Marina Silva: Bolsonaro busca generar una política de odio y criminalizar el movimiento ambientalista

La exministra del ambiente de Brasil y excandidata presidencial conversó con OjoPúblico sobre la situación política en el vecino país y la Amazonía. Plantea la creación de cadenas de valor, la implementación de una bioindustria y de un sistema agroforestal de base comunitaria.

CRÍTICA. Para la excandidata a la presidencia de Brasil, Marina Silva, el gobierno de Jair Bolsonaro es deliberadamente antiambientalista.

CRÍTICA. Para la excandidata a la presidencia de Brasil, Marina Silva, el gobierno de Jair Bolsonaro es deliberadamente antiambientalista.

Foto: OjoPúblico/ Alonso Balbuena

Marina Silva inició su actividad por el medio ambiente con el mítico sindicalista ‘Chico’ Mendes. El 2003 fue nombrada Ministra del Ambiente durante el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2008), pero renunció el 2008 por serias discrepancias con este. “Yo no estaba para ser una ministra decorativa, estaba para ser coherente con todo aquello que defendía”, comenta.

A sus 61 años, la política brasileña Marina Silva ha participado en tres procesos electorales para ser presidenta de Brasil (2010, 2014 y 2018). Luego de su última candidatura presidencial continúa impulsando la organización política que ella fundó: Red de Sostenibilidad.

En su visita a Lima como parte del conversatorio Avances y Retrocesos de la Gestión Socioambiental en América Latina, OjoPúblico conversó con ella sobre el actual gobierno de Jair Bolsonaro, el futuro de la Amazonía, su experiencia en la reducción de la deforestación, la seguridad de los líderes ambientales, de su relación con Lula da Silva y el impacto de la corrupción del caso Lava Jato.

Los incendios forestales en Brasil expusieron la postura del presidente Jair Bolsonaro sobre la Amazonía. ¿Cómo ve al panorama en Brasil y América Latina sobre el futuro de la Amazonía?

Es un momento difícil que causa tristeza e indignación porque la gobernanza socioambiental en Brasil en los últimos nueve meses está siendo debilitada. Prueba de eso es la inoperancia del gobierno en el caso de los incendios y en el caso del derramamiento de petróleo en las playas que ha contaminado 2 mil kilómetros [de las costas]. El gobierno de Bolsonaro es un gobierno deliberadamente antiambientalista.

El Partido de los Trabajadores (PT) quería perpetuarse en el poder

 

¿Cómo analiza el futuro del movimiento ambiental en Brasil en un contexto donde en el presidente insinúa que las ONG estuvieron vinculadas a los incendios? 

De mucha lucha y resistencia. En este momento el movimiento socioambiental brasileño tiene un crecimiento porque la sociedad, en gran parte, no concuerda con las políticas desastrosas de Bolsonaro. Es una situación difícil. Ahora, con el derrame de petróleo ha culpado a Greenpeace. Todo eso crea una situación muy grave para debilitar el movimiento socioambiental, para generar una política de odio y criminalizar el movimiento.

¿Qué cree que deberían hacer los otros gobiernos de Sudamérica respecto a la Amazonía?

En América del Sur, y sobre todo los que tienen Amazonía, se tiene un camino: cambiar a un modelo de desarrollo válido para Perú, Bolivia, Ecuador, Brasil y todos los que comparten la Amazonía. Se trata de optar por un modelo sostenible que valorice al bosque, que proteja a los grupos locales, que agregue valor a los productos y que trabaje en tres niveles: la creación de nuevas cadenas de valor asociadas a la biodiversidad, la implementación de una bioindustria en la Amazonia y la implementación de un sistema agroforestal de base comunitaria. Con estos elementos, fortalecidos con el turismo, con la biotecnología, con nuevas prácticas económicas que nos lleven a creación de nuevas cadenas de valor, podremos preservar los bosques amazónicos, económicamente prósperos, socialmente justos y culturalmente diversos, preservando los pueblos.

¿Cómo implementar estas medidas por estos lados, en un contexto como el que impulsa el presidente Bolsonaro?

Existen dos caminos: uno es que gobiernos [de América Latina] entiendan la protección de la naturaleza y del desarrollo. Entonces, un camino es comprender razonablemente, científicamente y técnicamente la situación. Otro camino es que la sociedad entienda y comience a presionar a los gobiernos, y a las empresas para que tengan responsabilidades socioambientales.

El gobierno de Bolsonaro es un gobierno deliberadamente antiambientalista.

Desde su experiencia como defensora de bosques amazónicos, ¿cómo se debería garantizar la seguridad de líderes ambientales en comunidades indígenas?

Es fundamental que [los gobiernos] tengan un discurso claro y estén comprometidos a enfrentar las prácticas ilegales, actos criminales como la invasión de tierras, el tráfico de madera. Tiene que haber fortalecimiento de fiscalización y monitoreo. Incluso, se debería hacer alianzas con países más desarrollados en temas de monitoreo de satélites, con países que tienen esa tecnología para que haya una cobertura eficiente de las áreas que están siendo ocupadas ilegalmente. También políticas de presencia del Estado con salud, educación, apoyo a actividades productivas. Es fundamental para que las personas se sientan protegidas. 

¿Cuál es su opinión sobre la última Cumbre por la Amazonía, que congregó a varios presidentes de Sudamérica y propuso empezar un diálogo regional para proteger los bosques?

Como declaración política, es muy interesante porque reconoce la importancia de la preservación de los bosques, de respeto a los pueblos originarios, de crear una nueva dinámica económica y social que preserve la Amazonia. Cita también un compromiso con apoyo internacional en relación al clima y protección de la biodiversidad. Ahora, no basta con una declaración política es necesario movilizar recursos humanos y recursos tecnológicos, y financieros y es decisión política para empezara a cambiar el modelo.

Foto: OjoPúblico.

EXPERIENCIA. Marina Silva se desempeñó como ministra del Ambiente entre el 2003 y 2008. En ese período, afirma, redujo en 30% la deforestación brasileña . 
Foto: OjoPúblico / Alonso Balbuena. 

En el reciente sínodo realizado en El Vaticano se incluyó al ecocidio como nuevo pecado para la iglesia católica. ¿Cómo interpreta esto si se tiene en cuenta que el 59% de la población en América Latina se identificada con esta religión?

Con seguridad, es un hecho histórico en la iglesia católica. Tomar un tema que tiene una alta importancia para el equilibro del planeta, para la protección de los pueblos originarios, y tratado con amplitud por el papa Francisco. Este mensaje es apropiado para que los gobiernos y las empresas puedan crear una nueva dinámica económica y socioambiental más si los cristianos de América Latina y -particularmente de los países que comparten la Amazonía- tenemos una triple razón para proteger el medio ambiente: desde el punto de vista racional, ético y espiritual. Desde el punto de vista espiritual, no proteger el medio ambiente es una gran incoherencia. Es incoherente decir que amamos al creador y destruimos su creación.

La sociedad debe presionar a los gobiernos y empresas para que tengan responsabilidades ambientales.

¿De qué manera en Brasil las prácticas empresariales están impactando en las políticas públicas que buscan promover el cuidado del ambiente?

En Brasil hoy tenemos un debilitamiento de políticas ambientales. En el caso de licenciamiento ambiental tenemos una gran amenaza. El gobierno propone proyectos de grandes hidroeléctricas, grandes carreteras, mineras y está amenazando en dar licencias de manera automática. Bolsonaro está proponiendo eso. El licenciamiento ambiental ya había avanzado mucho en Brasil, inclusive con pagos de compensaciones ambientales. Un proyecto para ser viable no es solo en función de la cuestión económica sino también debe responder a aspectos de viabilidad social y cultural. 

Durante su gestión como ministra del Ambiente se redujo la deforestación, ¿Cómo cree que se podría implementar ese modelo en otros países donde el presupuesto o las prioridades económicas se anteponen a una agenda ambiental?

Aquel buen ejemplo, guardando las diferencias y realidades de cada país, podría ser una inspiración y base de apoyo para varios países y prevenir la deforestación de la Amazonía. Nosotros probamos que con políticas públicas y constante crecimiento económico fue posible reducir más del 30% de la deforestación. Fuimos rigurosos en el monitoreo, la fiscalización, la aplicación de penalidades, arrestamos a más de 700 personas ilegales, aplicamos multas. Fue posible, pero tiene que ser acompañado de prácticas sostenibles.

¿Qué resultados tuvieron frente a esta cultura de transparencia a partir de su experiencia con la apertura de datos públicos sobre los bosques?

La transparencia es la mejor forma de gobernar. Mostramos a la sociedad el tamaño del problema y las dificultades. Cuando [la comunidad científica y sociedad civil] vieron los problemas, ayudaron con contribuciones concretas como seminarios científicos para, por ejemplo, ajustar planos. Cuando fui ministra establecí cuatro directrices para el ministerio: apoyo a las actividades productivas sustentables, transversalidad en acciones del gobierno, control y participación social y fortalecimiento del sistema nacional del medio ambiente. 

Si hubiera sido una elección limpia, sin fake news, sin dinero de corrupción, yo hubiera ganado.
 

¿Por qué renunció al Ministerio del Ambiente el 2008 y cuál ha sido su relación con el Partido de los Trabajadores? 

Yo conocí a Chico Mendes cuando tenía 17 años, él era un ambientalista natural. Fue de él que aprendí muchas cosas que hice y sigo haciendo. Lamentablemente fue luego asesinado. El Partido de los Trabajadores (PT) cuando asumió el primer gobierno ayudó mucho en la implementación de medidas ambientales, pero en el segundo gobierno del presidente Lula comenzó a ceder a las presiones del grupo más reaccionario del sector agrícola brasileño y yo salí disconforme con la presión. Ellos querían que se revocaran las medidas ambientales, pero estas eran de carácter irrevocable. Yo no estaba para ser una ministra decorativa, yo estaba para ser coherente con todo aquello que defendía. Yo sabía que si renunciaba iba a tener una gran repercusión en la opinión pública nacional e internacional, pero Lula, como era un político inteligente, mantuvo las medidas y llamó a Carlos Minc para que asumiera el ministerio. Cuatro años más después que salí del gobierno, el 2012, la deforestación volvió a crecer. 

¿Qué impresión tiene ahora sobre Lula Da Silva y Dilma Rousseff, hoy vinculados al caso de corrupción Lava Jato?

Infelizmente en Brasil y América Latina estamos en una situación donde personas consiguen ganar elecciones con un discurso que defiende la ética, las justicias sociales y democracia, pero después de que ganan se aferran al poder. Y eso fue lo que ocurrió. El Partido de los Trabajadores (PT) quería perpetuarse en el poder y para eso hizo una alianza con empresarios muy poderosos con grandes esquemas de corrupción para financiar sus campañas. La campaña del 2014 fue un fraude hecho con dinero robado del Banco de Brasil, de la Caja Económica, Petrobras. Si hubiera sido una elección limpia, sin fake news, sin dinero de corrupción, yo hubiera ganado.


Luego de su experiencia como senadora y candidata presidencial de las últimas elecciones en Brasil, ¿volverá a participar en una siguiente campaña?

Ahora no tengo certeza de ello. Ya dejé contribuciones y me siento tranquila con mi consciencia. La único es que voy a continuar mi lucha ambiental independientemente de mi candidatura. Ahora con el partido Red de Sostenibilidad para integrar nuevas formas de activismo.
 

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