Esclavas de la fiebre del oro


Por Marco Garro - Supay Fotos
Sábado, 24 Sep 2016

Nadie detiene la fiebre del oro y explotación en la Amazonía peruana: miles de mineros destruyen bosques y esclavizan personas. Marco Garro, fotógrafo del colectivo Supay, ingresó a uno de los campamentos y retrató la cárcel en la que viven cientos de mujeres y adolescentes explotadas sexualmente en los bares de mineros. Estas son las imágenes de un infierno llamado La Pampa, al lado de la carretera Interoceánica, y que nadie logra detener hasta ahora.



Marco Garro - Supay Fotos

 

 

TRATA DE PERSONAS. Las víctimas son captadas principalmente en Cusco, Puno y Lima. Los tratantes aprovechan su vulnerabilidad familiar o económica y les ofrecen puestos de trabajo como meseras o cocineras. Según los casos ingresados a la Fiscalía el 49% fue captada de esta manera. Una vez allí les quitan sus documentos, enumeran los gastos que implicó su viaje y les hacen creer que están en deuda y que deben pagarles prostituyéndose para ellos.

 

 

POCAS SANCIONES. Estos son algunos de los colchones decomisados por la policía en los prostíbulos de La Pampa. La organización Save The Children ha identificado a 1.100 jóvenes explotadas sexualmente en Madre de Dios, sin embargo, el año pasado la Fiscalía abrió investigación por solo 73 casos. Las víctimas que logran salir de esta esclavitud no denuncian el hecho por temor a que los tratantes tomen represalias o porque no confían en la justicia.

 

 

CAMPAMENTOS DE EXPLOTACIÓN. Precarios y hacinados cubículos de plástico, madera y calaminas son acondicionados dentro de los bares y night clubs de los campamentos mineros de Madre de Dios para explotar a mujeres y adolescentes. El Código Penal sanciona con penas de cuatro a seis años de cárcel al "usuario-cliente" si la víctima es menor de edad, y pese a que más del 50% de las rescatadas el año pasado tenía menos de 18 años, a la fecha no hay ningún procesado por este delito, según la data obtenida en las Cortes Superiores de Justicia de todo el pais.

 

 

SECUESTRADAS. Esta semana la policía ingresó a La Pampa acompañada de un grupo de periodistas, lo que permitió conocer cómo las mujeres y adolescentes captadas son obligadas a vivir hacinadas en pequeños cuartos, como este. Allí descansan durante las mañanas, porque en las tardes y noches, desde las 5 p.m hasta las 5 a.m. permanecen en los bares y prostíbulos. Algunos de los cuartos incluso tenían candados. 

 

 

IMPUNIDAD. El Miss Sagitario y El California son los bares más grandes de la zona; y han formado casi una franquicia en los campamentos mineros de Madre de Dios, pues tienen sedes anexas. La Región Policial de Madre de Dios ha identificado y denunciado a los dos clanes familiares que los administran. También se han realizado operativos para rescatar a adultos y adolescentes en situación de explotación sexual al interior de estos establecimientos, pero al poco tiempo vuelven a abrir sus puertas.

 

 

EXPLOTADAS. Los explotadores llaman 'ficheras' a a las jóvenes encargadas de beber y bailar con los clientes del bar. Deben soportar sus tocamientos y la mayoría de veces ellas terminan sometidas a la prostitución. Cada cerveza y trago vendido le vale una ficha que luego canjea por dinero con su tratante, pero él se queda con la ganancia como parte de la falsa deuda que se incrementa cada día.

 

 

ENFERMAS Y SIN TRATAMIENTO. Un estudio de la organización Promsex realizado el 2014 demostró que las víctimas sufren afecciones estomacales, respiratorias y dermatológicas, además de enfermedades de transmisión sexual, que pueden agravarse por la restricciones que caracterizan su situación de coerción en la que se encuentran y que les impide acudir pronto a un puesto de salud.

 

 

DAÑOS PSICOLÓGICOS. Las jóvenes rescatadas presentan daños psicológicos según el tiempo que fueron explotadas. De acuerdo con la ONG CHS Alternativo, en algunos casos ellas no se reconocen como víctimas, justifican la agresión sufrida o creen que ese era el único camino que tenían. Luego, cuando vuelven a sus hogares, regresan a la misma situación de pobreza y desprotección que las empujó a creer en una falsa oferta de empleo.

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Un infierno de mercurio y explotación

Quispicanchis, la provincia más pobre del Cusco, es el principal punto de partida del tráfico de niños y adolescentes que acaban en los centros de la minería ilegal de la Amazonía. Las mafias de trata de personas trasladan a sus víctimas por la Carretera Interoceánica hasta los campamentos de extracción de oro de Madre de Dios.

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