Comunidades usan la tecnología satelital para frenar la devastación de la Amazonía

Una investigación publicada esta semana en la revista Procedimientos de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos (PNAS) establece de forma preliminar una relación entre la vigilancia por satélite que realizan los monitores ambientales y la reducción, en el primer año del estudio, del 52% de la pérdida de bosques en comunidades indígenas de Loreto.

MONITORES. Apoyados de la tecnología, miembros de las comunidades indígenas alertan sobre casos de deforestación en sus territorios.

MONITORES. Apoyados de la tecnología, miembros de las comunidades indígenas alertan sobre casos de deforestación en sus territorios.

Foto: ORPIO / RFUS.

En la región Loreto, que registra uno de los niveles más altos de áreas deforestadas del Perú, el papel de los monitores ambientales ha sido clave para enfrentar el aumento de la pérdida de bosques en territorios indígenas. Una reciente investigación publicada en la revista Procedimientos de la Academia Nacional de Ciencias (PNAS) respalda esta afirmación: el trabajo de monitores equipados con tecnología satelital en equipos celular permitió que un grupo de comunidades de esta región redujera la pérdida de bosques en un 52%, en promedio, durante el primer año de un experimento desarrollado entre 2018 y 2020 y cuyos resultados todavía son preliminares.

De acuerdo al estudio, se concluye que en el primer año del análisis hubo una caída en la pérdida de bosques de 8,4 hectáreas por comunidad participante. Mientras que en el segundo año la cifra fue menor y disminuyó a 3,3 hectáreas salvadas gracias a la actividad de los monitores. “Las reducciones estimadas fueron mayores en las comunidades que se enfrentan a las mayores amenazas”, sostiene el documento. 

La publicación, liderada por investigadores de la Universidad de Nueva York y de la Universidad Johns Hopkins, se realizó a partir de un trabajo en conjunto con 36 comunidades indígenas del Perú, cuyos monitores ambientales recibieron entrenamiento para la elaboración de sus informes de deforestación. 

Otras 37 comunidades participaron como grupo de control, término empleado en experimentos científicos para la población sobre la que no se realiza la intervención y es usada como referencia. En ensayos clínicos, por ejemplo el de la vacuna contra la Covid-19, este grupo es el que recibe el placebo. 

Como parte de la investigación, se capacitó a tres monitores seleccionados por cada comunidad participante quienes supervisaron los bosques con una aplicación cartográfica para celulares. Además, cada mes recibieron alertas de deforestación de la plataforma pública Geobosques. Con los datos recogidos, las comunidades decidieron cómo responder frente las amenazas potenciales en sus territorios: con una intervención directa o a través de alertas a las autoridades nacionales.

El programa de vigilancia analizado tuvo tres características en su proceso: selección y nombramiento de monitores; formación e incentivos de los monitores para que realicen patrullas; y análisis de la deforestación por satélite. Se siguió también la respuesta de los monitores, los miembros de la comunidad y los deforestadores -de la comunidad y fuera de ella-, frente a la implementación de la vigilancia facilitada por la tecnología.
 

Foto: PNA
DISPOSITIVOS. Estudio concluye que el uso de tecnología de celulares ha permitido reducir la pérdida de bosques en comunidades indígenas.  
Foto: Cameron Ellis / PNAS.


Entre los resultados del estudio se tuvo que todas las comunidades participantes presentaron informes de deforestación, aunque lo hicieron con una variación entre los 16 a 699 documentos entregados, a un promedio de 195. Según la publicación, el aumento se encuentra relacionado al hecho de que los supervisores aprendieron dónde era más probable que se produjera la deforestación en su territorio. 

De acuerdo al informe, se indica que la información generada por el monitoreo creció durante el primer año de la intervención. “No hubo incentivos monetarios para presentar más informes a lo largo de la intervención, simplemente un pago condicionado a la supervisión una vez al mes”, advierte el estudio. 

El estudio dio seguimiento a un programa de monitoreo comunitario que contó con acceso a datos sobre alertas tempranas de deforestación, desde la red Global Forest Watch y otras fuentes oficiales. La metodología inicial fue creada en 2016 por Rainforest Foundation US (RFUS) y la Organización de Pueblos Indígenas de la Amazonía Oriental (Orpio). 
 

Encuesta y apreciaciones
 

La investigación también incluyó una encuesta realizada a más de 700 personas de las comunidades del estudio para conocer la percepción que tenían sobre los monitores ambientales. El 91% identificó por lo menos a uno de ellos. Estas entrevistas también mostraron que más de la mitad de entrevistados señaló a los apus -líderes en la comunidad- como el responsable en la gestión y cuidado de los bosques. 

La encuesta también reflejó que los monitores eran vistos como nuevas autoridades con influencia en la gestión forestal y que las patrullas con incentivos económicos sustituían a las tradicionales, que impedían a la comunidad detectar a tiempo la deforestación y responder a ella. 

Además, se realizaron entrevistas semiestructuradas a los líderes de las comunidades. Con estos datos, se revisó cómo la vigilancia interactúa con la dinámica de la comunidad y permitiría generar un puente para otros estudios de casos más pequeños sobre las prácticas de las comunidades indígenas. Los resultados experimentales mostraron que la supervisión aumentó considerablemente la importancia en la gobernanza forestal. 

“Si nuestros resultados se repiten en otros lugares con protocolos de vigilancia comunitaria facilitados por el exterior, que combinen alertas tempranas de deforestación con formación e incentivos para los monitores, podrían contribuir a la gestión sostenible de los bosques”, concluye el estudio.

Esta publicación forma parte de un estudio más amplio sobre la vigilancia de recursos naturales desarrollada en Brasil, China, Costa Rica, Liberia, Uganda y Perú. 

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