Cultura

El gran teatro de arena y esteras de Villa El Salvador

27 Abr 2016
Se cumplen los 45 años de existencia de Villa El Salvador y un grupo teatral lo celebra con una historia que refleja la epopeya humana hecha a base de acuerdos democráticos y un profundo sentido de la solidaridad.

La historia del Villa El Salvador resume bien las complejidades sobre cómo la modernidad en el Perú no vino de la lógica de un capitalismo que muchos insisten en que sí “chorrea” (¿qué dice esa palabra de su lógica de funcionamiento?) ni de las capacidades, por lo general ineficientes, de la gestión histórica del Estado, sino que se trató de un arduo proceso construido a partir de la lucha política y del trabajo comunitario. Los migrantes que llegaron a Villa El Salvador no solo hicieron evidente a un Estado históricamente ausente (un Estado criollo) sino a una sociedad jerarquizada y racista que siempre discriminó a buena parte de país. La historia de Villa El Salvador es la historia de María Elena Moyano, militante de izquierda, asesinada por Sendero Luminoso, porque era la izquierda la que en los lugares más pobres se le enfrentaba con más fuerza y cuestionaba su proyecto. ¿Saben eso algunos periodistas actuales? La conciencia de ese trasfondo todavía no parece hacerse presente en las reflexiones de muchos.

La historia de “Arenas y esteras” es la historia de Villa el Salvador en pequeño. Contra todas dificultades, un grupo de jóvenes persistió en colocar a la creación artística como un factor de desarrollo social, como un componente fundamental para promover nuevos sentidos de comunidad. Esta no es la historia de un grupo de jóvenes que quiso formar una empresa para enriquecerse aprovechándose del trabajo de otros pagando mal. No, esta no fue esa historia. La de ellos es una de compromiso y voluntad de servicio. La de Villa El Salvador, por su parte, fue una historia de consensos, de trabajo comunitario e intensa solidaridad. Villa El Salvador fue un ejemplo mundial de organización popular (Premio Príncipe de Asturias), un ejemplo de que las cosas pueden realizarse mediante procesos participativos y acuerdos democráticos. Con tensiones sí, con problemas sí, pero a partir de una sólida idea sobre el bien común y no solo del solo interés individual. Villa El Salvador demostró que, cuando un conjunto de voluntades son capaces de articularse, las conquistas pueden ser mucho mayores.

ORIGEN.  El grupo explora la historia de Villa El Salvador a partir de la creación artística.

Este año se cumplen 45 años de la fundación de Villa El Salvador y el importante grupo “Arenas y Esteras” no ha tenido mejor idea que reestrenar la obra “Arenas de Villa”, un clásico del teatro peruano actual. Este fin de semana fui a verla y yo y otros salimos muy contentos por la puesta en escena y por todo el trabajo que el grupo ha realizado -y realiza- en el distrito. No en vano, ellos ganaron el Premio Nacional de Cultura en el año 2012 y ese fue un justísimo reconocimiento a todo lo que hecen. La obra cuenta la historia de Villa El Salvador a partir de cinco personajes que van escenificando, con dramatismo pero también con humor, distintos momentos de la historia del distrito, desde la invasión hasta la actualidad. La obra, renovada (el proceso de creación colectiva de la misma comenzó en el Centro de Comunicación Popular en 1984), hace uso de una gran cantidad de estrategias escénicas y lo impactante es que lo hace con muy pocos recursos. Los actores son versátiles y el guión es ahora preciso. Es más, durante la obra, el propio público es incorporado y participa de varias maneras. Grandes y chicos se divierten. Hay mensajes para todos. 

La historia de “Arenas y esteras” es la historia de los grupos de Cultura viva comunitaria que trabajan en muchos barrios por todo el Perú al margen de las carteleras oficiales de cultura y, sobre todo, de proyectos políticos (como los actuales) que no toman en cuenta el rol que el arte puede cumplir en el desarrollo nacional. ¿Muy abstracto para la tendencia cuantitativa de la política actual? Hace poco el general Roberto Chiabra se quejaba de que los planes de seguridad ciudadana de todas las agrupaciones políticas –de todas- estaban mal hechos pues no iban al fondo del asunto. No se combate la delincuencia ni el crimen solo con más policías en las calles, con más cárceles o,  lo que es peor, con proyectos para activar la pena de muerte. En su lenguaje, Chiabra sostenía que lo que hay que atacar es la “crisis de valores” existente, vale decir, la manera en la que hoy los peruanos nos relacionamos unos con otros, la manera en que un conjunto de hábitos culturales donde solo prima la competencia salvaje, el aprovechamiento del otro, el engaño, la “trafa”, la viveza, el machismo (siempre en metástasis) y la discriminación (en todas sus formas) se han asentado entre nosotros.

Hoy los peruanos vivimos al interior de una cultura deteriorada y agresiva.  Los grupos de cultura viva comunitaria son los únicos que apuestan por afrontar esos problemas de manera profunda y llama la atención cómo nadie en la clase política se da cuenta de la importancia decisiva que ellos tienen. Hoy ni siquiera el Ministerio de Cultura les presta mucho interés. Los actuales candidatos piensan que invertir en educación implica solo invertir solo en la escuela. PPK toca la flauta pero no parece darse cuenta que, desde esa flauta, pueden construirse políticas públicas mucho más interesantes que las que aparecen en su plan de gobierno. El acalde Castañeda (en complicidad con una prensa que hoy no lo denuncia ni lo fiscaliza) destruyó en dos semanas lo que se avanzó en los cuatro años anteriores en términos de políticas culturales y de promoción del arte en espacios públicos.

Contra todas las dificultades, un grupo de jóvenes persistió en colocar a la creación artística como un factor de desarrollo social.

Bajo ese contexto, podemos notar que hoy la historia de Villa El Salvador es otra. Mucho del sentido comunitario se ha perdido mientras los discursos oficiales no se cansan de celebrar ese “emprendedurismo” del que ya sabemos que muchas veces funciona apropiándose impunemente de mano de obra barata (me dicen mis colegas de la Universidad César Vallejo que ahí pagan pésimo) además de otras cosas. Hoy, en Villa El Salvador, ha ganado Keiko (42.5), luego PPK (18.19) y tercera quedó Verónika (10.78). Aunque esa nueva identidad en el distrito viene constituyéndose así desde hace más de tres lustros, para quienes fueron parte de la historia original de Villa El Salvador esas cifras son muy duras y desconciertan, y demás: hay mucho el dolor en la aritmética, diría Vallejo.

Sin embargo, algunos piensan que eso que ocurrió en el pasado, eso que existió, nunca es algo perdido, sino que ha pasado a un estado latente que siempre puede recuperarse y reinventarse de acuerdo a los nuevos tiempos. El trabajo de “Arenas y esteras” es uno que apunta incansablemente hacia ese objetivo. Su obra, “Arenas de Villa”, lo demuestra con intensidad. Luego de verlos, luego de conversar con ellos, luego de salir del teatro y caminar hacia la Línea 1 del metro de Lima e imaginar en qué nos espera los próximos años con los dos candidatos que han quedado, recordé algo que siempre decía un profesor en mi colegio cuando yo tenía quince años: los artistas dudan sobre lo que existe para intentar construir algo realmente nuevo. “Los artistas son los guardianes del mito y de la imagen hasta que lleguen tiempos mejores”.

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FESTEJO. Afiche de la obra repuesta por los 45 años de VES.

¿Nunca vio esta obra? Vaya, vale la pena, anímense, no va a arrepentirse. Llame, entre en contacto con ellos, vaya a su lindo local, ahí muy cerca del parque Huáscar. Si se le complica, organice con ellos funciones especiales: promuévalas en sus centros de trabajo, en los colegios donde están a sus hijos, presione al alcalde de su distrito para que la lleve a los parques, para que los arbitrios que usted paga también sirvan para construir carteleras públicas que saquen el arte a las calles. Vale la pena. El arte hace pensar. Sí contáctese con ellos: Arena y Esteras [email protected].

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