su comunidad. 
Foto: Óscar Huamán 

 

El mismo recorrido siguen las vacunas contra la Covid-19, pero desde la ciudad de Huamanga, en Ayacucho, hasta Santa Marina. El resto del trayecto hacia el puesto de salud de Mollebamba se hace a pie, por una trocha de menos de un metro de ancho: a un lado está el cerro, al otro el abismo y abajo el río.   

La jurisdicción del puesto de salud de Mollebamba —donde trabaja Huamán— abarca también las comunidades de Yerbabuena, localizada a cinco horas de camino; Ninabamba, a tres horas; y Alto San Francisco, a tres horas y media. En estas zonas viven en total 537 personas. Cuando él y sus compañeros se desplazan para realizar controles a la población, atender emergencias o a vacunar, primero coordinan con las autoridades locales para que los esperen. 

Ninguna de estas comunidades tiene luz eléctrica y los equipos del puesto de salud de Mollebamba funcionan con paneles solares y baterías. El 12 de julio de este año, desde el ramal de Santa Marina —el último lugar al que se accede en vehículo—, un grupo de cuarenta comuneros de Mollebamba recogió una conservadora para vacunas y un panel solar. Los cargaron al hombro, entre varios, hasta la comunidad. El viaje demoró quince horas, caminando despacio para evitar que los equipos se dañen. 

La última vez que habían trasladado un congelador de cadena de frío al puesto de salud de Mollebamba fue en 2012. Funcionaba con baterías y paneles solares que, nueve años después, necesitaban ser renovados. Por eso, y para asegurar el proceso de vacunación contra la Covid-19, la Dirección Regional de Salud de Ayacucho envió un nuevo equipo que alcanza una temperatura de hasta -18°C. 

El 12 de julio, mientras los hombres avanzaban los primeros metros, Huamán sacó su celular y grabó un video. “En ese momento pensaba en el sacrificio que hace la gente para trasladar ese equipo [el congelador y el panel solar]. Podía ocurrir un accidente”, dice el enfermero. El video, en el que se observa a seis hombres al borde de un abismo cargando un congelador, se volvió viral en un país donde lo cotidiano para algunos es sorpresa para otros.

JUNTOS. El enfermero Óscar Huamán trabaja para la salud pública y camina horas, junto a voluntarios, las vacunas para las comunidades más distantes del Vraem.
Viñeta: Claudia Calderón / OjoPúblico

 

La historia del congelador para las vacunas comenzó muchas semanas atrás. El enfermero Huamán y el presidente de la comunidad, Modesto Aspur Rivas, llamaron  por un altoparlante a todos los vecinos. En la reunión acordaron cómo se trasladaría el equipo de frío: una camioneta de la Municipalidad de Oronccoy lo recogería en Huamanga y lo llevaría hasta el ramal de Santa Marina. Desde allí cuarenta hombres se turnarían, a lo largo de quince horas, para cargar el congelador y el panel solar hasta el puesto de salud. Sus únicos implementos fueron maderas de maguey, sogas, linternas y la comida usual para la ruta: cancha, mote y carne seca. 

Para desplazar el congelador, los habitantes de Mollebamba construyeron dos “chakanas” o camillas. A una de estas amarraron con sogas la congeladora; y, a la otra, el panel solar. Cada chakana pesaba entre 40 y 60 kilos y era cargada por cuatro hombres. Caminaron despacio, bajo el calor de la quebrada, cuidando de no chocar la carga contra  las rocas y de no resbalar al vacío. Los hombres se intercambiaban cada quince o veinte minutos, de acuerdo al cansancio. Conforme ascendían, hacía menos calor, pero los abismos eran más profundos. A mitad del camino se les acabó el agua embotellada. Fidel Orosco Alarcón —45 años, uno de los voluntarios— bromea y dice por teléfono que, de no haber sido por su cañazo, seguro todos se desmayaban. Al anochecer se alumbraron con sus linternas. A las 10 de la noche, por fin, llegaron a su destino. 

—Esa es nuestra costumbre. Si nosotros no vamos a trasladar esos materiales, ¿quién lo hará? No hay otro modo— dice Orosco.

Aunque la Red de Salud de San Miguel le había solicitado al cuartel general de Ayacucho un helicóptero para el traslado, no recibieron respuesta. Unos meses antes, los vecinos de Mollebamba habían ampliado el camino de herradura gracias al proyecto Trabaja Perú. Lo hicieron con sus propios picos, palas, barretas y tombas. Ahora el camino es menos estrecho que antes: mide, aproximadamente, un metro y medio. 

Vraem vacuna

NOBLE LABOR. Una ciudadana de Mollebamba es vacunada en el centro de salud ubicado en el Vraem. 
Foto: Óscar Huamán

 

En 2006, Orosco fue parte del grupo que llevó la primera cadena de frío hacia su comunidad, por una ruta aún más larga y peligrosa. Seis años después lo hizo de nuevo. De esa última vez recuerda que caminaron un día y una noche sin descanso. Apenas se detuvieron para intercambiar la carga, tomar agua o comer algún alimento. 

La Micro Red de Salud de Chungui, a la que pertenece Mollebamba, agrupa otros seis establecimientos: Chapi Belén, Villa Aurora, Pallccas, Socos, Qarin y Chichibamba. Todos tienen congeladoras para vacunas, que fueron trasladadas de la misma manera: a pie, durante horas o días de camino. 

 

Los retos pendientes en Mollebamba 

 

A lo largo de la pandemia, Mollebamba ni las comunidades aledañas han registrado casos graves de Covid-19. Tampoco fallecidos. Solo cuatro casos leves. El enfermero Huamán indica que la baja cantidad de casos se explica porque casi todas las interacciones sociales se realizan en espacios abiertos, en el campo.  Los primeros días de junio, el enfermero y sus colegas iniciaron una campaña informativa sobre los beneficios de vacunarse contra la Covid-19. A quienes aceptaron inmunizarse les hicieron firmar el consentimiento y los anotaron en una lista, para solicitar esa cantidad de vacunas a la Red de Salud de San Miguel. 

La primera persona que se vacunó fue una mujer de 95 años, en Mollebamba. En total, 40 adultos mayores de 60 años, de un total de 49, fueron inmunizados con dosis de Astrazeneca. A mediados de agosto se inició la vacunación a mayores de 45 años. 

El enfermero dice que cuando camina por las trochas de la Oreja de Perro siempre piensa en sus hijas de siete y nueve años, que viven en Andahuaylas.   

Vraem vacuna

RUTA. El puente kutina es parte del camino que recorre el enfemero Óscar Huamán en el Vraem. 
Foto: Huñuq Mayu

 

—Trato de avanzar la caminata para llegar hasta donde hay cobertura para comunicarme con ellas. Ellas me dan valor para continuar. 

No le importan las difíciles condiciones. A él siempre le ha gustado trabajar en el campo porque siente que así apoya a quienes más lo necesitan. 

—Mayormente en el campo hay mucha gente que necesita apoyo del personal de salud. Pero ellos no aguantan mucho tiempo [en las comunidades] y renuncian. Eso perjudica a la población— explica.

La primera persona que se vacunó fue una mujer de 95 años, en Mollebamba". 

El enfermero recuerda que un día acompañó a un colega nuevo, proveniente de Andahuaylas y que había sido contratado para el puesto de salud de Mollebamba. Sin embargo, en el último punto al que se accede en vehículo, se detuvo a observar el camino de herradura que le esperaba. Debía bajar caminando hacia el río, cruzarlo, ascender por el cerro y seguir la ruta hacia la comunidad. Pero no lo hizo. Se regresó. 

Hace cuatro años, luego de que Oronccoy se convirtiera en distrito, se inició la construcción de la primera carretera en el lugar. La vía inicia en el río Pampas y llega hasta la capital del nuevo distrito de Oronccoy. La obra se  entregó el 21 de agosto de este año y conecta una vía carrozable, por primera vez, con la provincia de Andahuaylas.

La segunda semana de agosto, Orosco y otros vecinos de Mollebamba caminaron hasta Santa Marina. En mulas cargaron cemento, fierros y mayólicas para la escuela que ha dejado de funcionar desde el inicio de la pandemia. Una de las hijas de Orosco, de siete años, no ha accedido a la educación virtual por falta de electricidad. 

—Nuestros hijos están totalmente perdidos— dice preocupado.  

Orosco recibió su primera dosis contra la Covid-19 el 15 de agosto. No sabe de qué laboratorio fue la vacuna que le inyectaron. Para él, después de todo el recorrido y el esfuerzo que realizan para tener vacunas disponibles, “ese detalle” no tiene la menor importancia.